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José Luis Rodríguez Zapatero: "La ciudadanía española fue imprescindible para el fin de ETA"

José Luis Rodríguez Zapaterp
Imagen de archivo de José Luis Rodríguez Zapatero tras una entrevista con 'Público'. Christian González

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero nunca olvidará aquella tarde del 20 de octubre de 2011 en la que ETA, a través de un comunicado, anunció el cese definitivo de la violencia. En el décimo aniversario de aquella tarde de otoño, el exmandatario responde al cuestionario de 'Público' y trae a su memoria lo vivido entonces y el papel jugado por distintos protagonistas de esta historia. Habla de Rubalcaba y también de Otegi. Describe un momento histórico como aquel y recuerda a las víctimas del terror y a quienes hicieron posible que la violencia sea ya parte del pasado.  

Se cumplen diez años desde que ETA anunciara el cese definitivo de la actividad armada. ¿Quiénes fueron tres personas imprescindibles para que este hito tuviera lugar?

Me cuesta dar un número cerrado de personas imprescindibles. Hubo varias  que jugaron un papel importante en diversos momentos, porque el llamado proceso de paz duró siete años, prácticamente dos legislaturas. Realmente lo que fue imprescindible durante todo el tiempo es la actitud de serenidad, temple y aguante de la sociedad española, es decir, que el que fue siempre imprescindible fue este actor colectivo, la ciudadanía de nuestro país. Imprescindible para el fin de ETA y para este fin de ETA.

¿Se hubiera conseguido sin Rubalcaba? ¿Qué papel jugó?

Alfredo Pérez Rubalcaba jugó un papel fundamental, esencial, dirigiendo con mucha eficacia a la Fuerzas y Cuerpos de Seguridad al tiempo que el proceso diálogo permanecía abierto. Eso requería una gran habilidad política.

¿Por qué cree que la fecha del 20 de octubre pasa casi todos los años inadvertida entre la sociedad española? ¿Por qué no se ha interiorizado como una fecha a celebrar y una victoria de todos?

"Aún hay sectores políticos que buscan motivos de confrontación en la pasada lucha contra el terrorismo"

Bueno, parece que el décimo aniversario está concitando más interés. Por un lado, la huella del dolor causado es tan profunda que una parte importante de la sociedad, de la vasca en particular, lo está metabolizando en silencio, con alivio pero con contención, y buscando tal vez todavía el refugio del olvido. Por otra parte, hay aún sectores políticos, creo que por fortuna minoritarios, que todavía buscan en la pasada lucha contra el terrorismo motivos de disputa y confrontación.

En un país poco dado a hacer ejercicios de memoria, ¿no es arriesgado pasar en los planes educativos por encima de cuarenta años de terrorismo sin ahondar apenas en este asunto?

Es curioso lo difícil que es lidiar con la memoria, porque este es un tema abierto en varios países democráticos. Puede que los procesos de asimilación de la memoria tengan que llevar un tiempo, también ante la desaparición de ETA, pero lo que me parece inexcusable, e inaplazable en todo caso, es no dejar de honrar la memoria de las víctimas. Por pura humanidad y por la propia afirmación de los valores democráticos.

¿Le dolió que el PP y una parte de la derecha mediática negaran desde el primer momento que fuese el fin de ETA?

El PP había tenido un actitud muy dura con este tema durante mi primera legislatura, sobre todo cuando, llevados por una difícil asimilación de su derrota electoral, ejercieron una oposición frontal, deslegitimadora, poco responsable en mi opinión, en cuestiones de Estado que les iban a aguardar cuando recuperasen el poder. Pero es cierto que la declaración que hizo Rajoy a raíz del 20-O, quizá porque ya estaba hecha desde esa perspectiva, fue muy clara al aceptar lo que significaba la voluntad de ETA expresada en su comunicado y que el abandono de las armas se hacía sin contraprestaciones políticas.

¿Qué piensa al escuchar a actuales dirigentes de la derecha política usando ETA con fines políticos diez años después?

Me produce tristeza.

¿Comparte la actitud que tuvo Mariano Rajoy ante el final de ETA? Expertos internacionales dicen que nunca afrontaron una resolución de un proceso de paz con la ausencia del Gobierno afectado. El Gobierno del PP no participó en todo el proceso de paz.

Creo que fue significativo que el comunicado en que ETA declara el fin de la violencia se produjera durante mi mandato, aunque fueran dos meses solo, aproximadamente, antes de que concluyera. Ahí estaba ya el fin. Creo que el PP ya en el Gobierno no hizo nada que pudiera alterar esa voluntad aunque tampoco quiso tener el más mínimo protagonismo en el modo en que el fin se materializaba hasta la extinción de ETA.

¿Qué personas del PP mostraron, de alguna manera, una mayor comprensión a su Gobierno para encauzar el proceso de paz?

"En el traspaso de poderes al PP les ofrecimos toda la información relevante sobre ETA"

Rajoy recibía información sobre el proceso a través de una persona de su confianza por parte de otra persona de la mía. También tuve ocasión de comunicársela directamente y, en concreto, le anuncié que el comunicado de ETA iba a hacerse público cuando yo tuve esa constancia. En la transmisión de poderes, les ofrecimos toda la información relevante. Nunca exteriorizaron esa comprensión, por la posición adoptada desde un inicio, pero quiero creer que se produjo.

Echando la vista atrás. ¿Cree que la dispersión de presos tuvo sentido?

Sí, la política penitenciaria fue útil en función de las circunstancias.

¿Está de acuerdo con los acercamientos de presos a Euskadi implementados por el Gobierno actual?

Sí, por la misma razón. Ya desde la oposición siempre creí que el Gobierno de turno era el que mejor sabía cómo ejecutar la política penitenciaria y que había que depositar la confianza en él.

¿Ha vuelto hablar con Arnaldo Otegi tras la reunión mantenida en septiembre de 2018 en Gipuzkoa?

"El fin de ETA fue mi mayor afán como presidente, arriesgué mucho políticamente"

El encuentro con Otegui me sirvió para conocer de primera mano el papel que había desempeñado la izquierda abertzale, y él en concreto, en el proceso de diálogo. Fue una conversación franca en la que le pedí que avanzaran en el reconocimiento del mal causado por la violencia.

¿Qué opinión le merece que desde la derecha política y mediática critiquen con viveza al Gobierno cuando ha de negociar algo con una fuerza política parlamentaria como EH Bildu?

Mal. Desde el Pacto de Ajuria Enea quedó claro que si se volvía a la democracia, renunciando a la violencia, podrían actuar en democracia, defendiendo en el Parlamento sus posiciones.

¿Fue el fin de ETA el principal legado que dejó como presidente del Gobierno?

Puedo decir que fue, desde luego, mi primer afán, lo que tuve más tiempo presente en mi cabeza durante todo el tiempo en Moncloa, lo que me causó más inquietud hasta que se produjo y también una mayor satisfacción cuando llegó el final. Arriesgué políticamente mucho pero siempre estuve convencido de que merecía la pena hacerlo.