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Feminicidio “México es ahora un país de dolientes, la violencia generalizada se está ensañando con las mujeres”

Martha Canseco González, periodista feminista y participante en Brillanteada, el movimiento de las mexicanas contra el feminicidio, asegura que su país tiene el mayor número de feminicidios de Iberoamérica.

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Formación de Martha Canseco González

Hay un lugar en el mundo en el que nacer mujer es sinónimo del mayor de los infiernos. Se trata de México. Allí, ni la vida, ni tampoco la muerte de las niñas y féminas vale nada. Basta ver, tal y como explica Martha Canseco, periodista y activista mexicana, “los vergonzosos rankings que ostenta y que son amparados desde el propio gobierno que apenas mueve un dedo por dar dignidad a su población femenina. Mi país tiene el mayor número de feminicidios de Iberoamérica -de enero a junio de este año mientras en ese lapso fueron asesinadas 56 mujeres en España y aquí llegamos a unas 1200- , ocupamos el primer lugar en el mundo en producir y distribuir pornografía infantil, así como en trata de personas y otros tantos rankings de vergüenza internacional”.

El último episodio de misoginia, el de la supuesta violación a una menor de edad por parte de cuatro policías en Azcapotzalco, ha hartado hasta tal punto a las feministas, que en distintos puntos de la República se han multiplicado las manifestaciones bajo el nombre de Brillanteada. Al grito de #NoMeCuidanMeViolan, miles de mujeres han tomado las calles de diferentes estados y para decir ¡basta ya!

Martha Canseco

Todas ellas van cargadas de un arma tan invencible como inacabable: el de la sororidad a la vez que de una rabia contenida ante los abusos que llevan produciéndose durante años y al que han decidido ponerle color rosa y purpurina. Y es que tal y como se pregunta Canseco, ahora es tiempo de apuntar al culpable de todo y de interpelarle. “La pregunta más seria que nos debemos hacer es: ¿qué les pasa y qué les está pasando a tantos hombres en México? ¿Cómo es posible que su masculinidad esté alcanzando estos niveles de toxicidad, de violencia, de muerte y de maltrato? Si esto no es el infierno, no me preguntes qué es”. Público ha hablado con esta periodista que, además de ser muy reconocida y premiada por su trabajo en defensa de los derechos de las mujeres, también es una referente por haber ayudado a ponerse las gafas moradas a más de 14000 mexicanas.

¿Cuál es el límite a tanto sufrimiento?

El límite ya lo rebasamos hace un buen rato, lo que pasa es que no nos hemos atrevido a ser valientes, algo que no se espera de las mujeres. Es tan pesada la losa del sistema patriarcal en este país, que la mayoría de las mexicanas creen que al revelarse están traicionando a los hombres, no entienden que se están traicionando a sí mismas y a las demás y que cuando hablan en contra de las mujeres que venimos luchando desde hace años por erradicar la violencia de género, están escupiendo para arriba. A favor de mis compatriotas diré que lo ocurrido el pasado viernes 16 de agosto en Ciudad de México y en decenas de ciudades del resto del país en los días subsecuentes, puede ser el inicio de una nueva revolución feminista, quizá esté hablando mi optimismo, pero lo deseo de todo corazón, porque los niveles de violencia contra las mujeres en México, es ya insostenible, estamos hartas.

Ni en las calles ni en los hogares hay tregua para niñas y no tan niñas

En ningún sitio y en ningún ambiente las mexicanas nos libramos de la violencia, ni las niñas ni las mujeres. Todas somos carne de cañón para demasiados hombres. Aquí cae de risa loca eso de “no todos los hombres”, porque muchos, muchos, tienen sus manitas manchadas de la sangre de una mujer o niñas o su alma repleta de odio hacia nosotras. No hicimos nada para merecer ese odio más que ser mujeres y eso es resultado del machismo más cerril, aldeano, retrograda y primitivo.

¿Por qué no pasa nada en un país donde se asesina hasta a diez mujeres al día?

No pasa nada porque la sociedad toda, la cultura toda, es patriarcal y acepta con total displicencia la discriminación contra las mujeres. México ha firmado todos los acuerdos internacionales en favor de las mujeres, vamos hasta ha sido sede de los encuentros mundiales y ¡muy poco ha logrado! Y cuando avanzamos un paso, retrocedemos dos, es un rasgo más del machismo institucional, simulo que hago, pero realmente les importa un bledo.

De éste nuevo gobierno, que esperábamos tanto, no se ha atrevido siquiera a declarar que en nuestro país hay una guerra abierta contra las mujeres. Pero voy más allá, ONU Mujeres sabe perfectamente lo que está ocurriendo en México, el Banco Mundial también, la OEA lo sabe, todas las instituciones de crédito a nivel global lo saben, los gobiernos del mundo lo saben y ¡no pasa nada! Es para que al gobierno mexicano ya lo hubieran sancionado a nivel global hasta que logre parar de manera efectiva éste femigenocidio que está ocurriendo ante los ojos del mundo, que se ha limitado a ser un mero espectador y no pasa nada.

¿La solución es la autodefensa feminista?

No, la solución no es solamente la autodefensa feminista. He capacitado a más de 14000 mujeres en los últimos siete años en esta materia. Sé que he logrado con ello salvar vidas, evitar violaciones y robos, las mujeres en las calles me lo comentan y a pesar de eso ni al gobierno federal, ni al estatal, ni al municipal les interesa continuar con la capacitación. Necesitamos reeducar con seriedad y con todo ahínco a niñas, niños, mujeres y hombres en la igualdad, la equidad y el respeto. Pero eso significa una curva de aprendizaje que puede llevar muchos años y en el intermedio, seguir cobrando la vida de miles de mujeres. Entonces, mientras tanto, la autodefensa feminista, es una opción.

¿Los victimarios son conscientes del daño que provocan a las mujeres? ¿Dañan por voluntad propia?

Por supuesto que saben el daño que causan, no sólo a las mujeres, también a niñas y niños. Están conscientes de ello, el problema es que son tantos los mexicanos que tienen una masculinidad tan frágil, que no dudo que en cada familia haya por lo menos un miembro con estas características. Como estos hombres tienen que demostrar, sobre todo a otros hombres igual a ellos, que son capaces de controlar y dominar a las y los demás, no logran establecer relaciones sanas, respetuosas, equitativas e igualitarias.

Y lo peor es que buscan hacernos el mayor daño posible…

Cuando digo que los hombres machos buscan hacernos el mayor daño posible me estoy refiriendo a que ellos no sólo ejercen un tipo de violencia contra sus mujeres cercanas, sino todos. Imagínate una mujer que aguanta violencia física, emocional, sexual, patrimonial y abandono, todo al mismo tiempo y lo vive como la cruz que le tocó cargar. He tenido algunos casos de mujeres que se ponen a llorar en el taller de autodefensa feminista, porque ahí se dan cuenta de que los padecen todos.

Tenemos muchos casos de mujeres desaparecidas luego de usar la aplicación de Uber y se está recomendando que las mujeres hagan todo lo posible por salir del auto, aunque esté en marcha, sí el chofer cambia la ruta, no sólo para evitar la violación o la muerte, sino para que sus familias no tengan que pasar por la tortura de no saber más de su joven mujer y sin tener siquiera un cuerpo que sepultar. Es decir, los agresores machistas están desapareciendo los cuerpos cómo la máxima forma de crueldad, no sólo contra las víctimas, sino también contra las familias. ¿Sí eso no es buscar hacer el mayor daño posible?, ¡yo no sé qué más!

Como dices no os dan ni un segundo de paz. Tu frase no lo puede resumir mejor: “No hemos ni siquiera empezado a enfrentar una violencia, cuando a los machistas ya se les ocurrió otra”.

Así es, me niego a creer que haya hombres que se despierten pensando en cómo violentar a su esposa, hija, madre, novia o amiga. Pero los hechos están indicando lo contrario. Creo que sí en la psique masculina de muchos mexicanos está instalada la idea de que la violencia es una forma intrínseca de ser hombre. Los medios masivos de comunicación en México le abonan muchísimo a esta idea. Prevalece fundamentalmente la imagen del hombre imposibilitado no sólo de resolver cualquier situación, si no es a través de la violencia, sino de mostrar toda la amplia gama de emociones humanas, se limitan a una, la ira.

¿Entonces los medios han optado por el papel más ruin?

Es criminal lo que hacen los medios de comunicación en México, no sólo son la caja de resonancia de los roles y los estereotipos de género, sino que los recrean, los magnifican. Es una de las razones por las cuáles México está en primer lugar de los rankings de la vergüenza. Son además aquí el gran protector ideológico del poder hegemónico. No me sorprendió el ominoso papel que jugaron en la cobertura informativa de las marchas feministas de los últimos días, pero sí me abrumó. Te pongo un ejemplo como el de las prioridades del periodismo digital mexicano: De 679 notas detectadas por el algoritmo de monitoreo, 122 hablaron sobre la violación de la joven de 17 años por parte de cuatro policías de la Ciudad de México y 577 se dedicaron a condenar las pintas en el Ángel de la Independencia, los daños al Metrobús y la agresión a un reportero por parte de un hombre infiltrado en la marcha feminista. Resultado: miles de personas, hombres y mujeres, condenando la “violencia” de las feministas en la red, pero nunca condenaron los feminicidios, violaciones, ni abusos sexuales en este país. Así entonces el debate principal se ha dado en las redes, nunca antes había estado tan activa en la red cómo ahora. Alguien subió este mensaje: “Sabes que tu país es una mierda cuando la gente odia más a las feministas y activistas que a los violadores y asesinos”.

Cómo periodista corres mucho riesgo por denunciar el estado feminicida y encubridor del patriarcado ¿merece la pena vivir sabiendo que no eres bienvenida entre ellos?

Mira no soy ninguna heroína, los acontecimientos están exigiendo coherencia. En 1985 me toco reportear luego de los sismos que afectaron tanto a la Ciudad de México. Hubo un momento en que tuve que decidir, si reporteaba o ayudaba a sacar gente de los escombros, se necesitaban manos. Me quedó claro entonces que mi tarea era informar. Respecto a la violencia de género, me ocurrió lo contrario, la violación tumultuaria que sufrió una de mis compañeras reporteras aquí en Hidalgo, estado en el que vivo desde hace 30 años, me empujó al activismo. Ahora soy una periodista-activista o activista-periodista, como lo quieras ver. Claro que en las patriarcales escuelas de periodismo dicen que no se debe hacer eso, ¿adivina qué? Sí se puede y sí se debe.

Colegas como tú, Lydia Cacho y otras tantas ¿de dónde sacáis la fuerza?

No somos súper mujeres, sólo decidimos no quedarnos de brazos cruzados, ni ser cómplices del sistema hegemónico. La fuerza que tenemos nosotras es la misma que tiene cualquier otra mujer. Tú decides que haces con ella.

¿El dolor de las madres que han perdido a sus hijas será reparado en algún momento?

Ese dolor va a acabar cuándo encuentren verdadera justicia para su hija, no la patriarcal. Cuando encuentren el cuerpo de su amada hija, cuándo tengan unos huesos que sepultar y le puedan visitar en un cementerio. México es ahora un país de dolientes, la violencia generalizada se está ensañando con las mujeres. Esta situación tendrá serias consecuencias para este país, no sólo en lo que respecta a la productividad, sino también a la salud mental de la población. Miles y miles de mexicanas y mexicanos ya no viven, ya no están aquí, ¡sólo respiran!

¿México maltrata a sus mujeres y ahora también quienes acuden a las mujeres pobres mexicanas para explotarlas con el alquiler de vientres?

Bueno, mira la explotación de los vientres de alquiler es una forma más de violencia contra las mujeres. Te digo que no hemos combatido una violencia cuando a ellos ¡ya se les ocurrió otra!

¿A qué sabe la libertad de una mujer?

Voy a hablar de mí libertad: Mi libertad sabe al orgullo que veo en los ojos de mi familia cuándo me ven, al pecho y los brazos sororidarios de mis amigas cuando me estrechan, a los tiernos ojos de mi pareja que asombrados atestiguan mis más inéditos orgasmos, a la emoción que no desaparece, aunque sea la enésima vez que me subo a un avión, a los rayos del sol que me acarician la piel durante mis baños cotidianos. A mi certeza de que lo mejor está por venir. He sido, soy y seguiré siendo una mujer muy afortunada porque soy una prófuga de mi destino de mujer.