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Hipótesis, rumores y quinielas sobre el futuro de Cuba

El próximo día 24 de febrero se sabrá si Castro continúa al frente del Gobierno cubano.

BERNARDO GUTIÉRREZ

Un chiste que circula en La Habana resume la expectación que se apoderado últimamente del pueblo cubano: Castro se muere. Los cubanos hacen cola para demostrarle su respeto. Al frente de la fila está Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores. Pérez Roque se para delante del ataúd de Castro, inclina la cabeza. Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional, espera su turno. Pasan los minutos. Alarcón se pone nervioso. Da una palmadita a Pérez Roque y murmura: "¿A qué esperas? Ya está muerto, ¿no?". Pérez Roque responde muy bajito: "Ya sé que está muerto. Pero todavía no sé cómo voy a decírselo a él".

Él. El comandante en jefe. El líder. El cerebro. Fidel Castro, recluido en algún lugar secreto de Cuba desde hace 18 meses, continúa siendo una especie de dios encarnado. Y principalmente influyente. Desde la sombra, todavía, rige los destinos del país. Su propio hermano Raúl Castro, presidente en funciones, reconoció que consulta "todas las decisiones importantes con él".

¿El relevo?

Fidel Castro se eleva por encima de todos los posibles sucesores. ¿Existe alguna posibilidad de que el próximo día 24 de febrero, cuando se elegirá al presidente del Consejo de Estado, Fidel Castro desaparezca de la primera fila? ¿Ha llegado el turno del relevo?La decisión depende del consejo de sabios de la revolución cubana. O sea: de los 31 miembros del Consejo de Ministros. De ellos depende el dilema hamletiano de Fidel. Todo apunta a que van a proponer que Fidel Castro continúe al frente. Pero, por primera vez en la historia, puede que el propio Castro no lo acepte.

Los mensajes de Fidel van en esa dirección: declaró que no tiene intención de "aferrarse al poder" para "dejar paso a las nuevas generaciones" e incluso dijo que "no está capacitado físicamente para participar en actos públicos". Pero el mito supera a la persona. Castro es mayor que Castro. Y su entorno de poder se niega a hacer más especulaciones de las necesarias. No ven -o eso hacen creer- horizonte más allá de Castro. Hasta los medios oficiales destacan la mejora de la salud de Fidel. Las declaraciones de Lula afirmando que encontró a Castro con una "lucidez increíble" y una "salud impecable" fueron amplificadas hasta límitesinsospechados.

Las opciones
Las hipótesis sobre el Día D-este 24 de febrero que coincide con el inicio de la guerra de independencia- son inciertas. Pero fusionando los oráculos de los jardines diplomáticos, las bolas de cristal de los medios oficiales y radio bemba (el eco de la calle), no hay tantas posibilidades. La hipótesis 1 (poco probable) estáclara: Castro es elegido como presidente del Consejo deMinistros. Él acepta. Raúl Castro se aparta.

La hipótesis 2 tiene más posibilidades: Fidel Castro continúa gobernando en la sombra. Raúl Castro se mantiene como presidente en funciones, aplicando ligeros cambios. La hipótesis 3 es la más osada (pocos se atreven a hablar de ella): Fidel se aleja de la presidencia. En su lugar no queda ni siquiera el apellido Castro. Carlos Lage (actual vicepresidente) o Felipe Pérez Roque asumen las riendas de Cuba. El cambio se instaura en la isla.Pero la prudencia manda. Y el respeto por Castro. Y el mito que supera al mito.

Carlos Lage adelantó que él iba a votar "a Fidel Castro". El influyente Ricardo Alarcón afirmó que el votaría por Fidel "con las dos manos y todos los días". ¿Hay verdaderas expectativas de cambio cuando los candidatos a suceder a Fidel le apoyan de semejante manera? El canciller Pérez Roque, el más joven de los posibles sucesores (52 años), se limitó aafirmar que el Parlamentotendrá que adoptar "decisiones que fortalezcan el socialismo y que rectifiquen muchas de las cuestiones".

Lo que parece muy claro es que Castro, en la luz o en la sombra, condicionará el rumbo de Cuba. Cenando en un restaurante polvoriento del barrio chino, dos amigos cubanos me cuentan otro chiste/resumen: "Enviaron a un monje budista de China, para hacer un ritual para que Castro viviese otros 100 años. El chino, en medio del rito, comenzó a gritar, asustado. Y salió corriendo. "¡Compañeros -gritó- ¡no hace falta hacer nada. Este hombre va a vivir 1.000 años!"

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