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Emergencia sanitaria El Banco de España pronostica tres años más de crisis por la pandemia

Las proyecciones macroeconómicas del emisor apuntan a que el PIB no volverá al nivel de finales de 2019 hasta la segunda mitad de 2023, un escenario para el que maneja una alternativa optimista, que pospone la caída solo un año y medio, y otra pesimista que la aplaza hasta 2024.

Cola en una oficina de empleo. EFE
Cola del paro en una oficina de empleo de la Junta de Andalucía. REUTERS.

La palabra clave de los pronósticos del Banco de España sobre la economía española es "incertidumbre", que es la ausencia de certeza ("conocimiento seguro y claro de algo") sobre su evolución ya que esta dependerá, básicamente, de cuatro factores: "El comportamiento de la pandemia en el corto plazo, las medidas para contenerla, la adaptación de los agentes a la crisis y la persistencia de sus efectos en el medio plazo", según explica el director general de Economía y Estadística del emisor, Óscar Arce.

En cualquier caso, España cierra el año I de la pandemia con un cuadro macroeconómico históricamente catastrófico en el que al desplome de la actividad en el segundo trimestre se le suma una recuperación aparentemente fulgurante al comiendo del verano que "perdió vigor" a finales de esa estación para dar paso a un "deterioro de la actividad" en el tramo final del año.

Y afronta unas previsiones de recuperación que, en el escenario de mayor probabilidad para los analistas del Banco de España, aplaza hasta finales de 2023 el regreso de los niveles de actividad del cierre de 2019, el ejercicio previo a la pandemia: la mayor crisis de la economía española en ausencia de conflictos bélicos va acabar coincidiendo prácticamente por completo con la primera legislatura del Gobierno de coalición PSOE-UP, cuya continuidad se ve allanada con la aprobación de los Presupuestos.

"La recuperación se ha desacelerado de una manera bastante significativa", indicó Arce, que destacó la "heterogeneidad" de los daños por sectores, desde los que "se perciben señales mixtas" con indicadores que apuntan a una desaceleración y otros que marcan un despegue.

En ese cuadro, el Banco de España prevé que al cierre del año la caída del PIB alcance una magnitud del 11,1% en relación con el final de 2019, lo cual, con una horquilla entre cuatro décimas peor y cinco mejor, significa que 138.168 millones de euros del volumen de negocio del país, que alcanzó los 1,24 billones en 2019, se habrán volatilizado, con los consiguientes efectos destructivos en el tejido productivo y el mercado laboral y depresivos en la demanda y el consumo.

Tres escenarios en función de la vacunación

Esas incertidumbres llevan al Banco de España a seguir contemplando tres escenarios sobre la evolución de la pandemia a los que denomina suave (optimista, con rebrotes y restricciones moderados), central (probable) y severo (pesimista, con ondas epidémicas y medidas intensas).

"Bajo cualquiera de los tres", señalan las Proyecciones Macroeconómicas difundidas este viernes, "la fuerte contracción del PIB en 2020 iría seguida de una recuperación relativamente intensa en los tres años posteriores, aunque la crisis dejaría efectos persistentes sobre los niveles de actividad".

Así, añade, el repunte "sería de un 6,8% en el escenario central" para el año que viene, aunque con la puerta abierta a que quede reducido a dos terceras partes de esa magnitud (4,2%) o a que avance uno más (8,6%).

"Una parte sustancial de estas diferencias se explica por los distintos plazos de vacunación de la población que, entre otras consecuencias, dan lugar a un ritmo dispar de recuperación de las actividades que conllevan más interacción social y, en particular, las relacionadas con el turismo", reseña el informe.

Tres años para volver al nivel de actividad de 2019

A partir de ahí, añade, "la huella persistente de la crisis sanitaria sobre la actividad haría que la recuperación del nivel del PIB previo al Covid-19 no se produjera hasta mediados de 2023 en el escenario central" algo que en el severo quedaría pospuesto al menos hasta mediados de 2024 y que en el optimista se "alcanzaría entre finales de 2021 y comienzos de 2022".

Las claves de esta última previsión tienen en cuenta que una "resolución más rápida de la crisis sanitaria" haría que "los daños duraderos sobre la capacidad productiva de la economía", cuya existencia se da por hecha, resultaran de "escasa magnitud" frente a lo que ocurriría en el cuadro probable y en el pesimista.

Se mire como se mire, regresar a la situación de finales de 2019 supone volver a unos niveles de empleo más de cuatro puntos inferiores a los previos a la anterior crisis, con 19,77 millones de ocupados frente a los 20,46 de finales de 2008, según los datos de la EPA (Encuesta de Población Activa); es decir, que el mercado laboral español seguiría sin haberse recuperado del crash inmobiliario y financiero quince años después.

Daños en el tejido productivo y el empleo

En cualquier caso, y con independencia de la consistencia y el ritmo finales de la recuperación, el Banco de España tiene pocas dudas acerca de que "la crisis dejará efectos persistentes sobre la actividad económica incluso tras la eliminación definitiva de las limitaciones que pesan sobre su normal desarrollo como consecuencia de la pandemia".

Y, en este sentido, pronostica "la desaparición de una porción del stock de capital" del país que hará que "la capacidad productiva de la economía" se vea "mermada" en tanto en cuanto "las medidas puestas en marcha para evitar las insolvencias empresariales puedan no ser capaces de impedir que, en algunos casos, y con distinta intensidad según el escenario considerado, se materialicen determinadas situaciones de quiebra".

Paralelamente, añade, "la crisis dejará un impacto negativo sobre la fuerza laboral, en la medida en que, a pesar del recurso a los ERTE y a los programas de cese de actividad de los trabajadores autónomos, existirán puestos de trabajo que no superarán la crisis y que darán lugar a un cierto aumento del desempleo de larga duración".

"Estamos asistiendo a cambios de tipo estructural en los agentes del mercado de trabajo" con medidas como la extensión del teletrabajo, aunque "la cuantificación precisa de estos cambios a futuro está teñida de incertidumbre", añade Arce.

El desempleo regresará a niveles de la anterior crisis

Las estimaciones del Banco de España apuntan a que la economía española habrá recuperado los 19,8 millones de ocupados a finales de 2023 y a que la media de 628 millones de horas semanales trabajadas habrán superado los 630, aunque esa previsión incluye una etapa dura con fuertes pérdidas de empleo este año y el próximo que, a falta de saber si los ERTE de fuerza mayor se prorrogan más allá del 31 de enero, tendrán consecuencias directas en las economías familiares.

De hecho, las estimaciones más optimistas sitúan para el año que viene por encima del 17% la tasa del desempleo, un indicador que alcanzará el 18% en el escenario más probable y que rebasaría el 20% en el más pesimista, y cuyos registros retrotraerían al país a los de comienzos de la anterior crisis, entre 2010 y 2011.

"Cuando se producen incrementos de la tasa de paro los trabajadores afectados tienen más problemas para encontrar otro empleo", señaló Arce, cuyo análisis considera previsible "un aumento del paro de larga duración" cuya intensidad "dependerá de factores sobre los que ahora mismo es pronto para establecer con exactitud" su evolución.

Se refería, básicamente, a tres: la duración de la crisis, los cambios de carácter estructural que puedan producirse en el tejido productivo del país ("no podemos descartar que algunos sectores y negocios ganen peso a costa de otros", dijo) y los efectos de las políticas activas de empleo que desarrollan las comunidades autónomas.

Ese escenario de incertidumbres tiene una componente angustiosa para los 828.200 desempleados que el 30 de septiembre ya llevaban más de dos años buscando un empleo, y que son más de la quinta parte del total, y para los casi 400.000 hogares en los que la totalidad de los miembros está en el paro.

Los efectos de los fondos europeos no serán inmediatos

El Banco de España se muestra ahora "más optimista" que hace tres meses "sobre los plazos en los que puedan estar disponibles las vacunas y sobre los fondos europeos", cuya activación parece definitiva tras el acuerdo de este jueves en la cumbre de la UE.

Sin embargo, sus previsiones relativizan los efectos vigorizantes que pueden acabar teniendo en la economía esos casi 100.000 millones de euros de los que el Gobierno español prevé activar 26.600 este año y los 72.000 restantes en los dos siguientes con una distribución del 50% en inversión pública, un 30% en ayudas a la de agentes privados y el 20% restante para gasto corriente.

El efecto alcista en el PIB de su movilización se situaría en 1,3 puntos este año, que sería lo mismo que fiarles algo menos de la quinta parte de la recuperación, y en 1,8 en el conjunto del trienio al prever "una absorción algo más gradual" con la que el gasto corriente alcanzaría un nivel de ejecución del 100% sobre las previsiones del ejecutivo mientras las de inversión se reducirían al 70% en el primer ejercicio para llegar al 80% en los dos siguientes.

"Creemos que la velocidad no va a ser tan elevada", indicó Arce en referencia a las dificultades que requiere en la práctica la implementación de cualquier tipo de inversión, aunque dio por hecho que la llegada de los fondos europeos "empezará a notarse en la economía" española ya en 2021.

"Dudas sobre la implementación de una solución médica”

La materialización de esas previsiones, en cualquier caso, está condicionada por la existencia de una serie de riesgos y dudas entre los que destacan tres: la virulencia de los futuros rebrotes de la pandemia y la intensidad de las medidas que las administraciones impongan para afrontarlos, que tendrían de nuevo efectos negativos sobre las llamadas  "industrias sociales" como el turismo o la hostelería; los riesgos de deterioro del tejido productivo y comercial privado ante la caída de la actividad, el aumento de la morosidad y los problemas de las empresas para financiarse y, también, las  "dudas sobre la implementación de una solución médica" ante el coronavirus que existen ahora mismo pese a los avances en los preparativos de las vacunas.

Arce añade a ese catálogo de incertezas otras como la capacidad de los agentes económicos para adaptarse al nuevo entorno surgido con la pandemia, la eventual aparición de "desarrollos adversos en las condiciones financieras del sector privado" y la "persistencia de los efectos de la crisis sobre la capacidad productiva", potencialmente peligrosa para el crecimiento por su capacidad para afectar a las estructuras productivas y comerciales y a la vulnerabilidad de las empresas.

Paralelamente, el responsable de Economía y Estadística del emisor español señala como principales incertidumbres en el ámbito geopolítico al desenlace de las negociaciones del Brexit y a las líneas políticas que vaya a aplicar el equipo de Joe Biden en EEUU.

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