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Los rebeldes libios recuperan enclaves estratégicos

Los ataques de los aliados contra el régimen de Gadafi permiten que los insurrectos avancen hacia el oeste y acechen Sirte, la ciudad natal de Gadafi, donde se han empezado a registrar los primeros bombardeos

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Más de 200 kilómetros en apenas 36 horas. Los bombardeos de los aliados han hecho posible que los rebeldes libios hayan recobrado el espíritu de la victoria y prosigan con su avance en detrimento de las fuerzas de Gadafi, que huyen en desbandada. En poco más de un día, los insurrectos han recuperado varios puntos estratégicos.

Si ayer tomaron dos ciudades clave, Ajdabiya a Briga, hoy se han hecho con el control del enclave petrolífero de Ras Lanuf y de la ciudad de Ben Yauad, situada muy cerca de Sirte, la ciudad natal de Gadafi, y que los rebeldes pretenden atacar mañana. Según Al Yazira, se han registrado varias explosiones en la ciudad, previsiblemente fruto de nuevos ataques de la coalición internacional. Asimismo, la agencia estatal libia Jana informa de que los bombardeos también se han producido en Trípoli, la capital libia.

Durante su ofensiva de hoy, las columnas rebeldes han alcanzado el punto más al oeste donde fueron repelidos y mantuvieron los combates más encarnizados con las tropas gadafistas entre el 6 y el 8 de marzo, cuando emprendieron su contraofensiva que les llevó hasta las inmediaciones de la capital rebelde de Bengasi, hace ocho días.

Las fuerzas de Gadafi apenas opusieron resistencia 

Asimismo, un corresponsal de Al Yazira contaba que las fuerzas del dictador apenas opusieron resistencia y se han empezado a replegar en Sirte. El control de esta ciudad puede decantar los enfrentamientos hacia los rebeldes, respaldados con el apoyo aéreo internacional, y hacer tambalear el régimen del dictador que ya dura más de 41 años. 'Sirte es la clave -el portavoz de los revolucionarios Muhamad Mergirby-, porque si cae tendremos el camino abierto a Trípoli'.

En Sirte es donde Gadafi acostumbraba a recibir y agasajar a sus huéspedes preferidos y era considerado uno de sus principales feudos tribales. También fue sede de algunos departamentos ministeriales, con un majestuoso centro de convenciones donde el dictador celebraba sus devaneos como líder regional panárabe con aspiraciones continentales, aloja también importantes depósitos de armamento.

Los restos de camiones y blindados calcinados en la carretera que conduce desde Ajdabiya a Briga denotaban la precisión de los impactos de la aviación, pues nada alrededor de los blancos alcanzados presentaba muestras de combates, ni restos que no fueran de los vehículos destruidos o cráteres. El acceso oeste de Ajdabiya era el único lugar que sí presentaba los rastros característicos de los enfrentamientos en tierra y el fuerte olor a quemado aún espesaba el aire.

Mientras, las fuerzas de Gadafi han centrado sus ataques en Misurata. 'La ciudad está siendo atacada. La ciudad y la zona del puerto, en la que hay miles de trabajadores. No sabemos si es artillería o morteros', relata a Reuters un vecino de la localidad. 

'Libia es una familia y Gadafi no tiene familia', dice un niño de 15 añosSaled Farad, un ingeniero rebelde, con tres hijos en el frente y un cuarto que regresa hoy de Estados Unidos para sumarse a la lucha, dijo 'damos las gracias a Sarkozy'. Un niño de no más de 15 años, con su fusil en ristre, Yima Atia manifestó por su parte 'mis padres estás orgullosos de mi. No tengo miedo'. Para este pequeño rebelde 'Libia es una familia y Gadafi no tiene familia'.

A primeras horas del día el camino de Bengasi a Ajdabiya se convirtió en una suerte de peregrinación de vehículos con familias al completo que se detenían para hacerse fotos junto a los carros de combate calcinados y las celebraciones eran igual de estruendosas que cuando los rebeldes mantenían la iniciativa militar.

Las gasolineras presentaban largas colas de vehículos para repostar mientras algunos coleccionistas hacían acopio de cualquier resto de la maquinaria bélica gadafista destruida en los ataque aéreos. Un lanzacohetes destruido, carros de combate y blindados de transporte alcanzados eran los rastros más visibles del castigo aéreo y el lugar de encuentro de jóvenes revolucionarios que bailaban con sus fusiles de asalto, ataviados con prendas militares, pañuelos palestinos y banderas monárquicas.