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Fusiones bancarias La nueva CaixaBank tras la fusión con Bankia echa a andar con un alto coste laboral y dudas para los clientes

Tras el visto bueno de Competencia a la absorción del banco nacionalizado, el foco pasa a las negociaciones para el recorte de entre 7.000 y 8.000 empleos y a los cambios que puedan sufrir las condiciones de los productos y servicios ofertados

Los logos de Bankia y de Caixabank, en dos de sus sucursales vecinas en Barcelona. REUTERS/Albert Gea
Los logos de Bankia y de Caixabank, en dos de sus sucursales vecinas en Barcelona. Albert Gea / REUTERS

La absorción de Bankia por CaixaBank será una realidad desde este viernes, una vez recibida la pertinente autorización (con condiciones) de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

Ahora se inicia un complejo proceso de integración funcional de las dos estructuras, que durará meses y que abre importantes incertidumbres para trabajadores y clientes.

¿Pero por qué se fusionan?

Para ganar volumen, reforzar su capital y mejorar su rentabilidad en un entorno que plantea crecientes desafíos para el sector financiero. Entre ellos, las políticas de bajos tipos de interés, que están obligando a replantearse el negocio bancario, y la transformación digital, muy avanzada ya, pero que aún requiere elevadas inversiones.

Las presiones de los reguladores, tanto nacionales como europeos, son además muy fuertes, a pesar de que las entidades más grandes entrañan un mayor riesgo sistémico, es decir, de contaminar al conjunto en el caso de que las cosas no les vayan bien.

¿Cómo queda ahora el mapa bancario?

La nueva CaixaBank acumulará 660.000 millones de euros en activos, lo que la situará en cabeza del ranking nacional. Banco Santander pasará a la segunda posición y BBVA descenderá al tercer puesto, contando sólo sus negocios en España.

A escala europea, la operación tiene menos repercusiones: la absorción de Bankia no ayudará a CaixaBank a entrar en el grupo de las diez principales entidades, cuyos activos superan el billón de dólares (unos 850.000 millones de euros), según datos de 2019. En ese grupo sólo está el Santander, teniendo en cuenta toda su actividad mundial.

¿Afectará la fusión a la competencia?

Es difícil que una fusión, en cualquier sector, no afecte a la competencia, porque reduce el número de competidores. En términos generales, CaixaBank controlará un 24% de los depósitos del conjunto del sector financiero y un 25% del volumen total de créditos a clientes.

Hay territorios concretos donde el grado de concentración será aún mayor, como la Comunidad de Madrid y Baleares, donde su cuota de mercado superará el 40%, Canarias (38%), Navarra y Valencia (alrededor del 30% en ambos casos).

¿Cuáles son las condiciones impuestas por la CNMC?

Su dictamen señala que la fusión no supone una amenaza para la competencia, excepción hecha de las 86 zonas donde CaixaBank va a quedar en posición de monopolio o de duopolio. Para evitar los perjuicios que eso puede infligir a los clientes procedentes de Bankia, la CNMC exige a CaixaBank, por ejemplo, que les mantenga durante tres años las condiciones comerciales que actualmente disfrutan o similares. Tampoco podrá cerrar oficinas sin permiso de la CNMC en aquellos municipios donde no operen otros bancos, a fin de evitar la llamada exclusión financiera.

¿Qué otros efectos tendrá la fusión sobre los clientes de Bankia?

Con carácter general, los términos contractuales referidos a las cuentas corrientes pueden variar, pero CaixaBank tiene la obligación de avisar con una antelación mínima de dos meses. Introducir modificaciones en los créditos, incluidos los hipotecarios (tipo de interés, plazo), no está permitido, aunque sí en los productos asociados, como tarjetas, seguros de hogar, de vida o de protección de pagos.

También es posible que CaixaBank reordene su catálogo de planes de pensiones, que debe ser comunicada con tiempo a los afectados y no tendrá repercusiones fiscales. Lo mismo ocurre con los fondos de inversión.

¿Y sobre el conjunto de los empleados?

Las fusiones tienen siempre un trasfondo de reducción de costes y la absorción de Bankia por CaixaBank, también. En la banca, esos recortes suelen centrarse en la red y en la plantilla. Las dos entidades suman 5.700 sucursales y 51.300 trabajadores.

Si las previsiones se cumplen, desaparecerán en torno al 20% de las actuales oficinas (más de mil) y alrededor del 15% de los puestos de trabajo (entre 7.000 y 8.000 empleos). Las condiciones de las bajas están pendientes de la correspondiente negociación con los sindicatos.

¿Son los únicos empleos que se van a perder en el sector?

Como mínimo habrá 1.900 más, que ahora pertenecen a Unicaja o Liberbank, otras dos entidades que están al borde de la fusión y que ahora cuentan con un total de casi 10.000 profesionales. Esta operación llevará consigo el cierre de 400 sucursales.

La destrucción de empleo en el sector financiero ha sido espectacular desde el estallido de la crisis de 2008 y el consiguiente proceso de concentración, que se llevó por delante a las cajas de ahorros. Los grupos bancarios resultantes de ese proceso contaban a finales de 2019 con 144.274 personas en plantilla, un 39,4% menos que al cierre de 2007.

¿Con los accionistas de Bankia qué pasa?

Que recibirán automáticamente 684 títulos de CaixaBank por cada mil de Bankia, de acuerdo con la ecuación de canje pactada, y eso les convertirá en propietarios de la nueva entidad. Cuando el número de acciones de Bankia no dé lugar a un número entero de acciones de CaixaBank, la diferencia se abonará en efectivo. Una vez efectuado el canje, las acciones de Bankia dejarán de cotizar en Bolsa.

El primer dividendo posterior a la absorción será abonado durante el segundo trimestre de 2021 por un importe total de 216 millones de euros (2,58 céntimos por acción), equivalentes al 15% del resultado consolidado de los dos bancos en el ejercicio de 2020.

¿Cómo queda la posición del Estado?

A través del FROB, el Estado controla el 61,8% de Bankia y pasará a tener el 15,6% de CaixaBank. Gracias a ello, el próximo dividendo le permitirá recuperar otros 33,7 millones de euros.

Esa cantidad se añadirá a los 1.200 millones obtenidos por las ventas sucesivas del 7,5% y del 7% del capital de Bankia y a otros 1.200 derivados de los dividendos distribuidos por la propia entidad entre 2014 y 2019. En total, menos de 2.500 millones de euros; muy lejos, por tanto, de los 22.424 millones empleados en su rescate.

El Estado siempre puede deshacerse de sus acciones de CaixaBank, pero al precio actual apenas percibiría 2.400 millones de euros. Mucho tendría que subir CaixaBank en Bolsa para que el salvamento de Bankia se saldara sin coste alguno para las arcas públicas.

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