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Entrevista a Clara Grima "Los estudiantes fallan en matemáticas porque falta comprensión lectora"

La matemática y divulgadora sevillana Clara Grima, en una imagen reciente.
La matemática y divulgadora sevillana Clara Grima, en una imagen reciente. Cedida

Matemática y divulgadora, coriana hasta la médula, Medalla de Oro de Sevilla y, por encima de todo todo, madre e hija. A Clara Grima, 'Mati', docente e investigadora, le salen los homenajes y reconocimientos por las orejas. Ella sigue trabajando duro tanto en la Universidad de Sevilla como en conferencias y, especialmente, en sus charlas en institutos y colegios para compartir su amor por las ciencias puras. Porque las matemáticas "no es hacer cuentas y ya", sino comprender de otra forma el mundo.

"Si no tenemos comprensión lectora seremos malos en matemáticas", insiste Clara Grima, que en otoño acudirá de invitada como ponente en el Congreso Mundial de Matemáticas (ICM, por sus siglas en inglés) precisamente para hablar de divulgación científica. Esta invitación supone para ella el mejor galardón que puede recibir en su campo, tanto como académica como mujer.

La imagen de Clara Grima igual aparece en un mural en Gandía (València) con motivo de la Setmana de la Ciència que en la tapa de una calculadora Casio. Autora de libros como 'En busca del grafo perdido' (Ariel, 2021) o 'Que las matemáticas te acompañen' (Ariel, 2028), su labor pedagógica es incansable.

El humor y la alegría que emanan de esta científica desbordan los límites de esta entrevista, realizada a través de videoconferencia.

¿Qué es más difícil, divulgar o dar clases?

"Chicas no tenemos apenas, y ésa es una de mis peleas; por eso doy tantas charlas en institutos"

Dar clases, sin duda. Cuando yo doy clases en la Universidad de Sevilla y en la Escuela de Informática. Todos son futuros ingeniero o ingenieras, más ingenieros que ingenieras porque no tenemos casi chicas. Pero bueno, que tiene unos conocimientos previos más bien altos, porque son gente que vienen de un bachillerato científico y tecnológico. A lo mejor alguno no tiene el nivel que debiera, pero en casi todos los casos hay alumnos muy buenos. Nadie me va a escuchar a mí el mantra de que "antes la universidad era mejor"; lo que pasa es que antes iban sólo unos pocos y ahora viene más gente, hay más diversidad. Creo que seguimos teniendo el mismo número de buenos, por así decirlo. Lo malo es que chicas no tenemos apenas, y ésa es una de mis peleas, por eso doy tantas charlas en institutos.

En mi caso estamos hablando ya de matemáticas para informáticos. Hay conceptos que son muy abstractos y que cuestan más enseñar, te tienes que esforzar mucho y buscar formas alternativas para mejorar la enseñanza. Pero bueno, primero,, como he dicho, tienen ya conocimientos previos, y segundo, es que tienen un interés. también por aprobar). Y luego hay de verdad muchos de entenderlo, sobre todo porque yo siempre les cuento.

¿Cómo impacto en su carrera haber estado en el grupo que definió un nuevo sólido geométrico llamado "escutoide" (una forma tridimensional que adoptan las células epiteliales en determinadas circunstancias)? Aquello se llegó a publicar en 'Nature Communications'...

Fue algo maravilloso, fantástico. Yo cuando empecé a hacer divulgación que empecé hace ya 11 años y no te creas que estaba bien visto ser divulgador o divulgadora siendo personal docente e investigador. De hecho, cuando me cruzaba con algunos 'popes' de la investigación matemática, casi agachaba la cabeza. En ese equipo de 16 personas tan interdisciplinar, tan diverso de hombres, mujeres, jóvenes, mayores (que entre los que me cuento) nació, precisamente, gracias a la divulgación. Yo hablé de una estructura matemática que aparece en mi tesis, que es el diagrama de Voronoi. La primera vez que hice una charla de divulgación fue en la clase de mi hijo, que tenía 3 años, a contarles a los pequeños qué es el diagrama de Voronoi. Decidí contar la experiencia en un post en Naukas, que tiene mucho tirón.

Y gracias a ese post, Luisma Escudero, que es el director del grupo de investigación, vio que una chica (¡yo!) que hace diagramas de Voronoi y resultó que es que éramos vecinos, su laboratorio está a cinco minutos de mi despacho. Ni nos conocíamos ni sabíamos que íbamos a trabajar en el mismo equipo. O sea, fue la divulgación la que nos unió. Fue algo muy bonito, porque además no nos enfadábamos ni nos frustrábamos en el equipo, sino que tanto Alberto Márquez como yo (ambos matemáticos) nos preguntábamos cómo resolveríamos esa estructura tridimensional de las células epiteliales si nosotros fuéramos la naturaleza, o bien si la naturaleza supiera matemáticas, geometría y todas las condiciones geométricas que se dan por proximidad.

Cuando resolvimos a figura y los informáticos le dieron forma en 3D salió algo muy raro, pero cuando los biólogos lo vieron, comprobaron con las células epiteliales y ahí llegó el "momento escutoide": estaban ahí. Al principio a la figura la llamamos "prismatoide", pero no nos gustaba, por lo que terminó llamándose "escutoide" en honor al jefazo en el mejor sentido de la palabra, Luisma Escudero.

Y luego llegó la publicación mundial...

Claro. El momento "¡Eureka!" fue al descubrir algo tan maravilloso como ese sólido geométrico. Pero es que luego, cuando la revista Nature Communications aceptó el articulo... A ver, un matemático no publica en Nature porque no les gusta las matemáticas [se ríe]. Pasa como con el Nobel. Así que pasó algo que para un matemático es casi impensable. No hay revistas de tanto impacto en matemáticas. Yo le dije a mi madre que tenía un Nature y ella me contestó: "¿Eso es bueno o malo?

Y luego luego vino la revista New Yorker, Forbes, todas las televisiones norteamericanas... Una ventaja que Nature publicó el 27 de julio 2018, si no me equivoco. Y claro, al ser en verano empezaron a salir memes, todo el revuelo con camisetas de escutoides, figuritas de escutoides, pendientes... Fue un gran bombazo mediático. Y ahí ya mi madre vio que era bueno [se ríe]. Porque salir en el Nature es extraordinario, pero salir en la New Yorker haciendo matemáticas, eso es ya un tema de ego. Por eso en mi cuenta de Twitter pongo "molo infinito", después de que una amiga me convenciera para que lo pusiera. ¡Porque molo infinito!

¿Qué quiere decir cuando dice que hace "apología de las matemáticas"? ¿Y qué responde cuando alguien le dice que no e gusta las matemáticas, que "es de letras"?

Sí, bueno, yo también soy de letras. Yo quería ser filósofa, era mi primera opción. Lo que pasa que mi profesor de filosofía, como sabía que me encantaban las matemáticas, me convenció de que estudiara esa carrera porque sabía que éramos seis hermanos y así iba a trabajar antes para ayudar a pagar la carrera a un hermano.

Sobre la frase que comentas, hay dos razones por las que la suelo utilizar: por un lado, es un poco plagio-homenaje a un libro que recomiendo a todos, que se llama 'Apología de un matemático' de Hardy Gottfried Harold, es un libro muy chiquitito -casi la mitad es prólogo, que es maravilloso- y muy bonito tanto si eres matemático como no.

"Mucha gente piensa que matemáticas es hacer cuentas. Y no, eso no es hacer matemáticas"

Y luego, cuando alguien me dice no me gustan las matemáticas le suelo plantear un reto. Al resolverlo, normalmente me dicen que esto sí, esto es chulo. Ahí es cuando digo que esto son matemáticas. Quizá por culpa de la educación o por una mala publicidad mucha gente piensa que matemáticas es que es hacer cuentas. Y no, eso no es hacer matemáticas. Yo hago cuentas. Lo odio, pero las tengo que hacer. No me gusta hacer cuentas, uso los ordenadores y calculadoras y tal. Pero es que un cocinero hace cuentas, y un peluquero. Todo el mundo hace cuentas.

Los matemáticos necesitamos hacer cuentas, sí, pero también necesitamos ser creativos, sobre todo al utilizar la lógica matemática, que es una lógica humana en lo que todavía no nos gana ninguna máquina. Se necesita mucha creatividad para poder relacionar conceptos. Muchas veces digo que cuando ves la demostración de un teorema es como un poema; cuando haces un poema coges la lengua, las palabras, y las engarzas, así como si fueran una joya, y vas poniendo las perlas, y luego te sale algo bonito.

La filosofía es el amor a la verdad, al fin y al cabo...

Efectivamente, yo tengo discusiones 'de madre' con mis alumnos, que son todos muy lindos, que tienen que ver con las cosas que no entienden que no son matemáticas, son conceptos de lógica filosófica. No es lo mismo 'necesario' que 'suficiente', por ejemplo. Y esas dos palabras tan simples les cuesta trabajo y eso no es matemática. No es lo mismo 'al menos' que 'ninguno'. O sea, que veo a veces que tienen más dificultad con ese tipo de cosas  relacionadas con conceptos lógicos, filosóficos, que con una integral

Es decir, tener bien claros los conceptos semánticos para ser lo más exacto y preciso posible.

Fíjate que cuando salen los informes PISA, en ellos solemos salir fatal parados en matemática y en comprensión lectora. Los estudiantes españoles fallan en matemáticas porque falta comprensión lectora. Entonces me llaman algunos medios y me pregunta: "Oye Clara, tú como experta matemática -que no lo soy, soy del montón- ¿por qué crees que quedamos mal en matemáticas?" Y yo siempre digo que es por la comprensión lectora, porque si no hay comprensión lectora tú no entiendes nada y menos matemáticas, que hay que entenderlo con los puntos y las comas, literal. Me pasa muchas veces, incluso con estudiantes míos ya universitarios, que no entienden ni los mensajes de correo; las instrucciones de un examen, por ejemplo, son instrucciones, nada más, no hay ahí matemáticas.

"Si no tenemos comprensión lectora seremos malos en matemáticas, porque no sabemos leer"

Si no tenemos comprensión lectora seremos malos en matemáticas, porque no sabemos leer. Mi madre, por ejemplo, tardó mucho tiempo en aprender a leer, la pobre llevó una vida muy dura en la postguerra, nunca fue al colegio. Cuando se jubiló se animó a leer libros. Entonces en una ocasión le di una novela de Rosa Montero, se la leyó y me la devolvió. Pero pocos meses más tarde me la pidió otra vez. "Me la quiero leer ahora que sé leer", me dio, y es brutal la frase: antes lo que había hecho era descifrar el código o descifrar los signos con el dedo en cada línea.

Se lo cuento siempre a mis alumnos: una cosa es descifrar los códigos y otra cosa leer. Y parece una tontería pero no lo es, el problema de la comprensión lectora afecta a todo y a las matemáticas muchísimo, porque hay que entender la literalidad.

Por cierto, ha dicho antes que "odia las cuentas", por eso usa calculadora, y he visto que Casio ha hecho una edición con su imagen.

Yo le digo a mi psicóloga que tengo miedo a que me vaya a pasar algo chungo, muy chungo, porque me están pasando cosas buenas todo el rato. Ella me dice que eso es pensamiento mágico, encima que soy científica. Yo le digo que ya, que bueno, pero se me ocurre una velita San Antonio, por si acaso [se ríe]. El dibujito lo ha hecho Raquel García de Molins, que es la ilustradora de mis libros y que es precioso; me hace mucha ilusión pensar que hay niños y niñas que tienen una calculadora con este dibujo.

Soy una mujer con mucha suerte, y si bien es cierto la suerte me pilla currando, hay mucha gente que curra tanto o más que yo y no la tiene. Todo lo que intento hacer me sale muy bien y tengo miedo del día en el que pase algo malo, por aquello del karma. Ya en 1998 mi tesis me la publicó una editorial.

Y de repente, asciende usted al 'olimpo' del Congreso Internacional de Matemáticos (International Congress of Mathematicians, ICM) y la invitan para la próxima edición, en San Petersburgo (Rusia). ¿Qué se siente cuando llega algo tan grande e inesperado?

Pasó en julio del año pasado, y me pilló en un AVE camino de Barcelona, iba a un evento de CaixaForum con mi hermana. De repente, miro el móvil para comprobar si nos estábamos sentando bien en el tren. Y me veo una la notificación que pone: "ICE 2022 invitation" y yo casi me desmayo, era incapaz de contárselo a mi hermana. ¡Yo ni quería abrir el correo! Luego reenvié el correo a mi director de tesis, con el que trabajo también, y le digo: "No lo entiendo". Y me llamó enseguida: "¡Hostia, hostia, que es lo que no entiendes del mensaje, te han invitado y tú no tienes enchufe".

Ir al ICM de invitada es una cosa enorme, sólo lo puedo comparar con la medalla Fields -que a mí no me la van a dar porque soy mayor de 40 años- o el premio Abel, que tampoco creo que lo merezca. Pero es que es algo muy fuerte, aún no me lo creo.

¿De qué va a hablar ahí?

Estoy en la mesa de divulgación y popularización de las matemáticas, pues voy a hablar de los escutoides, precisamente. La charla se llama "El abrazo del escutoide" y de lo que voy a hablar es un poco de la necesidad que tenemos en muchos niveles tanto de divulgación y como de la mejora de la educación. Esto último no es competencia mía, tengo ahí menos mando menos que un guardia civil en el Rocío [se ríe]. Pero lo que sí podemos hacer los divulgadores es popularizar, que la gente hable de matemáticas con alegría, y divulgar para que los niños se acerquen a las matemáticas.

Porque en España, que vamos más lento que otros países del entorno, ya tenemos un 10% del producto interior bruto que sale de trabajos relacionados con las matemáticas. O sea, que queremos que trabajen, no queremos formar a futuros desempleados. Pero también por compartir esa belleza, ahora que hemos estado tanto tiempo con los museos, los cines y los estadios cerrados (por la pandemia de covid-19), por abrir ese museo de las matemáticas, que la gente no se pierda esa obra humana tan bonita.

"Mucha gente pequeñita haciendo cosas pueden cambiar el mundo"

Y por último, la última es la conclusión de la charla es que gracias a la divulgación, investigadores que igual nunca hubiesen trabajado juntos han terminado realizando descubrimientos asombrosos y hermosos. Yo no me leo habitualmente todos los trabajos de matemática que se publican, porque hay muchísima producción. Pero de esta forma, divulgando de manera entretenida, si los investigadores de otras áreas comunican lo que están haciendo, a lo mejor una decide participar y aportar a esa investigación. Eso hace que se enriquezca la ciencia, con la interdisciplinariedad. Porque hoy en día la ciencia ya no la hacen los gigantes, ya no hace falta una Marie Curie. Yo no soy Marie Curie, soy una persona normal.

Más que grandes figuras, los científicos somos 'castellers' de 'enanos' que nos vamos juntando, vamos poniendo cada uno nuestra pizquita y, al final, hacemos cosa muy chulas. Cuando hablo en los institutos suelo recordar que uno de los descubrimientos más impresionantes de este siglo han sido las ondas gravitacionales. Y ahí hay más de 100 autores. Eso es la ciencia. No hace falta otro Einstein, sino mucha gente. Mucha gente pequeñita haciendo cosas pueden cambiar el mundo.