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"Ahora toca reír, cantar y disfrutarlo"

Guardiola, con el título en el bolsillo, se deja llevar por la alegría

SALVA TORRES

Keita, ejemplo en el vestuario para Guardiola, se elevó por encima de la defensa del Levante para marcar el gol que daba la Liga al Barça. Después, impertérrito, se abrazó con serenidad a sus compañeros y alzó los dedos al cielo. Luego, como si se hubiera dado cuenta de la importancia del gol, se marcó un baile con Alves. Fue su pequeña licencia poética, la cana al aire de un jugador que brilla por su aparente ausencia. Apareció para marcar y volver a su pupitre de alumno aplicado.

Fue la firma, el sello Guardiola de la Liga. Marcó el hombre humilde para iluminar a lo grande el cielo azulgrana. Las gradas del Ciutat de Valencia, también del color azulgrana de ambas aficiones, registraron la mejor entrada de la temporada en una noche primaveral. El césped, verde pero seco, aguantó las cabalgadas de una tropa blaugrana tan verde como la hierba, cuyo esplendor procedía de los destellos fotográficos de los aficionados. Exultantes unos por la tercera Liga consecutiva, y por la permanencia de los otros.

El gol de Keita y el posterior del empate, obra de Caicedo, calcaron los de Rivera y Etoo, aquella igualada de Rijkkard que valió otra Liga también en el Ciutat de València, campo talismán para el Barcelona. Los cientos de hinchas azulgrana empezaron a corear el ¡campeones, campeones! a diez minutos del final. Muchos habían llegado al estadio en la línea 3 del Metro, parada Machado, por donde salían cantando lo que después sería un eco, una algarabía: Oh lele, oh lala, el Barça es el millor que hi ha!

A Iniesta le hacía el caballito Keita, ahora sí alegre como pocos

Cuando Villa dejó su puesto a Pedro a los 85 minutos, Guardiola le dio un abrazo efusivo, repleta ya la banda de fotógrafos con el peto naranja aguardando el pitido final, la explosión de júbilo. La grada, en pie, celebraba la Liga. Paradas cerró el partido y el estallido fue total.

A Iniesta le hacía el caballito Keita, ahora sí alegre como pocos; Alves iba a su bola, encabezando la marcha épica por el Ciutat de Valencia, yendo como locos Xavi, Pujol, Piqué, Busquets, todos arremolinados como si de una melé de rugby se tratara. Las primeras botellas de cava soltaron una espuma de celebración que se expandió por todo el campo. Bojan repetía a los medios 'esto es espectacular, espectacular', mientras Villa, cogido por el cuello, acertaba a decir: 'Mucho sufrimiento, pero lo hemos conseguido'. La vueltaal campo iba acompañada del himno del Barça entonado por la grada.

Los jugadores se metieron luego en los vestuarios, para volver a saltar al campo en cadeneta, moviendo los brazos como aspas de molino, exultantes, rabiosos de alegría. Espectacular era la palabra que andaba en boca de todos, en la de Pinto, en la de Iniesta, en la de Xavi. También luego en la de Guardiola, que alargó la fiesta a los próximos tres o cuatro días: 'Ahora toca reír, cantar y disfrutarlo mucho'. Dijo, en catalán, que era 'una alegría inmensa, la quinta Liga en siete años'.

Las primeras palabras de Rosell fueron de recuerdo para las víctimas del terremoto de Lorca. Una tragedia entre la alegría.

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