Este artículo se publicó hace 7 años.
Cómo combatir la soledad no deseada

Por El Quinze
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"Yo no sé cómo hacía tantas cosas cuando trabajaba; entonces es normal que, después, no pueda estar sola". Hace unos cuantos años que Montserrat Macip ya no trabaja, pero a sus 80 años sigue sin parar. Era modista, había hecho ropa para espectáculos de music hall y también para sus propias hijas cuando bailaban en un aplec. Cuando se jubiló, para no quedarse quieta, empezó a dar talleres de costura en el centro cívico La Sedeta, en Barcelona. "Pero empecé a tener achaques y ya no podía ir, y ahora no puedo hacer gran cosa", lamenta.
Con su marido, cuando eran jóvenes, bailaban sardanas, así que se apuntaron a una colla de veteranos y acudían a los encuentros, hasta que un día, después de bailar en la plaza Joanic, su compañero falleció. "Nos conocimos bailando sardanas y nos separamos bailando sardanas", recuerda Macip. "Y entonces sí que me sentí sola y vi que no me podía quedar todo el día en casa", añade.
"El principal factor de riesgo para la soledad no deseada es la pérdida de red social, y esto es así a cualquier edad, pero sobre todo para las personas que envejecen. La jubilación, la viudedad o que los hijos se vayan de casa son elementos que hacen perder referentes", asegura Montserrat Celdrán, profesora de psicología de la Universitat de Barcelona y miembro del patronato de la Fundació Amics de la Gent Gran. Es una de las autoras del informe La soledat no té edat: explorant vivències multigeneracionals, del Observatori de la Soledat, que impulsa esa misma entidad.
"A este factor de riesgo se añaden otros, como residir en una vivienda que no está habilitada si tienes problemas de movilidad, o la pérdida de vecinos que conozcas", apunta Celdrán. Montserrat Macip tiene la suerte de conocer a la gente con quien comparte escalera. En su bloque, cuando se acabó de construir hace seis décadas, se instalaron 17 amigos con sus parejas. Ellos han fallecido casi todos, y de esas 17 parejas quedan 16 viudas. En Barcelona, el 76% de las personas que viven solas a partir de los 65 años son mujeres, según datos del Ayuntamiento de 2016.
Su vecina de arriba, Valentina, diagnosticada de alzhéimer, se quedaba sola los domingos, y Montserrat empezó a acompañarla. "A veces salía a la calle en camisón y la iba a buscar, la sentaba en mi salón y nos quedábamos mirando la tele. Cuando empecé a subir a su casa algunas tardes conocí a Mercè", recuerda Macip. Las dos sonríen cuando recuerdan cómo se conocieron y se dedican palabras elogiosas. "Yo trabajaba muchas horas y cuando me jubilé tenía que encontrar qué hacer con esas horas, así que me hice voluntaria, básicamente para llenar horas", recuerda Mercè Surós. Fue así como llegó a Amics de la Gent Gran, y lo que encontró allí la impresionó profundamente. "No conocía la realidad de la gente mayor sola porque mis padres murieron relativamente jóvenes y éramos muchos hermanos, así que no sabía que existía esta soledad tan extrema en algunos casos", afirma. Es por eso que se implicó.
Tejer una red de compañía
Amics de la Gent Gran acompañó el año pasado a 1.758 personas mayores –con una media de edad de 87 años y un 84% mujeres– gracias a la colaboración de 1.901 voluntarios y voluntarias. Mercè Surós lleva 14 años siéndolo. "Además somos amigas; he acompañado a tres personas mayores y tenemos una amistad como de familia. Yo vengo a ver a Montserrat y luego vamos juntas a ver a Valentina, que ahora está en una residencia, aquí cerca, y pronto cumplirá 95 años", cuenta. Surós, que tiene 71 años, asegura que aprende mucho de sus compañeras. "Las ves y piensas que, cuando te llegue esa edad, ya habrás aprendido, gracias a ellas, herramientas para afrontar la soledad", celebra.
"A veces sí que hay un deseo de soledad: hay momentos en que lo necesitamos, y eso lo vemos mucho, por ejemplo, en los adolescentes. Pero el impacto negativo lo encontramos cuan--do la soledad no es deseada, porque somos seres sociales y necesitamos estar en contacto con otras personas", dice Montserrat Celdrán. "Una soledad no deseada crónica, que se perpetua en el tiempo, tiene efectos en muchos parámetros de salud. No poder hablar con nadie provoca un deterioro cognitivo. No tener ganas de cocinar bien, de salir, de arreglarse, esas pequeñas cosas que nos dan energía, también tiene un impacto en nuestra calidad de vida", apunta la psicóloga.
"Tal como estamos construyendo la sociedad actual, quizás nos estamos convirtiendo todos en personas más solitarias. A lo mejor cuando eres joven te es más indiferente, pero, si no construyes una red social plena, eso te pasa factura cuando eres mayor", plantea Celdrán. "En los grupos de discusión que hemos realizado, los únicos que no hablan de soledad deseada son los adultos mayores", apunta.
Según datos de la Agència de Salut Pública de Barcelona, el 65% de las personas mayores de 75 años no participan nunca en actividades en grupo. "¿Cómo construimos la ciudad, el barrio y los hogares para que propicien el contacto entre generaciones, ya sea dentro de una misma familia o entre personas que no tienen ningún vinculo?", se pregunta la experta, que está convencida de que la respuesta a la soledad no deseada debe ser intergeneracional. "El adolescente dice que no lo escuchan, y a la persona mayor le pasa lo mismo, y eso los puede llevar a ser más empáticos los unos con los otros".
Respuestas intergeneracionales
El contacto entre adolescentes y personas mayores es, precisamente, el eje de un proyecto de Aprendizaje y Servicio (ApS) impulsado por la Fundació Avismon y el Institut XXV Olimpíada de Barcelona. Ya hace cinco años que empezaron a trabajar juntos con la voluntad de acercar el mundo asociativo y la educación formal. "Hicimos un libro de recopilación de historias de vida, con entrevistas hechas por los jóvenes. Para las personas mayores, el hecho de que alguien recogiera su experiencia era muy importante", explica Ester Pascual, coordinadora de voluntariado de Avismon. Ahora trabajan en un nuevo proyecto de memoria de los juegos a los que jugaban los mayores. "El contacto con los estudiantes da muchísima vida a quienes los reciben en sus casas, porque normalmente los voluntarios no son tan jóvenes", añade.
"Los adolescentes no tienen la menor idea de cómo acercarse a los abuelos. Ya les cuesta con los de su propia casa", alerta Dolors Pons, tutora de cuarto de ESO y coordinadora de proyectos de ApS de este instituto del barrio de la Font de la Guatlla. "Partimos de la indiferencia y de la ignorancia de que hay gente que vive en malas condiciones, y en cambio acaban siendo amigos", celebra. "Les queda un gran respeto y un gran cuidado por sus propios abuelos, y muchas ganas de ayudar".
Montserrat Macip también disfruta de las relaciones con personas de su edad. "Ahora, en Amics de la Gent Gran, en el distrito de Gràcia, ya hace dos años que Montserrat dirige la manualidad que hacemos cada navidad", explica Mercè Surós, mientras enseña los cojines para agujas que hicieron el año pasado. "Cosas fáciles, porque había muchos abuelos que no podían coser", apunta Macip.
La entidad la derivó a dos proyectos del Ayuntamiento de Barcelona: Radars, una iniciativa de acción comunitaria para prevenir situaciones de riesgo y paliar los efectos negativos de la soledad no deseada, y Vincles BCN, del que habla con mucha ilusión. Vincles BCN pone a disposición de un millar de personas mayores que se sienten solas una tableta con una aplicación que les permite estar en contacto, por un lado, con su familia y sus amistades, y por otro, con un entorno más comunitario de acuerdo a sus intereses.
"Tengo un montón de música de big band americana, que mi marido siempre me compraba, y les pongo una música que les encanta", dice Macip cuando habla del grupo de personas mayores que comparte a través de la plataforma Vincles. "¿Y te responden?", le pregunta su amiga voluntaria. "Mucho. Por la mañana me dicen "Montserrat, ¿qué nos pondrás hoy?"", responde risueña. "Hoy tocaba sardanas, y uno me ha dicho que cierra los ojos y recuerda cuando era joven y bailaba. Hace mucha ilusión ver que, a pesar de estar en casa, todavía puedes dar una alegría".