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Turismo en pandemia La quinta ola amenaza con gripar por segundo año el motor turístico

Los viajes interiores palían la crisis de un sector cuya clientela extranjera será de nuevo inferior a la mitad de la habitual antes de la pandemia, si se cumplen las previsiones más optimistas, y en el que provoca inquietud la expansión de la quinta ola, un cuadro que aboca a millonarias pérdidas a la hostelería, el ocio, la cultura, la alimentación y el transporte.

Playa turistas
Turistas disfrutan del sol en la playa de Peguera, en el municipio mallorquín de Calvià. Cati Cladera / EFE

El sector turístico, el principal motor de la economía española previa a la pandemia, afronta su segundo pinchazo veraniego consecutivo entre vetos internacionales que desincentivan las visitas desde algunos países y con una celérica expansión de la quinta ola de contagios que comienza a causar inquietud tanto dentro como fuera de su territorio, un cuadro que amenaza con provocar pérdidas conjuntas de al menos 27.000 millones de euros (siempre que se cumplan las optimistas previsiones del Gobierno) en ramos como, básicamente, la hostelería, la cultura, el ocio y el entretenimiento, el transporte y la alimentación.

Ese nuevo pinchazo llega después de que el gasto turístico retrocediera en más de 85.000 millones el año pasado, 72.000 con el de origen internacional y 14.400 en el interior, que este año se está recuperando con mayor intensidad que el foráneo.

"Claro que están llamando. Estamos atendiendo muchas consultas de gente preocupada que quiere saber si va a poder disfrutar sus vacaciones o qué va a pasar con sus reservas", explican desde la Oficina de Turismo de Conil de la Frontera, en Cádiz, que el miércoles superó el millar de casos por 100.000 habitantes, un umbral que sitúa a la Junta de Andalucía ante el dilema de confinar un municipio que estos días ha sumado más de 35.000 visitantes a sus 23.000 vecinos.

"Hay muchos positivos pero casi ningún hospitalizado. Son jóvenes y están en sus casas, con síntomas débiles la mayoría", anotan desde la oficina, al tiempo que aseguran que "estamos igual que cualquier ciudad del país. Con un poquito de sentido común vamos a seguir adelante".

La economía de Conil depende del turismo, con casi la cuarta parte de los negocios dedicados a la hostelería (298 de 1.311) y cerca de la mitad (551) a un comercio estrechamente ligado a esa actividad, según los datos de la Junta de Andalucía, algo que la expone directamente a las consecuencias de los vetos internacionales, de los contagios locales y de sus respectivos relatos.

Tanto allí como en la vecina Chiclana, cuya ocupación hotelera llega al 60% de sus 14.000 plazas, están salvando la temporada con el turismo nacional. "Este año está todo abierto y con mucha más gente que el año pasado", indican desde su oficina turística, que coincide en identificar como local la práctica totalidad de los turistas que van llegando y en mostrar la confianza en que el foráneo pueda comenzar a llegar en unas semanas.

Menos trabas de Reino Unido; Francia desaconseja viajar

"Normalmente teníamos una parte importante de turismo de origen inglés y de clase trabajadora que no puede permitir se pagar dos PCR y dedicar diez días de sus vacaciones a una cuarentena. No prohíben viajar a España, pero es como si lo hicieran", añaden desde Conil.

El ministro de Transportes de Reino Unido, Grant Shapps, anunció este jueves que las pruebas y el aislamiento dejan de ser obligatorios a partir del lunes 19 de julio para los británicos que regresen a su país desde otros como España y estén vacunados, una relajación de medidas que abre una expectativa de mejora de las previsiones para una parte del sector turístico español.

El anuncio, sin embargo, llegaba solo unas horas después de que el secretario de Estado de Asuntos Europeos francés, Clément Beaune, desaconsejara a sus paisanos viajar este verano a España y Portugal por su situación pandémica. Lo hizo en una entrevista en la cadena televisiva France 2, en la que aconsejó "a quienes no hayan reservado aún sus vacaciones que eviten España y Portugal en sus destinos"”.

"Mejor quedarse en Francia o ir a otros países", decía en su recomendación, que presentó como "un consejo de prudencia" que al día siguiente trataba de suavizar el ministro de Sanidad, Olivier Véran.

Esto último ocurría un día después de que el Gobierno belga desaconsejara también viajar a España de veraneo y prácticamente al mismo tiempo que Alemania optaba por situar como "zona de riesgo" por covid-19 a todo el país, archipiélagos incluidos.

La inclusión en el nivel más bajo de los tres que maneja el Ejecutivo germano, frente a los de "alta incidencia" y "variante peligrosa", no conlleva en la práctica restricciones para los viajeros, aunque sí supone una nueva muesca en el ámbito reputacional.

El norte pierde a su principal cliente

¿Y qué consecuencias pueden tener esos anuncios? Están, obviamente, por ver, ya que el veraneo es uno de los gastos no básicos de las familias y la caída de las rentas como consecuencia de la crisis pandémica ronda el 20% para las clases medias europeas, a lo que hay que sumar los recelos a desplazarse por temor a los contagios y, en el caso de los británicos, lo tardío del levantamiento de las restricciones.

Todos esos factores influyen en mayor o menor medida en una materia de ocio como la planificación de las vacaciones, que no deja de ser una decisión personal, aunque un vistazo a los estudios sobre distribución del gasto turístico  del INE (Instituto Nacional de Estadística) dan algunas pistas sobre las variadas expectativas que, en función del territorio del que se trate, abren esos anuncios.

Así, los turistas de Reino Unido aportaron la cuarta parte de la facturación de origen internacional en el verano de 2019 en Balears (841 millones de 3.642), en Andalucía (598 de 2.557) y en Canarias (421 de 1.375), donde han sido tradicionalmente el segmento más rentable y donde el anuncio de Shapps parece abrir una ventana de oportunidad.

Por el contrario, tres comunidades del norte parecen expuestas a elevadas mermas por ocupar ese puesto los franceses, que en el tercer trimestre de hace dos años generaron casi un tercio de la facturación en Catalunya (1.377 millones de 4.419) y cerca de la mitad en Euskadi (246 de 527) y en Aragón (42 de 96).

El mayor impacto de la eventual disuasión de los alemanes, cuyo volumen de gasto de entre 11.000 y 12.000 millones de euros por verano solo era superado por los británicos (casi 18.000), se concentra en las islas, donde eran el segundo grupo por facturación con más de 700 millones por verano en Balears y casi 200 en Canarias.

Las reticencias a viajar a España ya se dejan notar en algunas áreas turísticas de esas comunidades. "Las playas están como el año pasado, o incluso un poco menos llenas, y estamos ya a 8 de julio", indican desde la Oficina de Turismo de Lloret de Mar (Girona), donde muestran su confianza en una mayor afluencia de franceses e ingleses a partir de mediados de este mes y después la de holandeses y belgas. "No nos quejamos, la verdad", dicen.

El País Valencià, uno de los territorios más diversificados en cuanto a la procedencia de sus turistas, tiene a esas dos nacionalidades como las de mayor peso en su factura turística, con sendas aportaciones de en torno a la quinta parte del total: 493 millones de los británicos y 433 de los franceses de un total de 2.453.

El Gobierno espera más de 40 millones de visitantes

A esos elevados factores de incertidumbre se les unen otros como los que pueden provocar las decisiones de algunas comunidades de aplicar confinamientos perimetrales, restringir la actividad de la hostelería y los locales de ocio nocturno, recuperar los toques de queda o penalizar el consumo de alcohol en las playas, medidas cuyo objetivo de protección de la salud pública colisiona con el efecto desincentivador que, de manera simultánea, causan para el turismo.

En cualquier caso, las previsiones del Gobierno, que apuntan a la recuperación de la mitad del turismo internacional previo a la pandemia, lo que equivale a recibir a 43 millones de visitantes al cabo del año, parecen improbables ante el cuadro de vetos, contagios y restricciones y cuando solo en los cuatro primeros meses del año la merma se acercó a los veinte millones de turistas. Llegaron menos de dos en un periodo en el que antes entraban más de 21.

José Luis Zoreda, vicepresidente y portavoz de Exceltur, la principal patronal del sector turístico, calificaba hace unos días de "hecatombe" para el ramo el desplome del 82% de las visitas de origen internacional.

Sin embargo el ejecutivo mantiene sus estimaciones. "Esperemos que no se establezca ninguna restricción a nivel europeo", dijo este jueves la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, que pidió "prudencia" ante el riesgo de "estigmatizar a España". "Seguimos pensando que esa previsión la podemos alcanzar y estamos trabajando en ello -añadió-, estamos trasladando al mundo que somos un país seguro".

"La quinta ola no va a parar la recuperación"

"Llegar al 40% de las cifras de 2019 permitiría un rebote importante de la economía en el tercer trimestre", explica Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del CGE (Consejo General de Economistas), que destaca cómo "el turismo nacional está respondiendo con mucha fuerza, como ya hizo el año pasado", por la combinación de varios factores entre los que destacan el elevado nivel de ahorro de los meses precedentes para una parte de la población y el comienzo de la recuperación del empleo para otra.

Eso supone retener el grueso de un segmento que en el año previo a la pandemia se dejó 48.065 millones de euros, casi una tercera parte de los cuales (16.051) se consumían en el extranjero.

Pedraza considera que "la quinta ola no va a parar la recuperación. En este trimestre está habiendo un punto de inflexión" en el que, entre otros aspectos, confluyen la potencia del turismo interior, algo en lo que España tiene una clara ventaja con el resto de la UE, y el hecho de que los efectos del rebrote se estén produciendo al margen de los sectores de población de mayor poder adquisitivo.

No obstante, se mantiene expectante sobre los resultados que vaya finalmente a arrojar la campaña veraniega. "El turismo supone un 12,5% del PIB, pero hay que ver en qué medida afecta al 68% que suman los servicios, especialmente en sectores como el comercio y el transporte, con los que está muy ligado", señala.

Estudios del Banco de España calculan que cada punto de caída del turismo arrastra un tercio de punto en otros sectores, lo que equivaldría a que el sistema productivo se deja 1,3 millones por cada millón que dejan de gastar los turistas.

Un 'agujero' de más de 27.000 millones de euros

Esa menor afluencia a las zonas turísticas tiene como principales víctimas a los mismos sectores que hasta hace dos años recogían el grueso de los beneficios, según indica la estructura de gasto de los visitantes.

Así, si se toma como referencia los 91.911 millones de euros que los turistas extranjeros se dejaron en sus viajes por España en 2019, la principal partida (18.889 millones, 20,5%) es la de los paquetes turísticos de quienes se mueven con esa modalidad, a la que le sigue de cerca (18.180, 19,8%) el transporte desde y hacia el país de origen. Ahí se movían dos de cada cinco euros.

Por detrás de esos capítulos se sitúan otros tres como las actividades de ocio, cultura y entretenimiento (18.109, 19,7%), el consumo de alimentos y bebidas en bares y restaurantes y su compra en supermercados como manutención (13.679, 14,8%) y el alojamiento en hoteles, apartamentos y otro tipo de establecimientos (13.134, 14,2%), seguida de un amplio apartado de “otros gastos” (9.828, 10,6%).

En el mejor de los casos, esos sectores productivos verán reducirse sus ingresos vinculados al turismo en alrededor de 27.000 millones de euros, la mitad de lo que suponían hasta hace dos años, con caídas mayores o menores en función de las zonas y de la dependencia de países más o menos reacios a dejar viajar a sus ciudadanos. A esa cifra habrá que sumarle la merma relacionada con los turistas locales, que el año pasado ya rondó una cifra similar.

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