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Italia revisa la polémica figura del socialista Bettino Craxi

Odiado y amado, con la misma fuerza. Para unos un corrupto, para otros un gigante de la política de su tiempo. El único 'premier' socialista italiano es todavía motivo de controversia y debate en el país con forma de bota. Su apoyo a Silvio Berlusconi permitó que el ex 'Cavaliere' expandiera su imperio mediático en Italia durante los años '80. En el vigésimo aniversario de su muerte, su fuga a Hammamet (Túnez) para escapar de la Justicia transalpina pone en entredicho su memoria en cuanto símbolo de la Primera República.

Bettino Craxi en una imagen de archivo. REUTERS/Archivo.

MANUEL TORI

Fue la quintaesencia de los años 80 en Italia. Símbolo de un país que todavía tenía líderes con cierta sustancia, al menos dialéctica, en buena parte de su Parlamento. Emblema del hedonismo ochentero a la italiana, que hace cuatro décadas terminaría gastando mucho más de lo que tenía hasta empezar a acumular la deuda que hoy mismo le pesa y que por el momento no tiene solución. Fue el representante de la última generación de líderes de izquierda en Italia, único premier socialista en el país; en coincidencia con François Mitterrand en Francia y Felipe González en España. Pero también será el objeto del deseo del mayor escándalo de corrupción política de Italia.

Italia revisa la polémica figura del ex jefe del Gobierno Bettino Craxi (Milán, 1934 – Hammamet 2000), el último líder socialista del país transalpino, cuando se cumplen 20 años de su muerte, en Hammamet (Túnez). En los últimos días, el país reflexiona a través de los medios de comunicación sobre el verdadero significado y calado histórico del controvertido líder socialista, que se fugó a Túnez para escapar de la Justicia italiana. La figura de Bettino Craxi ha vuelto a ser motivo de debate en el país, no sólo por el aniversario de su muerte, sino por el reciente estreno de la película Hamammet (2020) protagonizada por el actor italiano Pierfrancesco Favino, que retrata los últimos años de vida del líder socialista, transcurridos en la localidad norteafricana sin volver, nunca más, a Italia.

A lo largo del domingo tuvo lugar en Hammamet la ceremonia en recuerdo del ex primer ministro transalpino, con una delegación de "al menos 600 personas", tal como ha asegurado estos días la Fundación Craxi, "en el cementerio cristiano donde descansa el político, una parte de tierra que mira hacia Italia". Nada más lejos de un acto oficial o institucional, ya que la mayoría de los asistentes procedentes de Italia asistirán en Hammamet "a título personal", tal como ha informado en los últimos días el conocido diario italiano Corriere della Sera.

Sorprende particularmente el hecho de que, en la ceremonia, habrá políticos de todo el actual arco parlamentario transalpino: miembros de la soberanista Liga de Matteo Salvini; reformistas del Partido Democrático (PD) de Nicola Zingaretti; parlamentarios de Forza Italia (FI), la formación de Silvio Berlusconi; y representantes de Italia Viva (IV), el partido de Matteo Renzi.

Resulta llamativa la presencia hoy de políticos de la Liga y del PD: "La Liga de Umberto Bossi", su fundador, "y el Partido Comunista Italiano" –hoy ya inexistente y que, de alguna manera, sobrevive en algunos representantes de la actual izquierda del PD– "se enfrentaron a Craxi y al mundo que Craxi representaba", explica el Corriere. El éxito del nacimiento de la Liga Norte –entonces era ése el nombre oficial, ya que en ese momento apuntaba a la independencia del Norte de Italia– fue, de hecho, oponerse, entre finales de los 80 y principios de los 90, al sistema de poder creado por el líder socialista y los dos Ejecutivos de coalición que encabezó junto a la Democracia Cristiana (PD), el partido de Giulio Andreotti. La Liga Norte de Bossi fue, de hecho, uno de los mayores promotores del equipo de fiscales milaneses de Mani Pulite, que destaparon el caso Tangentópoli, la mayor trama de corrupción jamás conocida en Italia.

"Hay que ser intelectualmente honestos. Si nos tenemos que comparar con los personajes políticos del pasado, respecto a los de hoy, y soy uno de ellos; Craxi fue un gigante. Pero no sólo él: Alcide De Gasperi, Aldo Moro y otros", aseguró hace unos días el ex jefe del Gobierno Matteo Renzi, hoy líder del partido recién creado Italia Viva (IV). Y añade: "Craxi tiene un lugar importante en la historia del país". En el imaginario italiano, sin embargo, para muchos la escena más recordada fue el ya célebre lanzamiento de monedas frente al Hotel Raphael en Roma. Lugar donde, para otros, acabó el socialismo de masas italiano.

¿Y su herencia?

¿Quién fue el heredero político Craxi? Aunque, a priori, sus ideologías no fueran coincidentes, será su contemporáneo Silvio Berlusconi; quien en los años 80 era ya más que conocido en Italia por su actividad urbanística y financiera pero, sobre todo, como incipiente magnate de los medios de comunicación. Durante el periodo en el que Bettino Craxi estuvo al cargo, a partir de los famosos "decretos Berlusconi", el líder socialista arrancó la desregulación del mercado de la televisión privada a nivel nacional, permitiendo el despegue definitivo de Mediaset en Italia, como competencia directa de la RAI, la televisión pública. En las décadas siguientes, Berlusconi ganará tres veces unas elecciones generales.

Bettino Craxi fue presidente del Gobierno italiano entre 1983 y 1987 y uno de los hombres que más tiempo estuvieron ininterrumpidamente al frente del Ejecutivo en la historia de la República. Tras militar y dirigir en las juventudes socialistas durante los años 50, fue elegido diputado en 1969 y secretario general del Partido Socialista Italiano (PSI) en 1976. No obstante, nunca creyó en una colaboración con el Partido Comunista Italiano (PCI) de Enrico Berlinguer y sí en la Democracia Cristiana, el gran partido hegemónico transalpino que gobernó el país tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

El principio del fin para Bettino Craxi llegará con el caso Tangentópoli, el mayor escándalo de corrupción en la historia de Italia. Tras las investigaciones de la Fiscalía de Milán bajo la coordinación del célebre juez Antonio Di Pietro –para quien Craxi era el trofeo más preciado a conquistar, tal como se puede apreciar en la conocida serie televisiva 1992– los grandes partidos de entonces se disolvieron ante las evidencias del equipo de magistrados de Mani Pulite.

Craxi dimitirá en 1993 como líder del PSI y, pocos meses después, en la Cámara de los Diputados, admitirá su conocimiento de la financiación ilegal de los partidos, extendiendo la responsabilidad, eso sí, a "todo el sistema político" y culpando a la Justicia de "criminalizar a los partidos". Tras ser imputado y condenado, se fugó a Túnez, país en el que pasará el resto de su vida. Su desaparición política, como la de todos los protagonistas de su generación, creará a un vacío político que dará pie al paso de la Primera a la Segunda República y la entrada en escena de Silvio Berlusconi.