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Raül Romeva Raül Romeva: "O Europa se reinventa en términos políticos y democráticos o no le veo futuro"

El exconseller de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia de la Generalitat y preso del 'Procés', Raül Romeva. EP
El exconseller de Asuntos Exteriores, Relaciones Institucionales y Transparencia de la Generalitat y preso del 'Procés', Raül Romeva. EP
FERRAN ESPADA

Raül Romeva analiza desde la prisión de Lledoners la afectación de la pandemia por la covid-19 en los centros penitenciarios pero también toda la situación sanitaria, económica y política generada en el país y en el resto del mundo. El dirigente político catalán sentenciado por el referéndum del 1-O critica el marco bélico implantado por el Gobierno español en la lucha contra el coronavirus y alerta que las sociedades pueden encerrarse en ellas mismas y sobre la pérdida de derechos y libertades.

Raül Romeva Rueda (Madrid, 1971) es uno de los nueve dirigentes políticos catalanes encarcelados por el referéndum de autodeterminación del 1-O y ha superado ya los 800 días de cautiverio, en dos periodos, en diversos centros penitenciarios. Actualmente está en la cárcel de Lledoners, donde cumple una condena del Tribunal Supremo de 12 años. Romeva tiene una amplia trayectoria en política internacional tanto en calidad de eurodiputado como exconseller de Acción Exterio del del Govern. Desde esta vertiente y de la de hombre de paz experto en resolución de conflictos, analiza la situación de Catalunya y del resto del mundo en plena crisis por el coronavirus en esta entrevista realizada mediante correspondencia escrita, la covid-19 ha hecho imposible la visita a la cárcel para poder hablar con él directamente. También explica cómo se vive la emergencia sanitaria desde la prisión.

En primer lugar ¿cómo se encuentra de salud?

Perfectamente. Hago deporte como no había hecho en los últimos tiempos, hago yoga cada día y me cuido la alimentación, en la medida que se puede hacer aquí dentro.

¿Cómo recibió el anuncio de la llegada del coronavirus a Catalunya? ¿Se imaginaba que podía pasar lo que ha pasado?

Vivimos en un mundo global e interconectado. Estaba seguro de que tarde o temprano podía pasar algo que tuviera una dimensión planetaria de dimensiones difíciles de controlar. Si no hubiera sido esto, hubiera sido otra cosa. Nos falta conciencia colectiva. Pensamos que encerrándonos en casa (metafóricamente, en nuestro país) estamos protegidos. Y no. Si queremos estarlo de verdad, debemos asumir la responsabilidad colectiva que conlleva preocuparnos por el bienestar común, el de todos, no sólo nuestro.

¿Cómo es el día a día en la cárcel a partir de la emergencia del coronavirus? ¿Cómo les ha afectado?

Estamos aislados del todo. Es el nivel de privación de libertad más grande que hayamos vivido nunca. No podemos salir de los módulos, no podemos recibir visitas ni paquetes, y por supuesto no tenemos acceso a internet para comunicarnos con nuestra gente. Nos permiten más llamadas a la semana para compensar un poco la pérdida del vis a vis, pero nada sustituye un abrazo o un beso.

¿Qué tareas y actividades está realizando en Lledoners a partir de la irrupción del coronavirus?

Mi rutina diaria comienza a las 6.30, con una meditación y una pequeña sesión de cardio en la celda. Ducha. Recuento. Bajamos a desayunar. Después con un grupo de internos hacemos algún circuito de CrossFit, Core, un poco de fuerza..., todo con material fabricado de forma casera (por ejemplo, unas pesas hechas con cubos de plástico llenas de tierra, atadas con una sábana a dos palos de escoba).

Trabajo en la tesis doctoral –sobre "Republicanismo y sistema penitenciario a través del deporte y la actividad física"– o escribo –acabo de entregar un texto sobre la República del bien común y las responsabilidades universales–.

Comemos, y a la celda. Recuento. A las cinco, sesión de yoga en la sala multiuso, donde hago de profesor. Más lectura. Cenamos. Caminamos por el patio charlando con los compañeros o escuchando música. Subimos a la celda. Recuento. Un poco de televisión, lectura o escritura. Y a dormir. Así, siete días de siete. La buena noticia es que me permite escribir y avanzar en la tesis doctoral.

El confinamiento llegó apenas al inicio de las salidas para trabajar en aplicación del 100.2. ¿Cómo han vivido esta interrupción?

Empezar a salir unas horas –pocas, en mi caso, 18 a la semana– para ir a trabajar me permitía empezar a tomar un poco de aroma de libertad. Ver el exterior, hablar con gente cara a cara, poder escoger qué comes, hablar por teléfono con quien quieres y el tiempo que quieres. Pequeñas libertades que con el confinamiento han desaparecido de lleno. Como lo hice poco tiempo, tampoco tuve tiempo de acostumbrarme demasiado.

¿Cómo valora la amenaza que hizo pública el Tribunal Supremo en contra de la posibilidad de que la Junta de Tratamiento permitiera el confinamiento domiciliario?

Una prevaricación más. Una prueba más de que somos presos políticos. Un ejemplo más de que se nos castiga por ser quienes somos, no por lo que hayamos hecho. Y esto no va de leyes ni de código penal. Va de venganza y de voluntad de escarmiento. Nada nuevo. Estamos donde estábamos.

¿Cree que el hecho de que no se habilitara confinamiento domiciliario justamente a ningún recluso de los centros donde están ustedes es consecuencia de esta amenaza?

Por supuesto. No sólo no se nos aplican las leyes a la hora de juzgarnos (nada de lo que hemos hecho es delito, lo diré hasta la saciedad), sino que además se nos discrimina en comparación al resto de internos que sí tienen derecho a medidas como la de pasar el confinamiento en casa. Que todavía haya malas personas que alimenten la falsedad que somos unos privilegiados y que vivimos entre lujos en Lledoners sólo demuestra que la maldad no tiene límites. Nada que no supiéramos. Y aun así estoy más fuerte y determinado que nunca.

Ahora se ha habilitado la posibilidad de que puedan volver a salir a trabajar. Usted tenía un trabajo en un centro de estudios de conflictos internacionales analizando los acuerdos de paz de Dayton sobre la guerra de Bosnia. ¿Prevé reincorporarse?

No lo haré hasta que no se levante el confinamiento para todos. Me parece que si estamos pidiendo a todos que se queden en casa, por responsabilidad, debemos dar ejemplo, y por mucho que sea extraordinariamente doloroso, ya veces incluso angustioso, creo que mi obligación es contribuir a reducir el riesgo de contagio quedándome confinado.

Supongo que la dificultad para recibir visitas que genera el confinamiento es un sufrimiento añadido a la cárcel... ¿Sufre doblemente por su situación y ahora también por la de la familia que tiene que hacer frente al confinamiento y al peligro del coronavirus?

Claro. En casa están bien. Por suerte todo el mundo está sano y pueden trabajar, estudiar o entrenar desde casa. Hablo cada día con ellos, por teléfono. Ocho minutos. Pero la distancia física no tiene nada que la pueda compensar. Quizás esta situación ayudará a mucha gente que no es consciente de la dureza que significa la cárcel a entender cuán drástica es la medida de privar a alguien de su libertad.

Usted tiene hijos, ¿le preocupan los efectos del confinamiento?

No es una situación fácil para nadie. No soy experto en confinamientos y desconfinamientos. Entiendo que si los expertos recomiendan hacerlo así será la buena decisión. En cualquier caso debemos ser conscientes de que la situación no se resolverá en cuestión de días, ni semanas. Esto va para largo, por lo que más vale pecar de precavidos que actuar con prisas y lamentar después.

¿Cómo ha afectado la emergencia sanitaria en la cárcel? Respecto al día a día pero también cómo ha afectado a la convivencia entre reclusos.

El día a día ha cambiado radicalmente. Han parado las clases, las actividades fuera del módulo (yo era monitor de spinning y ahora no podemos hacer bicicleta), las actividades de carácter cultural, etcétera. Sin embargo la relación entre los internos dentro del módulo es excelente. Como estamos más juntos que nunca, hacemos más cosas, jugamos a voleibol, hacemos deporte, nos conocemos más unos a otros y eso te permite empatizar mejor con la situación de cada uno.

Hay muchas quejas de los sindicatos de funcionarios de prisiones por la falta de material de protección sanitario y de personal. ¿Es así?

Es evidente que nunca hay suficientes mascarillas, ni guantes, ni material desinfectante. Entiendo que, si se quejan, es porque deben tener motivos. Sin embargo me parece que, desgraciadamente, este no es un problema sólo de las cárceles, sino de todas partes. La dimensión de la crisis ha sido tal que nadie estaba preparado, en términos de material, para afrontarla en el tiempo que ha sido necesario hacerlo.

"El Gobierno de España, con la declaración del estado de alarma, ha querido liderar en solitario la gestión de esta crisis"

¿Cómo valora la gestión que ha hecho el Gobierno español de esta crisis con el decreto del estado de alarma?

El Gobierno de España, con la declaración del estado de alarma, ha querido liderar en solitario la gestión de esta crisis, pero todo el mundo ha visto cómo se ha improvisado, cómo se han tomado medidas contradictorias o cómo se ha actuado con retraso. Sánchez apostó por la recentralización, y rechazó la cooperación y trabajar en complicidad con las diferentes instituciones, para encontrar soluciones diversas, ágiles y eficaces. En su lugar respondió con apelaciones a la unidad, un discurso infantil sobre que el virus no entiende de territorios ni ideologías, o un irresponsable marco bélico con una presencia militar en la escenografía que personalmente considero fruto de un nacionalismo anacrónico y poco motivador.

Todo ello ha dificultado las respuestas, y le han restado autoridad, confianza y seguridad en su gestión. Creo que éste es un ejemplo de por qué es importante la subsidiariedad, es decir, que las respuestas son siempre más eficaces y eficientes cuando se proporcionan desde los niveles más cercanos a la ciudadanía posible. Si desde el Estado no lo entienden en una situación como esta, ya no sé cómo lo podrán entender.

¿Cree que ha sido un error no escuchar las peticiones del Govern de la Generalitat y no dejar gestionar desde Catalunya?

Sí, ha sido claramente un error, y no sólo en el caso de Catalunya. Sólo la eficiencia en la gestión, la subsidiariedad, la generosidad, la solidaridad entre instituciones y la responsabilidad compartida hará que consigamos salir de esta grave situación de la mejor forma posible. Era un momento para la cooperación no para el aislamiento.

Como persona comprometida con la cultura de la paz, ¿qué le ha parecido que las ruedas de prensa diarias del comité de emergencia del Gobierno español estuviera llena de jefes militares y policiales durante semanas?

Absurdo, ridículo y claramente contraproducente. No estamos en guerra. Usar esta terminología es del todo ofensivo para todos los que han vivido o sufren todavía una guerra. Pretender hacer pasar a los militares por cuerpos de seguridad civil es un intento bien penoso de engañar a la gente. He sentido vergüenza ajena. Pero creo que todo es bastante indicador del nivel de país que nos ofrecen no ya el PP, sino en este caso el PSOE. Y este modelo personalmente no hace que me sienta nada cómodo.

¿Y el vocabulario utilizado por los militares, pero también por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y algunos de sus ministros?

En la gestión de la crisis ha habido por parte del Gobierno estatal una clara apuesta nacionalista (centralismo), belicista e infantilizadora. Nada que ver con la construcción y empoderamiento de una ciudadanía activa, comprometida y corresponsable, en definitiva, republicana. La respuesta a esta emergencia debe basarse en el respeto e incluso la promoción de la subsidiariedad, la cooperación institucional, el conocimiento compartido y la responsabilidad individual.

No somos soldados. Hemos de ser y actuar como ciudadanos y gobernantes responsables. No protegemos a los nuestros contra otros. Lo que tenemos que hacer es ayudar a nuestros médicos, personal sanitario, gestores y gestoras, personal de seguridad, además de sectores como el comercio, la enseñanza, el deporte y la cultura, que velan para que pasemos de la mejor manera posible este confinamiento.

La reacción del sistema sanitario ha sido espectacular, pero se ha situado en el límite. ¿Cree que se ha cometido un error en el pasado minusvalorando los recursos necesarios para la sanidad y los recortes que se establecieron?

Creo que se ha cometido un error al menospreciar sistemáticamente durante décadas lo público. Si tiene que producirse un cambio, este pasa por la defensa y la dignificación de lo público, no hay más futuro posible. La democracia debe ser un sistema que aspire a corregir las injusticias derivadas de la desigualdad económica y social usando como medio la igualdad política, al tiempo que un sistema que propugna que el interés común sea definido y defendido por el conjunto de la sociedad. La sociedad occidental hace tiempo que necesita recuperar la idea del bien común, y eso pasa por, entre otros, una política fiscal progresiva, más lucha contra la corrupción, promover la corresponsabilidad ciudadana, y descentralizar la gestión.

Como europeísta y ex eurodiputado ¿cómo valora las reticencias de los países centroeuropeos y nórdicos a mutualizar la deuda que genere la crisis provocada por el coronavirus? ¿Se la juega la UE con esta reacción?

Esta crisis institucional europea viene de lejos. Se habla mucho del euroescepticismo, pero a mí me preocupa mucho más la eurodecepción que alimenta este tipo de debates. Europa es un club de estados en que quien toma las decisiones más importantes son los gobernantes de cada país, que sólo responden ante sus electores y al que sólo los mueve ganar las elecciones en su casa.

"El nacionalismo de Estado es un lastre para el proyecto europeo. La solución pasa por más democracia y por una democracia más compleja"

La Europa de los estados ya hace tiempo que hace aguas. Creo que la solución no pasa por recentralizar los Estados, sino por hacer justo lo contrario: ceder competencia en asuntos comunes hacia arriba, hacia la UE; descentralizar más en términos de gestión y responsabilidades; y en cualquier caso establecer más y mejores mecanismos de coordinación. Está inventado. Se llama subsidiariedad. O Europa se reinventa en términos políticos y democráticos o no le veo futuro. Y es una lástima, porque soy de los que piensa que, si no existiera, habría que inventarla.

El problema no es Europa, sino esta Europa. El nacionalismo de Estado es un lastre para el proyecto europeo. La solución pasa por más democracia y por una democracia más compleja, como recomienda Innerarity. Si queremos que se imponga el sentimiento eurosolidario, debemos hacer que la gente se pueda sentir europea por libre adscripción, no por imposición estatal. Sólo así será posible que la idea de Europa deje de ser una idea –o como mucho una unión monetaria- y se convierta en una realidad política y social.

¿Qué medidas cree que habrá que tomar para poder sacar adelante la reconstrucción económica?

En este momento se prevé ya una disminución este año del PIB estatal en un 8%, que podría sobrepasar el 15%, si la parálisis económica se alarga hasta el verano. Debemos aceptar que el virus ha venido para quedarse, que encontraremos pronto un tratamiento o una vacuna, pero que mientras, adoptando las máximas precauciones, debemos convivir, y afrontar eventuales rebrotes, sin liquidar ni la vida social ni la económica.

Es difícil prever hasta dónde llegará el bache económico, pero habría que empezar ya para conjugar la protección de la vida y la de la economía, especialmente de las personas más desfavorecidas y de los sectores donde ha impactado más. Es esencial que las personas que quedaron más marginadas en la anterior crisis, esta vez no se queden al margen.

¿Cómo valora la propuesta de Pedro Sánchez de crear una Mesa para la Reconstrucción a nivel estatal? Primero se habló de reeditar los Pactos de la Moncloa...

Fue una idea que lanzó Sánchez, pero que Casado le ha forzado a descartar. Ahora en vez de una mesa para la reconstrucción habrá una comisión parlamentaria. Soy escéptico. Me suena a una de esas propuestas que se hacen cuando no sabes qué hacer y quieres que parezca que haces algo.

¿Cómo ve el futuro del proceso político catalán en favor de la autodeterminación y la República catalana? ¿Se mantendrá con la fuerza que tenía antes del coronavirus?

Catalunya debe poder participar con voz propia en este mundo interdependiente. Tras la pandemia continuará teniendo los mismos o más problemas estructurales, y continuará necesitando las herramientas propias de un Estado moderno, del siglo XXI, para hacerle frente de una manera plena. Es más, sin soberanía y sin herramientas propias, le será muy complicado encontrar soluciones para afrontar los problemas que se derivarán y para proteger su entramado social y económico.

"Sin soberanía y sin herramientas propias, le será muy complicado encontrar soluciones para afrontar los problemas que se derivarán"

No aspiramos a ser un estado para repetir los errores de los ya existentes, sino para corregirlos. No debemos querer ser un estado con la lógica del siglo XIX, como es por ejemplo el Estado español, sino un estado con vocación universal, construido sobre la voluntad de una corresponsabilidad universal y republicana que, como se ha visto en el caso de la covid-19, hoy es insoslayable. No se trata de ser un estado para encerrarse en sí mismo, como hacen los Trump, Bolsonaro y como quieren hacer aquí los Abascal, Casado e incluso Pedro Sánchez. Por otra parte, estoy convencido de que el camino hacia la República catalana ya hace tiempo que ha entrado en una fase irreversible. Sin duda será más difícil, más lento y más doloroso de lo que quisiéramos, pero no le veo alternativa.

De momento, la Mesa de Diálogo ha quedado aplazada. ¿Cree que será recuperable tal como estaba planteada?

Sí, debe ser recuperada. Necesitamos apostar por unas instituciones que se fundamenten en la apuesta por lo público y sobre todo empoderar a la ciudadanía en pro del bien común. Es evidente que los sectores más jacobinos y centralizadores del estado querrán que el debate sobre las soberanías caiga de la agenda, pero esta apuesta está demasiado impregnada en el corazón de mucha gente.

La monarquía ha quedado del todo desprestigiada, la judicatura en su conjunto se ha demostrado como una herramienta más partidista y política que al servicio del Estado de derecho, los grandes grupos de comunicación han hecho un relato tergiversado, manipulado y falso sobre lo que hemos hecho algunos, y por qué lo hemos hecho, y los grandes partidos del Estado desprecian una y otra vez todo lo que no huela a nacionalismo de estado. Todo esto es lo que ha hecho que un republicano no nacionalista como yo haya apostado por ponerme del lado de la democracia hasta el punto de acabar en prisión por defender esta idea. En ningún momento me he arrepentido. Estoy seguro de que la historia nos acabará dando la razón.

¿Cómo cree que cambiará nuestra sociedad a partir de esta emergencia sanitaria? ¿Vamos hacia otro tipo de socialización?

Tendremos que hacer un gran esfuerzo para no aceptar sociedades más cerradas en nombre de la seguridad. Tras la pandemia seguramente habrá más desigualdad, más pobreza y más tensión social. La crisis sanitaria tarde o temprano encontrará una solución, en forma de vacuna, pero la parte más difícil será la recuperación social, económica e institucional.

No podemos hacer concesiones en derechos civiles, políticos o sociales. En cualquier caso, y para buscar un elemento positivo a que estamos viviendo, ahora hemos visto que cuando asumimos de manera colectiva una responsabilidad, conseguimos grandes resultados, no sólo para contener la pandemia sino también, por ejemplo, para reducir la presión sobre el clima y el medio ambiente. Esta toma de conciencia colectiva, universal, resultará fundamental en los próximos tiempos. Ojalá sepamos ver la necesidad y el potencial.

Afirma que tendremos una sociedad más injusta después de la emergencia sanitaria. ¿cómo evitarlo?

Es uno de los riesgos. En toda crisis siempre hay quien pierde más que otros. Por eso la recuperación no podrá ser igual para todos. Habrá que entender que debe haber prioridades. Hace falta generosidad y una gran apuesta pública. Sin políticas keynesianas no será posible reemprender la dinámica económica, productiva, investigadora, creativa o social, entre otros.

Finalmente, ¿ve una oportunidad para repensar nuestro mundo basado hasta ahora en una globalización depredadora social y medioambientalmente hablando?

La covid-19 nos sitúa en uno de esos momentos históricos que establecen un antes y un después. A partir de ahora la mayoría de artículos empezarán por "tras la covid-19", de la misma forma que hace años comenzaban por un "después del 11 de septiembre". No saldremos adelante sin una conciencia colectiva, sin entender que el bien común debe ser universal, planetario, o no será, sin entender que si no nos hacemos corresponsables del bienestar de todos, también de aquellas partes del planeta que lo pasan peor. El renacimiento africano tiene un término para esto: Ubuntu. Yo soy en la medida que te reconozco a ti.

"No saldremos adelante sin una conciencia colectiva, sin entender que el bien común debe ser universal"

A partir de ahora nos enfrentamos a un dilema: habrá quien apostará por un mayor encierro, por la autarquía, por un nacionalismo cerrado, autoritario, con los derechos y las libertades restringidas e incluso etnocéntrico. Y quien en cambio entenderá que sólo una solución global es efectiva y segura. Yo apuesto por la segunda. Tanto las causas como sobre todo las consecuencias de esta crisis sólo se podrán afrontar desde una perspectiva global, con una gobernanza y una democracia también globales. El capitalismo debe ser sustituido por la economía del bien común, y la lógica de los estados nación por una redistribución de las competencias en favor de sistemas supraestatales más eficaces y una gestión más subsidiarizada (las decisiones son siempre más efectivas cuanto más cerca del ciudadano se toman), y por supuesto mejor coordinados.

La crisis económica de 2008, la gestión de las migraciones o el cambio climático son algunos ejemplos. Los fenómenos transnacionales, especialmente en un mundo interdependiente, requieren respuestas transnacionales. Si apuesto de manera clara y sin ambigüedades por la República catalana es porque quiero que esta república esté al servicio del bien común, la conciencia global y la corresponsabilidad ante los grandes retos universales a los que hemos dado, y tendremos que dar, respuesta.