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Países árabes represores impulsaron la intervención

Las potencias del golfo Pérsico apoyan la acción militar mientras Siria y Argelia se oponen. El secretario de la Liga Árabe cambia de mensaje

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Durante sus 66 años de existencia, la Liga Árabe se ha ganado una reputación de desunión que se resume en un viejo chiste de Oriente Próximo: 'Los árabes sólo están de acuerdo en que no están de acuerdo'.

La intervención militar sobre Libia ha vuelto a demostrar la complejidad de la diplomacia en la zona y la dificultad de los 22 países miembros para tomar una posición común. La reunión del pasado 12 de marzo, en la que la Liga Árabe aprobó solicitar a la ONU la imposición de una zona de exclusión aérea en Libia, supuso un ejercicio de malabarismo para sus miembros.

Muchos de sus gobernantes padecen en sus propios países revueltas populares, que a menudo reprimen cruentamente, y no querían crear precedentes que pudieran volverse en su contra.

Los que más claro lo tenían eran Siria y Argelia, que junto con Mauritania votaron en contra de la zona de exclusión. Damasco, apelando a su tradicional nacionalismo árabe, logró incluir en el texto final una frase significativa: 'Se rechaza toda clase de intervención extranjera'.

Musa se comporta como el candidato a las presidenciales egipcias que ya es

En el comunicado se justificaba también, con gran presión por parte de los países del golfo Pérsico, la necesidad de pasar a la acción: 'El peligro de no tomar las medidas necesarias para acabar la crisis terminará desembocando en una intervención en Libia'.

En la misma cumbre se acordó congelar la presencia de Libia como un miembro más, al tiempo que se reconoció a los rebeldes como un interlocutor legitimo en el conflicto.

Uno de los países que más presionó en la aplicación de las medidas contra Trípoli fue Omán. Un país que también tiene sus propias protestas prodemocráticas, que han dejado una decena de muertos entre los manifestantes en el último mes.

Arabia Saudí y Libia tienen cuentas pendientes entre ellos desde 2003

Otros, como Arabia Saudí, aprovecharon la ocasión para ajustar viejas cuentas con Muamar Gadafi. En la cumbre de la Liga en 2003 en Egipto, Gadafi entró en combustión y lanzó una diatriba contra el príncipe Abdalá retransmitida en directo por las cadenas de televisión árabes en Oriente Próximo. El dictador libio acusó entonces al régimen saudí de haber permitido la entrada de miles de tropas estadounidenses en la región.

Pasaron seis años antes de que ambos hicieran las paces en otra cumbre. Gadafi intentó disculparse a su manera ante el monarca saudí: 'Te has pasado seis años huyendo por miedo a una confrontación. No tengas miedo. Por el bien del mundo árabe, considero que nuestro problema personal está terminado'.

Los países del golfo Pérsico han sido los más entusiastas en aplicar la zona de exclusión en Libia, superando sus problemas históricos para apoyar ofensivas internacionales contra otro país árabe. Arabia Saudí ha impulsado la intervención mientras reprimía las protestas chiíes en el país y en Bahrein.

Qatar ha confirmado el envío de al menos cuatro aviones a la zona mientras que Emiratos Árabes Unidos no ha confirmado los detallesde su aportación militar.

La desunión y el doble mensaje que lanzan los miembros de la Liga dependiendo de si tratan con sus aliados estratégicos en occidente o en la versión árabe de Al Yazira se concentra en la figura de su secretario general, el egipcio Amr Musa.

El secretario general sembró el pánico entre la coalición internacional con sus palabras del domingo, en las que ponía en duda la legitimidad dada la semana anterior. 'Lo que está pasando en Libia difiere del objetivo buscado con la zona de exclusión. Lo que queremos es la protección de los civiles y no el bombardeo de los civiles', dijo Musa tras los primeros ataques aliados sobre las tropas de Gadafi.

Musa estaba hablando en clave egipcia y como el candidato presidencial que es, en lugar de ser la voz única de la Liga Árabe. El revuelo fue tal que el primer ministro británico, David Cameron, telefoneó ayer a Musa.

'Cameron y Musa acordaron que la protección de los civiles era una prioridad y el primer ministro ha garantizado al secretario general de la Liga Árabe que la coalición estaba trabajando con el objetivo de evitar muertes entre los civiles', dijo ayer un portavoz de Downing Street.

La conversación tuvo un efecto inmediato en Musa. 'La posición de la Liga Árabe sobre Libia fue decisiva y desde el primer momento congelamos el estatus de Libia dentro de la organización. Después solicitamos a Naciones Unidas la aplicación de una zona de exclusión aérea', se justificó ayer Musa en El Cairo y en presencia del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

'Respetamos la resolución de la ONU y no tenemos ningún problema con ella, lo único que pedimos es evitar que los civiles padezcan lo que han estado sufriendo en Bengasi', dijo Musa.

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