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El lobo en Galicia, en el punto de mira

Una de las especies amenazas en Galicia es el lobo, quizás el mayor ejemplo de la tensa relación entre los seres humanos y la protección de la naturaleza.

Imagen de archivo de un lobo.
Imagen de archivo de un lobo. EFE

Galicia cuenta con un total de 200 especies amenazadas, unas 74 en peligro de extinción y otras 126 consideradas vulnerables. La transformación de sus hábitats, la ausencia de planes específicos de protección y la proliferación de especies invasoras hace temer por su futuro y por el buen estado de la biodiversidad en nuestro país. Pero ninguna de ellas provoca tantas tensiones, conflictos y sentimientos encontrados como el lobo, uno de los mayores ejemplos de la difícil relación entre el hombre y la conservación de la naturaleza. 

Galicia cuenta con un total de 200 especies amenazadas, unas 74 en peligro de extinción y otras 126 consideradas vulnerables. La transformación de sus hábitats, la ausencia de planes específicos de protección y la proliferación de especies invasoras hace temer por su futuro y por el buen estado de la biodiversidad en nuestro país. Pero ninguna de ellas provoca tantas tensiones, conflictos y sentimientos encontrados como el lobo, uno de los mayores ejemplos de la difícil relación entre el hombre y la conservación de la naturaleza. 

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«El lobo es una parte imprescindible de nuestros ecosistemas, baluarte de la biodiversidad del territorio y un patrimonio natural y cultural de todos los gallegos». Así lo cree Serafín González, presidente de la Sociedad Gallega de Historia Natural (SGHN) que desde hace décadas lleva reclamando la protección total del lobo en Galicia. Su afirmación es indiscutible, mismo para la propia Administración que, además de reconocer que el lobo es una «pieza clave en el equilibrio de los ecosistemas naturales», sostiene que se trata de una de las especies más emblemáticas de la cultura gallega, dando origen a numerosas leyendas e infinidad de topónimos en nuestro territorio. Incluso uno de los sectores más afectados por la presencia del lobo en Galicia, el de los ganaderos, defiende que este cumple con su función: «El lobo es un gran depredador que ejerce el control sobre otras especies como el jabalí o el corzo, evitándonos así grandes daños en las cosechas», asegura Xosé Darriba, del sindicato Uniones Agrarias (UUAA). 

¿Donde están entonces las diferencias insalvables que hacen del lobo un animal en eterna disputa? La respuesta es clara: en su gestión, enfrentando los que defienden una caza cinegética con los que apuestan por un blindaje total a través de una gestión sostenible. 

Considerado una especie de «interés humano» por la Administración, el lobo está lejos de ser incluido en el Catálogo Gallego de Especies Amenazadas y en Peligro de Extinción, aunque sí es objeto de una «atención especial», tal y como reconoce el Plan de Gestión del Lobo Ibérico en Galicia aprobado en 2008. Esta condición no lo exime de estar entre las especies a cazar en nuestro territorio. Una circunstancia que la Xunta de Galiciasolo autoriza «después de constatar incuestionablemente la existencia de daños y con plenas garantías de conservación de la población de esta especie». Esta situación llevó a numerosos ambientalistas, ecologistas y expertos a pedir la equiparación del lobo con otros grandes depredadores como el oso pardo o el lince ibérico, animales que, tras ser considerados fieras durante años, son hoy uno de los mayores ejemplos de conservación. Petición que ya es realidad en el sur del río Duero, blindando así los escasos ejemplares que aún se conservan en la Mancha, Extremadura y Andalucía.

Para la Dirección General de Conservación de la Naturaleza de la Xunta de Galicia existen dos motivos que justifican la autorización de las batidas del lobo: número de ejemplares y estragos causados. Los últimos datos disponibles para nuestra comunidad sobre la distribución y estima de población del lobo se corresponden al período 1999-2003. Estos datos apuntan a la existencia de 68 grupos familiares, que se corresponde con un número que oscilaría entre los 420 y los 620 lobos. De este modo, Galicia tendría el 26% de la población española de esta especie, solo por detrás de Castilla y León, que registra el 53% con 150 grupos estimados. No obstante, desde Conservación de la Naturaleza apuntan que a lo largo de las últimas décadas se llevaron a cabo monitorizaciones periódicas de las poblaciones del lobo, basadas en unos casos en la localización y seguimiento de las manadas y en otros en la búsqueda de indicios de la especie, tales como excrementos o rascaduras.

Los trabajos realizados en los últimos tres años (2013, 2014 y 2015) estimaron la existencia de 90 manadas reproductoras de lobos (14 de ellas compartidas con otras comunidades y Portugal). Con estas cifras como referencia, la Administración gallega considera que el lobo disfruta «de un estado de conservación saludable» por lo que «no nos encontramos ante una especie técnicamente amenazada que obligue a la ampliación de un régimen de protección distinto al actual». En cuanto a los estragos causados, Conservación de la Naturaleza cifra en 8.567 el número de reses muertas entre el 2010 y el 2015, con una media anual que se sitúa alrededor de los 1.400 ejemplares perdidos. Estas cifras son las que llevaron a la Administración a autorizar batidas puntuales en aquellas zonas donde se registraron un mayor número de ataques, siempre con fines cinegéticos y de control de la especie. 

Esta postura choca de cara con la defendida por ambientalistas y ecologistas, que apuestan por medidas alternativas a la caza para realizar una correcta gestión de la población del lobo sin que esto afecte a la ganadería. «La gestión del lobo está en manos de los cazadores». Así de rotundo se muestra Fins Eirexas, portavoz ejecutivo de la Asociación para la Defensa Ecológica de Galicia (Adega), quien critica los métodos «poco científicos» de los muestreos realizados por la Xunta. «La realidad es que no hay datos oficiales. Se barajan cifras más o menos certeras que, en ningún caso, deberían dar pie a incluir el lobo en el listado de especies a cazar», profunda Serafín González, desde la SGHN. 

El lobo en Galicia, en el punto de mira.

Adoptar métodos de prevención como el acompañamiento por parte de mastines, promover que el ganado duerma bajo cubierto, proporcionar valor añadido a los productos de zonas loberas y a la actividad turística derivada de esta especie, y asumir solidariamente los costes de conservación del lobo serían algunas de esas medidas alternativas a la caza apuntadas por los ambientalistas. Medidas recogidas en una Proposición No de Ley (PNL) presentada en marzo de 2016 por el grupo parlamentario Podemos-En Comú Podem-En Marea en el Congreso de los Diputados, en la que se reclama la protección del lobo ibérico en toda España «por motivos ecológicos, científicos, sociales, culturales y éticos». Todas ellas son una realidad en algunos territorios del Estado, demostrando así su viabilidad. 

Una de las más sobresalientes es la asunción de los costes derivados de la conservación del lobo por parte de la sociedad, lo que se traduce en indemnizaciones rápidas y generosas para los ganaderos afectados y la puesta en marcha de ayudas de carácter permanente a las explotaciones ganaderas presentes en territorios con presencia del lobo. Actualmente, la Xunta ya destina importantes partidas para paliar los daños provocados en el ganado. Por ejemplo, en 2015, esta cantidad ascendió a 360.000 euros, triplicando según la Xunta lo consignado en la anterior orden. Pero para los ambientalistas, la conservación del lobo no puede quedar a la voluntad de cada Administración, por lo que reclaman un sistema de ayudas único para todo el Estado, que cubra los gastos de los ganaderos y permita compatibilizar la existencia del lobo y el ganado en el mismo territorio. 

Los protagonistas de este conflicto lo tienen claro: «No estamos ante un problema de lucha por el territorio», defienden desde UU.AA., que recuerdan que el hombre y el lobo han convivido durante años en pie de igualdad. «En el rural estamos a favor de la conciliación y desde hace años colaboramos en la concienciación de los habitantes del rural para evitar una percepción negativa del lobo», segura Xosé Darriba. Por este motivo, además de agilizar el pago de las ayudas y eliminar la burocracia, desde UU.AA. reclaman tres medidas adicionales para acabar con la tensión en el rural: un censo real de la población, para saber cuál es la situación del lobo en Galicia; la reintroducción de los comederos en los montes —zonas habilitadas para llevar el ganado muerto o comida para que los lobos coman y no ataquen el ganado—, prohibidos a raíz de la crisis de las vacas locas; y buscar un equilibrio en las zonas de conflicto real, como en la comarca del Deza o en el Macizo Central. 

La presencia de mastines también es desde hace años algo frecuente en muchos rebaños. Incluso de burros, animales de los que la experiencia demuestra que protegen el ganado como si fuera su propia familia, enfrentándose a los lobos de una forma tan dura que convence a los cánidos de buscar una presa más fácil y menos arriesgada. La pionera en Galicia fue Casa Grande de Xanceda, uno de los mayores productores de lácteos ecológicos del Estado, que en 2009 decidió apostar por la presencia de burras para impedir el ataque de los lobos.

El turismo lobero también es una realidad. La Reserva Nacional de Caza de la Sierra de la Culebra (Zamora) es pionera en este tipo de turismo, donde se calcula que genera casi medio millón de euros anuales. «El turismo de naturaleza es un buen instrumento de conservación, siempre y cuando se realice de una forma profesional, regulada y ordenada», asegura Javier Talegón, biólogo experto en lobos y promotor del Ecoturismo Llobu, situado en plena Sierra de la Culebra. Javier puso en marcha esta iniciativa en el 2013 juntando su amor por este animal y su formación académica con el objetivo de contribuir a cambiar la percepción que la sociedad tiene del lobo. 

¿Cuál es el atractivo de este tipo de turismo? Talegón lo tiene claro: «El lobo es un animal de gran belleza, inteligencia y capacidad de supervivencia y es muy difícil de observar tras años de persecución y de adaptación a la nocturnidad para pasar desapercibido». No obstante, además de la observación a distancia, el visitante que acude a Ecoturismo Llobu lleva a cabo diferentes actividades que le permiten adquirir una visión más completa sobre este animal: hábitat, historia, supervivencia, amenazas, diferencias con otros animales… «Nuestro objetivo es que las personas se acerquen a la ecología y a la conservación de la especie», asegura Javier Talegón, quien alerta de los peligros de no realizar correctamente esta actividad. «Los lobos no se ven siempre y las personas que vienen aquí lo saben. Hay que respetar determinadas zonas y determinados momentos del año, por lo que la observación no es la parte central del turismo del lobo, sino un complemento que a veces se da y a veces no», apunta. 

Con las posiciones tan enfrentadas, el lobo seguirá estando en el punto de mira. Mas su situación, pese a su polémica, no es la única de gravedad. Galicia cuenta actualmente con un total de 200 especies incluidas en el Catálogo Gallego de Especies Amenazadas o en Peligro de Extinción. Especies que, en un futuro no muy distante, podrían desaparecer de nuestros ecosistemas. La alteración de los hábitats, con un uso intensivo del territorio y una elevada densidad de población, es una de las principales causas de desaparición de nuestra biodiversidad.

«Comparado con otras zonas del Cantábrico, el estado de conservación de los espacios naturales y de las especies en Galicia es peor. A veces, mucho peor», asegura el profesor Pedro Galán, del departamento de Biología Animal, Biología Vegetal y Ecología de la Universidade da Coruña. Esta alteración y degradación de los hábitats afecta a la flora y a la fauna por igual, poniendo contra las cuerdas a muchas especies. Este sería el caso de varios ejemplares de serpentinas, que en Galicia se concentran casi exclusivamente en la zona de Melide (A Coruña). «La planificación de varias infraestructuras están poniendo en peligro a cuatro o cinco ejemplares distintos de serpentinas que solo se dan ahí por el tipo de suelo, nocivo para muchas especies por su alto contenido en metales pesados», explica Santiago Ortiz, profesor de Botánica de la USC y uno de los autores del Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España, publicado en 2004.

En la misma situación estarían varios endemismos de la zona de la Capelada como la crepis noboana, especie cuyos poco más de 1.000 individuos se encuentran en los acantilados de la ría de Cedeira. En el caso de la fauna, el profesor Pedro Galán, especialista en anfibios y reptiles, señala el estado crítico en el que se encuentran el sapo de esporas y la tortuga europea que, a pesar de estar catalogadas como especie vulnerable y en peligro de extinción respectivamente, su futuro no es muy prometedor. 

Junto a esta situación crítica, los expertos advierten que en muchas ocasiones el conocimiento que hay sobre la biología y la demografía de las especies es nulo. «No hay datos actuales y contrastados de las poblaciones y su tendencia demográfica, por lo que de la mayor parte de las especies desconocemos cuál es su situación». Así lo asegura Jesús Domínguez, profesor del Departamento de Zoología y Antropología Física de la USC, quien apunta un segundo problema: la inexistencia de planes de conservación y gestión de las especies incluidas en el Catálogo de Especies Amenazadas de 2007, vitales para garantizar su preservación. «Las especies incluidas en el catálogo están formalmente protegidas. Pero la realidad es que en estos años no se hizo nada por ellas», apunta Domínguez. Una afirmación que corrobora Santiago Ortiz, para quien la existencia de algunas especies a día de hoy se debe a una «pura casualidad». 

Así lo apuntan también desde el movimiento ecologista, que acusa a la Xunta de «dejadez» y «falta de sensibilidad ambiental». Desde Adega, Fins Eirexas recuerda que de las 200 especies incluidas en el Catálogo de Especies Amenazadas, solo cuatro cuentan con un plan de conservación o gestión en vigor: el oso pardo, el chorlitejo patinegro, el escribano palustre y la tortuga gallega. «Es absolutamente ridículo», asegura Eirexas. «Cuatro planes en 9 años. A este ritmo, tendremos todos en 3016», apunta Serafín González desde la SGHN, para quien el catálogo gallego es además «a todas luces insuficiente». Para Adega, no obstante, lo más preocupante no es ya que 196 especies estén «desprotegidas de facto», sino que carezcan también de protección indirecta. 

Eirexas se refiere a los Planes de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN) y a los Planes Rectores de Uso y Gestión (PRUX), vitales para garantizar la buena conservación de nuestros espacios protegidos, y de los que carecen buena parte de los parques naturales gallegos. «Corrubedo, que es parque natural desde 1992, tiene un PORN que se limita a inventariar las especies que allí se encuentran, mientras que el de Gestión, casi 25 años después, sigue en redacción», asegura. La Administración gallega reconoce la tardanza que, desde la Dirección General de Conservación de la Naturaleza, explican por el trabajo que lleva la «adaptación de las propuestas técnicas (acercadas por los especialistas en la biología de las especies) por parte de los técnicos de conservación de la Administración, lo que implica también la participación de sectores administrativos y sociales implicados en las posibles medidas de conservación». 

A pesar de esta situación, Jesús Domínguez exalta la existencia de algunas excepciones como son el caso de ciertas aves —chorlitejo patinegro, el escribano palustre o el zarapito— en las que la unión de la sociedad, la universidad y la administración está posibilitando un seguimiento de los individuos de cada especie para poder paliar así su grave situación. En la deficiente conservación de la biodiversidad gallega hay que añadir un tercero factor: la proliferación de especies invasoras. Uno de los casos más paradigmáticos es, para Jesús Domínguez, la presencia del visón americano que, con su introducción en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas, tiene en jaque al cormorán moñudo. O el cangrejo americano, un voraz depredador de larvas de anfibios autóctonos como las ranas pardas, a punto de desaparecer. 

En el caso de la flora, Santiago Ortiz no tiene ninguna duda: de todas ellas, la más nociva es el eucalipto. Esta afirmación es compartida por Pedro Galán, para quien su plantación masiva, a costa muchas veces de hábitats naturales, provoca una importante degradación del medio difícilmente reversible. Una tríade nociva —degradación del hábitat, ausencia de medidas de protección y proliferación de invasoras— a la que hay que sumarle una cuarta: la falta de la concienciación por parte de la ciudadanía. Una combinación explosiva que lleva a algunas especies a estar siempre en el foco de la polémica y a otras, directamente, a su extinción. 

Este artículo se publicó originalmente en gallego en la revista Luzes . Ahora Público lo reproduce como parte de un acuerdo de colaboración con la revista. Aquí puedes encontrar más artículos de Luzes en Público