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Israel: Licencia para matar

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Todo suena a 'ya visto', a mil veces repetido y mil veces olvidado. El lanzamiento de la operación Pilar defensivo sobre Gaza, nos remite al escenario, incluida la proximidad de elecciones en Israel, de la denominada Plomo Fundido, entre diciembre de 2008 y enero de 2009, que se saldó con 1400 muertos de los que más de 300 eran niños; y a Lluvias de Verano en el verano de 2006, con 450 muertos; y a Días de Penitencia, septiembre 2004 , con más de un centenar de muertos ; y a Cinturón de Defensa, abril 2002, en Cisjordania, más de 500 muertos... ¿Hasta dónde podemos remontar la lista? ¿Hasta la matanza de Deir Yassin en abril de 1948 que marcó la estrategia de expulsión de la población palestina de lo que entonces aún era su tierra? ¿O hasta el más reciente muerto palestino, en Cisjordania o en Gaza, por el disparo de un soldado israelí?

Pero no, no hay que remontarse a la historia, ni siquiera a la de hace unas semanas. No es ese el guión aceptado. El guión aceptado por la diplomacia occidental y por desgracia también por la mayoría de los medios de comunicación, dice que los hechos comienzan en el momento en el que un grupo de milicianos de la Yihad o de Hamás lanzan cohetes sobre Israel. Y que los bombardeos por tierra mar y aire del ejército israelí son una operación de represalia. Los cohetes de Hamas nunca son represalia. Las bombas de Israel siempre lo son.

Ni los ya seis años de bloqueo, ni la sucesión de ataques, el último el pasado 4 de noviembre, de soldados israelíes contra las gentes de Gaza son relevantes. Lo relevante es reconocer el derecho de defensa de Israel. Dicho esto se puede adoptar el gesto compungido de rigor para pedir contención a las partes y, a ser posible, recordar una vez más antes de terminar el párrafo, que el problema es Hamás.

Que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, o el inefable Tony Blair sigan tan sumisamente el discurso israelí es triste pero digamos que se entiende desde la perspectiva de que nadie espera de ellos un relato veraz de los hechos. Más grave es el seguidismo de los medios de comunicación al relato israelí. El modo en el que se asume el lenguaje y la versión de la potencia ocupante resulta obsceno. Se titula 'operación de represalia israelí' y ni siquiera se tiene la precaución de añadir junto al término represalia 'según el ejército' o 'según el gobierno de Israel'. Se normaliza la aberrante expresión 'asesinato selectivo' incluso cuando se sabe que rara vez es selectivo pero siempre es asesinato.

Se dice 'Israel bombardea objetivos de Hamás' aunque los hechos muestren una carnicería de civiles culpables quizás de haber votado a Hamás. Se hace hincapié en el miedo de la población de Israel a los cohetes palestinos hasta el punto de crear una falsa equivalencia entre su miedo y el atroz sufrimiento de la población encerrada en Gaza. Se obvia recordar que 'el castigo colectivo' es un crimen de guerra. Se elimina el término ocupación a la hora de contar lo que pasa. Se acepta como expresión de los hechos lo que es versión israelí de los hechos. Y se acepta como parte del derecho de Israel a defenderse , el derecho a atacar como, cuando y donde quiera. Atacar y amenazar. Por ejemplo a la Autoridad Palestina por seguir adelante con su solicitud de ingreso en Naciones Unidas.

Y no pasa nada. Será que el reconocimiento de Palestina como estado observador en Naciones Unidas representa una amenaza a Israel y hay que aceptar de antemano su derecho de represalia.  Será que el derecho a la defensa de Israel implica que la población palestina expulsada de su tierra en 1948, viviendo bajo ocupación militar en lo que queda de su patria, no tenga nunca derecho a defenderse. O simplemente a existir.