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Líbano Las iniciativas ciudadanas se encargan de la reconstrucción de Beirut: "El Gobierno no ha hecho nada"

Inmediatamente después de la explosión que dejó unos 200 muertos, las iniciativas ciudadanas se pusieron manos a la obra para reconstruir una ciudad que quedó sepultada entre escombros y cenizas.

Un hombre permanece sentado en el puerto de Beirut junto a la zona de la gran explosión del 4 de agosto. - EFE
Un hombre permanece sentado en el puerto de Beirut junto a la zona de la gran explosión del 4 de agosto. - EFE

Jonny el Khawand es uno de los miles de libaneses que vio cómo su casa quedó en ruinas tras la explosión del 4 de agosto en Beirut que dejó unos 200
muertos, miles de heridos y a más de 300.000 personas sin hogar. El almacén que explotó aquel día, situado en el puerto de la ciudad, guardaba toneladas de una sustancia altamente inflamable desde hacía seis años sin ningún tipo de seguridad.

El joven libanés de 40 años vivía junto a su madre, su hermano, su cuñada y su sobrino en la casa familiar situada en el barrio de Karantina, al noreste de la ciudad y a unos 500 escasos metros de dónde sucedió la explosión. De su domicilio no ha podido salvar prácticamente nada. "Únicamente hay basura. No hay casi paredes, ni siquiera quedaron los muebles", cuenta a través de una conversación telefónica con Público. Pese a la tragedia, gracias al "gran trabajo" de una ONG local, Offre Joie, la vivienda está en proceso de ser reconstruida.

Hasta el momento los voluntarios "han derrumbado lo que quedaba de la estructura y recogido los escombros. Pronto terminaran las paredes externas, el techo y el suelo. Cualquier cosa que pueda traspasar la lluvia", asegura.

El caso de el Khawand no ha sido una excepción. Ante la incapacidad del Gobierno de ayudar a los afectados, han sido las iniciativas ciudadanas, que comenzaron a actuar nada más producirse la explosión, las que están consiguiendo devolver la esperanza al pueblo de Beirut asolado por la tragedia.

Las autoridades han demostrado ser incapaces de proveer los derechos básicos a sus ciudadanos. Así lo demuestra no solo la explosión, sino los habituales cortes de luz, el agua no potable en las casas, la mala gestión de la recogida de las basuras, las carreteras en mal estado, la corrupción escandalosa y un largo etcétera. "El Gobierno no ha he hecho nada. La ayuda sólo proviene de las ONG, las asociaciones y los propios ciudadanos", asevera el Khawad.

Los días posteriores a la tragedia, cientos de manifestantes se echaron a las calles para reclamar la caída de un Gobierno que lleva años gestionando un país que estaba sumergido, ya antes de la explosión, en una tremenda crisis económica y social. La dimisión llegó el día 10 de agosto, aunque para muchos esto no es garantía de nada. "Aunque el gobierno haya dimitido, estarán intentado colocar a nuevos políticos cercanos a ellos para seguir robando a la gente", incide el Khawad.

El Khawand intenta mantenerse ocupado entre su trabajo y la reconstrucción de su casa. Cree que "si tuviera tiempo libre", le golpearía "el trauma" de todo lo vivido desde la explosión, aunque pretende empezar a recibir ayuda psicológica una vez estén terminadas las obras de su casa. Para él lo más importante ahora es ayudar a reconstruir su hogar, el lugar donde se encuentran "todos sus recuerdos", y sobre todo los de su madre, que tiene 65 años y "pasó su infancia en esa casa y tiene que volver a vivir allí. Mudarse a otro sitio no sería bueno para ella".

Manifestantes lanzan al aire globos con los nombres de los fallecidos en la explosión. - EFE

En Mar Mickahael, uno de los barrios devastados por la explosión, cientos de jóvenes voluntarios han construido el basecamp, un campamento de emergencia que está dividido en diferentes departamentos de ayuda a la población afectada por la tragedia que se suma a la crisis económica y política, la devaluación de la libra libanesa y la pandemia de la covid-19.

Cuatro ONG locales, Baytna Baytak, Muwatin Lebnene, Embrace y Minteshreen decidieron unir fuerzas y crear una coalición para la creación de este basecamp central. "El campamento está formado por jóvenes activistas que tienen como objetivo construir un Líbano mejor y el estar al lado de las personas afectadas por la explosión de Beirut", dice Leah Ghorayeb, una joven libanesa de 31 años, arquitecta de profesión y administradora de la base de datos del campamento.

Para la recogida de información, los voluntarios utilizan dos sistemas. Primero, el In-System, un centro de llamadas que instalaron para que los afectados puedan comunicarse con ellos; segundo, Out-System que se encarga de identificar a familias que no conocen la existencia del campamento. Para estos últimos, desde las instalaciones se mandan diariamente a "voluntarios en scooters" para intentar identificarlos.

"Toda esta información se centraliza conmigo y la envío a los diferentes equipos en función de las necesidades de cada familia", cuenta a Público la joven voluntaria. Además, Leah es la co-directora del grupo de ingeniería que lidera a diez equipos de voluntarios que se encargan de la reconstrucción de viviendas. Hasta el momento, ya han reconstruido 225 hogares y otros cientos están en proceso.

Pero esto es sólo un parte de la ayuda que reciben los afectados, puesto que además en el campamento se encuentra una "Unidad de suministros de alimentos, de ayuda médica, de higiene, y de apoyo psicológico y emocional", entre otros servicios. De hecho, la ONG Embrace, una de las que lidera este basecamp, "gestiona la única línea directa nacional de apoyo emocional y prevención del suicidio, en el Líbano y en Oriente Medio", según destacan.

La financiación del campamento se ha llevado a cabo gracias a las donaciones "individuales y de empresas corporativas". Según Ghorayeb, las autoridades no han aportado absolutamente nada para la creación del campamento. "Tuvimos que hacerlo nosotros puesto que nadie iba a venir a ayudarnos", sentencia.

En un país dónde casi todo el sistema sanitario es privado, la Cruz Roja juega un papel muy importante en el cuidado y la protección de sus ciudadanos. El subsecretario general de la Cruz Roja Libanesa (CRL), Nabih Jbr, cuenta a Público que la organización está proporcionando a los damnificados "alimentos, productos de higiene, refugio a familias afectadas por la explosión y asistencia médica primaria", entre otros servicios.

Desde el 4 de agosto y hasta el 16 del mismo mes, la CRL ha facilitado los servicios antes mencionados y de forma gratuita a 28.000 personas afectadas por la deflagración, además de proveer los servicios habituales de "ambulancia, donación de sangre y atención primaria de salud en todo el Líbano", asegura el subsecretario.

Actualmente, el objetivo principal de la ONG es brindar asistencia financiera directa a 10.000 familias durante al menos 7 meses. Aunque, según el profesional de la CRL, "no puede hacer predicciones sobre cómo va a evolucionar la situación", aunque sí que asegura que el plan es "continuar con la respuesta humanitaria" como hasta ahora.

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