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Contador no se apea

El madrileño se olvida del solomillo y reconoce que el clembuterol "probablemente se deba a un suplemento alimenticio contaminado"

ÁNGEL LUIS MENÉNDEZ

Afuera, la noche arropa a Pinto -ciudad dormitorio situada 20 kilómetros al sur de Madrid- con una helada seca y dura. Dentro, el enorme salón del hotel Las Artes se encoge acosado por un mar de cámaras, ríos de cables y decenas de periodistas de medio mundo. El runrún ensordecedor enmudece a las 19.33. Sólo se escucha el repiqueteo de los flashes que hieren como rayos el rostro pálido y angustiado de Alberto Contador.

Familiares, amigos y aficionados atrincherados en una esquina de la sala rompen en aplausos. Varios técnicos e informadores se suman a la ovación. Contador, camisa blanca bajo una fina cazadora gris, ni se inmuta. Sólo él sabe lo que pasa por su cabeza desde que el lunes al mediodía conoció que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) le sancionaba con dos años de suspensión tras dar positivo por clembuterol en un control antidopaje durante el Tour de 2010.

Su menudo y fibroso cuerpo está allí, enfrentándose a una marabunta de micrófonos que le apuntan desde la mesa y asaeteado por el tiro de mil objetivos que transmiten su atormentado rostro por todos los continentes. Su mente, quién sabe. Parece ausente mientras Bjarne Riis -director del Saxo Bank, su equipo, y exciclista que confesó haberse dopado con EPO durante cinco años- abre la comparecencia con un discurso de apoyo protocolario y frío. Muy frío.

Cuando le llega el turno, a Contador le cuesta arrancar. "Tengo un sentimiento de decepción enorme, de desilusión. Hace un año y medio que empezó todo esto y no hay una sola mañana en la que no me pregunte cómo estoy así. Es durísimo, no se lo deseo a nadie". El ciclista recita su alegato sin una mueca, como ido. La voz está a punto de quebrársele. Doma a duras penas el tono y prosigue: "Ha sido un calvario, pero lo más duro ha sido ver el sufrimiento de mi familia, mi mujer, mi gente por lo que me estaban acusando. Por algo que va en contra de los valores que me han inculcado: justicia y honestidad. Estoy en desacuerdo con la sentencia, no comprendo la sanción. No me he dopado y voy a seguir en el ciclismo".

Sujetada la emoción, se desahoga: "Estos meses he hecho todo lo que está en mi mano para demostrar mi inocencia. Hasta el polígrafo, cinco horas de preguntas como si fuera un delincuente. Y en el alegato final dije que, por favor, si había algo más que pudiera hacer me lo dijeran. Se me han acabado las ideas. Cualquiera que se lea la resolución verá claro que no me he dopado. Es una cantidad ínfima [50 picogramos de clembuterol] que no afecta al rendimiento, y que probablemente se deba a un suplemento alimenticio contaminado en el que no ha habido voluntariedad. Voy a seguir en el ciclismo como toda mi vida, y de una forma limpia como siempre. Aunque mi estado de ánimo no es el mejor, esto me va a hacer más fuerte".

Ya más sereno, el madrileño rebusca en su interior y halla orgullo: "Se me pone la pena máxima, la multa y se me priva de todas mis victorias [entre ellas, el Tour 2010 y el Giro 2011]. Los dos años y la multa los cumpliré y punto, pero yo no busco victorias ni palmarés. Con lo que disfruto es con el recuerdo de la gente y con la satisfacción del trabajo bien hecho. Todas y cada una de esas victorias no son mías, sino de la gente que ha disfrutado y de su memoria. Ellos deciden quién ha ganado".

Eso es todo lo que tenía que decir Contador. Llegó con la lección bien aprendida,

aferrado a lo de siempre, su pretendida inocencia, y sin aportar nada nuevo. O sí. Porque aunque pasó de puntillas sobre el "suplemento nutritivo contaminado" que el TAS apunta como origen más probable del positivo, dejó entrever varias veces que esa posibilidad es real y no mencionó ni una sola vez el que fue su argumento principal durante todo el proceso: contaminación alimentaria por consumo de carne de vacuno. El famoso solomillo.

En esa línea, dijo desconocer que en uno de los apartados de la sentencia del TAS, el jurado asegura que ya aparecían restos de clembuterol en su cuerpo el día 20, horas antes de la famosa cena carnívora. Tras la rueda de prensa, el portavoz de Contador aseguró que los abogados no había reparado en dicho detalles y que se trata de una simple errata en la fecha que van a solicitar se subsane.

Por lo demás, el ciclista espera que esos mismos abogados decidan si recurren o no la sentencia -"la justicia deportiva difiere mucho de la ordinaria y debería regularse un poco"- y no confirmó si, una vez cumplida la sentencia (5 de agosto), disputará la Vuelta y el Mundial.

Todo indica que Contador sí disputará ambas pruebas. Ha decidido que no se baja de la burra (bicicleta).