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Gustavo Petro y la transición hacia la democracia real en Colombia

Los colombianos votaron por el cambio. Gustavo Petro, líder del Pacto Histórico, ha ganado las presidenciales en Colombia con el 40,33 % de los votos. Aún así, disputará la segunda vuelta el 19 de junio contra el populista Rodolfo Hernández, el 'Trump criollo' y quien ha resultado ser la sorpresa de las elecciones.

El candidato a las elecciones en Colombia, Gustavo Petro, durante su entrevista con 'Público'.
Gustavo Petro, ganador de las elecciones presidenciales de este domingo, durante una entrevista con 'Público' el 13 de enero de 2022, en Madrid.  Jairo Vargas

"Petro es el cambio que, todos sabemos, es necesario". El filósofo Slavoj Žižek se lo dijo al mundo en vísperas de las elecciones de este domingo en Colombia. No sólo se expresó así el pensador esloveno, también lo advirtieron otras voces autorizadas, desde Naomi Klein y Noam Chomsky hasta Boaventura de Sousa Santos. Todos ellos tienen claro que el planeta ya no aguanta, que hay que cambiar la forma de gobernar e implementar políticas públicas que hagan sostenible la vida y el desarrollo social; y creen que la propuesta de Gustavo Petro va por ese camino: progresismo, paz, avance democrático, bienestar y cambio de matriz energética.

Pero quienes han ostentado el poder en Colombia durante décadas piensan de otra manera. Estas élites son las que han manejado la política y la economía, lo han hecho prácticamente desde el fin de la Colonia española, hace 200 años, y con ello la industria de la guerra, el narcotráfico, la extracción de recursos naturales de forma legal o ilegal y, como no, han tenido la tenencia de la tierra, entre otros males que acechan a un país que ha vivido (y sigue viviendo) todas las violencias posibles.

Slavoj Žižek advirtió de que "el mundo está acosado por los cuatro jinetes del apocalipsis: la guerra, el hambre, el calentamiento global y el control digital de nuestras vidas". De eso ha hablado mucho Petro durante su campaña y de eso saben también quienes sufren las penurias. Las élites, esa ‘gente de bien’, como les gusta llamarse a sí mismos, creen que estos problemas son cosa de pobres.

Petro sabe que la juventud colombiana necesita un futuro en su propio país

Pero Petro sabe que no es así, Petro sabe que la juventud colombiana necesita un futuro en su propio país, porque el mundo fuera se torna cada día peor. Hay alrededor de cinco millones de colombianos que viven en el exterior porque han huido de la violencia, el hambre o la falta de oportunidades. Petro quiere que vuelvan y ayuden a construir una nación mejor.

Por eso la propuesta de Gustavo Petro ha sido calificada de bolivariana, radical, populista y polarizadora. La razón es que Petro ha sido un azote para esas ‘gentes de bien’ y muy especialmente para el expresidente Álvaro Uribe porque, desde el Senado, denunció los vínculos entre la política y el paramilitarismo: la llamada ‘parapolítica’.

Recordemos que el propio Uribe fue precursor de las ‘Convivir’ cuando era gobernador del departamento de Antioquia, cuya capital es Medellín, su tierra natal. Aquellas asociaciones de civiles armados nacieron para defenderse de las guerrillas y terminaron convirtiéndose en las temidas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), las que exterminaron pueblos, perpetraron matanzas, violaciones y pusieron patas arriba el país. Sí, es cierto que las guerrillas estaban antes, habían surgido en los años 60 en las zonas rurales para luchar por una reforma agraria, hubo violencia, quisieron defenderse del despojo que se ejercía en sus territorios, pero la violencia ejercida por las AUC no tiene parangón.

Uribe fue precursor de las 'Convivir', origen de las Autodefensas Unidas de Colombia

Conclusión: un país lleno de actores armados en el que todos usan el narcotráfico como combustible para la guerra y, por consiguiente, para defender sus propios intereses. Una guerra, por cierto, en la que ha intervenido Estados Unidos, a través del Plan Colombia, con miles de millones de dólares que sirvieron para modernizar y dar cobertura a las fuerzas militares colombianas, que hicieron la vista gorda ante las tropelías de los paramilitares o directamente actuaban de forma conjunta.

Las AUC, una vez disueltas, se convirtieron en clanes y bandas criminales que tomaron el control de buena parte de la geografía nacional. Ahí siguen aún, sumadas a exguerrilleros que decidieron seguir el camino de las armas y de los negocios ilícitos frente a la paz. Muchos hombres y mujeres en Colombia no tienen idea de qué significa vivir sin violencia.

El peso de las élites 

"Un país muy complejo". Esta es la respuesta con la que más frecuentemente responden en Colombia cuando se pregunta algo concreto. Es fácil construir monstruos, más difícil es acabar con ellos; y son tantos los monstruos que cualquier propuesta política coherente se da de bruces con los intereses de quienes han hecho posible esa complejidad. Petro lo sabe también muy bien.

A Petro le destituyeron como alcalde de Bogotá cuando intentó poner en marcha un plan de recogida de basuras

Gustavo Petro integró las filas del M-19, no tuvo un papel relevante en la guerrilla, pero tras su desmovilización, en 1990, se metió en política, como la mayoría de sus antiguos compañeros. Así llegó a senador, uno de los más valientes y brillantes durante el Gobierno de Uribe (2002-2010). Luego creó el Movimiento Progresistas y más tarde Bogotá Humana, un partido político para ganar la Alcaldía de la capital, y lo logró, en 2012. Pero le destituyeron cuando intentó poner en marcha un proyecto de recogida de residuos y reciclaje, le boicotearon poderosos empresarios que tenían el control del sector de las basuras en Bogotá. La justicia le terminó dando la razón y le restituyeron sus derechos políticos en 2014.

Desde que comenzó el siglo XXI, no se dan golpes de Estado militares en Latinoamérica como en los años 70, ahora se ejecutan golpes blandos, se usa la justicia para destituir a presidentes y alcaldes. Es el llamado lawfare, esa manera de montar casos judiciales y procesos de destitución, manejados de forma extraordinaria por las redes sociales y que contaminan a la sociedad con hechos que se presentan como reales pero no son probados. El objetivo es ensuciar la imagen de cargos electos incómodos y acabar con ellos de una manera cuasi democrática. Son golpes de Estado sin botas militares.

Le pasó a Petro cuando era alcalde, pero también a la presidenta Dilma Rousseff en Brasil, incluso al propio Lula da Silva, aunque ya hubiera dejado el poder. La justicia les termina dando la razón, pero a veces tarde. Las élites, también llamadas oligarquías, van logrando sus objetivos. Lo que no esperan es que vuelvan al poder.

Pero Gustavo Petro ha vuelto (seguramente también regresará Lula en Brasil), ha sido el candidato más votado en las elecciones presidenciales de Colombia celebradas este domingo, aunque tendrá que ir a una segunda vuelta el 19 de junio contra el candidato populista Rodolfo Hernández, quien obtuvo un inesperado 28,14 % de los sufragios. Les sigue el candidato de la derecha, Federico Gutiérrez, con el 23,90%. Es muy probable que los votos de éste último se vayan en la segunda vuelta al conocido como el 'Trump criollo', un personaje oscuro, sin plan de gobierno y acusado por corrupción. 

Son tiempos de cambios, los ciudadanos se cansaron de la política de siempre y además ha surgido una juventud luchadora que quiere otro país. Así quedó demostrado durante las masivas protestas de 2021 que, no olvidemos, fueron fuertemente reprimidas por la policía antidisturbios bajo el Gobierno del uribista Iván Duque. Además, nadie duda que la pésima gestión de Duque ha ayudado a engrandecer la figura de Petro, pero también la de Hernández.

Matar a la izquierda 

Y, sí, es la primera vez que un candidato de la izquierda es el más votado en unas elecciones presidenciales en Colombia y la razón es que en otras ocasiones directamente les han matado. Desde 1987 han asesinado a cinco aspirantes a la Jefatura del Estado, tres de ellos de izquierdas: Jaime Pardo Leal, en 1987; y Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez, en 1990.

Pardo Leal y Jaramillo Ossa eran de la Unión Patriótica, un partido nacido tras un acuerdo entre el Gobierno de Belisario Betancur y las FARC, en 1984. Entre ese año y 1995, cuando se extinguió la famosa UP y ya se hablaba de genocidio, murieron a manos de sicarios, fuerzas de seguridad y paramilitares más de 5.700 de sus miembros, entre ellos muchos cargos electos, según datos de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). En el caso de Pizarro, éste había pertenecido al M-19, una guerrilla urbana y nacionalista, y cuando fue baleado en el interior de un avión acababa de firmar la paz e iba como candidato presidencial por el partido surgido del grupo desmovilizado.

La campaña electoral de 1990 fue la más mortal de la historia de América

Otro asesinado fue Luis Carlos Galán, en 1989. Era aspirante por el Nuevo Liberalismo, facción del tradicional Partido Liberal que había creado él mismo. Le mataron hombres de Pablo Escobar en colaboración con el exministro de Justicia Alberto Santofimio Botero porque su obsesión era acabar con el narcotráfico y cambiar el modelo de Estado corrupto. La campaña para las elecciones de 1990 fue la más mortal de la historia de América. Y el último en caer fue Álvaro Gómez Hurtado, en 1995, cuando era candidato por el Movimiento de Salvación Nacional, un sucedáneo del Partido Conservador. En este último caso fueron las FARC.

Petro lo advirtió durante la actual campaña: "quieren matarme", pero no lo han logrado. Escenas dantescas se han visto en las últimas semanas cuando el candidato y su compañera Francia Márquez, aspirante a la Vicepresidencia, acudían a los mítines parapetados con chalecos y escudos antibalas, unos esquemas de seguridad nunca vistos. Se ha querido evitar por todos los medios un magnicidio.

Gustavo Petro es un peligro para las élites porque quiere cambiar el modelo económico, quiere cambiar la matriz energética, quiere acabar con la guerra, quiere educación y salud para todos. Francia Márquez, su compañera, también es un peligro para las oligarquías porque quiere acabar con la violencia contra las mujeres, contra los niños y contra los campesinos, no quiere que sigan expoliando la tierra donde nació. Y no suponen un peligro sólo para las élites políticas y económicas, sino también para las fuerzas militares, muy ideologizadas y acostumbradas a la guerra.

Petro tiene ahora un rival que no esperaba: Rodolfo Hernández, el 'Trump criollo'

Como dijo Petro en una reciente entrevista con ‘Público’, "vamos a hacer la transición hacia la democracia real". El problema es que ahora tiene un contrincante en la segunda vuelta que no esperaba, un populista sin plan de Gobierno (Hernández llegó a decir que el mejor programa electoral era el del propio Petro). El 'Trump colombiano' posiblemente ha arañado votos que hace unas semanas hubieran ido al líder del Pacto Histórico. El 19 de junio se definirá el futuro de Colombia: una democracia real o un Gobierno que nadie sabe por donde saldrá. 

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