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Isabel II, obligada a una mayor transparencia

El Ejecutivo de Brown tendrá que hacer pública su correspondencia con la reina

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Era una estampa poco habitual y por eso al día siguiente apareció en las portadas de varios periódicos. La reina Isabel II se subió el pasado 17 de diciembre a un tren en la estación londinense de King's Cross para hacer el trayecto hasta Sandringham, donde está una de sus mansiones.

El Ejecutivo tendrá que hacer pública su correspondencia con la reina

Precio del billete en primera clase: 44,40 libras (49,6 euros). Eso sí, la compañía ferroviaria reservó todo el vagón para la reina y un reducido séquito de acompañantes.

'La reina siempre ha cogido trenes en todo su reinado dijo un portavoz de la Casa Real. El año pasado por estas fechas hizo el mismo viaje, sólo que sin que hubiera fotógrafos'.

Esta vez, sí los había. La Monarquía tiene que dar imagen de austeridad, entre otras cosas porque pretende recibir más dinero del Estado.

La monarquía más cara de Europa necesita más fondos públicos

Las cifras generales del presupuesto de la Casa Real británica son conocidas, pero no la letra pequeña de esos gastos y, sobre todo, a cuánto asciende la aspiración de la reina de aumentar la aportación de fondos públicos. Eso puede cambiar por la aplicación de la Ley de Libertad de Información.

El Comisionado de Información ha concedido al diario The Independent el derecho a conocer la correspondencia sobre asuntos económicos, mantenida entre la Casa Real y los ministerios.

El Gobierno de Gordon Brown, que puede presentar un recurso, está obligado a facilitar un centenar de cartas e informes. Su contenido puede causar un deterioro de la imagen de Buckingham Palace porque versa sobre la petición de la reina de que el Estado aumente de forma sustancial su contribución al mantenimiento de sus numerosas propiedades. Los palacios, por ejemplo, necesitan inversiones millonarias para su restauración.

La solicitud será recibida con indignación por la opinión pública si se conoce en detalle. Las finanzas del Estado están hundidas en los números rojos, con una deuda pública del 51% del PIB que obligará al próximo Gobierno a acometer el mayor recorte del gasto público desde los años setenta.

El coste total de la Casa Real es de 46,4 millones de euros en el último ejercicio presupuestario. De esa cantidad, salen los 15,5 millones con los que se pagan los salarios de los parientes de la reina y de los 1.200 funcionarios de la institución. La otra partida importante son los 25,3 millones que se destinan en su mayoría al mantenimiento de sus palacios y propiedades (17,1 millones) y a los viajes (casi 7 millones).

Al presentar sus alegaciones, el Gobierno informó que las cartas incluyen 'comentarios francos y directos' sobre las peticiones de la Casa Real. Su difusión impediría supuestamente en el futuro que los funcionarios reales se expresen con tanta sinceridad. La respuesta fue que el 'interés público' obliga a que los ciudadanos tengan la información necesaria para conocer el estado de la financiación de la Casa Real.

La reina se encuentra en una situación parecida a la del ministro de Hacienda. Tiene que hacer frente a crecientes obligaciones financieras, y sus fondos no le alcanzan. En 2007, parte de un techo de mampostería del Palacio de Buckingham cayó cerca de la princesa Ana. Las salas donde la reina recibe a sus invitados extranjeros también necesitan reformas. La reina ha tenido que echar mano de seis millones sacados del fondo de reserva. A este ritmo, el fondo puede quedar seco en menos de cuatro años.

Los ciudadanos no entenderían que la Casa Real no haga como otras instituciones: apretarse el cinturón y controlar los gastos. Los cerca de siete millones anuales gastados en viajes suponen quizá un gasto excesivo, aunque si la reina y sus parientes se quedan en sus palacios para ahorrar, dirán que viven a espaldas de los ciudadanos.