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Brecha laboral La pandemia intensifica las brechas laborales de género: más paro, más ERTE y menos empleo para ellas

Las mujeres son más numerosas que los hombres en las regulaciones de empleo y siguen sufriendo en mayor medida que ellos el desempleo mientras continúan siendo las principales afectadas por otros desequilibrios y brechas como las de la temporalidad y la parcialidad.

28/01/2021. Imagen de un comercio cerrado. - EFE
Imagen de un comercio cerrado en Toledo. Ismael Herrero / EFE

"No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida", dijo hace ya más de cuarenta años Simone de Beauvoir en un diagnóstico que encaja con una de las consecuencias que la pandemia, y las recetas para afrontarla, han provocado en el mercado laboral español, explica Ruth Vallejo, decana de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de Zaragoza.

"En las crisis la mujer vuelve a casa, y eso es lo que ha vuelto a suceder ahora", señala Vallejo, para quien "eso significa que no hemos avanzado en igualdad. El trabajo femenino se sigue considerando un complemento del masculino". Los datos apuntan, efectivamente, en esa dirección. 

Por una parte, la mujer está sufriendo con mayor intensidad la destrucción de empleo, con la consolidación de una brecha en el paro que, según los datos de la EPA (Encuesta de Población Activa), comenzó a abrirse a mediados de 2015, en los comienzos de la recuperación, y se ha intensificado con la covid: el primer año pandémico comenzó con 180.000 mujeres más que hombres en el desempleo y terminó con una diferencia de 263.000 tras unos aumentos de, respectivamente, 306.000 por 222.200. Había más desempleadas y su número ha crecido más que el de los parados.

Esa mayor incidencia del desempleo en las mujeres trabajadoras, que superaban en algo más de un 15% a los hombres en las listas del SEPE al cierre de 2020, contrasta con la mayor presencia de estos últimos tanto entre la población activa (6,5%), como entre la ocupada (8,62%) y entre la asalariada (4,04%).

Esa aparente contradicción también se está dando en los ERTE, los expedientes de regulación temporal del empleo que han servido para paliar la destrucción de puestos de trabajo que en condiciones normales habrían provocado las restricciones de la pandemia y que han logrado atenuar la intensidad de la crisis al evitar un desplome mayor de la demanda y el consumo.

Según los datos del Ministerio de Inclusión, la presencia de mujeres en esos expedientes de regulación ha venido superando a lo largo de la pandemia entre un 1% y un 3,5% a la de los hombres cuando la de estos es superior en más de cuatro puntos en las plantillas.

Ocurrió en mayo, el mes de mayor aplicación de esta medida, con 1,52 millones de afectadas por suspensiones de contratos y reducciones de jornada frente a 1,47, y seguía pasando al acabar el verano con una diferencia de casi 20.000 que con el cambio de año y la cresta de la tercera ola se ha ampliación a más de 26.000. 

"¿Cómo se han seleccionado los trabajadores de los ERTE? ¿por antigüedad? ¿por necesidad económica? ¿o simplemente hemos mandado a casa a las mujeres?" plantea Vallejo, que anota que "si la causa de estas decisiones es la menor remuneración de la mujer o la necesidad de hacerse cargo de los hijos con el confinamiento y las enseñanza online es que hemos vuelto a caer en los clichés de siempre".

Tres de cada cuatro contratos de jornada incompleta están firmados por mujeres

Paralelamente, en los primeros meses de la pandemia se han mantenido, y en algunos casos intensificado, otros desequilibrios del mercado laboral en los que la mujer ya venía saliendo más perjudicada que el hombre. "Partimos de una situación de precariedad mayor de la mujer en temporalidad y en parcialidad, incluso en los sectores laborales más feminizados", anota la decana. 

En este sentido, llama la atención cómo la brecha de género en el empleo a tiempo parcial, en el que tres de cada cuatro contratos de jornada incompleta están firmados por mujeres, ha crecido en casi 165.000 personas pese a la pérdida de 195.000 puestos de trabajo.

La mayoría femenina alcanza una proporción de siete a tres en los contratos que conjugan parcialidad y temporalidad y se acerca al tres por dos tanto en el paro de larga duración como entre quienes buscan su primer empleo, dos datos que ilustrativos de las mayores dificultades de las mujeres tanto para acceder al empleo como para recuperarlo tras haberlo perdido.

Barreras estructurales para el acceso de la mujer al empleo

Elena Blasco Martín, secretaria de Mujer e Igualdad de CCOO, comparte el criterio de Vallejo. "La situación de las mujeres en el mercado laboral antes de la pandemia ya venía lastrada por una enorme desigualdad estructural y las brechas existentes en relación al empleo masculino ya eran flagrantes", señala, y "la pandemia ha venido a complicar aún más esta situación, a pesar de que ha habido algunas herramientas pactadas en el diálogo social que han supuesto un importante colchón".

En este sentido, y aunque un estudio de su sindicato estima que "durante los meses de marzo y abril los ERTE han sostenido cuatro empleos femeninos por cada nueva mujer en paro", algunos de los sectores más afectados por la crisis, como la hostelería y el comercio, están ampliamente feminizados. A esa mayor afección, explica, "se han unido las necesidades del cuidado familiar, que sigue recayendo de manera abrumadora en las mujeres ante la falta de servicios públicos".

Los registros de la EPA muestran una reversión de los niveles históricos de acceso al empleo por parte de las mujeres previos a la pandemia que ha incluido en nueve meses un aumento de 140.000 amas de casa, un colectivo que llegó a alcanzar los 3,7 millones de integrantes en el segundo trimestre de 2020.

Sin embargo, y al mismo tiempo, señala Vallejo, "con la covid se ha puesto de manifiesto la esencialidad de trabajos muy feminizados como los de la sanidad, los cuidados y la limpieza, y en algunos de los que han crecido también es importante la presencia femenina, aunque el resultado global no ha sido el que cabría esperar en términos de ocupación".

"La brecha entre hombres y mujeres persiste"

"Es necesario impulsar políticas que recorten las brechas en el empleo que separan a hombres y mujeres", indica Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT.

"La brecha entre hombres y mujeres persiste", añade, mientras llama la atención sobre lo contradictorio de algunos datos: "el 46% de las personas ocupadas son mujeres, mientras su peso en el desempleo es del 53,5% y la inactividad es del 57,3%. Y la tasa de paro masculina se encuentra en el 14,17%, mientras la femenina es del 18,33%".

"Por desgracia, es habitual que las crisis expulsen a muchas mujeres del empleo reglado"

"Por desgracia, es habitual que las crisis expulsen a muchas mujeres del empleo reglado", explica por su parte Blasco Martín, que considera "alarmante y preocupante" que la tasa de inactividad femenina supere a la masculina en diez puntos y 2,5 millones de personas.

"Los motivos son múltiples -señala-, pero sabemos que tienen que ver con barreras estructurales de acceso al empleo y con una división sexual del trabajo que adscribe a las mujeres a las labores de cuidado; pero también con la precariedad del mercado de trabajo que desalienta a muchas personas a aceptar condiciones laborales y salarios precarios".

Elena Blasco reclama "abordar con perspectiva de género el conjunto de las políticas públicas y muy especialmente las políticas activas de empleo, así como todas las que vayan a ponerse en marcha ahora con los fondos de reconstrucción".

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