La lengua gallega en juego, el otro Dépor-Celta
Frente a la inacción de la Xunta por la pérdida de hablantes de gallego, los clubes deportivos pueden convertirse en catalizadores de la lengua y de la cultura de Galicia.

Marta Otero y Pablo Vázquez / Luzes
A Coruña / Vigo--Actualizado a
El año pasado, el Instituto Gallego de Estadística certificó lo que ya se podía intuir poniendo la oreja en la calle: el gallego ha pasado a ser minoritario frente al castellano, en un proceso de pérdida de hablantes que preocupa especialmente en la Galicia urbana.
En paralelo, algo se mueve en las instituciones deportivas de las dos principales ciudades gallegas: si tienen voluntad, Dépor y Celta pueden actuar de catalizadores de la cultura y del idioma. Fuera del fútbol, clubes como el Baloncesto Breogán demuestran que no es necesaria ninguna revolución más que la de la constancia en el empleo de la lengua, puntal indiscutible de su identidad.
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El orgullo del sur
En paralelo al éxito futbolístico, el Celta ha roto la barrera de lo estrictamente deportivo para alzarse como un divulgador de primer orden de la cultura y el idioma de Galicia, recibiendo premios audiovisuales, culturales y de marketing. El último: el Premio da Cultura Galega en la categoría de Proxección Exterior. El gallego está presente en el día a día del club: redes sociales, correos, megafonía del estadio, sinalética, declaraciones de los jugadores, campañas de abonados, contratos… Incluso el equipo femenino lleva por nombre As Celtas.
A pesar de que los reconocimientos están llegando ahora, el club lleva tiempo transitando esta senda, excepto un par de años en los que se salieron del camino: "En esos años el gallego, nuestra cultura y nuestras tradiciones, perdieron un poco de presencia, por eso, por contraste, esta última etapa está destacando más", cuenta Gael García, director de marketing, comunicación y estrategia digital del equipo vigués. Ese período al que hace referencia coincide con la llegada al Celta de Marco Rocha que, a pesar de ser natural de Ourense, se alejó de esas raíces durante los años que estuvo frente al departamento de comunicación. De hecho, quizás el punto de mayor abandono del idioma fue la creación de una cuenta secundaria de Twitter (ahora X), en febrero de 2022 para comunicar sólo en gallego, dejando el castellano como única lengua en la cuenta principal. Algo así como la mesa de los niños pequeños en las bodas, con menú aparte para que no molesten demasiado.
Obviando esos tiempos oscuros, por lo menos en el aspecto identitario, Gael marca el 2012, año en el que el himno A Roda se traduce al gallego, el inicio de este nuevo Celta. La elección de la palabra "afouteza" –osadía, valor, audacia– sustituyendo a "valentía", marcó un camino a seguir y ligó el club a ese término: "Desde entonces siempre se ha trabajado el gallego como un valor diferencial, quizá no con tantos recursos o con tanto foco como ahora", añade García. Tenemos como ejemplos la campaña de abonados "Ensinémoslle ao mundo o significado de afouteza" –"Enseñémosle al mundo el significado de ‘afouteza’–; el eslogan "A nosa Reconquista" –"Nuestra Reconquista"–, vinculado a la popular fiesta histórica viguesa; la camiseta de la última temporada "Uhna camiseta para un país" con los nombres de todos los municipios de Galicia estampados en ella; o el partido en el que, por el Día das Letras Galegas, el Celta salió al Camp Nou con las palabras futboleras en gallego furar, punteirolo, canear, biqueira, luvas, malleira, reviravolta o canteira –disparar, punterazo, driblar, puntera, gantes, paliza, reviravuelta, cantera– en las equipaciones de los jugadores. También se hicieron homenajes a Rosalía de Castro, Castelao, O Entroido –el Carnaval– o las rondallas. Esta temporada, la sesión de fotos de la nueva camiseta tuvo lugar en Elepé, histórica tienda de discos local con más de cuatro décadas de vida.
"Desde la elección de la palabra "afouteza" siempre se trabajó el gallego como un valor diferencial" (Gael García)
Por lo general, el dominio común del gallego en Galicia es inferior al del castellano, y hay más posibilidades de cometer grallas –erratas–. Así sucedió el 23 de agosto de 2023, día en el que el Celta soplaba cien velas por su centenario. El club decidió colocar una placa conmemorativa en la Biblioteca Juan Compañel de Vigo, donde un siglo antes se había firmado la fusión del Vigo Sporting y el Real Club Fortuna para formar el Celta. El único problema fue que, en cinco líneas, cometieron hasta siete grallas. "Casi más errores ortográficos y lingüísticos que palabras", decía con ironía el escritor y celtista Antonio García Teijeiro, que pedía la retirada de la placa que las inmortalizaba. Pocos días después el Celta hizo caso y la sustituyó, pero se quedó "clubes" –el plural en gallego es "clubs"–.
Para evitar este tipo de situaciones, dos de las personas más importantes del Celta, la presidenta Marián Mouriño y el entrenador porriñés Claudio Giráldez, tienen por costumbre no hacer nunca declaraciones en gallego. "Si alguien es responsable de estos éxitos vinculados a la tierra y la identidad es Marián, por apostar y por dar las herramientas. No dio el paso de hablar gallego pero sí dio ese paso en la toma de decisiones. En el caso de Claudio, ya comentó en algún momento que no se siente cómodo con el gallego y que quiere manejar al 100% su mensaje para que no haya malinterpretaciones", justifican Gael y André Taboada, responsable de comunicación digital del Celta y creador de sus redes sociales. Por el contrario, el pasado mes de junio, el director deportivo celeste Marco Garcés, nacido en Ciudad de México, se animó a hablar unas pocas frases en gallego durante una conferencia de prensa.
Más allá de traducciones, campañas y polémicas varias, el gran éxito mediático del Celta llegó, irónicamente, de la mano de un madrileño. A oliveira dos cen anos –"El olivo de los cien años"–, el himno que el artista C. Tangana compuso para el centenario del equipo vigués, fue un éxito en todos los aspectos: musical, audiovisual, corporativo, social, en la venta de merchandising… Y lo más importante: la afición lo acogió como propio desde el primer día.
Esa notoriedad instantánea no quita que no hubiera dudas entre los forofos sobre si un artista que acababa de sacar un disco de raíces flamencas llamado El madrileño era la opción más idónea para representar el celtismo. "Hay pocas cosas en las que estuvimos tan seguros como en la elección de Pucho, en realidad fue él quien nos escogió a nosotros", explica Gael. "Vimos la transición que había hecho desde la música urbana hasta la más folclórica, lo bien que había mezclado esos dos mundos. Teníamos claro que no iba a querer replicar El madrileño y hacer un himno flamenco para el Celta", añade. El verdadero éxito de Tangana, más allá de los millones de reproducciones y de los premios, puede presenciarse cada dos domingos en las bancadas de Balaídos mientras los jugadores salen al césped. Decenas de miles de personas, muchas de ellas jóvenes, cantan sus versos en la ciudad de Galicia en la que menos gallego se habla, según los datos del Instituto Gallego de Estadística.
Más allá de traducciones, campañas y polémicas lo grande éxito mediático del Celta llegó, irónicamente, de la mano de un madrileño, C. Tangana
La música está jugando una baza indiscutible en el Celta actual. Esta temporada actuaron, dentro y fuera del estadio, artistas como Fillas de Cassandra, Abraham Cupeiro, las pandeireiteiras de Toutón, la Rondalla de Torroso, The Rapants y Galician Army. También se recuperó y reversioneó el tema de Os Resentidos Xa están aquí para la presentación oficial de As Celtas. Quizás tenga que ver que tanto Gael como André son músicos: Gael fue bajista en Hi Fi Stamina, Martynez y Basanta –una de las bandas gallegas más interesantes de la última década–, y André toca el violín en el original grupo de folk-rock Batea. Ambos, además, actuaron en el escenario más importante de Vigo: el auditorio de Castrelos. "No es algo premeditado, pero sí que hay una sensibilidad especial por nuestra parte", explica André. El criterio para recibir una llamada del Celta es que el proyecto "esté alineado con los valores del club y que tenga autenticidad".
Volviendo a los riesgos, hay uno que André y Gael tienen siempre muy presente, casi como una espada de Damocles colgada en las oficinas de la calle Príncipe. Podríamos bautizarlo como galegowashing, esto es, utilizar el idioma y cultura gallegas como una simple herramienta de marketing y acabar usando todos los clichés posibles como si de una taza de Mr. Wonderful se tratara. Como casos hay a más no poder, no es preciso poner ejemplos concretos: "Tiene que ser algo natural, que salga del alma. Ya no digo cruzar la línea de la comercialización, sino que ni siquiera esté cerca de ella. Es muy difícil llevar un sentimiento como este a una empresa, y más a un club de fútbol, sin caer en esas trampas. Filtramos mucho las ideas, tiene que haber siempre un equilibrio", concluye Gael.
Para la campaña de abonados de esta temporada optaron por una sola palabra: "orgullo". Independientemente de lo que acontezca sobre el cesped a lo largo de las jornadas, nunca un término ha representado tanto a un equipo y a una afición.
El pulso del Norte
Todas las mañanas, en su camino al instituto, los alumnos del Rafael Dieste pasaban por delante de una anomalía toponímica: el letrero municipal que anunciaba, en blanco sobre fondo azul, la Ronda del Real Club Deportivo de La Coruña. Una elección ortográfica que escenificaba los rescoldos de aquel viejo debate ortográfico, tantos años latente en la ciudad, y ahora sepultado bajo un consenso social que exige la penúltima victoria final: que el propio club descarte la "L" de su nombre oficial y adapte a la legalidad el símbolo identitario de tantos y tantos forofos dentro y fuera de A Coruña. La "L" cayó del letrero municipal por iniciativa de los mismos chicos que veían cada día aquella errata, pero todavía no del escudo que muchos sienten en el pecho.
Un movimiento promovido por escolares aspira a que el escudo del Deportivo pierda la "L" que le sobra desde hace años
El Rafael Dieste se yergue en una ubicación privilegiada para obrar ese cambio: entre la Ronda de Outeiro y la calle Manuel Murguía se cruza en el camino entre aquella vía hasta ahora mal nominada y el estadio de Riazor, hogar del deportivismo en la ciudad. Pero, además, lo que sobra es voluntad en uno de esos centros educativos que mezclan procedencias en sus aulas y donde la lengua y el deporte actúan como argamasa social y vehículo de pertenencia en la ciudad en la que, ahora tampoco, nadie es forastero. Así nace el movimiento basado en el lema Aquí también se fala –Aquí también se habla–, promovido por los escolares del centro y que busca estimular el uso del idioma en todos los ámbitos, así como acabar con los prejuicios que sostienen que el gallego no encuentra cobijo en las ciudades. Y, también, con la amenaza de que esos prejuicios acaben por confirmarse.
"Nosotros funcionamos como un colectivo de jóvenes que, además de ser coruñeses, somos en nuestra mayoría de origen migrante, de familias de clase trabajadora y de uno de los barrios más diversos de A Coruña. Con Aquí también se habla procurábamos romper los muros del instituto", cuenta el profesor Alberto Pombo, guía de los escolares en la iniciativa, que ya ha dado vida a un festival de música en gallego en el barrio de Labañou y que ahora apunta más alto en sus aspiraciones: que el escudo del Deportivo pierda esa"L" que le sobra desde hace años.
La iniciativa ha cosechado un amplio apoyo social e institucional, y con ella se han alineado desde el Ayuntamiento hasta la Diputación y la Xunta; la Real Academia Galega, el Consello da Cultura Galega, más de 70 figuras visibles de la cultura, la política y sociedad gallega, las peñas deportivistas e incluso referentes blanquiazules como Alex Bergantiños. Todos, excepto, por el momento, quien tiene que validar esa modificación: el propio club, que aún permanece indolente al clamor social que se concita en el estadio cada domingo. "Lo que da dimensión de la unanimidad de la propuesta es que todos los centros públicos de A Coruña se han sumado a ella. No solo los directores, sino todos los centros. Si solo una persona de las que forman parte de los centros hubiera dicho que no, que no había esa vocación mayoritaria, la campaña habría sido un desastre. Eso muestra la fuerza de la campaña", relata Pombo.
La afición deportivista aprecia y alerta del riesgo de un posible proceso de desgalleguización en la acción comunicativa y publicitaria del club
Esa es la voluntad de la chavalada, con raíces aquí y allá, pero coruñeses y deportivistas con todos los derechos por forjar esa transformación social que cristaliza en la previa de cada partido en Riazor. Antes de cada encuentro, los asistentes encontrarán a los chicos y chicas del Dieste repartiendo miles de pegatinas con el lema O Dépor é da Coruña. Una pretensión colectiva, pero que muchos ya sienten como propia. Partido a partido. "Con el Dépor y con la lengua, los chicos y chicas de origen migrante encuentran un espacio de identidad que nutre la suya propia, la que traen de sus países. Con respecto a la lengua, llegan aquí sin ningún tipo de estereotipo, y consiguen percibir la importancia que tiene para nosotros. El deporte es un factor catalizador de emociones histórico", valora Pombo.
La primera victoria tangible del movimiento, más allá de los apoyos institucionales e individuales que la campaña viene recibiendo desde su puesta en marcha, la tienen en el mismo letrero que los 600 escolares del centro veían cada mañana, y que ahora, fruto de su perseverancia, ya indica que se encuentran en la Ronda del Real Club Deportivo da Coruña. Y ahora, en el camino al instituto, los chicos del Dieste saben que aquella "L" fuera de sitio la tumbaron ellos. "Presentamos una queja por registro dirigida al concejal de Cultura, Gonzalo Castro, que atendió a la petición. Tuvimos una reunión con él y expusimos nuestros motivos. En el centro se recibió la noticia con una ilusión gigante. En el fondo, los chicos no dejan de constatar que el activismo es huir de la individualidad, y que les permite tener acción e impacto real. Los alumnos del instituto acaban de tener una victoria, me atrevo a decir que incluso a nivel vital", valora Pombo.
La actual dirección del club, sin embargo, no hace alarde de la misma sensibilidad a los cambios. Ni el referéndum unánime de las peñas deportivistas favorable al manifiesto, ni el impacto social de la campaña fueron suficientes para abrir mella en la sede del Dépor en la Plaza de Pontevedra. "Hoy el club tiene un accionista mayoritario, pero el cambio no exigiría pasar por ningún tipo de consejo, porque es un logo. No exigiría, siquiera, una reforma estatutaria. Es una cuestión de voluntad", lamenta Pombo, que reafirma que toda la que falta en el club para normalizar el topónimo, sobra en el Dieste para persistir en la intención. "Nuestra campaña va a continuar hasta que el Dépor escuche el clamor popular. Tenemos la evidencia absoluta de que esta demanda es mayoritaria. El Deportivo va con 40 años de retraso con respecto a otros equipos en cuestiones toponímicas. Tenemos la certeza de que se va a conseguir", asevera el profesor.
La petición coincide con un momento en el que se escenifica cierto divorcio entre la masa social y los responsables del club, presidido por Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca y máximo accionista del Deportivo. En los últimos tiempos, la afición deportivista aprecia y alerta del riesgo de un posible proceso de desgalleguización de la acción comunicativa y publicitaria del club, que en temporadas pasadas otorgaba peso preponderante a la identidad y al idioma como puntales de su estrategia. Una pretensión que llevó al Dépor a usar el gallego como lengua exclusiva en su comunicación en la última década; como también a revisionar a bandera gallega como emblema de su segunda o su tercera equipación.
Más recientemente, y bajo la dirección comunicativa de Gabriel Barrós, la marca Dépor hizo alarde de raíces en la campaña para presentar las equipaciones de la tamporada 2023-2024, que ahondaban en los vínculos con la Galicia exterior, y los lazos de ultramar que aún unen, hoy, a miles de gallegos. Aquella celebradísima iniciativa versionaba, para presentar la camiseta ADéAmérica, el tango Volver, en la voz del histórico jugador Dagoberto Moll, para evocar la primera vez que el Dépor llevó a Galicia al otro lado del Atlántico en el año 54. Para la segunda, ADéMigración, seguía los pasos de la Galicia migrante en los versos del poema Adiós ríos, de Rosalía de Castro, al ritmo del son cubano, como envoltorio para una camiseta que llevaba impresos, en la franja azul de la bandera gallega, los nombres de todos aquellos países edificados sobre el esfuerzo de los miles de gallegos migrantes.
La tercera, ADéBrasil, celebraba la unión inquebrantable con aquella selección canarinha con la que Bebeto y Mauro Silva compaginaron colores en sus mejores años como blanquiazules, en una lengua que suena a común. La sensibilidad con el idioma continuó con el relevo, en la dirección comunicativa, de Mercedes Cernadas, en la temporada que certificó el ascenso del equipo a Segunda División tras cuatro años en la tercera categoría. Esta vez, sí recibieron en la plaza de Pontevedra a los rapaces del Aquí tambén se fala; una colaboración de la que brotaron una serie de vídeos que dejaban constancia del uso normalizado del gallego en la sede del deportivismo.
Ahora son varias las voces que atribuyen, desde la afición, la pérdida de sensibilidad con el idioma al giro comunicativo emprendido por el actual equipo, encabezado por el periodista deportivo Manu Sainz. Un aterrizaje que suscitó contestación social crítica entre socios y simpatizantes, que entendían que Sainz, declarado deportivista pero ligado a medios de la esfera madridista como el Diario As o a espacios de opinión deportiva como El chiringuito, no acababa de entender la idiosincrasia del club cuya proyección exterior ahora pilota. Una percepción que, sin embargo, aun puede revertirse. Entretanto, los chicos del Dieste esperan, pacientemente, fecha para esa esperada reunión.
Más allá del fútbol
A pesar de ser las dos instituciones deportivas más representativas del país, y con el peso de operar en áreas urbanas con riesgo grave de pérdida de hablantes de gallego, Dépor y Celta no son las únicas que emprendieron iniciativas en pro de la lengua y la cultura gallegas. Público y sólido es el compromiso de deportes minoritarios pero con predicamento en Galicia, como el fútbol gaélico, que opera desde su concepción como vehículo de transmisión de la tradición y el idioma. Un compromiso que refrenda la alianza de la Asociación Galega de Fútbol Gaélico con PuntoGal, que abastece con su patrocinio, a aquellas entidades que desarrollan actividades vinculadas a la cultura, a la lengua, a la tecnología o al deporte gallego; definición que encaja en los valores de esta práctica deportiva, que ahonda además en la conexión con otras naciones culturalmente afines, como Irlanda.
La sensibilidad con la lengua y la cultura está presente, también, en otras prácticas deportivas menos extendidas pero con arraigo en el territorio. Como ejemplo, la Federación Galega de Automovilismo, que firmó recientemente un convenio con la Xunta para promover el uso del gallego en el ámbito deportivo mediante la divulgación de la campaña autonómica Saca a lingua que levas dentro. A través del convenio, la Federación se comprometía a consolidar e impulsar el gallego en sus actividades, en las que se cuentan campeonatos regionales de rallies, montaña, rallisprint, rallimix, karting, autocross y slalom.
Sin embargo, en Galicia hay clubes que no necesitaron de una revolución comunicativa ni de un compromiso publicitario con la lengua, integrada con naturalidad, desde hace años, en su identidad. Es el caso del Club Baloncesto Breogán, primera institución deportiva de la ciudad y de la comarca de Lugo, y una de los primeras entidades profesionales en pasarse al gallego en su política de comunicación. "Nosotros comunicamos desde hace muchos años en gallego. Somos pioneros en las redes sociales, cuando la comunicación fuerte empezó a hacerse desde allí", explica el responsable de ese departamento en el club, Marcos Fernández. La influencia referencial de la determinación se materializa en la identificación de los propios aficionados con el idioma en todo lo que tenga que ver con el Breo, en el que no cabe otra elección lingüística. "Hay gente que no es gallegohablante, o que no habla gallego habitualmente, pero que, cuando escribe en redes sobre el Breogán, lo hace automáticamente en gallego", ilustra Fernández.
Un compromiso natural y sostenido en el tiempo que comenzó hace más de tres lustros, cuando la institución dio el paso de hacerse neofalante en la esfera pública, lo que suponía, de facto, pasar a emplear exclusivamente la lengua materna de gran parte de su afición, con el respaldo de sus patrocinadores. La decisión se mantuvo inmutable incluso con el ascenso del Río Breogán a la ACB, máxima categoría del baloncesto estatal, o su participación en competiciones europeas. Un escenario en el que no hubo temores a una castellanización motivada por aquella falacia de hacerse entender. "Las instituciones que nos apoyan lo acogieron bien. Cuando pasamos a jugar en la ACB, descartamos hacer comunicación en gallego y castellano, como hacen algunos equipos con el catalán. Pensamos que es un idioma que se entiende bien, y, si no, no tenemos problema en aclarar lo que sea necesario”, señala Fernández.






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