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Crisis de Irán Europa frente a Trump en la crisis de Irán

Dos posiciones completamente opuestas, el uso de la diplomacia blanda y el uso de la fuerza, enfrentan a Europa y Estados Unidos en la crisis de Irán.

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El primer ministro Benjamín Netanyahu. EFE

Las discrepancias entre Europa y Estados Unidos con respecto a Irán son de gran calado y se remontan al establecimiento de la república islámica en 1979. Los desacuerdos han dificultado a menudo las relaciones transatlánticas, pero nunca como ahora habían alcanzado un punto de ebullición, en este caso debido al acuerdo nuclear de 2015.

Acostumbrados a la proverbial pasividad de Europa en todas las cuestiones relacionadas con Oriente Próximo, el hecho de países como Alemania, Francia y el Reino Unido hayan decidido crear un mecanismo económico ad hoc para sortear las sanciones de la administración Trump contra Irán, hace albergar esperanzas de que por fin los europeos se distancien de Washington y defiendan una política exterior propia y no dependiente de Washington, donde para nada se tienen en cuenta los intereses de los aliados europeos.

Mientras la política de Trump en Oriente Próximo sigue a pies juntillas los dictados del primer ministro Benjamín Netanyahu, Europa tiene la oportunidad de desarrollar el mecanismo económico que ha creado y distanciarse de las maniobras desestabilizadoras con las que Israel busca un conflicto permanente que le permita seguir expandiendo la ocupación de los territorios palestinos.

Los últimos incidentes en aguas del Golfo Pérsico han llevado a Estados Unidos a reforzar su presencia militar en la región, una presencia que revela una notable arrogancia

Los últimos incidentes en aguas del Golfo Pérsico, cuya responsabilidad todavía no se ha aclarado, de manera que aún no se sabe a quién deben atribuirse las provocaciones, han llevado a Estados Unidos a reforzar su presencia militar en la región, una presencia que revela una notable arrogancia pero que probablemente es insuficiente para una operación de larga duración.

Sin embargo, sí que es suficiente para ejecutar operaciones puntuales, aunque este tipo de acciones podrían conducir a una desestabilización más pronunciada de Oriente Próximo y a abrir hostilidades en otros frentes, lo que sería todavía más dañino para Europa. La ausencia de una respuesta militar al derribo de un dron estadounidense por parte de Irán muestra que en Washington todavía quedan algunas señales de cordura.

Trump ha dicho en varias ocasiones que no quiere una guerra, pero alrededor suyo hay bastantes personajes que son partidarios de la opción militar, como el secretario de Estado Mike Pompeo y el consejero para la Seguridad Nacional John Bolton, dos feroces leones que se identifican con los sectores más montaraces del Likud.

La última ronda de tensiones transatlánticas se inició en mayo de 2018, cuando Trump se salió del acuerdo nuclear de 2015. La representante de la política exterior europea Federica Mogherini dijo entonces que "lamentaba" la decisión de Washington puesto que el acuerdo era "crucial para la seguridad de la región, de Europa y de todo el mundo".

La última ronda de tensiones transatlánticas se inició en mayo de 2018, cuando Donald Trump se salió del acuerdo nuclear de 2015

Es más, para los europeos, como para la anterior administración de Obama, el acuerdo debía considerarse como un gran éxito y debería servir como modelo para la diplomacia multilateral que impulsa Europa ya que también incluía a Rusia y China. A Trump, en cambio, no le importa un rábano la diplomacia, y mucho menos la diplomacia multilateral, y lo mismo ocurre con Israel, país que azuza a Trump en esa línea.

Los principios que guían la política exterior europea son la diplomacia, las negociaciones y un poder blando en dosis elevadas. Este tridente puede resultar útil en otras regiones pero no en Oriente Próximo, por lo que Europa debería ser más asertiva en la defensa de sus intereses tanto en lo tocante a Irán como en lo tocante al conflicto israelo-palestino. Desgraciadamente, esto no ha dependido de Mogherini ni dependerá de Josep Borrell, sino de Angela Merkel y Emmanuel Macron, quienes no dan ninguna señal de querer enmendarse.

Trump pretende renegociar el acuerdo de 2015 para incluir en el mismo las intervenciones iraníes en Yemen, Siria y Líbano, así como su programa balístico y la represión de la disidencia iraní en el exterior, aunque debe decirse que esa "disidencia" ronda con el terrorismo, cuando no cae de lleno dentro del terrorismo, y está financiada por Israel y Estados Unidos.

Los europeos quieren seguir negociando con Teherán sobre otras cuestiones, pero no a expensas del acuerdo nuclear

Los europeos, por el contrario, valoran que el acuerdo de 2015 haya limitado al máximo el programa nuclear iraní, algo que ha verificado la Agencia Internacional para la Energía Atómica en numerosas ocasiones. Los europeos quieren seguir negociando con Teherán sobre otras cuestiones, pero no a expensas del acuerdo nuclear ni a expensas de aislar al régimen, puesto que creen, correctamente, que ello redundaría en perjuicio de todos.

El consenso que promueve Europa colisiona con el unilateralismo de Washington, que en realidad es un bilateralismo Israel-Estados Unidos, más propenso a crear focos de inestabilidad en distintos puntos de la región, culpando a los países implicados y presentándose ellos mismos como salvadores dispuestos a resolver los problemas que ellos mismos han creado o en los que han vertido gasolina.

La desconfianza en las relaciones transatlánticas es evidente en numerosos apartados y en particular en el caso de Oriente Próximo. Pero Europa no puede continuar indefinidamente dejándose llevar por la parálisis política que avalan Macron y Merkel, puesto que si sigue así la situación en la región se deteriorará todavía más.