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Pilar Palomero: "La masturbación femenina todavía es tabú en España"

La directora y guionista Pilar Palomero.-BTeam Pictures
La directora y guionista Pilar Palomero.-BTeam Pictures

La directora y guionista se ha alzado con la Biznaga de Oro a la Mejor Película en Málaga con Las niñas, un hermoso viaje a la infancia que revela el lastre que nos dejó la educación franquista todavía muy viva en los colegios religiosos a principios de los 90.

"Dios dijo: No está bien que el hombre esté solo y creó a la mujer". El rancio y venenoso modelo de la mujer ama de casa, sumisa y obediente, que pregonaban en el colegio de las monjas, y el otro patrón de mujer excesivamente sexualizada, que dominaba en la sociedad, distorsionaron el paso de la infancia a la adolescencia de millones de niñas españolas. Sufrieron la esquizofrenia general de un país, que todavía en 1992, reproducía la educación franquista, sobre todo en colegios religiosos, mientras fuera miraba hacia el futuro y la modernidad.

Pilar Palomero fue una de aquellas niñas. En 1992 estaba en un colegio de monjas de Zaragoza y hoy se reconoce heredera de esa educación sexual y emocional, retrógrada y represora, que respiraba junto a sus compañeras y que ha marcado a varias generaciones de españolas. Un día encontró el cuaderno de Religión que hacía de pequeña y aquello desató una tormenta de recuerdos y de reflexiones que ha rematado con una magnífica película, Las niñas.

Es un hermoso viaje a la infancia narrado a través de las experiencias de una niña de once años, Celia, que vive con su madre y va a un colegio de monjas. Ella y sus dos amigas, Brisa y Cristina, recorren juntas el camino a la adolescencia con inocencia y alegría, pero atrapadas en el disparate de dos mundos contradictorios. "Fue una educación contradictoria que recibimos, pero no solo en el colegio. Toda la sociedad vivía una contradicción. Somos hijos de esta contradicción".

Biznaga de Oro en el Festival de Málaga, la película, una obra política cargada de poesía y de emociones, está protagonizada por tres jovencísimas y maravillosas actrices –Andrea Fandos, Zoe Arnao y Julia Sierra– y por Natalia de Molina.

Natalia de Molina y la protagonista Andrea Fandos.- BTeam Pictures

¿No seguimos viviendo algo en esa España contradictoria?

Sí. Y ahora veo cosas que no han cambiado mucho. El otro día me dijo una mujer que era madre sola y que tenían todavía problemas en el colegio. Es una cosa que todavía hoy no se ha normalizado...

A pesar de ello, hay diferencias en la sociedad hoy...

...Sí, aunque llevamos encima la herencia de esa educación. Es verdad que en los últimos cinco años ha habido un despertar, sobre todo en los que se refiere el machismo o, por lo menos, a los mensajes tan machistas que recibíamos por todas partes.

¿De qué no se ha liberado usted todavía hoy?

Escribiendo el guion, volví a leer los relatos que escribía entonces, que muestran muy claramente cómo moldearon mi personalidad. Desde luego, yo tuve que corregir mi propio machismo, lo tenía tan interiorizado que ni lo veía. Somos hijos de una sociedad que tenía un intelectual (Francisco Umbral) que trataba a las mujeres como a niñas. Había cierta esquizofrenia. ¡¿Pero cómo nos parecía normal ver a Jesús Gil en el yacuzzi con unas chicas en bikini?!

Eso no se ve ya, pero se escuchan discursos muy retrógrados.

Sí, y, desafortunadamente, hay posturas que están radicalizándose y eso da un poco de miedo. Hay que conseguir el cambio individual para generar el cambio colectivo. Primero tenemos que mirarnos a nosotros mismos, nuestras luces y sombras.

'Las niñas' es una película política, ¿premeditadamente?

Sí. Aunque mi prioridad era mostrar las emociones de Celia y sus compañeras, creía que había que reflexionar sobre todo esto, sobre cómo una generación ha sido educada. Es algo indivisible, aunque lo principal eran las emociones que vienen del universo de Celia. Creo que en la película hay un mensaje que invita a la reflexión, a cierto compromiso político.

Precisamente, la educación hoy está de máxima actualidad.

Cuando empecé a trabajar en la película me preguntaba, porque tenía que hacerlo, por qué quería contar esta historia y ya entonces pensaba que el tema fundamental era la educación. Nosotros hemos recibido la herencia de la educación de nuestros padres y estos de los suyos y... Eso debería hacernos pensar mucho. La herencia de la educación es una mochila muy pesada. En algunas charlas que he ido a dar colegios e institutos, sobre cine y género, me he dado cuenta de que mensajes que yo tenía asumidos, los alumnos no los tenían así, estaban aún muy lejos.

¿Cómo cuáles?

Por ejemplo, yo les daba datos, cifras, les explicaba la situación de las mujeres del cine en España, pero al final ellos siempre decían que si había pocas mujeres directoras era porque no querían dirigir. Y no salían de sus trece. Y eso va en su mochila, que se la hemos pasado nosotros.

Cuando iba usted al colegio no se hablaba de sexo, era pecado. ¿Hoy está liberada sexualmente?

Fíjate, si todavía me da un poco de vergüenza la pregunta. Sí, hoy estoy liberada sexualmente, pero hablando con mis compañeras de entonces hemos recordado que nosotras no hablábamos de sexo. Para las monjas, la masturbación era pecado mortal. Y cuando salí del colegio para ir al instituto, los chicos hablaban todo el rato de masturbarse. La masturbación femenina es todavía un tabú en España. Yo no he hablado de sexo con mis amigas hasta bastante adulta.

Las niñas protagonistas de la película.- BTeam Pictures

Religión y educación, en un país laico como éste, ¿que le sugiere?

Yo no llevaría a mis hijos a un colegio religioso. Cuando vi el cuaderno de religión que hacía de pequeña, mis padres lo guardan todo, me pareció terrorífico que un niño dibujase eso. Por supuesto, hay que hablar de la historia de las religiones, dar toda la información a los niños y jóvenes, pero nunca inculcar una idea a un niño por obligación.

¿Sus padres equilibraron la educación del colegio de monjas?

Hablé mucho con mis padres mientras hacía la película. Ellos son muy modernos, pero yo fui a un colegio de monjas y les preguntaba por qué me llevaron a ese colegio. Y me dijeron que era el mejor. Desde luego mi colegio era modernísimo comparado con los de ellos, donde los profesores eran muy duros y había castigos físicos... Ellos, además, salían a la calle y se encontraban lo mismo que dentro. Nosotros, no.

¿Ha vuelto al colegio donde estudió?

Sí, volví para hablar con las monjas cuando iba a hacer la película. Ahora el colegio ha cambiado, es mixto y me he dado cuenta de que hoy se da más voz a los niños y se les anima. Antes era todo mucho más frío. Yo iba a un colegio donde todavía a los mejores estudiantes les ponían en las primeras mesas y a los peores en las últimas.

Esta es una historia que nunca se había contado así, ¿le sorprende, teniendo en cuenta las generaciones de españolas que lo han vivido?

Me sorprendió mucho. Antes de rodar, vi todas las películas que pude de iniciación y me di cuenta de que no se había hablado apenas de esto. Sabía que había algo que podía aportar y decir. Provocar una reflexión por lo menos.

¿Cree que ha sido más difícil para usted hacer su primera película por ser mujer?

Lo que fue más difícil fue convencerme a mí mismo de que podía ser directora y ahí estaba todo el poso de aquella educación. La autoestima es esencial. Estudié Fotografía en la ECAM y había más mujeres que hombres, pero cuando empecé a trabajar veía muchos más hombres. Ahora las mujeres ya empezamos a dirigir, a estar en las jefaturas de los equipos, gracias a las políticas de apoyo, a nuevos referentes que han aparecido... Pero la normalidad llegará el día que no nos extrañe esto.

El equipo de 'Las niñas' es mayoritariamente femenino...

...pero no está buscado intencionadamente, salió de querer trabajar con personas con las que ya había trabajado. El caso de Daniel Cajía, no, ella sí fue una apuesta. Forma también parte del compromiso de seguir trabajando para que haya más mujeres en el cine.