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Guerra en Siria Banderas turcas en el Kurdistán sirio

El presidente Erdogan ha indicado que tras la conquista de la ciudad de Afrin, los turcos se dirigirán hacia el este, a la ciudad de Manbiy, donde hay una presencia de soldados e instructores de Estados Unidos. El reciente relevo en el departamento de Estado pondrá a prueba a su nuevo titular, Mike Pompeo.

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Los miembros de las fuerzas turcas y del Ejército Sirio Libre posan con sus banderas mientras se despliegan en Afrin, Siria.REUTERS

Las banderas turcas que ondean desde el domingo en la ciudad siria de Afrin son una consecuencia natural de la política que emprendida por el presidente Recep Tayyip Erdogan en Siria, una política que durante los pasados siete años se ha caracterizado por sustanciales incoherencias y ha terminado por meter a los soldados turcos en el país vecino.

La ofensiva contra Afrin, una ciudad de mayoría kurda, se inició el 20 de enero y ha culminado dos meses después con un balance de 1.500 combatientes kurdos muertos, 400 combatientes proturcos muertos y 46 soldados de Ankara muertos, un balance que Erdogan ha considerado necesario para limpiar de kurdos la zona.

En los últimos días han salido de Afrin unos 250.000 civiles, y una de las preguntas que ha suscitado este último episodio bélico es si los turcos se disponen a permitir el regreso de los desplazados kurdos o, por el contrario, quieren repoblar la ciudad con habitantes árabes y turcomanos, de la misma etnia que los turcos.

Los turcomanos viven en la región pero constituyen una minoría menos numerosa que los kurdos. La región es en realidad una olla a presión cargada de minorías étnicas y religiosas que en el mejor de los casos, como les ocurre a los turcomanos, gozan del apoyo de una potencia extranjera, en este caso Turquía, una potencia poderosa en la zona.

Oriente Próximo es una zona inestable, donde la expulsión de poblaciones autóctonas se ha producido a menudo en distintas regiones que más tarde se han repoblado con otras etnias. De hecho, una buena parte de los kurdos del Kurdistán sirio son kurdos del Kurdistán turco que no hace tanto tiempo huyeron de sus casas para eludir persecuciones.

Erdogan justifica la presencia turca en la franja norte de Siria diciendo que los kurdos son “terroristas” y que las YPG, las Unidades de Protección del Pueblo, los combatientes kurdos, son en realidad una extensión del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, el PKK que lucha por la independencia del Kurdistán turco.

Las banderas rojas con la medialuna que el domingo plantaron los turcos en el centro de Afrin, destruido en los últimos días por el fuego de la artillería, abren un sinfín de signos de interrogación sobre el futuro de la región, cuestiones que tocan directamente a Estados Unidos y a Rusia entre otros.

La primera de estas cuestiones tiene que ver con los planes inmediatos de Erdogan. Afrin es -o era- una ciudad de mayoría kurda que también contenía una parte significativa de población árabe y hasta turcomana. Si finalmente Erdogan decide repoblarla completamente con árabes y turcomanos, esto creará una mayor inestabilidad, y el ejército turco tendrá que encargarse de evitar que el gobierno sirio y los kurdos ataquen el nuevo enclave.

Otra cuestión no menor pueden ser los planes que Erdogan reserva para sus soldados en el norte de Siria. A unos 100 kilómetros al este de Afrin se encuentra la ciudad de Manbiy, que está en poder de los kurdos. Responsables turcos, incluido Erdogan, han dado a entender que Manbiy será su próximo objetivo.

Miembro del Ejército sirio libre respaldado por Turquía sostiene una bandera mientras derriban la estatua kurda en el centro de Afrin, Siria. REUTERS

Los kurdos han advertido que Afrin se va a convertir en “una pesadilla permanente” para los turcos, lo que significa que desean hostigar la presencia turca, y esto puede hacer que las tropas de Erdogan quieran ampliar la zona de seguridad hasta conquistar Manbiy, lo que suscita a su vez la pregunta de qué harán los estadounidenses, que cuentan con soldados e instructores en Manyib y al este de Manyib.

La administración de Washington está ahora en un momento de transición. El departamento de Estado ha experimentado un cambio importante y ya no es Rex Tillerson quien está al frente, sino Mike Pompeo, que es un hombre con ideas claras en todo lo tocante a Oriente Próximo y seguramente será más prokurdo que Tillerson.

Pompeo tiene que decidir, y rápidamente, qué pasos da en la zona. Desde luego, está claro que la política de Washington se va a endurecer significativamente con respecto a Irán, eso se da por descontado, aunque nadie sabe hasta dónde va a llegar Pompeo. Además, Pompeo es un proisraelí total y los israelíes se alinean con los kurdos y contra Turquía.

Si sigue el consejo de Benjamín Netanyahu, Pompeo frenará a los turcos. Es algo que está a su alcance, aunque Erdogan ha advertido a Washington que una zona de control kurdo en el norte de Siria es inaceptable para Ankara puesto que crearía un nuevo frente en la lucha de Ankara contra los kurdos de la región.

La presencia de instructores y soldados americanos en el norte de Siria es un problema para los turcos. Una vez se ha terminado prácticamente con el Estado Islámico, la presencia de los Estados Unidos no tiene ningún sentido, salvo el de materializar la división de Siria, como se hizo antes con Irak.

No hay que olvidar que hace solo unas semanas la aviación estadounidense bombardeó a las tropas sirias que quisieron cruzar el río Éufrates para hacerse con el control de los campos de petróleo en la región de Deir al Zor. Las tropas de Damasco tuvieron que dar marcha atrás cuando ya habían cruzado el Éufrates.

La desaparición del Estado Islámico no ha simplificado el conflicto sirio, como hubiera sido de esperar según las previsiones de Estados Unidos y sus aliados. Al contrario, Siria es un mosaico complejo de etnias que cuentan con apoyos extranjeros que complican las cosas hasta tal punto que es difícil imaginar el país relativamente en calma que era antes del inicio del conflicto en 2011.