Público
Público

La Presidencia de la República italiana: el sueño del que Berlusconi no quiere despertar

La probabilidad de que el magnate italiano ocupe el cargo más prestigioso del país es cada vez más remota, pero el "optimista" Berlusconi sigue soñando con poner el broche de oro a su carrera política.

Un hombre sostiene un cartel que dice 'Quirinal [sede de la Presidencia de la República] no es un Bunga Bunga',en una manifestación por la candidatura del ex primer ministro Silvio Berlusconi a la presidencia italiana, en Roma. REUTERS/Guglielmo Mangiapan
Un hombre sostiene un cartel que dice "Quirinal [sede de la Presidencia de la República] no es un Bunga Bunga",en una manifestación por la candidatura del ex primer ministro Silvio Berlusconi a la presidencia italiana, en Roma. Guglielmo Mangiapane / REUTERS

No es necesario explicar la ambición de poder del tres veces primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Sus citas pendientes con la Justicia, salidas de tono, acusaciones de vínculos con la mafia y demás sonados escándalos ya hablan por sí solos e incluso le valieron la inhabilitación temporal para ejercer cargos públicos. Aun así, como el Cid Campeador, Il Cavaliere sueña con volver a la arena política para gestar su última hazaña: ser presidente de la República italiana.

La coalición de derechas (Forza Italia y los ultras Hermanos de Italia, de Giorgia Meloni, y la Liga, de Matteo Salvini), que primero lo apoyaba sin condiciones, se ha ido desinflando y aboga ya por otros nombres, como la consejera lombarda Letizia Moratti o la presidenta del Senado, Elisabetta Alberti Casellati. Pero el "optimista" Berlusconi, como se ha definido últimamente, sigue empeñado en que podrá conseguir los avales de la mayoría de los electores durante el periodo de votaciones en el Parlamento.

Vista del Palacio Quirinale, sede la Presidencia de la República de Italia. REUTERS/Yara Nard
Vista del Palacio Quirinale, sede la Presidencia de la República de Italia. Yara Nard / REUTERS

El desenlace no se conocerá, al menos, hasta finales de la próxima semana. La elección del presidente de la República, que puede prolongarse durante días y se asemeja en las formas a un cónclave papal, comienza el lunes con la primera votación de 1.009 políticos, entre diputados, senadores y delegados regionales. Si no se logra el consenso entre dos tercios de los electores el proceso vuelve a repetirse en la siguiente jornada, y así sucesivamente, con la salvedad de que a partir del cuarto día basta con la mayoría absoluta, es decir, 505 apoyos. Ahí es donde Berlusconi alberga sus esperanzas, ya que lo que parece seguro es que ningún nombre convence a la mayoría cualificada.

En las elecciones al palacio del Quirinal, sede de la Jefatura del Estado, los políticos llamados a votar escriben una propuesta cualquiera en su papeleta. El voto es secreto y, aunque los partidos suelen ponerse de acuerdo en figuras de consenso de gran autoridad moral antes de acudir a la Cámara de los Diputados, la campaña como la que se ha forjado esta vez en torno a Berlusconi es insólita, mucho más tratándose de un perfil tan controvertido.

El mejor de los escenarios para él sería contar con los 451 avales de las fuerzas conservadoras, pero aún le faltarían más de 50 votos para poder adjudicarse la fumata blanca, siempre a partir del cuarto día. Desde Forza Italia no tiran la toalla: "El problema de los votos está siempre, en cualquier elección", sostienen fuentes del partido a Público.

Una insólita campaña electoral

Los rumores sobre las aspiraciones del magnate a ocupar el cargo de mayor prestigio del país, y poner así el broche de oro a su carrera política, se confirmaron definitivamente la semana pasada, cuando el periódico Il Giornale, propiedad de la familia Berlusconi, imprimió una página a todo color en la que alababa las bondades del fundador de Mediaset y se preguntaba "¿Quién como él?" para habitar la histórica colina romana del Quirinal. En medio de las conjeturas sobre su posible retirada de la carrera presidencial, el Caimán volvió a subir la apuesta comprándose otra carilla entera en el Corriere della sera.

El patriarca de Forza Italia había intensificado su actividad en redes sociales e incluso había comenzado a contactar personalmente a decenas de los 1.009 políticos con derecho a voto. "La candidatura de Berlusconi está ahí y es muy seria. Tengo noticias de parlamentarios de nuestro grupo que han recibido una llamada de Berlusconi en estos días", advertía recientemente en una tertulia televisiva Enrico Letta, cabeza del Partido Demócrata, la principal fuerza de oposición a la coalición de derechas junto con el Movimiento 5 Estrellas, del ex primer ministro Giuseppe Conte.

Silvio Berlusconi con los líderes de la Liga, Matteo Salvini, y Hermanos de Italian, Giorgia Meloni, en Roma, en octubre de 2021. REUTERS/Guglielmo Mangiapane
Silvio Berlusconi con los líderes de la Liga, Matteo Salvini, y Hermanos de Italian, Giorgia Meloni, en Roma, en octubre de 2021. Guglielmo Mangiapane / REUTERS

Berlusconi incluso se trasladó durante un tiempo desde su residencia habitual en Árcore (norte de Italia) a su casa romana, Villa Grande, que a finales de 2021 ya acogió una reunión que contó con la presencia de Salvini y Meloni, y corroboró "el entendimiento y la buena sintonía" de la coalición conservadora italiana. "El centroderecha afrontará de forma conjunta todas las próximas citas institucionales y electorales, desde la votación del jefe de Estado hasta las próximas elecciones administrativas y políticas", escribió tras aquella jornada.

Il Cavaliere estaba decidido a cumplir la promesa que un día le hizo a su madre: llegar al Quirinal.

El veto progresista a los escándalos de Berlusconi

El bloque progresista tampoco lo tiene fácil, pues sus cálculos oscilan entre los 415 y los 459 votos, dependiendo de si cuentan o no con el apoyo de Italia Viva, el partido de otro ex primer ministro, Matteo Renzi. Aunque es igual de tajante que la derecha en su respuesta: no apoyará bajo ningún concepto al líder de Forza Italia, con una larga trayectoria de escándalos y procesos judiciales.

El presidente de Italia Sergio Mattarella y el primer ministro Mario Draghi, en un encuentro en Milán. REUTERS
El presidente de Italia Sergio Mattarella y el primer ministro Mario Draghi, en un encuentro en Milán. REUTERS

Uno de ellos, el caso Ruby, sigue sin resolverse y parece posponerse sine die. En varias ocasiones, el aplazamiento se ha debido a curiosas coincidencias con ingresos hospitalarios rutinarios del acusado, de 85 años y con problemas cardíacos; pero esta vez la defensa ha alegado la situación pandémica y el juicio se ha pospuesto al 16 de febrero. Berlusconi se enfrenta a una acusación de compra de testigos para otro proceso en el que se le juzgaba por presunta incitación a la prostitución de menores y en el que fue finalmente absuelto. Aquella vez estaba acusado de pagar por sexo a la bailarina marroquí, de entonces 17 años, Karima Ruby El Mahroug, apodada  Rubacuori (Rompecorazones) por la prensa italiana, una de las invitadas recurrentes a sus polémicas noches del "bunga bunga" en su mansión de Árcore.

En este punto de incertidumbre, cualquier opción para el Quirinal se antoja complicada. Sergio Mattarella, el actual presidente, de 80 años, se ha cansado de repetir que no quiere continuar en el cargo, mientras que la elección del actual jefe del Ejecutivo, Mario Draghi (74), quien se autodefine como "un abuelo al servicio de la República", haría tambalear la legislatura y podría llevar a una nueva crisis de Gobierno a un año y medio de las próximas elecciones.

La solución a la ecuación pasa únicamente por el difícil entendimiento de los parlamentarios. Los conservadores critican el veto rotundo a cualquier aspirante de su signo político por parte de los progresistas, que exigen que las propuestas de nombres no sean partidistas.

Acabe como acabe el asunto, lo que es casi seguro por las leyes de la biología es que Il Cavaliere está viviendo su último sueño político. Puede que su empeño sea solo una táctica para no despertar.

Más noticias de Internacional