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Elecciones en Israel Israel entra en territorio desconocido con la tercera convocatoria de elecciones

Con las terceras elecciones en once meses convocadas para el 2 de marzo, Israel se prepara para una campaña de casi noventa días que será dura para todos los contendientes. A la sombra de las imputaciones por corrupción, Benjamín Netanyahu deberá decidir si va hasta el final o si arroja la toalla a cambio de una amnistía.

Vista general de la Knéset, el parlamento de Israel. EFE / ABIR SULTAN

eugenio garcía gascón

Aunque en principio poco ha cambiado en la política israelí desde finales del año pasado, cuando la Knéset se disolvió por primera vez, las elecciones que tendrán lugar el 2 de marzo, las terceras en once meses, pueden abrir una imprevisible caja de Pandora que modifique sustancialmente el panorama político a corto plazo. 

El factor más incierto es la reciente imputación, el 21 de noviembre, del primer ministro Benjamín Netanyahu en tres casos de corrupción, una circunstancia que puede incidir dramáticamente en cualquier momento. Aunque, por una parte, ha quedado claro que Netanyahu no quiere dimitir, está viva la posibilidad de que no le quede más remedio que hacerlo a cambio de obtener una amnistía. 

El presidente del país, Reuven Rivlin, dijo la semana pasada que está preparado para considerar una amnistía si se le solicita. Netanyahu no ha dado ese paso pero podría darlo si ve que el equilibrio del parlamento, o sea el persistente bloqueo, está en peligro y los sondeos pronostican una victoria suficiente de la oposición. 

En los últimos días se han publicado varios de estos sondeos, y solo uno de ellos ha otorgado al abigarrado bloque liderado por Benny Gantz, de Azul y Blanco, 61 de los 120 escaños de la Knéset, pero si esta tendencia se hiciera consistente en las próximas semanas, es posible que Netanyahu agarrara la amnistía que le ofrece Rivlin y abandonara la vida política. 

El factor más incierto es la reciente imputación del primer ministro Benjamín Netanyahu 

Su estrategia de defensa de las imputaciones ha consistido en un agresivo ataque contra la policía, y sobre todo contra los magistrados y los fiscales. Uno de estos fiscales, Shai Nitzan, que se ha retirado esta semana, recordó en el Canal 13 de la televisión que en ninguna democracia el resultado de las urnas está por encima de la ley, un argumento que Netanyahu ha utilizado machaconamente en su lucha contra un "sistema" que considera corrupto. 

El titular del jueves del Yediot Ahronot tampoco debe ignorarse: "La crisis política más grave en la historia del país". Evidentemente, Netanyahu es consciente de ello y su recalcitrante empeño en continuar en el cargo podría dar marcha atrás si la situación se agrava todavía más. Es cierto que los votantes del Likud van a piñón fijo y no cambiarán el sentido de su voto, pero si aumenta la crispación Netanyahu podría pedir la amnistía a Rivlin. 

El líder de Israel es Nuestra Casa, Avigdor Lieberman, que se crio a los pechos de Netanyahu y hoy es uno de sus más acérrimos rivales, se muestra partidario de darle una amnistía si se retira de la política. Según Lieberman, Netanyahu se ha convertido en una "carga" para la Knéset después de una década en el poder. 

Reaccionando a la disolución del parlamento aprobada el miércoles por la noche, el presidente Rivlin emitió un comunicado diciendo que los israelíes no deben "perder la fe en el sistema democrático". Los ataques frontales de Netanyahu contra el "sistema" constituyen la peor amenaza que sufre una democracia que, por lo demás, está sometida continuamente a fuertes tensiones nacionalistas y religiosas que la contradicen a diario. 

Según Lieberman, Netanyahu se ha convertido en una "carga" para la Knéset

Por su parte, el Tribunal Supremo se negó el jueves a pronunciarse sobre una petición que se le hizo en el sentido de que Netanyahu no está capacitado para formar un nuevo gobierno. El Supremo argumentó, en apoyo del abogado del estado Avichai Mandelblit, que no es el momento de pronunciarse al respecto y que solo abordará esta cuestión si deja de ser hipotética y Netanyahu forma gobierno. 

El Likud ha convocado unas primarias para elegir a su líder el 26 de diciembre. De momento solo Netanyahu y el exministro Gideon Saar van a concurrir. Las posibilidades de Saar son prácticamente inexistentes, aunque es muy probable que el enfrentamiento desgaste a Netanyahu en un momento tan delicado como este. 

Con respecto al conflicto con los palestinos, parece claro que sean cuales sean los resultados de marzo, el próximo gobierno no hará nada significativo para llegar a un compromiso, a menos que experimente en su propia carne una fuerte presión internacional, especialmente de la Unión Europea, una cuestión que los mandatarios del continente están orillando desde hace lustros en detrimento de los intereses de sus propios países. 

Un sondeo confeccionado por la Iniciativa de Ginebra, un grupo apoya la creación de un estado palestino, indica que el 57 % de los israelíes prefiere una solución de dos estados, el 26 % prefiere un estado con menos derechos para los palestinos, es decir un sistema de apartheid que ya existe de hecho, y solo el 17 % quiere un estado con los mismos derechos para israelíes y palestinos. 

Estos porcentajes son sorprendentes si se tiene en cuenta que durante la última década especialmente, los israelíes judíos han estado sometidos a una fuerte propaganda por parte del estado en contra de la solución de los dos estados.

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