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El yihadismo en el Sinaí bloquea los planes de Sisi

Una secuela del Estado Islámico es el violento yihadismo egipcio. Su principal representante, la llamada ‘Provincia del Sinaí’, es un grupo yihadista que mantiene en jaque permanente al presidente Abdel Fattah al Sisi. La organización lleva a cabo ataques contra las fuerzas de seguridad continuamente, y de manera esporádica también contra civiles.

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Imagen de archivo de un tanque en la península del Sinaí. EFE

Wilayat Sinai significa Provincia del Sinaí y es el brazo del Estado Islámico en Egipto, donde ha causado la muerte de cientos de soldados y policías. Sus incontables actividades yihadistas no sólo se han circunscrito a la península del Sinaí, sino que también se han desarrollado en El Cairo y en otras localidades del Egipto continental.

Provincia del Sinaí fue el nombre que eligieron los líderes de Ansar Bait al Maqdis, literalmente Ayudantes de Jerusalén, cuando juraron lealtad al califa Abu Bakr al Bagdadi, lo que ocurrió en noviembre de 2014, para declararse representantes del Estado Islámico en el Sinaí, donde han mantenido su base principal hasta el día de hoy.

La organización cuenta con varios líderes destacados entre los que se encuentra Abu Osama al Masri, que se formó con grupos radicales palestinos en la Franja de Gaza y con los yihadistas del Estado Islámico en Siria. La organización cuenta con centenares de yihadistas y no le faltan voluntarios. Algunos señalan que su número ronda el millar, entre los que hay expertos en armamento y explosivos, y también líderes con una sólida formación universitaria.

Provincia del Sinaí es la principal pesadilla del presidente Abdel Fattah al Sisi, por delante incluso de la economía, aunque una y otra guardan una estrecha relación. Sisi ha destinado a millares de soldados y policías a para acabar con la organización pero no lo ha conseguido. De hecho, da la impresión de que Provincia del Sinaí es cada vez más fuerte a pesar de haber perdido a cientos de hombres en los últimos tres años.

Una de sus últimas operaciones, este mes de julio, consistió en trufar un vehículo con cien kilos de explosivos. El vehículo explotó instantes después de ser arrollado por un tanque del ejército. Cuatro yihadistas que iban en el interior y siete civiles de los alrededores murieron en el ataque, que ocurrió el 18 de julio y no trascendió hasta una semana más tarde. Esta es la versión de las autoridades, pero naturalmente no todos los egipcios se la creen.

Los medios digitales, especialmente los del Sinaí, están vigilados y perseguidos por las autoridades. En la práctica apenas pueden funcionar puesto que el norte del Sinaí está sin luz la mayor parte del día. También escasea el agua en la zona. Estos problemas diarios ayuda a que exista una marcada oposición a lo que viene del otro lado del Canal de Suez.

Las fuerzas de seguridad egipcias torturan a lo grande y los sospechosos mueren en prisión o aparecen en las cunetas. La represión es enorme. Los cristianos son a menudo quienes salen peor parados pues deben ocultar su confesión religiosa o marcharse del Sinaí. La impotencia de las autoridades para acabar con Provincia del Sinaí alimenta el apoyo que reciben los yihadistas. Se estima que cientos de personas han huido de sus casas para buscar refugio en la Franja de Gaza, uno de los lugares más inhóspitos del planeta, y millares de personas se han marchado al Egipto continental.

Las medidas de seguridad que aplica Provincia del Sinaí en sus propias filas son muy estrictas. Los miembros de cada célula solo conocen a los miembros de la misma célula y se obliga a cada uno de los yihadistas a romper todos los vínculos con sus familias. Tienen prohibido acudir a las mezquitas y por supuesto no cuentan con teléfonos celulares.

La eficacia de Provincia del Sinaí es grande. El origen de su financiación se desconoce. Algunos analistas creen que en los últimos años han recibido dinero del Estado Islámico, pero nadie ha aportado pruebas en ese sentido. Se habla también de donantes particulares de Egipto y del Golfo Pérsico, pero no hay muchas pruebas que lo confirmen.

Los yihadistas poseen armamento sofisticado, pero su origen tampoco está claro. Se ha señalado que una parte proviene de Sudán, y desde allí cruza la frontera de Egipto y sigue su ruta hasta la península. El gobierno de El Cairo también ha acusado a Hamás de proveerles armamento, aunque tampoco ha aportado pruebas convincentes.

La ideología del grupo se sustenta sobre un discurso profundamente antiisraelí que ha heredado de Ansar Bait al Maqdis, sus ancestros, pero que extrañamente apenas ha llevado a la práctica. Los atentados contra Israel han sido muy escasos y prácticamente intrascendentes, no como su actividad terrorista dentro de Egipto.
En este sentido, la Provincia del Sinaí recuerda al Frente al Nusra, el hasta hace poco brazo armado de Al Qaeda en Siria. Como Provincia del Sinaí, Al Qaeda se ha caracterizado por su discurso profundamente antiisraelí, si bien a la hora de tramar sus operaciones se ha cuidado mucho de atacar a Israel. De hecho, yihadistas del Frente al Nusra han sido atendidos en hospitales israelíes antes de ser devueltos a Siria.