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Europa pasa la página del 'welcome refugees' ante el inminente éxodo afgano

La Unión Europea comienza a armar su cierre ante una potencial crisis de refugiados desde Afganistán. La prioridad inmediata, ante las miles de personas que huyen del yugo talibán, es ayudar a países terceros para que los migrantes permanezcan en la región.

Ciudadanos afganos
Ciudadanos afganos aguardan fuera del aeropuerto internacional Hamid Karzai en Kabul este 17 de agosto de 2021. REUTERS/Stringer

La prioridad europea ante la crisis en Afganistán es prevenir una nueva ola de refugiados en sus fronteras. Austria ya ha hecho un llamamiento para crear centros de deportación en los países de la región con el objetivo de que los solicitantes de asilo no lleguen al Viejo Continente. La idea de centros de refugiados en países externos había frotado hace unos años a nivel europeo. Pero la externalización de la política migratoria europea ha sido estos últimos años más sutil: se ha materializado a través de acuerdos con países terceros. Con Marruecos, Turquía o con los guardacostas libios.

La idea ante el drama en Afganistán es la misma. Cooperar con los países de la vecindad afgana para que retengan a los migrantes. "Tenemos que garantizar que la nueva situación política creada en Afganistán con el retorno de los talibanes no dé lugar a movimientos migratorios masivos hacia Europa". Así ha resumido Josep Borrell, Alto Representante de Exteriores de la UE, el primer debate europeo, a nivel de ministros de Asuntos Exteriores, sobre la dramática situación que atraviesa el país centroasiático con el regreso de la milicia islamista.

Hace unos días, la Comisión Europea se mostraba cauta sobre la situación en Kabul. No esperaba que los acontecimientos se desarrollasen de forma tan fulminante. Solo pasaron tres días entre el llamamiento urgente de Borrell al Gobierno afgano a dialogar con los talibanes y entra la huida del presidente afgano del país. En paralelo, también ha aumentado la preocupación creciente de que se produzca un nuevo éxodo a las puertas de Europa.

Los mensajes de estos días poco tienen que ver con los escuchados durante 2015, cuando la Comisión Europea y Alemania abanderaron una política de puertas abiertas y 'welcome refugees' con miles de ciudadanos sirios que huían de los horrores de una guerra que todavía sigue latente. El famoso "podemos hacerlo" de Angela Merkel sobre la gran acogida de refugiados sirios en Alemania se ha convertido con la crisis afgana en un "no podemos resolver todos los problemas acogiendo a todo el mundo".

"Podemos construir vallas y muros, pero imaginen que tienen a sus hijos en brazos con el mundo al lado derrumbándose. No hay muro que no escalarían", señaló Jean-Claude Juncker, ex presidente de la Comisión Europea, por aquel entonces. Su sucesora en el cargo, Ursula von der Leyen, todavía no se ha pronunciado al respecto. Pero en su historial deja polémicas declaraciones como las felicitaciones a Grecia por ser "el escudo de Europa".

Durante estos seis años, el discurso anti-inmigración ha cobrado fuerza en una Europa que se ha ido convirtiendo progresivamente en una fortaleza. La UE afronta los dramas migratorios presentes y futuros sin una política de asilo común. Entretanto, los líderes ultraconservadoras van imponiendo su agenda en Bruselas, que evitará abrir las puertas a los flujos migratorios que surjan de Afganistán.

Según la ONU, unas 500.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en el país a lo largo de este año. La mayoría permanecen en países vecinos, pero muchos de ellos también emprendieron el camino a Europa antes de la reconquista talibán debido a las sequías, la situación generalizada de conflicto o la crisis alimentaria.

Consejo de Ministros de Exteriores
Reunión del Consejo de Ministros de Exteriores de la UE celebrado este martes en Bruselas para abordar la situación en Afganistán. Johanna Geron / REUTERS

En la UE, los afganos son el segundo contingente más numeroso de solicitantes de asilo, solo por detrás de los sirios. El año pasado, solicitaron protección internacional en Europa unos 44.000 afganos. Sin embargo, muchos de ellos son deportados de forma forzosa porque los Gobiernos nacionales han considerado durante décadas a Afganistán un país seguro. No obstante, según cifras de la Comisión Europea el 80% de los retornos se producen de forma voluntaria.

Comienzan las implicaciones geopolíticas

Más allá de las consecuencias en materia migratoria, Europa confronta muchas implicaciones de seguridad y política exterior con esta crisis de Afganistán. El bloque comunitario quiere exportar al mundo su visión de diplomacia y derechos humanos. Pero son muchos los que le achacan una doble moral a la hora de acompañar las palabras con los hechos. La UE se juega también parte de su credibilidad en esta respuesta humanitaria.

Menos evidente es el golpe que esta retirada de tropas tan abrupta tendrá para la relación transatlántica. Estados Unidos lideró la marcha de Afganistán tras 20 años sin un buen análisis de la situación, sin una estrategia a largo plazo y dejando al país y a los europeos a merced de nuevos desafíos de estabilidad y seguridad. El malestar de Bruselas y Washington se ha canalizado entre bastidores, pero también en público.

Mientras Joe Biden se ha negado a entonar el 'mea culpa' o a asumir errores, los líderes europeos no esconden que hay muchas cosas que se han hecho mal en Afganistán. Y muchos objetivos no cumplidos a pesar de la inversión financiera y humana de esta operación militar sin precedente en el seno de la OTAN. Uno de los más notables es la imposibilidad de asentar unos pilares democráticos y prósperos en el país y unas fuerzas de seguridad poderosas. El propio Emmanuel Macron, presidente galo, ha reconocido que esta crisis debe servir de acicate para reducir la dependencia histórica de Europa con Estados Unidos.

También Rusia y China se preparan para contar con una presencia más importante en el país. Vladimir Putin y Xi Jinping ya mueven sus fichas para preservar sus intereses económicos y comerciales en el país frente a un eje transatlántico que encaja una de sus mayores derrotas de credibilidad.

Occidente se retira de su guerra reciente más longeva sin entonar el "mission accomplished" y ahora son muchas las voces que le exigen no abandonar a su suerte a los miles de afganos y afganas que quedarán ancladas bajo el yugo talibán.

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