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Trump pone en marcha la maquinaria para declarar "organización terrorista" a los Hermanos Musulmanes

El debate acerca del ‘islam político’, candente en el mundo árabe y en Occidente, ha adquirido más actualidad después de que Donald Trump haya pedido a sus asesores que estudien la posibilidad de declarar “organización terrorista” a los Hermanos Musulmanes. La discusión no será fácil de resolver puesto que los Hermanos Musulmanes son un grupo “difuso”.

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El presidente de Estados Unidos Donald Trump en la Casa Blanca. / REUTERS - CARLOS BARRIA

A finales de abril The New York Times reveló que el presidente Donald Trump ha pedido a sus consejeros que estudien en profundidad la posibilidad de declarar organización terrorista a los Hermanos Musulmanes. No es una idea nueva; ya la consideró el presidente George Bush hijo, que finalmente la abandonó para centrarse en al Qaeda.

Esta vez Trump se hizo eco de una petición directa que unos días antes le formuló el presidente de Egipto, Abdel Fattah al Sisi, quien ha declarado una guerra sin cuartel contra el llamado islam político que representan los Hermanos Musulmanes, organización que está presente en ocho parlamentos de Oriente Próximo, y que ha condenado la violencia en numerosas ocasiones en los últimos años.

No está claro si finalmente se aprobará la iniciativa de Trump. En el Senado y el Congreso no todo el mundo está de acuerdo. Algunos apoyan la idea mientras que hay senadores y congresistas que piden que se distinga país por país, puesto que no todos los casos son iguales. Se da la paradoja que Estados Unidos (como Arabia Saudí o Israel) han apoyado a los Hermanos Musulmanes que combaten contra el gobierno de Damasco.

En otros países, es decir fuera de Siria, los americanos han adoptado una actitud más belicosa. En el caso de Egipto, donde la administración Trump y el gobierno israelí apoyan sin miramientos a al Sisi, existen muchas probabilidades de que se acabe metiendo al islam político en la lista de organizaciones terroristas.
Se debe considerar esta iniciativa de Trump en el marco de una lucha sin cuartel contra el islam político que se ha declarado en Occidente. Hace solo unos días, el presidente Emmanuel Macron declaró que “el islam político quiere escindirse de nuestra república”, y unas ideas similares están presentes por todo el continente, además de Estados Unidos.

En algunos países como Túnez, el islam político ha adquirido una voluntad democrática. El movimiento al Nahda, inspirado por los Hermanos Musulmanes, es uno de los casos más citados de esta tendencia nueva en la que el islamismo político abraza abiertamente principios democráticos, especialmente los resultados de las urnas.

Los Hermanos Musulmanes están prohibidos en Rusia, Siria, Egipto, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein

Otro caso citado es el de Egipto después de la revolución de 2011, donde Mohammad Morsi, de los Hermanos Musulmanes, fue elegido presidente en unas elecciones limpias. No obstante, es preciso decir que las urnas no son el único componente democrático, y que hay otros componentes tan esenciales como el recuento de votos, como la voluntad de respetar a quien no es islamista. En el Egipto de Morsi, había indicios suficientes para pensar que se había iniciado un proceso de islamización del país sin respetar a quienes no compartían esas ideas.

El problema con el islam político, como también ocurre con el nacionalismo político, es que son ideologías doctrinales excluyentes que no deberían tener cabida en las sociedades avanzadas del siglo veintiuno. Mientras en Europa no tiene ninguna justificación el nacionalismo político, en el mundo árabe, que políticamente está más atrasado, hay quienes defienden que el islam político todavía se puede justificar.

En el caso del Egipto de Morsi, la democracia solo era aparente. Ciertamente, lo mismo puede decirse del Egipto del presidente al Sisi, donde existe una fuerte represión del islamismo político, que ha sido totalmente excluido del juego político. El coste social que para Egipto está teniendo esta confrontación es muy elevado, si bien quizá sería más elevado si hubiera un gobierno islamista.

Hasta ahora, los Hermanos Musulmanes están prohibidos en Rusia, Siria, Egipto, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. En esos países árabes representan un peligro considerable para el poder establecido, a pesar de que los Hermanos Musulmanes insisten en que han renunciado a la violencia y aspiran a que se celebren elecciones libres donde la población elija el gobierno.

Hamás ha reiterado su renuncia a la violencia, aunque mantiene resistencia contra Israel

El senador republicano Jim Risch ha calificado a los Hermanos Musulmanes de “organización difusa” que en algunos países puede calificarse de “terrorista”. El ejemplo más claro de “terrorismo” sería Hamás, la organización palestina que resiste mediante las armas a la ocupación israelí, un caso especial en Washington debido a la enorme influencia política del estado judío.

Hamás ha reiterado una y otra vez que renuncia a la violencia, aunque mantiene la resistencia contra Israel con el fin de poner fin a la ocupación militar que, en el caso de la Franja de Gaza, es particularmente violenta con los dos millones de palestinos que residen en el enclave, contando, claro, con el apoyo de Estados Unidos y Europa.

Un documento interno de la CIA revelado por el portal de Estados Unidos Politico en 2017, señalaba que los Hermanos Musulmanes rechazan el terrorismo de al Qaeda y del Estado Islámico. Curiosamente, Estados Unidos e Israel han apoyado y armado sin demasiados escrúpulos a los yihadistas de al Qaeda en Siria, algo que siguen haciendo hoy en la provincia rebelde de Idlib.

El problema principal con respecto a los Hermanos Musulmanes es que donde tienen una presencia significativa contribuyen a crear un clima islamista donde aparecen grupos yihadistas dispuestos a llevar a cabo una lucha armada para imponer sus ideas.

El hecho de que la mayor parte de las organizaciones del islam político acepten la prevalencia de las urnas no es suficiente para cumplir los parámetros democráticos básicos: también deberían aceptar que el islam, como los nacionalismos, no tiene derecho a imponer su doctrina a quienes piensen de otra manera. Este es el talón de Aquiles del islamismo político y del nacionalismo político, en el mundo árabe y en Europa.