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La UE estudia crear un 'espacio Schengen' para la libre circulación de recursos armamentísticos y fuerzas militares

Los países europeos comienzan a abrir pasillos de transporte armamentístico para "mejorar la movilidad de la industria". Mientras, el centro de vigilancia de la OTAN hacia el Kremlin de la Guerra Fría vuelve a estar operativo en Bruselas.

Imagen de archivo de unas maniobras del Ejército alemán, a 7 de diciembre de 2022.
Imagen de archivo de unas maniobras del Ejército alemán, a 7 de diciembre de 2022. EP

El Cuartel General Supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa (SHAPE, según sus siglas en inglés) con sede en Mons, al norte de Bélgica, no solo es el Alto Mando Operativo de la OTAN, el brazo ejecutor y de control de todas y cada una de las misiones del club atlántico. Es también el centro neurálgico de cualquier táctica oficial de la Alianza contra Rusia. El enemigo público número uno durante la Guerra Fría vuelve a provocar los mayores quebraderos de cabeza del generalato de la OTAN después de que se le quitara al Kremlin este cartel durante la calma geoestratégica que se generó en el orden mundial desde el 11S hasta algún tiempo antes de la invasión rusa de Crimea, en 2014.

Tanto es así que la Rusia de Vladimir Putin se llegó a caer del pódium de amenazas latentes del SHAPE que ocuparon a lo largo del bienio previo a la pandemia las llamadas tres "C": China, la ciberseguridad y la crisis climática. Fue la lista de grandes peligros que su cúpula militar llegó a barajar como sus desafíos geopolíticos del siglo XXI. Hasta que comprobaron que Putin no se iba a contentar con la conquista de la península de Crimea. En el verano de 2022, señalan varias fuentes militares del cuartel general de Mons a Foreign Policy, "se temió que el pistoletazo de salida de la guerra a gran escala desatada por Putin en Ucrania acabaría desplegando a cientos de miles de soldados aliados a combatir contra el Ejército ruso".

La OTAN admite haber retomado las "directrices y la dirección" de sus estrategias de la Guerra Fría

El general estadounidense de cuatro estrellas Christopher Cavoli, el comandante supremo aliado en Europa de la OTAN y del EUCOM, ordenó que no era oportuno responder a las hostilidades. Sin embargo, algo ha cambiado en su funcionamiento interno. El coronel Bryan Frizzelle, al mando del proyecto estratégico defensivo de SHAPE, así lo corrobora a esta publicación diplomática americana. Porque sus "directrices" y la "dirección" de sus esfuerzos y recursos "se han conectado de nuevo" ante la "necesidad de volver a comandar" la defensa de Europa.

Desde entonces, una vorágine casi vertiginosa se ha instalado en Mons. Porque las fuerzas de la OTAN han restablecido su viejo estandarte de planificar la seguridad del continente con misiones y ejercicios militares en los que Rusia vuelve a estar en el punto de mira. Este año "se ha activado la maquinaria de guerra", asegura Becca Wasser, analista del Center for a New American Security (CNAS), un think-tank de Washington, al calor de los incrementos de los gastos en defensa y de la reactivación de la industria de armas. Aunque "llevará décadas; potencialmente, varias".

Wasser enfatiza la delicada travesía europea por el desierto. Por un lado, bajo el temor a que se catapulte aún más la industria militar de Rusia, dice Wasser, que opera casi a una velocidad de crucero y que se ha convertido en el gran sustento del PIB ruso para que se mantenga en números negros. Y, por otro, bajo las nada veladas amenazas de Donald Trump a una hipotética interrupción de ayuda militar americana a Europa en caso de que se active el Artículo 5 del Tratado atlántico, el que apela a la defensa mutua, por el grado de incumplimiento de los recursos militares de alguno de ellos. O, dicho de otro modo: a todos aquellos socios que gasten en defensa por debajo del 2% de su PIB. Un límite verbalizado, aunque nunca oficializado por el club aliado.

Todo ello induce a pensar, aclara esta experta, "si la OTAN tiene realmente tiempo para hacer una reflexión, aunque sea somera, sobre esta cuestión que determinará su futuro inmediato".

El centro operativo de Mons es como un búnker, dicen quienes han entrado en sus instalaciones. Es el cerebro estratégico de la OTAN; de sus tres millones de soldados y del centenar de sus divisiones armadas en Europa. Este cuartel supremo fue el que movilizó cazas, tanques y el que ordenó la agrupación de tropas, de más de 8.000 efectivos de una treintena de países, en el flanco oriental cuando el Kremlin deslizó su Ejército, con más de 100.000 combatientes, para invadir Ucrania a finales de 2021 y comienzos de 2022.

La UE "ha activado la maquinaria de guerra", asegura Becca Wasser

En aquellos meses, el SHAPE estaba en estado de máxima alerta e informando a Jens Stoltenberg, su secretario general, del 80% de su trabajo de recopilación de datos y de sus análisis sobre las posibles respuestas militares y de inteligencia frente a la amenaza rusa en sus fronteras externas del continente. Desde la opción de emprender una campaña aérea, con incursiones frecuentes como en las contiendas de Bosnia, Kosovo, Libia o Afganistán, y con la alternativa, descartada, de desplegar fuerzas de contención terrestres para paralizar la afluencia de tanques rusos hacia territorio ucraniano. De repente, las simulaciones urgentes empezaron a proliferar entre su cúpula militar. Como nunca desde los años noventa.

"La clave era desenterrar la capacidad de infligir daño real a Moscú" admite Ben Hodges, antiguo responsable del Ejército estadounidense en Europa, quien aduce un argumento contundente: "Si queremos evitar la terrible decisión de que Rusia ataque suelo aliado en el Viejo Continente, necesitamos movernos más rápido que ellos". Sobre este asunto giran las funciones operativas en Mons, precisa a esta publicación especializadas en asuntos exteriores y de seguridad.

Los pasillos del 'Schengen' militar

En este contexto, la libre circulación de armas y efectivos, un Schengen militar, no suena una idea descabellada. Al menos para los aliados bálticos y limítrofes con Rusia, como Polonia. De hecho, la libertad de tránsito de fuerzas atlánticas sucede de manera habitual. Por ejemplo, en enero dio inicio la Steadfast Defender, como se denominan las maniobras de la OTAN en torno a las fronteras orientales polacas que durarán hasta mayo y que movilizarán más de 90.000 efectivos (la mayor demostración de la alianza en 36 años) con ejercicios de asalto a ambas orillas del río Vístula. Sólo un tercio serán soldados estadounidenses, porque su Armada está desplazada en las costas noruegas para protagonizar un simulacro de batalla naval desde el buque de desembarco USS Gunston Hall.

“Estamos en la era militar Schengen", señala Siemtje Möler, secretaria de Estado alamana de Defensa

"Estamos en la era militar Schengen". Esta tajante afirmación la realizó, casi a finales de enero, Siemtje Möler, secretaria de Estado de Defensa de Alemania. Es la primera vez que un político europeo reconoce la existencia de una visa militar a tropas, vehículos acorazados o material armamentístico; es decir, un espacio de tránsito de armas sin restricción ni controles aduaneros, como ya existe para los ciudadanos de la UE. A finales de enero se firmó un pasillo de transporte armamentístico entre Alemania, Países Bajos y Polonia para "mejorar la movilidad de la industria" en Europa.

La idea original se esbozó tras la anexión rusa de Crimea, en 2014, y diez años después (y dos de la invasión de Ucrania) ha obtenido el rango de proyecto, al que se le justifica como estrategia de reacción rápida para la circulación efectiva del armazón militar atlántico: "Una de las lecciones aprendidas de la Guerra Fría" con el Kremlin.

El juego geoestratégico de la distensión vuelve a emerger

Anchal Vohra, columnista de Foreign Policy, lo resalta en un reciente análisis. También con las palabras de Hodges, el teniente general estadounidense que primero propuso un Schengen para Europa en el orden militar y que, avisa, "se ha vuelto una constante en las últimas conferencias de seguridad de Múnich". En su opinión, sería un acierto: "Daría a la OTAN la habilidad de mover con celeridad y en tiempos de crisis" y contribuiría a "apuntalar la doctrina de la disuasión frente a Rusia". Además de "conceder" al club atlántico "capacidad real, no solo de equipos y tropas, sino para acelerar los suministros, las municiones o el combustible" de igual manera que ocurre con el Ejército de Putin.

Hodges alaba el pacto entre Alemania, Países Bajos y Polonia como un "gran comienzo" y afirma que "muchos otros pasillos están en negociación" y citó, como ha hecho el jefe del Estado Mayor búlgaro, el almirante Emil Eftimov, el que conectará Grecia con Rumanía o el que pretende unir el mar Adriático a través de Albania y Macedonia del Norte. "Son propuestas que abrirían de par en par las rutas, en términos de infraestructuras, además de permitir la circulación de piezas de artillería y de otros materiales de la industria militar sin trabas legales ni burocráticas", asegura el ex responsable militar de la OTAN en Europa.

La existencia de leyes europeas con recursos financieros suficientes potenciará la industria militar

"La liberalización del espacio comunitario para el tránsito militar es objeto de un debate intenso y recurrente desde 2015", admite Tomasz Szatkowski, representante permanente de Polonia en la OTAN. Pero sobre todo ahora que la Guerra Fría con Rusia ha retornado y que los obstáculos normativos y los déficits de conexión pueden causar "retrasos decisivos" y aumentar la "tensión geopolítica" con Moscú. En línea con la apreciación de Urmas Paet, europarlamentario estonio y vicepresidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Eurocámara, que valora con un tres sobre diez el poder de movilización militar y que alerta de que, "en la actualidad, llevaría semanas enviar suministros bélicos a los estados bálticos".

De igual modo que potenciaría la industria militar europea, destaca Camille Grand, investigador del European Council on Foreign Relations (ECFR), mediante un elenco de normas mutualizadas, nacionales y regionales, siempre que haya recursos financieros suficientes y disposición política para alcanzar este objetivo, después de "décadas de inversiones en retroceso en algunos socios de la UE".

La recién desvelada Estrategia de Defensa Industrial Europea (EIDS en sus siglas en inglés) "apuesta por mayores y mejores esfuerzos y por directrices de capital y de subsidios comunes al sector militar", al tiempo que deja la puerta abierta a que el programa que llevará aparejado (el EDIP, entre 2025 y 2027) invierta 1.500 millones de euros en "fortalecer la competitividad e incrementar el poder de respuesta y de suministro" a este pilar europeo.

Una fuente militar alemana es aún más clara: "En tiempos de paz, los requerimientos europeos sobre tropas, armas y equipamiento altamente peligroso estarán vigentes; en época de guerra, los corredores serán mucho más que una carretera por la que hacer circular el material bélico".

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