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A rey muerto... en Arabia Saudí seguirá mandando el mismo príncipe que envió yihadistas a Siria

El reciente cambio de monarca no implicará cambios significativos en la política interior y exterior del país. El nuevo rey defiende que Riad hará frente a los desafíos domésticos y de Oriente Próximo en los mismos términos que hasta ahora

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El presidente de Francia, François Hollande, junto al nuevo monarca saudí, Salman bin Abdul Aziz. - EFE

JERUSALÉN.- La muerte del rey Abdullah no traerá consigo cambios apreciables en Arabia Saudí. El mismo viernes, nada más anunciarse el óbito, su sucesor, Salman, se apresuró a designar a sus más estrechos colaboradores, entre los que se encuentran el nuevo príncipe de la Corona, Muqrin, y su número dos, el príncipe Mohammed BinNayef, a quien muchos consideran de facto como el hombre fuerte del país.

Mohammed binNayef ha estado al cargo del dossier de Siria en el último año, desde que el rey Abdullah separó del mismo al infausto príncipe Bandar binSultan, cuya política había consistido en armar y proveer de todo tipo de ayuda a los yihadistas que se enfrentaban al régimen del presidente Bashar al Asad.

En el último año, BinNayef ha tratado de distanciarse de los yihadistas más radicales a pesar de que se estima que millares de ellos son ciudadanos saudíes que participan en las milicias del Estado Islámico y el Frente al Nusra, el brazo de Al Qaeda en Siria.

El rey Salman, cuya salud es bastante delicada, continuará con el conservadurismo extremo de su predecesor

La desaceleración del apoyo a los islamistas llega después del fracaso de la experiencia de las primaveras árabes, que Arabia Saudí siempre vio con recelo. En más de una ocasión el fallecido rey Abdullah ha reprochado a Barack Obama el apoyo de Estados Unidos a esos frustrados procesos democráticos que tan buena acogida tuvieron en Occidente.

Todo indica que los leves cambios que ha experimentado Arabia Saudí en el último año se mantengan en el futuro, si bien se ha de recalcar que los leves cambios registrados tienen que ver con la política exterior del país y no en lo tocante a la política interior.

El rey Salman, cuya salud es bastante delicada, sin lugar a dudas continuará por el camino de su predecesor, que es el camino tradicional, es decir el de un conservadurismo extremo que hace que sea el único Estado del mundo donde las mujeres no pueden conducir vehículos, o donde no pueden abrir una cuenta bancaria sin la autorización de un varón de la familia.

Las demandas interiores de cambio social y religioso que comenzaron en los años noventa siguen sin responderse y nada indica que se vayan a darse pasos significativos a corto o medio plazo. La corrupción es notable y el nuevo rey tendrá que contener, como siempre, las intrigas palaciegas que se dan entre miembros de la inmensa familia real.

Una cuestión que llama la atención es la decisión de Riad de no reducir la producción de crudo a pesar de que el precio del barril ha caído más de un 50% en los últimos meses. La explicación oficial es que Arabia Saudí posee una quinta parte de las reservas mundiales y espera compensar la caída de precios con más demanda exterior puesto que su crudo figura entre el más fácil y barato de extraer del planeta.

En Arabia Saudí existe en la actualidad un cierto temor y malestar por la aproximación de Washington a Teherán

Otra versión que circula por la región señala que la negativa de Arabia Saudí a reducir la producción de crudo tiene que ver con el deseo de hundir a Irán y a Rusia, y se lleva a cabo con el consentimiento e impulso de Estados Unidos.

La rivalidad con Irán es paradigmática aunque las tensiones se han reducido, pero solo de una manera limitada, en los últimos meses. Los saudíes ven en el chiismo un peligro para el dominio de los suníes, especialmente en Bahrein, Líbano, Siria, Irak y Yemen, y esta percepción ha conllevado un acercamiento visible a Israel.

En Arabia Saudí existe en la actualidad un cierto temor y malestar por la aproximación de Washington a Teherán, que si se traduce en la firma del acuerdo que estos meses se está negociando, podría consolidar el peso del Irán chií en la región a costa del sunismo.

Volviendo a los recientes procesos denominados primaveras árabes, Riad ha colaborado estrechamente con el presidente AbdelFattah al Sisi para aplastar el islamismo político en Egipto, y lo ha hecho por temor a que se extienda dentro de sus fronteras. El gobierno saudí martilleó sin contemplaciones las protestas de los chiíes que viven al este del país y envió tropas para aplastar a los chiíes de Bahrein, donde son mayoría.

No se espera que cambie la política saudí de establecer mezquitas y centros islámicos tanto en los países árabes como en el resto del mundo

Nacido en 1924, el difunto rey Abdullah fue educado por los beduinos siguiendo la costumbre saudí de enviar a los niños varones al desierto porque se considera que los valores beduinos son más nobles y eficientes en cuanto a la formación de los hombres. Según los expertos, el monarca tuvo unas 13 esposas, unos 15 hijos varones y unas 20 hijas.

No se espera que cambie la política saudí de establecer mezquitas y centros islámicos tanto en los países árabes como en el resto del mundo, incluido el mundo occidental, a pesar de que estos centros han servido para exportar la versión wahabí del islam, una corriente suní extremadamente conservadora que también ha demostrado ser un buen caldo de cultivo para el yihadismo.

Las críticas al wahabismo se extendieron tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos puesto que 15 de los 19 secuestradores eran saudíes. Sin embargo, las relaciones con Washington no se resintieron significativamente. De hecho, las reformas políticas y religiosas que el rey Abdullah prometió al presidente George Bush en 2005 nunca se han concretado.