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El pacto de izquierdas de Portugal, referente en España, a punto de saltar por los aires

La vuelta a la normalidad tras la peor etapa de la pandemia conlleva que se recuperen los planes de reformas de mayor calado. Al igual que ocurre en España, en Portugal los grandes problemas entre la alianza de izquierda tienen que ver con temas laborales, económicos u otras medidas para luchar contra la pobreza como la subida del salario mínimo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda a su homólogo de Portugal, Antonio Costa, a su llegada a la clausura de la III Edición del Foro La Toja 2021, en O Grove, a 1 de octubre de 2021, en A Toxa, O Grove, Pontevedra.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda a su homólogo de Portugal, Antonio Costa, a su llegada a la clausura de la III Edición del Foro La Toja 2021, en O Grove, a 1 de octubre de 2021, en A Toxa, O Grove, Pontevedra. Álvaro Ballesteros / EUROPA PRESS

Desde hace semanas que el fantasma de elecciones anticipadas sacude Portugal. Ahora esta posibilidad se antoja real. El bloque de izquierdas portugués no ha llegado a ningún acuerdo para aprobar los Presupuestos de 2022. El Gobierno de António Costa ya se prepara para una nueva cita en las urnas tras el rechazo por parte del Parlamento de las cuentas generales.

El Gobierno de coalición dirigido por Costa desde 2015 fue durante años todo un referente para las izquierdas de Europa. El Partido Socialista (PS), el Bloco de Izquierdas y el Partido Comunista (PCP) se unieron para echar a Pedro Passos Coelho, ganador de las elecciones del 4 de octubre, con una moción de censura. El Gobierno conservador solo duró once días. El acuerdo entre la izquierda lusa fue rápido y abrió una nueva etapa en el país.

La alianza llevó a cabo iniciativas legislativas que consiguieron recuperar parte de los derechos destruidos por las exigencias de la Troika durante las anteriores legislaturas. En poco más de un año, el Ejecutivo de Costa palió los recortes salariales, devolvió a 35 horas semanales la jornada laboral de los funcionarios, creó un impuesto de patrimonio para viviendas de lujo de más de 500.000 euros y suspendió los conciertos del Estado con colegios privados en zonas donde exista un centro público. En 2018 el Gobierno llegó a conseguir su mejor dato de crecimiento económico del siglo.

En 2019 empezaron los problemas: Costa llegó a pactar con la derecha la reforma laboral

Sin embargo, nunca fue un camino de rosas. En 2019 arreciaron los problemas. En el mes de julio de ese año la alianza pasó por su primera gran crisis. Costa dejó a un lado a sus aliados de izquierdas y pactó con la derecha la reforma laboral. El Bloco y el PCP votaron en contra la nueva normativa. Tampoco contó con el apoyo de los sindicatos que avisaron a Costa de romper el acuerdo social que firmaron anteriormente y mostraron su apoyo a las enmiendas del Bloco. 

Ya antes el primer ministro portugués había llegado a amenazar con dimitir si el resto de partidos aprobaban la ley que reconocía los años de congelación de las carreras de los profesores. Hasta el último momento todos los partidos habían votado a favor de la recuperación de la antigüedad de los maestros. Pero la derecha cambió el sentido de su voto. La izquierda mantuvo su posición apoyando la misma reivindicación de los profesores que inundaron durante esos días las calles de Portugal.

En esa época fue cuando se empezó a debatir en España la posibilidad del Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos. Los últimos habían reivindicado las políticas del Ejecutivo luso durante años, pero también señalaron las diferencias y los problemas que salieron a la luz en 2019 para reivindicar su presencia y su fuerza dentro del Gobierno.

La alianza llegó tocada a las últimas elecciones y Costa fue muy duro con el Bloco y el PCP

De hecho, estas diferencias tuvieron repercusión en las elecciones de 2020. Con las relaciones tocadas y una campaña electoral en la que los socialistas salieron al ataque de sus socios de izquierda en busca de una mayoría absoluta, los comicios de 2019 dejaron un escenario diferente al de 2015. Entonces Costa decidió afrontar la legislatura sin acuerdo global. Su objetivo era negociar medida a medida.

La estrategia de los socialistas les permitió sacar adelante las cuentas de 2020 gracias a la abstención del Bloco y los comunistas, pero para las de 2021, en plena pandemia, el apoyo menguó y los marxistas les dieron la espalda, aunque aun así se aprobaron, según recoge Efe.

El enfrentamiento actual: temas laborales y económicos

Pero con esta tensión se ha llegado al momento actual. Costa alega que ha cedido en muchas cuestiones como la subida del salario mínimo para 2022 en 40 euros, pero para sus aliados no es suficiente. Sin presupuestos para el año próximo, Costa ha anunciado que no va a dimitir, pero también que volverá a ser el candidato socialista en la nueva convocatoria de elecciones, según ha informado el medio luso Público.

El Bloco pide que se suba más el SMI y el PCP más medidas contra la pobreza

Durante la primera sesión del pleno de los Presupuestos de este martes, el comunista Jerónimo de Sousa alegó que para su partido la subida del salario no es suficiente ya que "el aumento es una emergencia nacional" y recordó sus peticiones para mejorar el sistema de pensiones, de salud y protección de la negociación colectiva. Desde el PCP explicaron que los principales desacuerdos tienen que ver con medidas contra la pobreza, el IVA de la energía y también las pensiones.

En este contexto, la geringonça, como se conoció al gran pacto entre la izquierda lusa, está a un paso de romperse en un momento complicado para los tres partidos. Este miércoles, por primera vez en la historia democrática de Portugal, el Parlamento tumbó los Presupuestos. En concreto, el Gobierno consiguió 108 votos de los socialistas y cinco abstenciones del partido animalista PAN. Así, se quedó a solo tres abstenciones o votos a favor para sacar adelante las cuentas.

Costa, en su alocución previa a la votación, reclamó una mayoría estable para la próxima legislatura tras admitir que el país se encamina hacia un adelanto electoral. Un escenario para el que el primer ministro ya se ha postulado como candidato para volver encabezar de nuevo el Partido Socialista. 

En la última cita con las urnas, las municipales de septiembre, los socialistas perdieron más de nueve millones de electores y la gobernanza en Lisboa, los comunistas perdieron seis ayuntamientos y el Bloco pasó de sexta a séptima fuerza a nivel local y le superaron los ultraderechista de Chega, según los datos recogidos por Efe.

El paralelismo con España

Las diferencias actuales entre la alianza lusa, de hecho, tienen que ver con los principales problemas entre el Gobierno de coalición de España que, desde que empezó la legislatura, han tenido diferencias sobre la subida del salario mínimo y ahora pasa por una crisis por la reforma laboral.

Entre los sindicatos lusos hay más relación entre el Bloco y el PCP, como ocurre en España entre CCOO y UGT con Unidas Podemos y, más en concreto, con Yolanda Díaz. En ambos países las fuerzas sindicales tienen un peso muy importante en los espacios de negociación para llevar a cabo reformas como la laboral. En Portugal los sindicatos rechazaron al socialista cuando acordó con la derecha y en España la ministra de Trabajo siempre ha ido de la mano con ellos en las negociaciones.

Aunque las diferencias entre el PSOE y Unidas Podemos parece que son cada vez mayores. El martes, tras el Consejo de Ministros, la vicepresidenta segunda llegó a tener que solicitar al presidente que se abriese un debate sobre los contenidos que debería abordar la reforma laboral.

Otras cuestiones materiales, como la subida del salario mínimo o la Ley de vivienda recientemente aprobada también han sido los focos de problemas entre la coalición. El fantasma de elecciones anticipadas también agita en estos momentos de crisis a España aunque de momento todos los ministros lo han descartado. Tampoco sería un buen momento para las izquierdas españolas teniendo en cuenta que, según el último estudio de Key Data para Público, el PP obtendría cerca de 121 diputados si hay que ir ahora a las urnas: el PSOE rozaría los 103 escaños, Vox obtendría 53 diputados, y Unidas Podemos, 25.

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