Dominio público

El feminismo se cuela en casa por el fútbol: ¡Gracias Jenni, gracias campeonas!

Esther Rebollo

Mientras escribo este artículo, escucho la televisión de mi vecino a todo volumen, ¡cómo no!, es sábado y hay partido. Me retumban esas voces eufóricas de periodistas deportivos que nos acompañan desde niñas cada fin de semana. Suelo contrarrestar ese bullicio con música o enchufándome a una plataforma para ver una película. Hoy no lo he hecho, me he sumergido en esa algarabía pensando que al fin se coló el feminismo en los hogares españoles a través del deporte más machista. 

Tengo el convencimiento de que la mayoría de los hombres futboleros están indignados (espero que también mi vecino) tras lo sucedido durante la entrega de las medallas a las integrantes de la selección española, que ganó el Mundial de fútbol femenino frente a Inglaterra por un glorioso 1-0, gracias al golazo de Olga Carmona. Me consta que están más indignados aún desde que este viernes escucharon el discurso de Luis Rubiales. Muchos hombres, más de los que creemos, sintieron vergüenza ajena. He recibido multitud de mensajes de solidaridad, apoyo y empatía de amigos y conocidos desde distintos lugares del mundo a lo largo de los últimos días, la gran mayoría son hombres futboleros. 

Entre amigas, compañeras y hermanas empezamos compartiendo mensajes de indignación por el beso que le propinó sin consentimiento Rubiales a Jenni Hermoso. Mensajes que según iban pasando los días, pese a los despropósitos sucesivos, se iban convirtiendo en celebraciones por el avance del feminismo gracias a los pasos dados por la sociedad, el Gobierno, las empresas y las instituciones (entre ellas la FIFA), que han apoyado a nuestras campeonas frente al máximo exponente del machismo y la violencia del fútbol: Luis Rubiales.

El presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha dejado pequeños a los 'hooligans' que tantas veces la han liado en los estadios, Rubiales nos ha demostrado que es todavía peor. No voy a repetir las frases que usó para defenderse ante la Asamblea de la Federación tras cometer una agresión porque se han escrito ríos de tinta sobre su actitud antideportiva, antisocial, ultramachista y hasta legalmente condenable. Agredió e insultó no sólo a Jenni Hermoso, también a las compañeras mundialistas, a muchas otras que han sufrido lo indecible por querer ser futbolistas profesionales, a todas las mujeres, a las autoridades (tuvo la desfachatez de anunciar acciones legales contra la vicepresidenta del Gobierno y dos ministras) y a toda la gente decente, haciendo el ridículo a nivel internacional. Ahí fue cuando tocó la fibra de jugadores hombres y personajes vinculados al fútbol masculino que no se habían atrevido a abrir la boca, también la de las empresas patrocinadoras (mejor subirse al carro, no vaya a quedar dañada su imagen corporativa). Y no es para menos, el mundo arde y así nos lo sigue mostrando la prensa internacional. 


Lo positivo es que muchos hombres se han sentido avergonzados, dolidos y cabreados. Rubiales les ha hecho entender un poco más qué es el feminismo, aunque muchos aún no lo reconozcan como tal, pero ahora ya saben que las cosas que ha hecho y dicho el presidente de la RFEF son inaceptables. Es un aviso a navegantes: esto ya no va de manosear a las mujeres, besarlas, menospreciarlas o darles tirones de orejas en público. Esto ya no va de que los reclamos de mejoras laborales y profesionales sean cosas de 'niñatas'. Esto va de que las campeonas no pueden ganar menos que hombres que ni siquiera tienen méritos, esto va de que ahora se las va a escuchar porque tienen el poder de ser las mejores del mundo y de haber logrado esa hazaña en menos tiempo que los hombres, con menos apoyo y múltiples dificultades. Nuestras campeonas están curtidas.  

Deseo y espero que estos hechos hagan despertar a las redacciones de Deportes de los medios (y no deportivas también). Sólo así los hogares y los hombres futboleros pueden aprender a ser mejores. Esas mesas llenas de hombres, contando chistes machistas, han ahogado durante décadas a las escasas periodistas mujeres que formaban parte de los equipos, han sido décadas de silencio. Algunas, con valentía, se han enfrentado a compañeros; en ocasiones, para sobrevivir, haciéndoles ver que son más machas que ellos.

Es deseable que ahora ya no sea necesario. Ha sido un placer observar que el Mundial de Australia y Nueva Zelanda haya dado visibilidad a periodistas mujeres. Los medios públicos, RTVE y la Agencia EFE, lo han hecho bien en ese sentido, aunque hayan dedicado menos recursos que a un mundial masculino. Hay que reconocer que las redes sociales han sido clave. Aplaudo especialmente que el casi recién nacido Relevo se haya convertido en el medio revelación del deporte en España, por su visión femenina y feminista. Con varias mujeres al frente, jóvenes y expertas en nuevas narrativas, ha cultivado y cuidado el deporte femenino desde el momento de su nacimiento y han hecho una cobertura brillante sobre el escándalo de Rubiales.


Los medios tradicionales han intentado mantenerse en su línea, y en algunos casos les ha salido mal, especialmente a los que se pusieron sin fisuras al lado del machista Rubiales. El periodista Juanma Castaño, de la Cadena Cope, se ha disculpado tras una entrevista en la que daba la razón a Rubiales cuando llamaba "tontos" y "estúpidos" a quienes criticaron su actitud por el beso no consentido. Algo ha debido aprender. En el caso de AS, aún se espera una rectificación por una portada escandalosa en la que culpaba a la mundialista del escándalo, cuando era la víctima.

Caminamos hacia una sociedad mejor, aunque duela y el trabajo sea arduo, sobre todo para las mujeres que sufren acoso e intentan ser desprestigiadas aunque sean heroínas y campeonas. Por eso, cada vez, hay más mujeres futboleras, mujeres que han acompañado a sus hijos e hijas a entrenamientos y campeonatos, mujeres que han escuchado muchos insultos y agresiones en la cancha y en la grada, mujeres que sólo quieren disfrutar del deporte, mujeres que saben que el deporte es vida y salud, mujeres que saben ganar y perder. Estas mujeres también han hecho mucho para que el feminismo entre en casa.

Se acabó. 

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