Este artículo se publicó hace 7 años.
Golpe a la violencia de género

Por El Quinze
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Gancho de derecha, golpe de izquierda, esquiva y repite. "¡Pero cúbrete! ¡Siempre en guardia!", insiste Pepe a una de sus alumnas más jóvenes de la clase de defensa personal que ha ayudado a impulsar en la Mina. Hoy practican brazos, boxeo. Cuando se pone los guantes y las protecciones, Pepe se convierte en el Pequeño Tyson, así lo conocen en este barrio de Sant Adrià de Besòs. "Dejé el boxeo por problemas en el cerebro: los golpes empezaban a pasarme factura", lamenta. Pepe, que dedica varios días a la semana a enseñar defensa personal a jóvenes y mujeres de forma gratuita, es uno de los responsables de estas clases que empezaron a impartirse a principios de año en el Casal Cívic de La Mina.
La afluencia del viernes en el que las visitamos es menor que de costumbre: es Carnaval y en el hall del casal se agrupan mesas y mesas de mujeres y niñas que preparan manualidades y actividades con las monitoras. Una iniciativa más, surgida del tejido asociativo de la zona, que quiere reforzar la vida comunitaria de un barrio estigmatizado desde su construcción, a finales de los años sesenta, lastrado por unos servicios deficitarios, por problemas de convivencia entre sus habitantes y por una ubicación conflictiva, a la orilla del río Besòs, entre zonas de uso industrial, en la frontera entre Sant Adrià de Besòs y Barcelona. Muchas de estas mujeres, ahora ocupadas en el jolgorio carnavalesco, forman parte de la clase de defensa personal. "La primera semana nos quedamos asombrados: el primer día vinieron 15 mujeres, y poco después ya eran 20 o más", recuerda Pepe con alegría.
La idea partió de este vecino con alma de boxeador, pero ha sido posible gracias a la implicación de otros agentes, entre ellos Kali Zor, una entidad de Badalona que promueve iniciativas sociales entre el colectivo gitano del barrio de Sant Roc. "Nosotros queríamos hacer algo con las mujeres de la Mina. ¡Habíamos propuesto hacer zumba! Así que lo de las clases de defensa personal se dio, en cierto modo, por casualidad", recuerda Alfonso Amaya, miembro de la asociación. Después de presentar las clases de defensa personal en la oficina de mujeres afectadas por el maltrato, Pepe aterrizó en el Casal Cívic de La Mina, y allí entró en contacto con Kali Zor. "La idea nos encantó, y en 10 días ya estábamos dando clases", exclaman ambos en la sala con el suelo de parqué a la que empiezan a llegar alumnas.
Mujeres de todas las edades
Sheila es una adolescente que acude a estas clases. Vive en el bloque de enfrente y se enteró de esta actividad a través de una amiga, que se lo contó porque sabía que a Sheila le interesan los deportes de contacto. "Me gusta mucho, es muy divertido", dice. Antes había ido al gimnasio, y alguna vez había practicado con su hermano, pero nunca había tomado clases. "Mi padre no me dejaba porque había niños en las clases, pero, al ver que esto es solo de mujeres, me dijo que sí", añade.
El abanico de personas que acuden a las clases es muy diverso. Desde una niña pequeña hasta una mujer de más de 60 años. De la Mina y de otros barrios del entorno, como Poblenou, de donde viene Lucía: "Lo hacen superbién y nos encanta. No sé si luego, cuando nos veamos en una de estas, sabremos aplicarlo, pero yo creo que algo te queda", se ríe con los guantes puestos. Toni, el monitor que ayuda a Pepe los viernes, y compañero de trabajo de Lucía, se encargó de correr la voz y, de hecho, arrastró a varias de las participantes, incluidas su mujer y su hija. "Pepe y yo nos conocemos del gimnasio y me explicó la idea. ¡Mi único día libre y me busca faena, el tío! Pero le dije que encantado", bromea el luchador. Toni había practicado disciplinas de brazo y pierna hasta que una lesión de rodilla le dejó solamente con los golpes de tren superior. Al dúo Pepe-Toni se les suma, cuando puede, una tercera integrante, Teresa, especialista en aikido, que añade matices diferentes a las sesiones y que encanta a las participantes, aseguran sus compañeros.
Al principio, explica Alfonso Amaya, existía un dilema moral sobre el verdadero objetivo que tenían las participantes para acudirir a las clases de defensa personal. "Les pregunté a algunas que por qué venían, si era por necesidad o por ocio, y la mayoría dijo que porque les gusta. Y eso me tranquilizó. Que también estaría perfecto si vinieran por la defensa, pero no tendría que ser así", denuncia el integrante de Kali Zor. "Al final esto es un espacio al que ellas pueden acudir para interactuar y empoderarse, porque, desgraciadamente, vivimos en un país machista", añade.
Los dos instructores creen que ninguna de las alumnas habituales es una mujer maltratada, y entienden que las que vienen lo hacen por diversión y para aprender una herramienta personal. Toni, que admite haber recibido en alguna ocasión "preguntas poco frecuentes" de alguna de las participantes sobre cómo defenderse en algún caso concreto, sostiene que siempre argumentan que no tienen problemas. Al final, el maltrato y el acoso a la mujer fue lo que puso en marcha esta iniciativa, que había estado rondando por la cabeza de Pepe tiempo atrás, pero que no había llevado a cabo por temor a que no resultara bien. Cambió de opinión durante las pasadas Navidades: "Un día me levanté y vi la noticia de la primera mujer del año apuñalada en Barcelona; me encendió y decidí que lo haría", relata. Se lo contó a Toni y se pusieron en marcha: "Esto les aporta mucha confianza. Si se puede evitar el contacto y la violencia, mejor, pero si tienes que llegar a ese extremo, una buena guardia, un par de manitas, un codazo o un rodillazo y a correr".
Apoyos empresariales
Los impulsores del proyecto tienen intención de seguir en el Casal Cívic de La Mina hasta que las mujeres dejen de ir. Utilizan materiales cedidos por los gimnasios de los mismos monitores. Ahora están esperando a que Kali Zor aporte algunos utensilios más y están buscando ayuda de empresas o instituciones, tanto públicas como privadas.
Mientras las mujeres siguen arreando ganchos, desde las ventanas del centro se puede ver a un amplio grupo de niños jugando en el espacio adyacente al edificio. Una suerte de campo de fútbol de tierra irregular con dos porterías sin redes. Cualquiera diría que se trata de una pachanga callejera de no ser por los petos y el material unificado que llevan los chavales. Es la escuela de fútbol sala, la otra pata del proyecto de Kali Zor. La ecuación de la idea es casi perfecta: las madres aprenden a defenderse mientras sus hijos entrenan. Al menos esa es la intención.
Más de una veintena de críos de la Mina forman parte del equipo, una herramienta muy útil contra el absentismo. "El fútbol es el medio, pero nos centramos en el refuerzo escolar y en que vayan a escuela", subraya Josué, el entrenador, que en los últimos años ya ha trabajado con colectivos similares en Sant Roc. "La Mina es mi segunda casa", añade. Mientras hablamos con ellos, le comenta a Alfonso su última idea: que los chavales que se porten mejor sean los capitanes del equipo. "Crear figuras de referencia de buena conducta dentro del grupo". "Me parece fenomenal", contesta el miembro de Kali Zor.
En los próximos meses entrarán en una liguilla de entidades socioeducativas de la zona, donde los valores son lo más importante, más que los goles o ganar. Si todo va bien, el año que viene accederán a la liga escolar del Consell Comarcal. Kali Zor busca financiación para costear más material y un campo reglamentario en el que jugar. "De momento hemos metido parte de la subvención que teníamos en Badalona, y tenemos material que nos ha dado Decathlon, pero a ver si rascamos más ayudas para los chicos", dice Alfonso. Cae la noche en el Casal y los niños desfilan: "Nos vemos el lunes, Josué".
SEGURIDAD Y TRANQUILIDAD
A pesar de que la diversión y el ejercicio físico son las principales motivaciones de las alumnas de las clases de defensa personal impartidas en la Mina, lo aprendido en las sesiones también aporta seguridad a las mujeres. “En el trabajo nos vemos a veces en situaciones complicadas, ¡pero tampoco te vas a poner a boxear!”, bromea Susana, empleada del transporte público en Barcelona. “Va bien para saber defenderte, aunque más como mujer que como trabajadora. Tener unas nociones de defensa te aporta seguridad y tranquilidad. Quizá nunca llegues a usar lo que has aprendido aquí, pero saberlo ya es mucho”, subraya esta fan declarada de las clases de la Mina, a las que ya acude con sus propios guantes.