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Madrid El expresidente del Colegio de Médicos de Madrid, sobre Ayuso: "Sus propuestas eran de tipo propagandístico y las nuestras se basaban en criterios científicos"

El expresidente del Colegio de Médicos de Madrid, Miguel Ángel Pérez Chillón, durante su entrevista con Público.
El expresidente del Colegio de Médicos de Madrid, Miguel Ángel Sánchez Chillón, durante su entrevista con 'Público'.

Médico en un centro de salud de la capital, Miguel Ángel Sánchez Chillón fue presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid durante cuatro años y el final de su mandato coincidió con el principio de la pandemia, donde tuvo que lidiar a diario con el Gobierno de Ayuso y la Consejería de Sanidad de Enrique Ruiz Escudero.

Viral por una inesperada crítica a Isabel Díaz AyusoMiguel Ángel Sánchez Chillón procura no hablar de política ni pronunciarse para que no se malinterpreten sus palabras, pero su visión de la gestión de la pandemia por parte de Isabel Díaz Ayuso es fundamental, puesto que lidió con ese Gobierno durante los primeros meses de la llegada de la covid-19, cuando el mundo estaba patas arriba. 

¿El enfado que demostró en ese tuit viene de lejos o fue por las palabras que dijo Ayuso?

Procuro no pronunciarme demasiado, porque la gente piensa que esto es revanchismo, pero me pareció altamente vergonzoso que esa sarta de mentiras, falsedades y propaganda se emitiera y que nadie la rebata

¿Cómo valora la gestión de Isabel Díaz Ayuso sobre la pandemia?

Pues una gestión llevada por la improvisación y por ocurrencias, como dicen los políticos, no basadas en criterios técnicos. Y eso podría ser comprensible al principio de la pandemia por falta de conocimiento, pero cuando uno se propone a un cargo debe tener claras sus prioridades y ahí se vieron deficiencias.

La sensación es que no hay un plan. Llevan muchos años en el Gobierno pero nunca ha habido un proyecto, se han puesto parches y siempre con una tendencia clara a favorecer intereses económicos. Cuando llegó la pandemia, se tomaron decisiones sin criterios técnicos y se fue improvisando. Si la sanidad madrileña estaba mal, con la pandemia se le rompen todas las costuras. No hace falta ser muy listo para saber cuánta gente se va a jubilar y cuánta gente vas a necesitar en los próximos años, por ejemplo.

¿Qué opina de aquella declaración de Ayuso en la que culpaba a los sanitarios de no coger los teléfonos en los centros de salud?

Es una falsedad más. Las líneas estaban totalmente colapsadas. Las líneas del sistema de salud van por vía ofimática y no son telefónicas. Y se saturaron. El día de esas declaraciones, teníamos que descolgar entre seis y diez veces para que tuviera línea. Estuvimos con el teléfono estropeado hasta las 22.30 de la noche. Pero decir eso es una auténtica barbaridad. Decir que los sanitarios no cogen el teléfono es tener muy mala idea.

¿Actualmente están saturados en la Atención Primaria?

La carga de trabajo es tremenda, inimaginable. Y una parte ha dejado de ser estrictamente médica para convertirse en carga administrativa. Genera una situación de perturbación de las relaciones tremenda. Ya no estamos tan bien vistos como cuando empezó la pandemia.

¿Entiende el enfado del ciudadano?

En parte es entendible, porque han perdido la accesibilidad que tenia la atención primaria madrileña. Ahora mismo han perdido ese referente y aunque sea para temas banales, les perturba. El error es que la administración toma decisiones basadas en pocos criterios científicos. Entregar test de antígenos para su uso particular está bien, pero como toda prueba médica, tiene una serie de indicaciones médicas y tienes que darle solución. Si me das un test y sale positivo, ¿qué hago? Estás aumentando la carga de trabajo.

¿Cómo fue su relación con el Gobierno de Ayuso durante los meses en los que coincidió con su presidencia del colegio de médicos?

El trato que hemos tenido siempre con la Consejería de Sanidad era cordial, directo y muy bueno. Los días previos al estado de alarma nos reunimos con el consejero —Enrique Ruiz Escudero— sobre cómo hacer y durante todo el estado de alarma la relación fue fluida. Desde el Colegio tuvimos una actitud activa y de apoyo. La relación fue buena, pero en el momento en el que opinábamos distinto al gobierno no era tan bien recibido. Tuvimos una disfunción de relación cuando fue el pase a la fase 1 y la presidenta se tomó a mal que los médicos opinásemos que no estábamos en condiciones.

Probablemente en la política actual se trabaje más por planificar las próximas elecciones que por trabajar para la ciudadanía. Nosotros estábamos dispuestos a dar el máximo y así lo hicimos. Invertimos horas y horas para intentar ayudar. Estábamos en contacto diario. Pero no valoraban tanto las opiniones profesionales como las de otro tipo. Se nombraban coordinadores con dudoso respaldo técnico, se cuestionó la opinión de la directora general de Salud de Madrid... y así muchas cosas. Valoran más los resultados a largo plazo.

¿Cómo se tomaban desde el Gobierno la discrepancia? 

Se tomaban a mal la discrepancia de opiniones porque las suyas eran de tipo político o propagandístico y las nuestras se basaban en criterios científicos. Se piensan que estás haciendo política y oposición, pero no entendían que nuestra postura era leal a la Comunidad.

¿Se sentían escuchados?

El trato siempre fue cordial y nos sentimos escuchados, pero pasaban los días y no veías el resultado. Una palmada en la espalda y una sonrisa en esa situación no iban a llevar a ningún sitio.

Se aportó una base de datos con 1.798 estudiantes voluntarios y médicos jubilados para labores de apoyo. Prácticamente se desdeñó desde la Consejería. Y muchas estructuras se adelgazaron porque se sacaron profesionales de unos servicios para llevarlos a otros. Se dijo de pedir ayuda a asociaciones no gubernamentales para montar hospitales de campaña y se desdeñó, y se montó el IFEMA y luego el Zendal, que solo sirvió para adelgazar las estructuras de profesionales de otros hospitales.

¿Era necesaria la construcción del Hospital Isabel Zendal?

Desde el punto de vista de la gestión sanitaria lo primero era potenciar la atención primaria. Eso sirve de filtro para que lo que vaya a los hospitales esté filtrado. El IFEMA significaba adelgazar otros sistemas de estructuras que ya estaban formadas. Y la creación de un hospital para pandemias era sacar a profesionales de centros preparados, para dotar un hospital que era más imagen que eficiencia.

¿Era la pandemia el momento de reforzar la sanidad pública?

No sé cuál es el plan del gobierno, pero es constatable que en los últimos años las empresas de sanidad privada han tenido un crecimiento importante y cada vez proveen más servicios dentro del sistema público madrileño.

La sanidad publica no está tan bien como pensábamos y lejos de fortalecerla se estranguló, y no tardaremos en echarla de menos. Generaciones posteriores oirán hablar de tiempos mucho mejores. Ahora todos tenemos acceso a tratamientos muy caros, pero esa universalidad se va a ir perdiendo poco a poco.

Cuando llega Ayuso al Gobierno no creo que tuviese un programa denso de formación para ver qué iba a hacer con la sanidad. El ejemplo es que a lo largo de los mandatos se cambian consejeros, directores... No hay posibilidad de desarrollar programas. Nos llama la atención a los técnicos que un director pase de dirección en dirección que no tienen nada que ver la una con la otra.