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Veneno Daniela Santiago: "Soy actriz desde que nací porque tuve que fingir delante de la sociedad para sobrevivir"

Daniela Santiago posa para 'Público' frente a la placa de Cristina Ortiz 'La Veneno', situada en el parque del Oeste. — JAIRO VARGAS
Daniela Santiago posa para 'Público' frente a la placa de Cristina Ortiz, 'La Veneno', situada en el parque del Oeste. JAIRO VARGAS

Daniela Santiago (1982, Málaga) es Cristina Ortiz, La Veneno, en la serie de Los Javis. En Veneno interpreta a la Cristina pletórica que conquistó la televisión y descendió a los infiernos. Ahora, prepara una película con Pedro Almodóvar, una serie con Ana Milán y tiene agendados otro par de proyectos de los que aún no puede dar pistas. A sus 39 años está en la cresta de la ola. 

¿Cómo fue su infancia?

Nací en la ciudad de Málaga. Mi madre es de Torre del Mar, pegadito a Málaga, y mi padre es de Vélez-Málaga. Soy de una familia trabajadora y común. Mi madre trabajó toda la vida en la cocina de restaurantes y mi padre tenía una empresa y era jefe de construcción. Una familia corriente, muy bonita donde nunca nos faltó de nada.

Somos siete hermanos y yo soy la quinta. Los fines de semana salíamos, estábamos con nuestros padres, que trabajaban mucho. Mi madre sigue trabajando en la cocina, ahora tiene un asador. Y mi padre está jubilado.

¿Y la etapa del colegio?

Iba a un colegio mixto, de profesores y monjitas. Soy muy creyente, aunque no creo en la Iglesia, no creo que Dios juzgue a una persona por cómo sea o cómo sienta.

En el colegio fui a veces muy puteada, porque los niños son crueles y más cuando se te ve que eres distinta. Tratan de hacerte daño y de juzgarte y más en aquella época, finales de los ochenta, principios de los noventa. Fue una etapa divertida pero a veces jodida, porque los profesores a veces no entendían, las monjas que pensaban que estaba poseída por ser así... cositas raras que pasaban.

Las monjas podían decir misa, llegaba a casa y tenía la comprensión de mi madre, que era lo que llenaba mi corazón. Y yo sabía perfectamente que no estaba loca, que me sentía como una niña y lo tenía yo claro. Qué más me da lo que piensen los demás.

¿Siempre contó con el apoyo de sus padres?

Mis padres, siempre. Son los que me dieron el dinero para hacer la reasignación de sexo, empecé el tratamiento hormonal de la mano de mi madre con 15 años... Ella sabía que yo era una niña desde siempre. Mira si lo teníamos claro que mi madre siempre me preguntaba, veía en mi comportamiento... Cuando le dije que quería empezar a cambiar mi aspecto físico, me ayudó en todo. Soy una privilegiada, tuve mucha suerte con eso. Tengo una familia muy bonita.

¿Cuándo empezó el tratamiento?

Empecé a los 15, ya no podía más. Estaba superdeprimida porque veía que a mi hermana le empezaba a salir el pecho y yo quería mi pechito. Le decía a mi madre: "No, yo quiero desarrollarme como la Raquel, como mi hermana, no como el Edu, yo no quiero ser así" [Risas]. Y así fue.

Con 18 me operé los pechos. Aunque ya tenía pechito de las hormonas, quería tener uno que no se fuese, y a los 22 me hice el cambio de sexo.

¿Siempre quiso ser actriz? 

No siempre he querido ser actriz; soy actriz desde que nací, porque tuve que aparentar lo que no era y fingir delante de la sociedad para tener que sobrevivir. Soy actriz desde que nací, solo que ahora interpreto papeles bonitos.

De pequeñita yo le decía a mi madre que quería ser actriz. Esto no me viene de un golpe de suerte, que también; es algo que yo llevaba machacándome en la cabeza muchísimo tiempo. Para mí era más difícil porque nunca se había dado muchas oportunidades a personas... como yo, no voy a entrar en nada que no quiera decir.

¿Qué referentes tuvo?

Me encantaban Loles León, Verónica Forqué, Rossy de Palma... Todas las de Almodóvar. Marisol, Rocío Dúrcal…

Y de admirarlas a trabajar con ellas. En la película de Almodóvar en la que trabaja, también aparece Rossy de Palma.

Para mí es superbonito trabajar con mis referentes, porque además son supercercanas. Son maravillosas. Cuando estuvimos ensayando el otro día, estaba con Penélope Cruz y me enseñaba fotos de sus niños y yo no me lo podía creer. No puede ser que una mujer a la que admiro tanto me esté enseñando las fotos de sus hijos, que yo veía sus películas y deseaba compartir escena con ella. Es increíble.

Y su cumpleaños lo celebró con Almodovar. ¿Cómo se baja del pedestal a un ídolo?

Sí, es mi amigo. No se trata de bajarles del pedestal, se trata de tener amistad con gente que admiraste toda tu vida. Me llamaron ellos para celebrarlo. Es un trato muy cercano de amistad, ya no ves a Almodóvar, ves a Pedro. No es que lo bajes del pedestal, simplemente que tú te elevas.

Mi madre se ríe porque dice que soy mágica, que todo lo que me propongo lo consigo. Y ahora está disfrutando de ver que yo cumplo mi sueño, pero también desde mi madurez. Si me pilla con 22 años la hubiera liado parda, yo creo.

Todas las actrices dicen que trabajar con Almodóvar es muy duro emocionalmente. 

Sí que lo es, pero eso dice mucho de él. Es un profesional. El trabajo tiene que ser trabajo y fuera de cámara podemos reírnos. Al igual que Los Javis, que son superexigentes y dan caña. Ya vengo con una masterclass aprendida.

Daniela Santiago durante la entrevista con 'Público'. JAIRO VARGAS

Cambió Málaga por Madrid muy joven. 

Me vine a punto de cumplir 18 con amigas como yo, porque quería trabajar en Madrid. Yo ya trabajaba como peluquera y maquilladora, así que podía desenvolverme perfectamente en el mundo laboral, así que decidí venirme.

Me vine a vivir mi vida, a intentar ser feliz, porque Málaga se me quedaba pequeña. Entonces era poco moderna, no entendía lo que era una persona trans. Lo veían como algo raro y te tenías que justificar para todo.

¿La noche madrileña era tránsfoba?

La noche de Madrid también era tránsfoba, pero en Málaga no existía Chueca. Madrid seguía siendo tránsfoba, lo ha sido hasta hace poco, pero teníamos un barrio que era nuestro, nuestro templo, y allí podíamos estar tranquilos y a gusto. Era la gente de nuestro rollo.

Pero Madrid me acogió fenomenal. Empecé a trabajar superpronto y conocí a Cristina [La Veneno] en Chueca. Creo que ese barrio fue mi primera parada en Madrid, aunque creo que es la de todas. Cuando llegas a Madrid ya directamente quieres conocer Chueca porque es el barrio gay, muy guay, con personas como tú... Era la primera visita obligada.

¿Cristina era una referente para ti?

No la he tenido como referente. Era una persona que veía en Esta noche cruzamos el Mississippi y era muy guapa, me llamaba muchísimo la atención como mujer. Esta tía ha conseguido lo que yo quiero, es tan guapa, famosa, trabaja en televisión... Entonces no se le había ido tanto la pinza como años después. La admiraba, aunque admiraba mucho más a Bibiana Fernandez, también te digo.

¿Y cómo la conoció?

"Cristina era muy soberbia, era un poco diva"

La conocí en Chueca, estábamos en un banco, ella estaba muy guapa. Yo estaba con mis amigas malagueñas y eran locuras muy grandes. Estábamos todas con las hormonas, y eso era una caja de cerillas que saltaban chispas [Risas]. Me quería independizar y no sabía cómo, así que Cristina me ofreció su casa. Y nada, por probar, me fui un mes con ella, pero era muy soberbia, era un poco diva.

A juzgar por la serie 'Veneno', parece que era una mujer difícil.

Era difícil. Y era adorable porque te lo ofrecía todo, pero como se tomaba tantas pastillas... Se levantaba y ya se estaba tomando pastillas, el carácter le cambiaba de un momento a otro y era muy inestable. Tener una conversación con ella era difícil, y más alguien como yo, con 17 años. Muchas veces no la entendía. Me decía "haz esto, haz lo otro" y yo pensaba: "Me voy de Málaga para que no me manden mis padres y vivir mi vida y liberarme y me vengo a la casa de ésta para esto". Duré un mes y fue demasiado [Risas].

¿Cuánto tiempo vivió en Madrid?

En Madrid me fue muy bien, me quedé hasta los 29 años y me fui a Barcelona. Aquí empecé a trabajar en bailes, en restaurantes, en mil cosas, porque Madrid era cara, pero yo no quería putear. Soy de las que pensaba que se podía trabajar en lo que quieres sin la necesidad de hacerlo, que lo respetaba, pero no lo buscaba. Y gracias a Dios mis padres me mandaban giros de dinero cuando yo iba mal.

Hice un cameo en Todo sobre mi madre. Ahí fue mi primer contacto con Almodóvar. Es en la escena cuando están todas las chicas trans trabajando en el parque del oeste. Siempre estaba en agencias metida. Yo sabía que tenía que ser modelo o actriz, y una agencia me contactó para esa escena. Me pagaron 150 euros. 

Luego me fui a Barcelona y estuve trabajado allí otros diez años. Bonita y moderna, con trabajo, la gente tenía pelas y no había los rollos que hay ahora. Luego ya mi madre me dio un ultimátum: que me comprara un piso en Málaga sí o sí, porque tenía dinero, he sido siempre un poco hormiguita, y mi madre veía que si seguía en Barcelona alquilada iba a tirar el dinero, así que me compré mi piso en Málaga y me fui a trabajar allí de peluquera y maquilladora. Volví a lo que siempre había sido. Era una Málaga supercambiada.

Daniela Santiago con su perra Nala frente a la placa homenaje a Cristina Ortiz, 'La Veneno', en el parque del oeste de Madrid. JAIRO VARGAS

¿Había tirado la toalla respecto al mundo del cine?

Sí que había tirado un poco la tolla y pensaba que no me iba a llegar la fama nunca. En el sentido de poder trabajar como actriz. Había que centrarse como cualquier persona coherente haría. Pero fue una buena idea y una buena inversión, porque ahora tengo mi pisito pagado y el casting de Veneno fue en Málaga. Era el destino.

A mi la fama ya no me pilla de niñata, tengo 39 años. A los 20 yo estaba subida en un pódium bailando, pienso que la fama me ha llegado en un momento que he pasado por todas las discotecas y por fin trabajo como actriz.

Viendo lo que le pasó a Cristina, ¿le da miedo la fama?

La fama no me da miedo, me dan miedo las personas. La fama cada cual la lleva como puede, pero no te tiene por qué trastocar. Yo vivo muy normal, mi día a día es un día a día como el de cualquiera. No es una fama fea de programas de televisión; es de moda, de hacer cosas productivas y bonitas. No es ir a un reality o ir a un plató a pegarme; la que yo he escogido es bonita.

La polémica en torno a hacer papeles de personas trans sin serlo. ¿Qué opina al respecto?

Da igual. Una actriz es actriz, se puede enfrenar a lo que quiera. Como si me dan a mi mañana el papel de Juana La loca. El arte no tiene género, qué quieres que te diga. El artista no tiene género y tenemos que ser libres.

¿Cómo fue el rodaje de 'Veneno'? ¿Ha cumplido todas las expectativas que tenía cuando soñaba en participar en algo así?

Te voy a decir una verdad como un templo. Tuvimos la suerte de empezar el proyecto más maravilloso de mi vida, pero también nos cogió una pandemia mundial. Tenía que haber durado tres meses y duró un año. Los últimos siete meses, cuando retomamos, fueron meses muy duros, íbamos a contrarreloj y había fecha de salida y solo había grabado un capítulo. Fue trabajar corriendo, con jornadas de 17 y 18 horas, con un frío que te mueres teniendo que estar mojadas, revolcadas en el suelo... Fue maravilloso, pero también ha sido muy duro, porque tuvimos que ir muy rápido.

Lo hemos disfrutado mucho, pero sin la pandemia hubiéramos hecho la premiere, hubiéramos ido a Francia, ahora estaríamos en EEUU recibiendo el premio GLAAD que nos han dado y no hemos podido recoger. Nos hemos privado de muchas cosas por la pandemia. Se ha quedado bastante bonito por el camino.