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La precariedad y el paro tienen rostro de mujer

Aunque el coronavirus ha visibilizado muchas ocupaciones infravaloradas que han resultado ser básicas para el sostenimiento de la sociedad, la precariedad sigue teniendo rostro de mujer.

Gestha estima que las mujeres aún cobran casi 5.000 euros menos que los hombres
Foto que representa la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral. Archivo. 

Las últimas cifras del paro son preocupantes, ya que debido a la emergencia del coronavirus esta tasa ha alcanzado cuotas que no se veían desde el año 2016. En el caso de las mujeres, la pandemia ha jugado aún más en su contra, ya que el desempleo entre las trabajadoras ha crecido más del doble con respecto a los hombres, hasta alcanzar un total de 2.304.779 personas.

Estos datos, aportados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, han posicionado a España como el país de la Unión Europea donde más ha crecido el paro femenino. España también suspende en igualdad salarial. Una comparativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) entre el primer y segundo trimestres de 2020, que incluye indicadores de varios países europeos, confirma que España es donde más ha crecido la desigualdad salarial entre hombres y mujeres.

Tras años de políticas de recortes, el actual Gobierno aprobó el Real Decreto-Ley 6/2019, de medidas urgentes para garantizar la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el empleo y la ocupación. También, fruto del diálogo social, se aprobó el desarrollo reglamentario de la Ley de Igualdad 3/2007 modificada por el Real Decreto-Ley 6/2019 para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, en materia de planes de igualdad e igualdad retributiva.

Aunque este desarrollo reglamentario se entiende como un gran avance para la igualdad en el ámbito laboral, la pandemia ha puesto de manifiesto que todavía queda mucho por hacer y que son las mujeres y los jóvenes los que están pagando un precio más alto tras un año de emergencia por el coronavirus.

Los sectores feminizados, los más precarios

Aunque la covid-19 ha visibilizado muchas ocupaciones infravaloradas que han resultado ser básicas para el sostenimiento de la sociedad, la precariedad sigue teniendo rostro de mujer. Los trabajos relacionados con los cuidados y la limpieza siempre han estado infravalorados e incluso estigmatizados. De hecho, en Público ya hemos publicado en distintas ocasiones testimonios de mujeres dedicadas al cuidado de ancianos, reivindicando sus trabajos frente a quienes les califican de  "limpiaculos".

Además, en estos sectores (los relacionados con los cuidados, como los relacionados con la limpieza) representan un alto porcentaje de la economía sumergida, pues se trata de mujeres que trabajan con baja protección social y laboral.

Según datos de UGT, la tasa de actividad femenina en 2020 cayó 10,7 puntos y la brecha retributiva entre mujeres y hombres fue del 21,41%, mientras que el 74,03% del empleo a tiempo parcial fue femenino y las mujeres han constituido el 57,66% de la población inactiva. La razón es que gran parte de las mujeres se dedicaban al sector de los cuidados y, por ello, el sindicato exige el cumplimiento de los planes de igualdad, así como reforzar y garantizar los instrumentos y recursos de vigilancia, control y solución de la Autoridad Laboral para el cumplimiento efectivo del principio de igualdad en el ámbito laboral.

Son las mujeres las que más engrosan las listas del paro

Aunque durante el mes de febrero el paro se incrementó en ambos sexos, las mujeres han sido las que peor parte se han llevado, ya que el desempleo femenino subió en 31.404 mujeres respecto a enero, mientras que el masculino creció en 13.032.

El coronavirus ha empujado al paro de larga duración a casi 100.000 mujeres, según el último informe de la Fundación Adecco #EmpleoParaTodas. Se entiende como desempleo de larga duración aquel que acumula más de 12 meses en búsqueda activa de trabajo y este afecta a un total de 1.521.000 personas en España de las cuales un 57% es mujer, tal y como recoge esta fundación con datos de la EPA.

El desempleo de larga duración, combinado con otras circunstancias como la discapacidad, una edad superior a los 55 años, la violencia de género o las responsabilidades familiares no compartidas, genera un escenario propicio para disparar el riesgo de exclusión social entre las mujeres, concluye este informe.

Muchas de ellas son precarias e invisibles

María del Carmen limpia en diferentes casas. Solo en una de ellas cotiza en la Seguridad Social y en el resto no está dada de alta. Tiene 56 años y lleva con varios pagadores desde los 20 años.

"La mayoría de personas que trabajamos en mi sector somos mujeres precarias e invisibles. Yo, porque llevo ya mucho tiempo en las casas en las que limpio, pero sé que hay mucha gente que busca mujeres de la limpieza para pagarlas muy mal y para llamarlas cuando les venga en gana",  explica a Público.

María del Carmen detalla que, por ejemplo, durante el confinamiento lo pasó muy mal, ya que en algunos de esos trabajos dejaron de pagarle y tuvo que pedir ayuda a su hija.

"Es lo que te digo, toda una vida trabajando y al final pasa algo como esto y casas en las que llevas más de 10 años te dejan de pagar y tienes que pedir ayuda porque no llegas a fin de mes", lamenta.

Nelly trabaja como interna desde hace seis años. Vino de Ecuador con la esperanza de encontrar una vida mejor y, desde entonces, ha estado cuidando a cuatro ancianas en sus domicilios. Cuenta a Público que en ninguna de las cuatro familias con las que ha trabajado le hicieron contrato y que, actualmente, cobra 800 euros al mes, el salario más alto que ha recibido durante su estancia en España a pesar de estár por debajo del salario mínimo interprofesional

"Cuándo llegas a España al principio es fácil que se aprovechen de ti. La sensación que me dio al llegar es que no nos tratan como personas. Es como si fuésemos 'de segunda', como si tuviésemos que aguantar porque no nos queda más remedio. La gente se aprovecha de que no tenemos papeles para pagarnos menos", relata Nelly.

La pandemia ha evidenciado la precariedad que padecen muchas mujeres en España a día de hoy, demostrando que hay que poner el foco en dicha problemática y implementar medidas eficaces que la reduzcan a corto plazo y la eliminen en un futuro.

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