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Bombardeo de Gaza El tenso alto al fuego entre Israel y Hamás abre una puerta a la resolución del conflicto

La presión del presidente Joe Biden da otra oportunidad a Estados Unidos y Europa para resolver el conflicto. Para ello es preciso que las potencias occidentales ejerzan una fuerte presión hasta doblegar a Israel. 

Palestinos Gaza
Palestinos celebran el alto al fuego entre Israel y Gaza, hoy 21 de Mayo en Gaza. HAITHAM IMAD / EFE

El alto el fuego en vigor desde la madrugada del viernes abre una ventana de esperanza para resolver el conflicto. Aunque no será fácil, la tarea está en manos de Estados Unidos y Europa, que durante décadas no han asumido sus responsabilidades y han permitido que el conflicto se enquiste de un modo peligroso para sus propios intereses.

Apoyar ciega e incondicionalmente a Israel ha conducido a una situación que se repite periódicamente mientras el Estado judío ejecuta sus planes de anexionarse la Cisjordania ocupada y Jerusalén, y americanos y europeos contribuyen tácita o explícitamente a ese fin.

Después de anunciarse el alto el fuego, el presidente Joe Biden declaró que se abre una "oportunidad real para progresar…y yo estoy comprometido en esa dirección". Son palabras esperanzadoras, pero falta que se concreten con acciones enérgicas puesto que Israel no abandonará los territorios ocupados a menos que Occidente ejerza una presión descomunal en ese sentido.

Biden se ha comprometido a ayudar a los palestinos, algo que hubiera sido impensable bajo la administración de Donald Trump, y a reforzar el escudo antimisiles Cúpula de Hierro de Israel. Washington hará bien en asistir a ambas partes pero sin olvidar el meollo del problema, una ocupación brutal basadas en ideas nacionalistas y religiosas que aplican el apartheid sin ningún subterfugio.

La ocupación incide negativamente en prácticamente todos los problemas de Oriente Próximo trasladando a Occidente una inestabilidad persistente. Pero la cosa no se queda ahí, y la enorme capacidad desestabilizadora de Israel en Oriente Próximo y más allá debería estar en el punto de mira de Estados Unidos y Europa.

El alto el fuego fue saludado con celebraciones en la Franja de Gaza y Cisjordania, y especialmente en Jerusalén, en la Puerta de Damasco, uno de los motores de esta guerra de once días en la que los palestinos han lanzado 4.000 cohetes e Israel ha llevado a cabo una tremenda destrucción que ha desplazado a unos 100.000 palestinos.

El comunicado que en la noche del jueves publicó el primer ministro Benjamín Netanyahu decía que su gobierno aceptó la propuesta egipcia de alto el fuego con la recomendación del ejército. Sin embargo, algunos medios señalaron que el "ultimátum" que dio Biden a Netanyahu en la última conversación telefónica entre ambos el miércoles fue determinante.

Derrota de Netyanhu

El alto el fuego no debe interpretarse como una victoria de Hamás y una derrota de Israel, sino como una derrota de las políticas de Netanyahu que durante los últimos doce años ha expandido las colonias judías todo lo que ha podido y ha aplastado a los palestinos sin misericordia, algo que no responde al interés de Israel sino al de la derecha nacionalista y religiosa que tiene luz verde para cualquier desmán que se le antoja.

El tiro también le ha salido por la culata en lo tocante a la población árabe-israelí, ciudadanos de segunda categoría del Estado judío, que se ha sumado al conflicto como nunca antes había ocurrido, lo que ha creado una situación inédita, con disturbios internos cuyo alcance todavía es difícil de evaluar.

Esta semana un análisis publicado por The New York Times indicaba que la guerra ha creado un panorama que abre perspectivas positivas para resolver el conflicto israelo-palestino. Probablemente es cierto, pero el único modo de avanzar en esa dirección pasa necesariamente por una implicación directa de Washington y de la bobalicona Unión Europea.

Dirigentes de Hamás han dicho que han recibido garantías de los mediadores, cuyo papel más visible ha sido el de Egipto, en el sentido de que Israel "mantendrá sus manos fuera de Sheij Yarrah y de Al Aqsa", es decir fuera de Jerusalén este. Israel lo ha desmentido inmediatamente. Igualmente Hamás ha recalcado que el alto el fuego atañe solo a la Franja de Gaza y no a Cisjordania ni Jerusalén.

Como el alto el fuego es aparentemente "incondicional", Israel se reserva la opción de retomar los asesinatos selectivos de dirigentes de Hamás en Gaza, particularmente del jefe de las milicias Mohammed Deif, y de los líderes políticos Ismail Hanniya y Yahiya Sinwar. Pero si acaba con la vida de alguno de ellos sin duda volveremos a tener otra guerra y nada garantiza con sus sucesores no sigan por la misma senda.

El origen directo de la guerra ha sido precisamente Jerusalén, donde Israel lleva a cabo una política de expansión y limpieza étnica muy agresiva. En este sentido Hamás ha sabido capitalizar las aspiraciones del pueblo palestino, como se ha visto incluso en el interior de Israel, a diferencia de la inactividad patente de un presidente Mahmud Abás convertido en títere de Israel.

En cuanto a la política interior, en los próximos días descubriremos si Netanyahu consigue detener el plan de la oposición para formar un Gobierno alternativo. Al líder de Hay un Futuro, Yair Lapid, le quedan diez días para lograr su objetivo, pero las dificultades que tiene ante sí son enormes. En el caso de que no lo consiga, Israel se encaminará a las quintas elecciones consecutivas, en las que Netanyahu buscará de nuevo una mayoría que lo salve de los tribunales.

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