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Israel La anexión del Golán, la imagen del caos en Oriente Próximo

La anexión por Israel del Golán sirio ocupado en la guerra de 1967 se produjo mediante una ley aprobada por la Kneset en 1981. Ahora, el presidente Trump ha reconocido esa anexión, también de manera unilateral, haciendo trizas una vez más las resoluciones internacionales, y sumiendo a Oriente Próximo en una mayor inestabilidad

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Tres niños junto a una silueta de un soldado en los Altos del Golán. / AFP

Hace varias décadas, el Golán sirio ocupado por Israel en la guerra de 1967 tuvo un importante valor estratégico. La plataforma de 1.200 kilómetros cuadrados se levanta desafiante sobre el mar de Galilea. De hecho, antes de 1967 fue utilizada en ocasiones aisladas para atacar a Israel, generalmente respondiendo a provocaciones militares de los israelíes que hoy están bien documentadas por los historiadores.

En los tiempos que corren, en cambio, su importancia estratégica es ínfima, al menos desde el punto de vista militar. Eso se debe a que el arsenal israelí está repleto de armas muy avanzadas y a que un hipotético acuerdo de paz con Siria no desmantelaría necesariamente las atalayas y radares militares instalados en el monte Hermón.

Es, por lo tanto, una desmesurada ambición territorial, avalada por un militarismo creciente, la que hace que Israel no quiera abandonar el Golán, exactamente lo mismo que ocurre con la Cisjordania palestina, incluida Jerusalén. Esto es posible en estos momentos gracias a la estrecha alianza del primer ministro Benjamín Netanyahu con el presidente Donald Trump, una alianza que contribuye significativamente a mantener en vilo Oriente Próximo, especialmente por medio de Israel, como es en este caso.

En el Golán ocupado viven unos 20.000 colonos judíos. De acuerdo con la ley internacional, Israel no debería haber trasladado a la zona a esa población, y sin embargo lo ha hecho bajo la protección de una pasiva comunidad internacional, y especialmente de la Unión Europea. El objetivo claro de Israel es quedarse con el territorio, y sobre todo con su agua, puesto que este es el verdadero valor estratégico del Golán.

Los israelíes de a pie son conscientes de que Trump ha hecho otro “regalo” a Netanyahu

También viven allí unos 20.000 drusos sirios, que en su inmensa mayoría siguen siendo leales a Damasco, aunque Israel les ofrece las ventajas que da tener un pasaporte del estado judío. Ocurre igual con los palestinos de Jerusalén este, y es evidente que Netanyahu espera que Trump haga lo mismo con la ciudad santa, puesto que el presidente estadounidense todavía no ha reconocido formalmente a Jerusalén este como parte de Israel, como ha hecho con el Golán, aunque el año pasado trasladara la embajada desde Tel Aviv.

Los israelíes de a pie son conscientes de que Trump ha hecho otro “regalo” a Netanyahu. Aquí se habla de tres grandes regalos en poco más de dos años, aunque el número de regalos menores sea mucho mayor. Estos tres grandes presentes son la salida de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán, el traslado de la embajada a Jerusalén y el del jueves sobre el Golán.

Donald Trump y el Primer Ministro de Israel Netanyahu. REUTERS/Ronen Zvulun.

Netanyahu los ha capitalizado de cara a las elecciones del 9 de abril. A pesar de que todos los sondeos sugieren que solo él podrá formar gobierno después de los comicios, Netanyahu es un político con miedo a las urnas, urnas que le suelen tratar bien, de ahí que, con esa excusa, una y otra vez persuada a Trump para que le haga regalos, grandes y pequeños. El americano está encantado con Netanyahu y en ningún momento parece considerar las nefastas consecuencias de sus acciones.

Una tesis del libro de Mearsheimer y Walt, The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy, es precisamente que Israel, a través del lobby judío AIPAC, guía y distorsiona directamente la política exterior de Estados Unidos, especialmente en lo tocante a Oriente Próximo. Es algo evidente, especialmente con presidentes como Trump, y Netanyahu no pierde ninguna ocasión de aprovecharlo.

Israel, a través del lobby judío AIPAC, guía y distorsiona directamente la política exterior de EEUU

Si esos presentes contribuyen a desestabilizar más Oriente Próximo, como ocurre con los tres grandes regalos de Trump mencionados, miel sobre hojuelas, pues está claro que la política regional de Israel consiste en desestabilizar Oriente Próximo todo lo posible. Y ya que se habla de Siria, la contribución de Israel a ese conflicto ha sido sustanciosa, indirectamente a través de clientes regionales como Arabia Saudí, y directamente con el documentado suministro de armas a los yihadistas, por ejemplo.

Poco después de la Conferencia de Madrid de 1991, con el laborista Yitzhak Rabin en la presidencia del gobierno, se celebraron contactos directos entre sirios e israelíes auspiciados por Estados Unidos. La prensa hebrea incluso llegó a informar detalladamente de esos encuentros y de las concesiones que unos y otros estaban dispuestos a realizar, pero el asesinato de Rabin en noviembre de 1995 acabó con todo. Es cierto que luego hubo más contactos esporádicos pero fueron superficiales e intrascendentes.

La pasividad de la Unión Europea es proverbial ante el caos de Oriente Próximo. No solo es inexplicable que no defienda sus intereses, sino que también es inexplicable que contribuya a la desestabilización general que promueve Israel, ahora con el Golán sirio, con la venta masiva de armas a Arabia Saudí en la guerra de Yemen, o con su inacción ante la ocupación de los territorios palestinos.

Expresar simplemente su disconformidad con la decisión de Trump sobre el Golán, como ha hecho Bruselas, es lo mismo que no hacer nada. Los europeos deberían tener una política clara y decisiva sobre lo que ocurre en la región, pero parece que no es posible. Su pasividad solo contribuye a desestabilizar más Oriente Próximo jugando al mismo juego en el que Israel tiene una reconocida categoría de gran maestro.