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El superviviente Macron intenta marcar el camino de la UE

El dirigente centrista aspira a aprovecharse de la crisis del bipartidismo en Europa para reforzar su influencia en Bruselas. Pero la nueva coalición entre socialistas y liberales no cuestiona la vocación neoliberal de la UE.

Emmanuel Macron en una foto de archivo | EFE/ Ludovic Marin

Funámbulo. Último cartucho del establishment. Superviviente. La trayectoria del presidente francés, Emmanuel Macron, se ha visto marcada por la fortuna. Cuando lanzaba una moneda en el aire, siempre le salía cara. Los resultados de las elecciones europeas en Francia contradijeron, sin embargo, esta tendencia: la ultraderechista Reagrupación Nacional (23%) se impuso ante la formación del joven dirigente (22%). Pero el crecimiento electoral de los liberales a nivel europeo y la decadencia de las fuerzas del bipartidismo en Europa le han dado una nueva oportunidad para reforzar su influencia en el proyecto europeo.

Tras dos años en el Elíseo, el balance de Macron a nivel europeo ha resultado modesto. Aunque el influyente semanario británico The Economist lo presentó en 2017 como "el salvador de Europa", la realidad es que prácticamente no ha logrado aliados sólidos ni avances significativos de sus reformas en clave federal de la Unión Europea. Creación de un presupuesto específico para la zona euro, un impuesto especial para los gigantes de internet, listas transnacionales para el Parlamento Europeo… Es larga la lista de sus promesas rechazadas por sus socios europeos o aceptadas a cambio de vaciarlas de su ambición inicial.

"Macron se encuentra en una situación contradictoria en Europa, puesto que está debilitado a nivel nacional en Francia, pero ahora se ha visto reforzada su capacidad para negociar en Bruselas", explica el analista Christophe Bouillaud. Por un lado, la candidatura de La República en Marcha fracasó en su objetivo de quedar por delante de la ultraderecha de Marine Le Pen. Una derrota es una derrota, aunque desde la formación macronista intentaron imponer el relato de que los resultados del 26 de mayo representan un triunfo al haber obtenido un resultado correcto (22%) y, sobre todo, por el descalabro de Los Republicanos (el equivalente del PP en Francia) con solo el 8% de los sufragios, que deja al macronismo con la hegemonía de la derecha moderada.

Pero, por el otro, el presidente francés puede ejercer de bisagra en la nueva "gran coalición" formada por populares y socialistas, pero también por liberales y quizás los verdes. "Macron confía con que se produzca una recomposición del paisaje político europeo en el que liderará esta nueva gran coalición, cuyas únicas oposiciones serían las formaciones ultraderechistas de las que también formaría parte el húngaro Viktor Orbán (hasta ahora asociado a los populares europeos) y la izquierda radical (Podemos, Francia Insumisa, etc)", explica Bouillaud, profesor en Sciences Po Grenoble.

Pugna entre Macron y Merkel

No obstante, las intenciones de Macron de liderar una nueva "gran coalición" se confrontan con un escollo nada despreciable: las reticencias de la Alemania de Angela Merkel. Tanto la CDU de la canciller alemana como el grupo del Partido Popular europeo siguen defendiendo la designación del bávaro Manfred Weber como presidente de la Comisión Europea. El delfín de Merkel en Bruselas debería ser elegido si se respeta la tradición del spitzenkandidaten. Aplicada en 2014, esta lógica concede la presidencia de la Comisión Europea al líder del grupo parlamentario más votado en las elecciones europeas.

"Hemos decidido esta noche que no habrá de forma automática un spitzenkandidaten", aseguró Macron el martes tras la cena de los líderes europeos en Bruselas. "Necesitamos a dirigentes fuertes que tengan una legitimidad y una experiencia fuertes", añadió el dirigente centrista, quien de manera implícita puso su veto a la candidatura del alemán Weber: "Deben saber qué es un poder ejecutivo". A diferencia de Jean-Claude Juncker o sus antecesores José Manuel Durâo Barroso o Romano Prodi, el candidato de los populares europeos no cumple con la condición no escrita de que para presidir la Comisión hace falta haber ejercido como primer ministro.

Aunque Merkel sigue apostando por Weber, tanto los liberales como los socialistas europeos se oponen a su candidatura

Aunque Merkel sigue apostando por Weber, tanto los liberales como los socialistas europeos se oponen a su candidatura. Tras haberse reunido pocos días antes de los comicios del 26 de mayo con el primer ministro portugués, el socialista Antonio Costa, Macron recibió el pasado lunes a Pedro Sánchez en el Elíseo para certificar esta alianza socioliberal. Cuenta con los dirigentes socialistas para hacer una pinza a los conservadores de Merkel y así forzarles a designar a otra persona al frente de la Comisión. Sin revelar el nombre de su candidato preferido, el dirigente centrista elogió los nombres de la liberal danesa Margrethe Vestager, el francés Michel Barnier (responsable de las negociaciones por el Brexit) o el socialdemócrata holandés Frans Timmermans.

Equilibrio de fuerzas 

Actualmente, la relación de fuerzas se encuentra equilibrada en el Consejo Europeo. Por un lado, Merkel cuenta con otros seis jefes de gobierno conservadores fieles a sus posiciones. Por el otro, la alianza socioliberal liderada por Macron está compuesta por nueve dirigentes centristas y cinco socialistas. Estos no suman, sin embargo, el número de apoyos necesarios para designar a un comisario europeo sin la aprobación de los conservadores alemanes. El nuevo presidente de la Comisión no solo necesitará los votos de una mayoría absoluta de los eurodiputados, sino también de una mayoría calificada en el Consejo Europeo. Es decir, un mínimo de 15 de los 28 jefes de estado que representen al 65% de la población.

"Hemos pedido a Donald Tusk (presidente del Consejo Europeo) que inicie una concertación entre el Consejo y el Parlamento", explicó Merkel. Junto con otros seis jefes de gobierno europeos —Pedro Sánchez es uno de ellos—, Tusk tiene como objetivo encontrar a un candidato de consenso para presidir la Comisión antes de la próxima cumbre en Bruselas, prevista para el 21 y 22 de junio. Durante las próximas semanas, tendrá lugar una partida de póker para escoger a los responsables de las instituciones europeas. Además de la presidencia de la Comisión, está en juego la del Consejo, del Parlamento, el Alto Responsable para Asuntos Exteriores y del Banco Central Europeo, cuyo presidente Mario Draghi abandonará el cargo en otoño.

Este baile de sillas se produce en un contexto de confrontación soterrada, pero cada vez más evidente, entre Macron y Merkel

Este baile de sillas se produce en un contexto de confrontación soterrada, pero cada vez más evidente, entre Macron y Merkel. La canciller alemana reconoció el pasado 15 de mayo su "confrontación” con el joven presidente y la existencia de "diferencias de mentalidad" y "en la comprensión de su rol". Aunque el dirigente centrista apostó por una batería de medidas neoliberales en Francia para demostrar su voluntad reformista a los conservadores alemanes, estos vetaron prácticamente todas las propuestas de Macron a nivel europeo. "No ha obtenido ninguna de sus demandas, ni el presupuesto de la zona euro ni las listas transnacionales. No ha querido mantener un verdadero pulso con Merkel", critica Sophie Rauszer, candidata de la Francia Insumisa en las europeas.

¿Un cambio cosmético en las políticas europeas?

Tras la acumulación de decepciones en la política continental, Macron no disimula sus diferencias con los conservadores alemanes. Ahora confía en aprovecharse de la caída electoral de los populares —contarán con 177 eurodiputados tras haber perdido más de 40 escaños— y el crecimiento en 22 representantes de los liberales (hasta 107) para reequilibrar el dominio de los conservadores sobre las instituciones europeas. Al final de la actual legislatura, los populares disponían la presidencia de la Comisión, del Consejo o el Parlamento. Además, algunos puestos clave en Bruselas, por ejemplo, el secretariado general del Parlamento y el de la Comisión, estaban en manos de dirigentes de la CDU de Merkel, como el influyente Martin Selmayr.

Si Macron logra colocar a la presidencia de la Comisión a un candidato afín a sus intereses, ¿esto supondrá un cambio de rumbo en las políticas neoliberales de la UE? Nada invita a creer en ello. "Estos nombramientos (de los nuevos cargos de las instituciones europeas) deben hacerse a partir de una plataforma programática”, defendió Macron, quien propuso cuatro ejes: "La urgencia climática", "la construcción de un nuevo modelo de crecimiento y progreso en Europa", la "protección" en materia de seguridad, inmigración y defensa y "profundizar en la zona euro".

Sin embargo, las promesas en materia económica del presidente francés, que en su programa electoral en 2017 reivindicaba transferencias masivas de los países del norte a los del sur del viejo continente para reequilibrar la maltrecha zona euro, "se confrontarán probablemente con las reticencias de los gobiernos liberales de la Europa del norte", explica Bouillaud. Los gobiernos de Holanda, Finlandia, Dinamarca, Irlanda o Letonia —conocidos como el "frente hanseático"— ya se opusieron recientemente a favorecer una mayor harmonía social y fiscal dentro de la zona euro.

En cambio, las propuestas de Macron contra el cambio climático sí que pueden tener una mayor influencia. En su tribuna publicada a principios de marzo en periódicos de todos los países de la UE, el joven presidente proponía crear un Banco Europeo del clima para financiar la transición ecológica o reducir a la mitad el uso de pesticidas antes de 2025.

Este tipo de medidas podrían estar presentes en el programa del próximo presidente de la Comisión, pero su ambición dependerá de la letra pequeña y los recursos que se destinen a ellas. Solo hace falta recordar el famoso plan Juncker. Presentado en 2014 como un "new deal" europeo, este proyecto para impulsar las inversiones público-privadas ha tenido unos efectos modestos, tras favorecer un crecimiento del PIB del viejo continente del 0,6%.

Ante la caída de las fuerzas del bipartidismo y el crecimiento de liberales y verdes, tendrá lugar un lavado de cara al frente de las instituciones europeas. Pero nada hace pensar que se trate de un cambio de rumbo en la Europa neoliberal. Más bien un barniz verde y morado (mayor presencia de mujeres en puestos de poder para apuntalar la "gran coalición".

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