Los santuarios y pazos de Emilia Pardo Bazán en Galicia
La historia de la escritora se ambienta en algunas de las casas señoriales más impresionantes de Galicia.

Zaragoza--Actualizado a
Emilia Pardo Bazán es una de las escritoras españolas más importantes de la historia, especialmente por su papel de pionera. La gallega, que nació en A Coruña en 1851, es una de las grandes precursoras del feminismo y la lucha por los derechos de las mujeres en España. No en vano abanderó posiciones muy avanzadas para su época, como por ejemplo la emancipación económica de la mujer, defendiendo la necesidad de que las mujeres tuvieran un trabajo y un salario propio que les permitiese ser independientes.
“Soy una feminista radical: creo que todos los derechos del hombre los debería tener la mujer”, es una de sus citas más célebres. Su ideología quedó también reflejada en su obra, que fue muy prolífica. También sus contradicciones, que las tuvo. Resulta prácticamente imposible contabilizar con exactitud todo lo que Pardo Bazán produjo en vida. Una obra que va desde novela y ensayo hasta más de 500 cuentos diferentes, libros de viajes, textos de corte periodístico u obras de teatro. Por no hablar de su labor como editora o divulgadora.
En resumidas cuentas, Emilia Pardo Bazán es una figura inabarcable que, eso sí, está íntimamente ligada a Galicia. Si bien es cierto que también residió en Madrid, varias de sus obras más famosas están inspiradas directamente en su tierra natal. Incluida la que es su obra de narrativa más famosa, Los pazos de Ulloa (1886), en la que retrata la decadencia del mundo rural gallego. Muchos de los lugares que inspiraron a la escritora todavía están en pie en la actualidad, lo que nos permite un paseo a través del tiempo.
El pazo de la Torre de Miraflores en Sanxenxo
Por si no había quedado claro, Emilia Pardo Bazan procedía de una familia noble y potentada. Aquello no solo le permitió estudiar y formarse en una época en la que las mujeres no tenían acceso a la escolarización más básica, sino que además le hizo experimentar una vida privilegiada que después pudo plasmar en sus obras. Muchas de sus primeras vivencias están asociadas al pazo de la Torre de Miraflores, situado en la localidad de Sanxenxo.
Aquel complejo se convirtió en propiedad de la familia materna de la escritora en el siglo XVIII, siendo la residencia de verano de Emilia durante su infancia y primera juventud. Unos años formativos que le marcaron profundamente, ya que en ellos descubrió su amor por la literatura. “El sitio en que se hizo la Torre de Miraflores produce en mí tal efecto, que creí sinceramente que no existía en el mundo tierra más bonita”, dice la inscripción de la escultura dedicada a la escritora en Sanxenxo.
El pazo de Miraflores aparece referenciado en al menos dos obras de la escritora: Una cristiana (1890) y La sirena negra (1908). En la actualidad se trata de una propiedad privada en manos de los condes de Cardona. Previamente había pertenecido a Blanca Quiroga Pardo Bazán, hija de la escritora y que, una vez viuda y sin hijos, decidió venderlo a otra familia noble. La propiedad actual es ligeramente inferior a la que conoció Emilia, eso sí. Entonces llegaba hasta la playa de Carabuxeira, de actual titularidad pública. No en vano, aunque solo está a 1 kilómetro de Sanxenxo, la familia Pardo Bazán solía llegar a la Torre en barco desde Pontevedra, pues el acceso por carretera en aquella época era complicado.
El pazo de Meirás
El pazo de Meirás es el lugar que mejor representa a Emilia Pardo Bazán, no en vano no solo fue su residencia familiar sino que gran parte de su forma actual se construyó bajo sus propias directrices. De hecho, aunque el complejo imita a las construcciones medievales típicas gallegas, en realidad fue levantado en 1893 sobre las ruinas de una antigua fortificación que había pertenecido a la familia noble Patiño de Bergondo desde el siglo XVI. Emilia lo heredó tras la muerte de su padre, José Pardo Bazán y Mosquera, y fue entonces cuando mandó construir las dos torres que lo hacen tan característico.
Pardo Bazán se casó en Meirás, lo utilizó como residencia durante unos cuatro meses al año y, por supuesto, escribió varias de sus obras entre sus muros. También instaló allí una vasta biblioteca, que inicialmente permaneció en el complejo tras su fallecimiento pero que actualmente se conserva, en parte, en la fundación que lleva su nombre.
A la muerte de la escritora la propiedad recayó en manos de su hijo mayor Jaime, quien falleció durante la Guerra Civil. Al término del conflicto, Franco lo reclamó como residencia oficial de verano con los modos propios de la dictadura, la cual mantuvo hasta su fallecimiento en 1975. Después de un ardua lucha por parte del movimiento memorialista gallego, en 2008 fue declarado Bien de Interés Cultural, lo que les obligaba a la familia Franco a abrirlo al público aunque fuese de manera temporal. Años más tarde comenzó un litigio legal que terminó en 2024, cuando tanto el pazo como todo lo que contenía su interior fue declarado propiedad del Estado.
El pazo de Banga
Emilia Pardo Bazán se casó con José Quiroga cuando ella apenas tenía 16 años y él 19. Su esposo también venía de familia potentada, con varias propiedades a lo ancho y largo de Galicia. Sobre todo en la zona de O Carballiño, ya que era natural de la parroquia de Banga. Allí se encontraba el pazo familiar, construcción que se convirtió en la residencia del matrimonio en la época de la vendimia. Esta edificación solariega jugó un papel fundamental en la obra literaria de Emilia, pues le sirvió de inspiración para varias de sus novelas, incluida Los pazos de Ulloa.
Se sabe que Pardo Bazán escribió la novela durante una de sus estancias en Banga. Tiene sentido, pues mucho del mundo que describe en sus páginas tiene que ver con la Galicia rural que allí le rodeaba. No es la única novela que tiene una inspiración directa con el complejo. De hecho, es el escenario de El cisne de Vilamorta (1885), donde se describe de la siguiente manera: “Tiene la maciza casa aspecto de fortaleza: flanquean el cuerpo central dos torres cuadrangulares, con achaparrado techo y hondas ventanas: en mitad del edificio, sobre un largo balcón de hierro, se destaca el gran escudo de armas con el blasón de los Méndez, cinco hojas de vid y una cabeza de lobo cortada y goteando sangre”.
En la actualidad el pazo de Banga se encuentra en situación de abandono. Esto se debe a que se trataba de una posesión rural, las cuales no recibían la misma inversión por parte de las familias nobles que las residencias oficiales o de verano. No obstante, la huella de Pardo Bazán en O Carballiño no se queda ahí. Además de otras posesiones en el campo, como por ejemplo el pazo de Cabanelas, la escritora residió durante el año en la mansión de los Quiroga situada en la plaza del pueblo, la cual se conserva perfectamente.
Pazo de Santa Cruz
El castillo de Santa Cruz, en el municipio coruñés de Oleiros, fue levantado en 1594 como una fortaleza defensiva en la ría de Coruña. La idea era defender la ciudad de las frecuentes incursiones británicas, que aprovechaban el caudal navegable para realizar sus incursiones en la ciudad. Sin embargo, en el siglo XVIII perdió su importancia estratégica y quedó abandonado. Aquello permitió que en el siglo XIX fuese comprado por medio de una subasta pública por José Quiroga Pérez de Deza, a la sazón marido de Emilia Pardo Bazán.
De esta manera, Quiroga ordenó la construcción de un pazo que sirvió de residencia de verano para la familia. No obstante, cabe reseñar que el matrimonio se separó de manera amistosa en 1884, pasando a hacer vidas independientes aunque mantuvieron relación hasta el punto de que Emilia guardó un año de luto una vez que José falleció en 1912. El pazo de Santa Cruz pasó entonces a ser titularidad de Blanca Quiroga Pardo Bazán, hija del matrimonio y que lo donó al Colegio de Huérfanos de Caballería en 1938.
Actualmente el castillo de Santa Cruz está considerado Bien de Interés Cultural y, además, ejerce como sede del Centro de Extensión Universitaria y Divulgación Ambiental de Galicia (CEIDA). Se accede a él a través de una pasarela de madera y hierro que lo conecta con tierra firme.







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