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14F Raül Romeva: "Una parte de la izquierda ha olvidado lo que significa la lucha social desde una vertiente democrática de exigencia de derechos y libertades"

Raül Romeva
El exconseller Raül Romeva durante la entrevista. Joel Kashila

El ex conseller de Asuntos Exteriores de la Generalitat cumple desde el pasado día 29 condena de 12 años de prisión en "régimen de semilibertad". Está seguro de que se trata de una situación provisional, porque la Fiscalía y el Supremo la modificarán muy pronto. Dedica ahora buena parte de su tiempo a la campaña electoral de su partido, ERC, huye de rifirrafes políticos y se esfuerza en explicar la importancia que tiene para el soberanismo catalán la complicidad de diferentes actores en el escenario internacional.

Los presos y presas políticas catalanas, condenadas por el Supremo, se pusieron en campaña inmediatamente después de iniciar a finales de enero el cumplimiento de la pena que les fue impuesta en tercer grado penitenciario. Campaña de sus partidos para las elecciones al Parlament de Catalunya o de actos públicos de la sociedad civil en defensa de las libertades. El exconseller de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, asegura que emocionalmente se encuentra bien, y lo demuestra. Si no lo está, lo disimula muy bien. Dice que vive la campaña "con enorme pasión". Se le ve enérgico y satisfecho de lo que hace, a pesar de que reconoce que "la prisión es dura para todo el mundo". "No poder estar con tus hijos, amigos, pareja, y saber que cada noche tienes que volver a la cárcel, y que en cualquier momento, la Fiscalía y el Supremo decidirán que el tercer grado se acabó, no por razones técnicas sino políticas, esto también es una carga pesada, es duro, agotador, pero en ningún caso nos hace desfallecer", explica en entrevista concedida en este diario.

Fue condenado a 12 años. Una de las condenas más altas del Supremo. Suponemos que ha pasado por diferentes estados de ánimo.

Ahora cumplimos el tercer año, la condena es de 12, por lo tanto ya hemos hecho la cuarta parte y evidentemente los estados de ánimo van cambiando. Lo que ocurre es que hay una constante que es la de la conciencia tranquila, que es la que nos permite seguir hacia adelante incluso en momentos de dificultad.

Personalmente, ¿cómo ve a sus compañeros de prisión?

Muy bien. De hecho estamos todos bien desde el punto de vista emocional. Es verdad que circunstancialmente estamos en una situación extraña, pero no nosotros, sino toda la sociedad, todo el mundo de hecho. Y esta situación lo condiciona todo, las vidas personales, la vida social, la vida profesional y por tanto estamos en una campaña atípica. Atípica primero porque es una campaña impuesta por los tribunales, por los jueces, cosa que ya no es novedad por desgracia en este país, y también porque lo estamos haciendo en unos momentos socialmente complicados, con una pandemia que dificulta mucho todo. Estamos bien pero a la vez muy conscientes de las dificultades que sufre todo el mundo, no nosotros, todo el mundo.

Usted también está condenado a 12 años de inhabilitación. Ahora cumple la prisión en tercer grado y aunque se lo retiren dentro de no mucho tiempo recuperará cierto grado de libertad. ¿Qué expectativas profesionales tiene?

Nuestra inhabilitación es absoluta. No solo estamos inhabilitados para ocupar cargos públicos, sino para tener cualquier tipo de ingreso público. Esto amplía la inhabilitación a niveles enormes. Aquí hay dos cuestiones.

"No solo estamos inhabilitados para ocupar cargos públicos, sino para tener cualquier tipo de ingreso público"

La primera es que la inhabilitación puede ser de cargo, pero no de convicción ni de motivación política, por consiguiente yo seguiré haciendo política. Si lo que pretendían era que con esta inhabilitación nos apartarían del ámbito político, obviamente no se saldrán con la suya, porque se puede hacer política de muchas maneras. No hace falta estar en las instituciones. Preferiría hacerlo desde las instituciones, pero en todo caso lo seguiremos haciendo desde donde podamos. Y desde la otra vertiente, hay mucha gente que en estos momentos pasa dificultades profesionales y yo no soy nadie para quejarme. Creo que tenemos que hacer grandes esfuerzos todos. Yo tengo una profesión y tenemos que encontrar la manera de ser útiles en la sociedad, que es lo que hemos venido a hacer.

Todos ustedes piden la amnistía. Hay quién dice que eso no es realista

Hay quién dice esto porque no la quiere o porque no está dispuesto a hacer, básicamente, aquello que hace falta para poner lo que nosotros decimos que es importante y necesario, que es poner el marcador a cero. La amnistía no es un deseo. Es una necesidad. Nosotros entendemos que aquí se han producido una serie de acciones por parte del Estado absolutamente injustificadas e injustificables. La amnistía permitiría sacar de los tribunales aquello que en realidad es ámbito de la política, devolver a la política aquello que nunca tendría que haber salido de la política.

"La amnistía no es un deseo, es una necesidad"

La amnistía, además, no es solo una respuesta a la situación de nueve personas que estamos en la cárcel, sino a las casi 3.000 personas que están de una forma u otra perseguidas y represaliadas. Por eso nosotros entendemos que la amnistía es realmente el gesto político que hace falta por parte del Estado para decir que esto es un problema de cariz político y que hay que discutirlo y abordarlo desde la perspectiva política. Esto es lo que nosotros pedimos. A mí me parece que esto no solo es necesario sino posible desde un punto de vista jurídico y parlamentario. Si no se hace, como tantas otras cosas que no se han hecho hasta ahora, no es porque no se pueda, sino porque no quieren.

¿No ha tenido en ningún momento la tentación de echar la toalla, de renunciar a la amnistía y pedir el indulto?

No, nunca, nunca. Yo tengo muy claro que el camino hacia la libertad y hacia la República no es fácil, es un camino que no es rápido, no se indoloro, pero también tengo claro que es irreversible. Desgraciadamente, esta conciencia es la que me lleva a asumir cada una de las etapas como necesaria, pero no suficiente. Digo desgraciadamente porque todos querríamos que todo fuera más fácil y más rápido, pero también sabemos que todos los procesos de liberación nacional que han existido a lo largo de la historia han sido complicados, lentos y dolorosos. Ninguno fue una balsa de aceite.

La solidaridad con ustedes se ha manifestado socialmente de manera muy intensa en ciertos momentos. La pandemia la hace menos visible, está claro, pero ¿cree que se mantiene el apoyo social?

Ha estado ahí siempre y la notamos. Quizás se hecho menos visible porque hay menos movilización de personas. Obviamente las limitaciones para la movilización son evidentes, pero hay otras maneras de mostrarla. Nos llega por muchas vías diferentes. En la prisión hemos notado mucho esta solidaridad en forma de cartas. Yo numero las que escribo, no las que recibo porque es imposible, y ya voy por las siete mil cartas escritas y no puedo responder ni mucho menos a todas las cartas que recibo, pero lo que sí constato es que hay todavía hoy, y seguramente cada vez más, una complicidad y una empatía enorme hacia nosotros, a la que nosotros intentamos corresponder de todas las maneras que podemos.

En relación a la gente que les apoya. Usted es un hombre de izquierdas, históricamente relacionado con el ecosocialismo. ¿Como ve ahora a la antigua izquierda, la que se reivindicaba "transformadora", la que históricamente se reclamaba defensora de la clase trabajadora?

Como todas las izquierdas. Situándose en la nueva realidad. Yo creo que una izquierda útil es la que se adapta también a las circunstancias, en la medida en que las circunstancias cambian.

"La izquierda en este momento es un espacio que hay que reinventar"

Aquí es donde estamos. La izquierda, las izquierdas, porque hay que hablar en plural, en este momento es un espacio que se tiene que reinventar porque las circunstancias han cambiado mucho, porque hoy tenemos unas herramientas que no teníamos hace 20, 30 o 40 años, y más, obviamente, hace 100 años, pero también porque hay unas necesidades que hoy están y que no estaban hace 50 años o 30. Por lo tanto las izquierdas nos tenemos que ubicar en este nuevo escenario, en este nuevo marco que para mí no puede ser de otra manera que global, que universal. La izquierda es útil cuando entiende que los retos son globales, universales. Y en la medida en que entiende esto también es mucho más práctica y mucho más útil a la hora de responder a los problemas locales.

Esta izquierda que yo le digo parece que no tiene en su agenda a los presos políticos y la amnistía, ¿no?

Hombre, depende. Yo veo y constato que hay mucha gente, no solo en Catalunya, sino al resto del Estado y al resto de Europa que nos tiene muy presentes. Desde una vertiente no necesariamente cómplice con el objetivo que nosotros perseguimos, pero sí desde una vertiente directamente y radical democrático, en la hora de defender que tenemos derecho a defender aquello que perseguimos. Yo creo que esta complicidad es grande, en alguna izquierda, no en todas las izquierdas. Hay gente, hay muchas personas, que sin compartir el objetivo de la República catalana que nosotros queremos, entienden que la prisión, la persecución, la represión... es inaceptable. De hecho, el 80 por ciento de la sociedad catalana está a favor de poder decidir en un referéndum lo que queremos ser. Esto me parece que no es menor e incluye muchas izquierdas también, que no son independentistas. Desde este punto de vista yo creo que hay una parte que está a favor.

También es verdad que hay una parte de la izquierda que se ha olvidado de lo que significa la lucha social desde una vertiente democrática, de exigencia de derechos y libertades en su dimensión más amplia. Esta izquierda también existe, que es una izquierda institucional pero muchas veces también intelectual, no solo la echo en falta sino que creo que tenemos que hacer todo lo posible para podernos escuchar unos a otros. Yo en todo caso me pongo a disposición de esta izquierda para hablar. Me he puesto muchas veces. Creo que lo que ha faltado muchas veces han sido más canales de comunicación. Yo los tengo todos abiertos y estoy dispuesto a hablar con quién sea de lo que sea.

La represión tiene sus efectos sobre el conjunto del soberanismo, ¿no? ¿Pasa factura? ¿Lo ha debilitado, dividido?

La represión siempre busca dos cosas. Una, la derrota emocional, pero no ahora, a lo largo de la historia y siempre, la represión lo que busca es que tú como activista, como persona que quiere cambiar las cosas, emocionalmente te sientas frustrado, derrotado, abatido, y esto hemos de ser muy conscientes de que afecta personalmente, pero también colectivamente.

Lo que busca la represión también es dividir a los movimientos, porque en la medida que persigue a unos y no a otros, en que carga sobre unos y no sobre otros, pretende, busca que se produzca una ruptura en el movimiento. Y aquí también tenemos que ser muy conscientes de esto, porque hemos de ser capaces de no dejarnos abatir emocionalmente, pero al mismo tiempo tenemos que ser capaces de no aceptar, de no sucumbir a esta voluntad de ruptura de determinadas tesis compartidas que existen. Por eso nosotros hablamos siempre de luchas compartidas. Creo que es importante no olvidar que mucha gente, venga de donde venga, comparte objetivos y esto es para mí un elemento fundamental.

Más de una vez diferentes actores políticos del independentismo han pedido excusas por el espectáculo de enfrentamiento constante entre ellos, pero no lo abandonan. Aprovechan la mínima ocasión para cargar contra otros y mantener el enfrentamiento. No desperdician ocasión. ¿No le parece?

No es mi caso. Usted a mí no me ha escuchado nunca cargar contra nadie, y mucho menos insultar nadie. No lo he hecho nunca y no lo haré, pero ni en esto ni en nada. En esto soy muy claro y muy contundente. A mí nadie me habrá encontrado malas palabras sobre nadie, ni siquiera contra aquellas personas que nos quieren encarcelados, porque creo que esto no arregla nada, no ayuda en ninguna parte y no ayuda nunca. A mí no me encontrarán, pero soy observador, veo lo que pasa y es evidente que estamos en una situación que en algunos momentos, en algunos espacios, y por parte de algunas personas se producen este tipo de situaciones que yo lamento. Y no solo lo lamento sino que pido que se pare, pero por una razón muy sencilla, porque cuando planteo siempre la petición del verbo sereno, lo hago no desde ahora, sino desde cuando militaba propiamente en el ámbito de la izquierda, en la que esta situación ya se producía. En todos los movimientos sociales ha habido siempre algún tipo de matiz, de confrontación, de vocación de una parte de tender hacia el purismo, y a mí esto me parece que nos empobrece, como sociedad, pero también como movimiento. Hubo un presidente de Esquerra Republicana que explicaba que el peor enemigo de la Catalunya libre era la Catalunya pura y yo he combatido siempre en todos los espacios, especialmente en los movimientos sociales, esta vocación de pureza. Lo que a mí me gusta es el mestizaje, la mezcla, la pluralidad y la diversidad, y los matices que permitan que un movimiento sea rico y cada vez mayor.

A menudo se habla de discrepancias estratégicas entre ERC y Junts per Catalunya. ¿En qué se diferencia la Catalunya del futuro que dibujan o pueden imaginar actualmente unos y otros?

Esta para mí es una de las preguntas clave. ¿En qué se fundamenta esta percepción? Cuando uno lee y escucha realmente los discursos de tanta gente, las diferencias, si existen, para mí son mínimas. Todo el mundo tiene claro que la República es necesaria por una cuestión de utilidad, por una cuestión de herramientas, todo el mundo tiene claro que esta tiene que ser una República para todo el mundo y que solo queremos llegar por vías democráticas. Es decir, que está excluida de cualquier perspectiva cualquier acción violenta. En esto hay un amplio consenso por parte de todo el mundo y me parece que no es menor. En el caso de Esquerra Republicana, yo no hablo por otros, creo que ha hecho un análisis más práctico y realista de lo que ocurre, sin abandonar la ambición del objetivo que persigue.

"Yo no estoy pagando una pena de prisión como la que estoy pagando para nada"

Tenemos que entender que todo el que hemos hecho hasta ahora era necesario pero no ha sido suficiente. Se tiene que seguir trabajando, seguir ampliando, hacer cosas que hasta ahora no se han podido hacer o no se han sabido hacer.
Esta constatación a mí me parece que genera grandes consensos, grandes adhesiones. Obviamente todos querríamos que esto fuera mucho más rápido, yo el primero. Tengo una condena de 12 años. Imagine si tengo prisa. A mí no me puede decir nadie que no tengo prisa, pero también tengo claro que quiero llegar a destino. Yo no estoy pagando una pena de prisión como la que estoy pagando para nada. Lo estoy haciendo porque creo y estoy convencido que esto tendrá un resultado, pero lo tendrá si hacemos lo que hay que hacer. Hemos de ser conscientes de que la realidad es la que es y no la que nos gustaría que fuera.

"La no negociación no es una opción", nos dijo usted hace unos años. ¿Qué resultados cree que se pueden esperar de la mesa de diálogo con el Estado?

Lo que para mí es muy importante de una mesa de negociación es que exista. Si no hay mesa de negociación, es imposible la negociación. Por lo tanto, primera exigencia: que haya una mesa. Esto lo hemos dicho siempre. Cuando yo era conseller e iba por el mundo explicando qué queríamos hacer, siempre decía que nosotros queríamos era iniciar un proceso de conversaciones y de negociación con el Estado para afrontar la realidad. Ante la demanda legítima, pacífica, democrática de tantas personas entendíamos que aquello se tenía que discutir, como se hizo en Quebec, en el caso de Canadá, hace unos años, por cierto con una mayoría muy menor a la que teníamos aquí en Catalunya.

Esto lo hemos dicho siempre y lo diremos siempre. Pero además, cuando uno analiza todos los conflictos que se han producido a lo largo de la historia, en un momento u otro han acabado en una mesa de negociación. Esto ha pasado en Irlanda, en Suráfrica, en Bosnia, ha pasado en todo el mundo en situaciones de extrema gravedad. Si esto ha pasado a lugares de tanta, tanta gravedad como no ha de ser posible hacerlo aquí.

"¿Mesa de negociación? Siempre. ¿Qué ponemos nosotros? Lo hemos dicho siempre: amnistía y autodeterminación. Hablemos"

Otra cosa es que se pone en esta mesa de negociación. Esta es la segunda parte. Por lo tanto. ¿Mesa de negociación? Siempre. Nosotros estaremos, sentados, siempre, y nadie nos echará y nadie nos quitará la bandera de la negociación. Nadie. Ahora bien, nosotros tenemos claro que en esta mesa hay que poner cosas, proyectos. ¿Qué ponemos nosotros? Lo hemos dicho siempre: amnistía y autodeterminación. Hablemos. Las dos cosas, estamos convencidos, y estamos dispuestos a hablar con quién sea, de que caben perfectamente en el actual marco jurídico. Lo digo porque algunos nos interpelan y dicen: "Dentro de la ley, dentro de la ley". Escuchen: todo lo que hemos hecho cabe perfectamente en el actual marco jurídico, incluso un referéndum, que el Código Penal explícitamente despenaliza. Si no quieren hablar es porque políticamente no les conviene o no les interesa, pero que no pongan como excusa el marco jurídico, porque esto es falso.

¿Se pueden imaginar conversaciones sobre una agenda que permita hablar, por ejemplo, sobre espacios de soberanía como los que querían garantizar con el Estatuto del 2006?

Yo creo que es imaginable hablar de todo. De todo quiere decir también de esto pero fundamentalmente de aquello que también podamos poner nosotros. Lo que nosotros hemos dicho siempre es que queremos una mesa sin vetos, y esto quiere decir que si ellos quieren poner este tema sobre la mesa, que lo pongan, este tema y lo que quieran, pero que no nos impidan poner lo que nosotros consideramos importante: amnistía y autodeterminación. Este es el punto de partida de una negociación. Este es el punto esencial. Tú en una negociación no puedes decir: "Usted no puede hablar de esto que le preocupa". Tenemos en estos momentos más dos millones de personas en Catalunya que han votado, y algunos recibiendo palizas importantes por parte de la policía, simplemente porque querían ser escuchadas.

"Queremos una mesa de negociación sin vetos"

¿Cómo se puede quitar de la mesa de negociación esta cuestión? Tenemos un 80% de la sociedad catalana que dice que esto se tiene que resolver votante. ¿Cómo puedes quitar de la mesa de negociación el derecho a la autodeterminación? ¿Cómo puedes sacar de la mesa de negociación el espíritu republicano cuando el 80% de la sociedad catalana está diciendo que tenemos que hablar de la República? ¿Cómo puedes sacar de la mesa de negociación el 80% de la sociedad que dice que la represión es inaceptable?

En una entrevista que le hicimos poco antes del referéndum de 2017 nos decía que el apoyo internacional a una reivindicación como la catalana no depende de simpatías si no de los hechos. "A nivel internacional se reacciona a hechos", nos decía. El referéndum se hizo. ¿Qué hechos faltaron? ¿Qué cree que se tendría que haber hecho posteriormente para conseguir apoyo internacional?

Yo soy un poco crítico con el concepto, "apoyo internacional". Ni usted ni nadie me ha oído hablar nunca de apoyos internacionales. De lo que yo siempre he hablado es de encontrar las complicidades que nos permitan hacer aquello que queremos hacer. En realidad, la comunidad internacional, los actores internacionales lo que hacen es responder a hechos que creen o consideran que son irreversibles. En aquel momento, antes del referéndum, la gran duda que existía en el exterior era la de si seriamos o no capaces de hacer el referéndum. Nosotros, para ganar credibilidad, para que creyeran que realmente estábamos dispuestos a hacer aquello que decíamos que queríamos hacer, el que teníamos que hacer era el referéndum.

"¿Qué hicimos el 1 de octubre? Ganar credibilidad"

¿Qué hicimos el 1 de octubre? Ganar credibilidad. La gente entendió que cuando nosotros decíamos que queríamos hacer un referéndum estábamos dispuestos a hacerlo, asumiendo incluso las consecuencias, que en nuestro caso ha comportado, penas de prisión y en lo otros compañeros, exilio.

Esto ha permitido que a nivel de internacional se entendiera que aquí hay una voluntad firme para seguir adelante, y esto ha sido fundamental.

¿Cuál es el segundo elemento que a mí me parece clave para que eso progrese? Hay una exigencia, por parte de todos los actores internacionales, que es que seamos muchos más, muchos más. Desde fuera siempre han exigido la superación del 50% de una manera clara y manifiesta. Repito, no porque yo crea que con el porcentaje que actualmente tenemos, que es un 47% o 48%, no tengamos bastante para hacer aquello que queremos hacer, que es un referéndum, que creo que es suficiente. Si vemos el caso de Quebec y el de Escocia, es evidente, pero delante tenemos un Estado que no está dispuesto, que no entiende, que no quiere hacer esto. ¿Qué tenemos que hacer nosotros? Ampliar consensos. ¿Como? Toda esta gente que hoy no se siente interpelada por el republicanismo independentista tiene que ver que este es un proyecto que no va en contra suyo, que justamente la quiere incluir y la incluye. El 1 de octubre conseguimos un hecho absolutamente relevante, que es ganar credibilidad. El 3 de octubre, mostramos también la voluntad social que existía, a partir de lo que se había producido el 1 de octubre. Este 3 de octubre, esta mayoría social es la que tenemos que mantener, conservar e incluso ampliar. Y aquí es donde yo creo que a escala internacional se puede llegar a constatar que esto es irreversible.

Usted confiaba en que los actores financieros, incluso multinacionales reclamaran una solución. ¿Lo cree todavía?

Lo están haciendo. No es que lo crea. Lo sabemos. Lo que hay, según voces diversas, algunas en público y otras en privado, es una necesidad de que esta situación se pueda reconducir. No porque nos tengan más o menos simpatía, sino por sus propios intereses. A mí me parece que es evidente. Es incluso una demanda de muchos sectores del resto del Estado. Todos estos recursos que el Estado destina a impedir que podamos escuchar de manera democrática la opinión de las catalanas y los catalanes se podrían invertir en mil otras cosas, y eso también es un elemento que preocupa a muchos actores internacionales, también financieros.

El exconseller Raül Romeva en la avenida Diagonal de Barcelona. Joel Kashila

Si los socialistas son primera fuerza, ¿qué deberían hacer los independentistas?

Primero hemos de ver qué pasa. Este es un escenario que está por demostrar, está por probar. Lo que tengo muy claro en todo caso es que la mayoría social a favor del referéndum sigue siendo claramente mayoritaria. Gane quién gane, esta mayoría tendrá que conformar proyectos políticos que permitan dar respuesta a esta demanda.

"No habrá un president socialista con los votos de Esquerra Republicana, por activa o por pasiva"

Lo que tengo claro es que no habrá con los votos de ERC, por activa o por pasiva, un Gobierno que no esté al servicio de esta demanda social mayoritaria de Catalunya. No estará. Lo digo de manera muy clara. No habrá un presidente socialista con los votos de Esquerra Republicana, por activa o por pasiva.

La extrema derecha crece en diferentes países. ¿Cuál es su percepción de este fenómeno?

Ese es para mí el principal problema. Creo que no somos suficientemente conscientes del gran riesgo que supone que esta extrema derecha que hoy existe en la sociedad, porque socialmente existe y también en las instituciones del Estado. Creían algunos, o querían creer que esto estaba resuelto, pero es evidente que no es así, en la Judicatura, la Fiscalía, el Ejército, la Policía, en todos los ámbitos de la estructura del Estado.

"La extrema derecha también existe en las Instituciones del Estado"

Es peligrosísimo dar alas a esta extrema derecha para que ocupe espacios de poder también en el ámbito legislativo. Eso generará dinámicas extremadamente perversas como lo estamos viendo en todo el mundo. No estamos descubriendo nada. Está pasando a Europa, en Hungría, en Polonia, lo estamos viendo en Alemania, en Francia, obviamente en los países nórdicos, donde creíamos que ya estaban vacunados contra esta realidad, están subiendo con gran fuerza. Este es un elemento que a mí me preocupa y que además, si somos honestos, tenemos que entender que hay mucha gente que utiliza la reivindicación pacífica, democrática, de la mayoría catalana para esconder, disimular, blanquear estas tendencias extremistas, de extrema derecha o directamente fascistas.

¿El trumpismo ha sido derrotado?

En absoluto. Está más vivo que nunca. El trumpismo principal, el más evidente y peligroso, es la antipolítica. Este discurso genérico de que la política es un problema, que es una lacra, es trumpismo en el sentido más puro, porque eso lo que hace es dar alas al populismo y especialmente al populismo fascista. El trumpismo no solo no está derrotado sino que lo tenemos más presente que nunca, y lo tenemos también en nuestra sociedad. Esto es gravísimo, porque si perdemos de vista que la política es la herramienta para confrontar programas, proyectos, para construir mayorías, estamos dando alas a la locura. Lo hemos visto con la presidencia de Donald Trump, pero no hay que mirar solo a Estados Unidos, podemos mirar al Brasil, todos los regímenes populistas que tenemos por todas partes, también en la Unión Europea, y no solo. Miremos Madrid. ¿O es que no es trumpismo lo que existe en determinados discursos de determinadas personas que en el Estado español? Utilizan el trumpismo, engañando, mintiendo, manipulando construyendo imágenes falsas de la realidad, estigmatizando colectivos, las mujeres, inmigrantes, personas homosexuales... ¿No es trumpismo eso? Y lo tenemos en Catalunya también. Cuando uno escucha los discursos de determinadas formaciones políticas que se presentan a estas elecciones, lo que hay es trumpismo en el sentido más básico y más peligroso que podamos imaginar.

Las encuestas pronostican que Vox entrará en el Parlament de Catalunya. ¿Qué tienen que hacer los demócratas?

Enfrentarnos, socialmente y políticamente, sin lugar a dudas, sin ninguna contemplación.

¿De qué manera?

Generando aquellos consensos que permitan que estos discursos no calen. Desmontando las mentiras, confrontando las mentiras con la realidad y gobernando bien desde las instituciones. El republicanismo que yo defiendo es el que pone las instituciones al servicio de la gente. ¿De qué se alimenta el trumpismo? De la frustración. Las instituciones tienen que ser herramientas útiles al servicio de la gente y no canales de frustración. La frustración es un combustible valiosísimo para el trumpismo o para la extrema derecha. Las instituciones tienen que estar al servicio de la sociedad y no la sociedad al servicio de las instituciones. ¿Qué tiene que hacer el republicanismo? Gobernar bien, para todo el mundo, con transparencia y buen gobierno. Esto no siempre es fácil y no está exento de contradicciones, pero es la obligación del republicanismo. Por eso queremos estar en todas las instituciones y asumir todas las responsabilidades que podamos. También la Presidencia de la Generalitat.