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Elecciones de noviembre en EEUU Trump convierte la convención republicana en su show para relanzar su candidatura a 67 días de las elecciones

Trump hace de la Casa Blanca su plató e involucra en una posible ilegalidad a funcionarios estatales en una convención que, lejos de exponer una estrategia o un programa, se ha basado en el culto al mandatario, el desprecio de los demócratas y la divulgación de desinformación.

El presidente de EEUU, Donald J. Trump, durante el primer día de la Convención Nacional Republicana (RNC) en Charlotte, Carolina del Norte, (EEUU). EFE / EPA / Chris Carlson /
El presidente de EEUU, Donald J. Trump. EFE / EPA / Chris Carlson /

La convención republicana, transcurrida entre el pasado lunes y ayer, ha acabado siendo cuatro noches de un espectáculo que bien podría haber llevado el título de El show de Trump. Un formato nada sorprendente puesto que el actual presidente tiene mucho callo hecho en el mundo del espectáculo: su popularidad se disparó, de hecho, tras presentar durante 14 temporadas el reality show El aprendiz. La convención no fue el escaparate para exhibir ni programas ni plantear sesudas estrategias: todo fue una dosis elevadísima del culto al líder; el desprecio constante de los demócratas y especialmente de su candidato, Joe Biden; y el martilleo constante de frases hechas y de lemas rimbombantes, a menudo como herramientas para dejar discurrir un abundante caudal de desinformación. Pese a todo, la realidad es que Trump ha repuntado en las encuestas, que las audiencias de la convención han sido altas y que, al menos para los suyos, ha funcionado. 

La idea de fondo de toda la convención se puede resumir en aquella altisonante frase de Luis XV de Francia: Después de mí, el diluvio (Après moi, le déluge). Después de Trump, el caos. Trump es, según esta visión, el único presidente capaz de hacer que las cosas se hagan y, frente a esto, los demócratas traerán unos Estados Unidos "violentos", "inseguros", "con paro masivo", "sin libertad"… y así todo el rato y todo porque sí. Y bueno, esto suponiendo que Biden pueda ganar las elecciones puesto que, como aseguró sin empacho Trump el martes en la convención para añadir más leña al fuego: "El único modo de que ellos [el Partido Demócrata] pueda ganarnos estas elecciones es amañándolas", en alusión al voto universal por correo, que Trump quiere impedir y entorpecer a toda costa.

Después de cuatro días de show, ayer a las 22.29 horas de Washington, Trump pronunció las palabras de rigor: "Profundamente acepto esta nominación". El presidente las dijo en un acto celebrado en una explanada de la Casa Blanca ante varios cientos de personas aglomeradas, sin distancia de seguridad y donde nadie portaba una mascarilla. Tras esto, se marcó durante una hora y seis minutos un discurso marca de la casa: deslavazado, lleno de falsedades o medias verdades, faltón, con duras críticas a los demócratas y repleto de autohalagos como éste: "He hecho más por la comunidad afroamericana de Estados Unidos que ningún otro presidente desde Abraham Lincoln". O: "He creado la más fuerte economía en la historia del mundo". Por no hablar de su proclama de que "Estados Unidos es la luz que ilumina al mundo entero" y esto es así porque "Estados Unidos está bendecido por Dios".

Entre dichas frases sacaba pecho de presuntos logros como el muro con México o haber tumbado el Acuerdo del Clima de París y entremetía críticas a Joe Biden y a los demócratas. "Todo lo logrado está en peligro y éstas son las elecciones más importantes de la historia de nuestro país. La elección es o el sueño americano o el socialismo de Biden, un destruidor de empleos que destruirá la grandeza estadounidense si lo dejamos". "La agenda de Biden es la de China", estalló en otro momento, para saltar enseguida a cualquier otra cosa.

La apuesta por la tensión y la polarización fue constante en las cuatro noches de la convención republicana, en la línea con lo hecho durante todo su mandato. Aparte de esto y de montar un show para el lucimiento y el ego de Trump, hubo dos estrategias claras más: por un lado, mensajes duales tanto para reforzar al votante convencido como captar al descontento republicano o descontento demócrata; y, por otro, y la difusión de desinformación a grandes dosis para desligar a Trump de cualquier cosa negativa que esté pasando en Estados Unidos: los 170.000 muertos por la pandemia de coronavirus, la crisis económica subsiguiente, las protestas del Black Lives Matter en reacción a la violencia policial muy especialmente dirigida contra las minorías, como la población negra, etcétera, etcétera. Todo esto son o problemas heredados, o problemas solucionados o problemas exagerados por los medios de comunicación.

Entretanto, el show se forjó con tres pilares: el personalismo de Trump; la escasez de contenido programático (evitando meterse en profundidades y haciendo por reducir el debate político a cuatro lemas o acusaciones) y en hacer de la Casa Blanca o los recintos federales un plató para fines de campaña partidista, lo que podría ser ilegal, según denuncian los demócratas y muchos medios de Estados Unidos. Éstos recuerdan que la Ley Hatch, de 1939, prohíbe el uso de espacios del Estado y de funcionarios públicos en las campañas partidistas, aunque el presidente y el vicepresidente están exentos de esto. El Congreso ha abierto una investigación sobre esto.

Sobre el programa, el Comité Nacional Republicano ya anunció que este año no adoptará, por primera vez en su historia, ningún programa electoral específico. El de este año simplemente consistirá en continuar "apoyando entusiastamente la agenda América First [Lo primero, Estados Unidos] del presidente". Y esto lleva al primer punto: más que la convención republicana fue la convención de Trump. Sólo el primer día, el lunes, dieron discursos Donald Trump Jr. Eric Trump y Tiffany Trump. El martes lo hizo Melania Trump. Cosa que nos lleva al último punto, la ley Hatch de 1939, puesto que tanto Eric y Tiffany Trump, como Melania y otros funcionarios del gobierno (el ministro de Exteriores Mike Pompeo, o el secretario de Seguridad Interior, Chad Wolf, entre otros) participaron en la Casa Blanca o en recintos federales en actos del partido (en el caso de Pompeo, haciendo un vídeo de campaña durante un viaje oficial a Jerusalén).

Destaca el caso de Wolf, quien participó el martes junto a Trump en una ceremonia de indulto y de nacionalización de varias personas que se celebró en la misma Casa Blanca. Fuentes de la administración Trump explicaron a la agencia AP que ya había habido precedentes en este sentido, como el discurso de aceptación de candidato que hizo Franklin Delano Roosevelt en 1940 desde la residencia oficial. Con todo, eso cubriría a Trump, pero en ningún caso a Wolf y la ceremonia en sí, un acto del gobierno.

Una cita con Kenosha y Conway de fondo

En cualquier caso, todo esto forma también parte de la estrategia de tensión y división que tanto gusta a Trump. De hecho, la convención transcurrió en un trasfondo tumultuoso del que el presidente parece no dejar de sacar partido. El domingo, el día antes del inicio de la cita republicana, en Kenosha, Wisconsin, un policía descerrajó por la espalda ocho disparos a un ciudadano negro y lo dejó paralítico. Cuando la convención comenzó el lunes, las protestas eran agudas en Wisconsin y se empezaban a reproducir por todo el país. Trump, ajeno al problema de fondo, tuiteó el miércoles que había ordenado "el envío de [los militares en reserva de] la Guardia Nacional a Kenosha para restaurar ¡la ley y el orden!". Lo primero fue ponerse una medalla que no era suya puesto que la Guardia Nacional sólo se despliega si el gobernador de un Estado lo solicita y el presidente del país nada tiene que ver en esa acción; por otro lado, la insistencia en su lema de ley y orden (siempre en mayúsculas y entre exclamaciones) es una acusación lanzada hacia los demócratas quienes, para Trump, abogarían por la anarquía, la inseguridad y el caos. El alcalde de Kenosha, John Antaramian, es demócrata.

Del mismo modo que sorteó este episodio con esa huida hacia adelante, Trump hizo lo propio con cualquier otro tema negativo que pudiera afectarle. Como siempre, hace de la necesidad, virtud y se acaba poniendo la medalla que él mismo saca. La convención republicana se celebró pocos días después de la detención la semana pasada de Steve Bannon, ideólogo de Trump y su exjefe de campaña en 2016, acusado de quedarse con fondos recaudados a través de una fundación para construir el muro con México.

El mismo lunes a esto se le añadió la dimisión de Kellyanne Conway, una de las asesoras más influyente del equipo de Donald Trump en la administración federal. Conway explicó que quería dedicarse a su familia y alejarse del tumulto político, aunque no es ningún secreto que su marido y otros miembros de la familia son unos feroces críticos del presidente. Todo pintaba mal para Trump hasta que Conway participó en la convención el miércoles e hizo un fuerte alegato del presidente, al que presentó incluso como feminista: "Durante décadas, [Trump] ha ascendido a mujeres hasta posiciones altas en sus negocios y el gobierno. El confía en nosotras, nos consulta, respeta nuestras opiniones", y concluyó: "Ése es el hombre que conozco y el presidente que necesitamos".

En cuanto a la pandemia, siempre se habló de ella en la convención como algo del pasado y resuelto. Sobre la crisis económica, es agua que empieza a pasar porque ya se están viendo, supuestamente, los primeros rayos de ese great comeback, del gran regreso que, si no ha llegado antes, es porque los Estados se empeñaron o se empeñan, en contra de Trump, en seguir bloqueando la actividad económica y las escuelas y las universidades se empeñan en no abrir del todo, en el primer caso, o recurrir a las clases online, en el caso de las segundas. Trump, en su discurso del martes por la noche en la convención, llegó a afirmar, sin dato alguno que lo sostenga, que él, justo antes de la pandemia, había creado en Estados Unidos "la mejor economía de todos los tiempos".

El primer día de la convención, el lunes, se aprovechó para mostrar discursos o apariciones de republicanos tanto de la rama dura como la parte más moderada (aunque sólo sea formalmente) de partido. De este modo, por un lado se alentaba al votante acérrimo y por otro se trataba de rescatar al desencantado o al dubitativo. A esta rama pertenece Tim Scott, senador negro por Carolina del Norte, quien cerró la noche del lunes en plena hora punta de audiencia.

Para empezar, Scott le recordó a Biden que los votos negros no son demócratas por sistema: "Biden dijo que si un negro no vota por él no es realmente un negro [porque] piensa que los negros son una comunidad monolítica"; y tras esto, el senador elogió los esfuerzos de Trump en la provisión de más fondos para las universidades históricamente negras. "Les pido un favor", dijo, "no miren simplemente lo que dicen los candidatos, sino que miren lo que han hecho. Y cuando se trata de lo que Biden dice que hará, miren sus acciones, lo que ya hizo y lo que no hizo mientras estuvo en Washington durante 47 años". A esta calificación de casta inoperante asignada a Biden, vicepresidente de Barack Obama y con un amplio apoyo de la población negra, añadió otro cliché con el que los republicanos vienen martilleando todo el tiempo: "Si Biden y Harris son elegidos, convertirán nuestro país en una utopía socialista".

La artillería de la rama dura republicana

En cuanto a la rama dura del partido, el lunes destacaron el congresista de Florida y ferviente adulador de Trump, Matt Gaetz, o Nikki Haley, la exembajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas. Gaetz señaló, entre otras cosas, que si gana Biden va a ser "realmente como una película de terror. [Los demócratas] te desarmarán, vaciarán las prisiones, te encerrarán en tu casa e invitarán a la MS-13 [la Mara Salvatrucha salvadoreña] a vivir en la casa de al lado. Y la policía no acudirá cuando los llames porque ellos [los demócratas] le habrán quitado los fondos y la habrán abolido".

Una finura de análisis similar exhibió Haley: "Naciones Unidas es un lugar donde los dictadores, asesinos y ladrones denuncian a Estados Unidos. Pero después sacan la mano y nos piden que paguemos la cuenta. El presidente Trump ha puesto fin a todo eso. Con su liderazgo, ha hecho lo que Obama y Biden rechazaron hacer. Nos hemos levantado por Estados Unidos y contra nuestros enemigos".

El espectáculo de la convención republicana, al contrario que la demócrata, tuvo buenos resultados de audiencia. Además, mientras que la cita demócrata de la semana pasada no le ha dado el tradicional impulso de varios puntos en las encuestas a Joe Biden, el evento republicano sí se lo está dando a Donald Trump, con lo que las distancias entre ambos se están acercando, sobre todo en varios Estados clave.

Según una encuesta publicada ya el miércoles por la cadena CNBC, en Carolina del Norte Biden sólo aventajaría a Trump en un punto (48% a 47%), dos puntos en Arizona (49% frente a 47%) y tres puntos en Florida y Pensilvania y en cinco puntos en Wisconsin (49% frente a 44%), pero Wisconsin es una incógnita ahora puesto que la ciudad está encendida ahora tras el caso del policía de Kenosha que ha dejado paralítico a un ciudadano negro. Trump está logrando cerrar las distancias y las elecciones son el 3 de noviembre, dentro ya de apenas dos meses.

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