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Elecciones europeas La socialdemocracia europea mira al Sur, que mira al Norte

El Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) prevé pérdidas importantes en las próximas elecciones al Parlamento Europeo. España y Portugal se han convertido en referentes para la socialdemocracia europea, pero no carecen de problemas.

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El expresidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz. | EFE

¿Se acuerdan del ‘efecto Schulz’? Mejor, los directores de campaña de los partidos socialdemócratas europeos así lo prefieren. En el año 2017 los augures y vates de los medios de comunicación, siempre tan conectados con la realidad social y dotados de imparcialidad de juicio, nos prometieron que el entonces presidente del Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz, iba a liderar una espectacular remontada de la socialdemocracia en su país gracias a su carisma y su experiencia en las instituciones comunitarias. No sucedió nunca.

El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) perdió más de un 5% de los votos y 20 escaños en el Bundestag. El propio Schulz ha reconocido en una entrevista reciente con el semanario Der Freitag que el ‘efecto Schulz’ era “una mentira desde el minuto uno”.

S&D podría llegar a perder en las elecciones europeas del próximo 26 de mayo entre 40 y 50 escaños

La familia socialista vivirá el próximo 26 de mayo un ‘efecto Schulz’, pero no como el que nos vendieron los medios, sino el de verdad. El Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D), que actualmente cuenta con 187 parlamentarios en la Eurocámara, podría llegar a perder entre 40 y 50 escaños dependiendo de la encuesta de intención de voto que se consulte.

Así las cosas, el Spitzenkandidat o cabeza de lista de S&D, el holandés Frans Timmermans, queda como triste figura frente al presidente de la Comisión Europea in pectore, el conservador bávaro Manfred Weber, tras una negociación post-electoral que se espera rápida. Aunque muy bien pudiera ocurrir que la subida de las fuerzas a la derecha del Partido Popular Europeo (EPP) repartidas por ahora en tres grupos –la Europa de la Libertad y la Democracia Directa (EFDD), los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) y la Europa de las Naciones y las Libertades (ENF)– ponga en jaque la Gran Coalición entre socialdemócratas y conservadores que viene gobernando y repartiéndose los cargos en las instituciones comunitarias desde hace años, obligándolos a recurrir al apoyo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europea (ALDE).

De este modo se asegurarían una mayoría que impediría a la derecha agrupada a la derecha del EPP contar con una posición de bloqueo en las negociaciones e influir la agenda en la dirección deseada, pero esa mayoría podría costarle a Weber el puesto si ALDE exige que su candidata, Margrethe Vestager, sea elegida como presidenta de la Comisión a cambio.

En el debate del pasado miércoles con el resto de candidatos a la presidencia de la Comisión, Timmermans llegó a proponer alcanzar acuerdos con Los Verdes y el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea / Izquierda Verde Nórdica (GUE/NGL) sobre la base común, por ejemplo, de las políticas contra el cambio climático. Pero incluso de producirse, este giro a la izquierda no tendría demasiadas consecuencias en un Parlamento Europeo dominado por la derecha.

Por países, los partidos adscritos a S&D ganarían en Bélgica, Bulgaria, Dinamarca, Eslovaquia, Malta y Suecia, y obtendrían sólidos resultados en países como Reino Unido, Austria o Finlandia. El resto de países se caracterizan por el estancamiento o retrocesos. Entre estos últimos destacan Italia y Alemania, donde los partidos de S&D podrían perder 14 y 11 escaños respectivamente. Con incluso antiguas plazas fuertes de la socialdemocracia en crisis, muchos miran hacia el sur, concretamente hacia Portugal y España.

Los principales candidatos a la Presidencia de la Comisión Europea durante su debate en el Parlamento Europeo. | EFE 

Los casos portugués y español

Los sondeos apuntan a una clara victoria del Partido Socialista en Portugal, con hasta un 34% de votos que se traducirían en 9 escaños en el Parlamento Europeo. El gobierno de António Costa, con el apoyo del Bloque de Izquierdas, el Partido Comunista Portugués (PCP) y Los Verdes, ha conseguido en cuatro años revertir las políticas de austeridad impuestas por los anteriores ejecutivos, convirtiéndose en el referente, más que de sus propios colegas socialdemócratas, de buena parte de la izquierda europea. Costa se ha enfrentado hasta la fecha a dos mociones de censura y a las protestas de los trabajadores del sector público, que ha superado sin problemas.

El gobierno portugués también ha conseguido acallar a sus críticos dentro y fuera del país. Wolfgang Schäuble, el temido exministro de Finanzas alemán, pronosticó hace años que Portugal necesitaría recurrir a un nuevo programa de rescate si abandonaba las políticas de austeridad, pero los hechos han demostrado justamente lo contrario: en una Unión Europea donde la inestabilidad política y económica es norma, el ejecutivo portugués se ha demostrado particularmente estable, ha incrementado los salarios del sector público y bajado el IVA para la electricidad y el gas del 23% al 6%, y reducido el desempleo al 6,4%, por debajo de la media de la Eurozona (7,7%). Un 52% de la producción eléctrica procede ya de fuentes renovables en Portugal.

El PSOE podría llegar a mejorar los buenos resultados en las pasadas elecciones generales

El otro país al que muchos socialdemócratas europeos miran con envidia es España. El PSOE podría llegar a mejorar los buenos resultados en las pasadas elecciones generales (28,7%) y llegar al 30% para la candidatura que encabeza el actual ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell. Pero además del color del principal partido de gobierno, todo lo que une a España y Portugal por el momento es una frontera: más allá de los resultados electorales, la inestabilidad política sigue siendo una alargada sombra en el panorama español de después de las elecciones del 28A, mientras en lo económico se espera una desaceleración, todo ello sobre un tejido social bastante castigado por la crisis: el desempleo –que ha desaparecido por completo de las noticias aunque sigue siendo una dolorosa realidad para millones de españoles– se sitúa en el 14%, casi el doble de la media europea arriba señalada, y la precariedad e inseguridad en el trabajo es la tónica general.

En materia de política exterior, el presidente portugués, Marcelo Rebelo de Sousa, firmó en diciembre un memorando de entendimiento con su homólogo chino, Xi Jinping, que muchos ven como el primer paso hacia la cooperación del país con la iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda (BRI, por sus siglas inglesas). De acuerdo a la agencia de noticias Xinhua, obviando los recelos de muchos estados europeos, De Sousa afirmó que el gobierno portugués “apoya” la iniciativa y expresó el deseo de Lisboa de convertirse en un ‘hub’ terrestre y marítimo del proyecto en Europa. Ni España ni ningún otro partido socialdemócrata se han mostrado por ahora tan abiertos a la cooperación con el BRI, al que se oponen las élites transatlánticas.

Con el brexit, la socialdemocracia se queda sin el laborismo británico en un momento en que, bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn, éste comienza a alzar cabeza con un programa que mira claramente a la izquierda e incluye la renacionalización de sectores estratégicos. En un extremo del continente está la experiencia portuguesa; al norte, la socialdemocracia escandinava, atónita ante su modelo en crisis; y en el centro, los socialdemócratas alemanes como capitán de un Titanic, con sus tripulantes franceses e italianos ya a varios metros debajo del agua. Y entre todo eso, Pedro Sánchez: una incógnita.