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Revista Luzes Cuando el futuro es la pobreza

María, Antón, Damaris, Cristian, Uxía, Pablo... Los niños y niñas pobres de Galicia regresarán a su rutina diaria después del verano, un día a día que ya era difícil mucho antes de la covid-19.

Niña
"En términos absolutos, los/las niños/las que viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza se concentra en las siete ciudades gallegas y en sus principales áreas de influencia". (LUZES)

LUZES-PÚBLICO | Elena Gallego Abad

María Andrade, Antón Bouza, Damaris Espinosa, Cristian Guerrero, Uxía Castro, Pablo Guzmán... Los niños pobres de Galicia podrían tener estos nombres y apellidos, aunque las estadísticas oficiales reduzcan su existencia a simples notas numéricas. María y Antón salen de la casa somnolientos, apenas lavadas las legañas y con la leche del desayuno apresurando caliente en el estómago. Los alumnos más pequeños de la última escuela rural de una olvidada comarca del interior de Galicia, que desconocen que forman parte de las estadísticas oficiales de la pobreza infantil, deben recorrer a diario varios kilómetros para asistir a las clases. La escuela unitaria de su ayuntamiento cerró las puertas el curso pasado. Hay quien dice que van a aprovechar el edificio para hacer un tanatorio, como ya aconteció en Chandrexa de Queixa.

El caso es que este curso, llueva, nieve o haga sol, la abuela de María tiene que acompañar a la nieta caminando hasta la parada del transporte escolar, donde el pequeño Antón también espera la llegada del minibús. Allí estará de nuevo Carmiña cuando regresen, ya entrada la tarde. Visto el panorama, por mucho que se hable de la posible apertura de una casa nido en otra aldea del municipio, los padres de María están pensando en vender la granja familiar y mudarse a la capital, emigrar como llevan haciendo la mayor parte de los chicos y chicas de la parroquia desde que los viejos tienen memoria. Por la casa y las huertas no les van a pagar nada, pero las vacas son buenas y tienen unos cartiños ahorrados. Se montarán un bar en la ciudad, tal vez...

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Galicia sigue siendo, en pleno siglo XXI, un país de desertores del arado. La mecanización del campo y de las tareas ganaderas, la mejora de las comunicaciones o la implantación de las nuevas tecnologías no parecen resultar bastante para fijar gente nueva en un rural que esmorece, con comarcas enteras viejas y al borde de la despoblación. Ofreciendo el campo gallego una calidad de vida que no se encuentra en las ciudades, los problemas de movilidad y la accesibilidad a servicios básicos como sanidad y educación se convierten en un escollo a la hora de frenar e intentar invertir esta tendencia. Mas, por lo que se va sabiendo en la casa de los Bouza, los tránsfugas del rural de los que se tiene noticias apenas consiguen sacar adelante a sus familias con empleos precarios, viviendo de alquiler en los barrios más humildes de distintas urbes gallegas. Solo el continuo trasiego de sacos de patatas, huevos de la casa, chorizos y otros productos de la huerta que los viejos aún cosechan en la aldea hace soportable la crisis económica en la que muchas familias siguen instaladas aún hoy en nuestras ciudades. Así va a resultar que, como reflejan los estudios estadísticos más trabajados, la pobreza infantil se evidencia menos en las zonas rurales.

Comarcas enteras sin niños ni escuelas

Aunque hoy ya tengan Internet en la casa, las familias de María y Antón no precisan consultar la web del Instituto Gallego de Estadística para enterarse de que la comarca en la que viven está perdiendo población y la cosa tiende a empeorar día tras día. Siendo así, las proyecciones de población a corto plazo que pueden consultarse en la página del IGE muestran un desesperanzador resultado, con unas cifras de crecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y defunciones) especialmente negativas en las comarcas del interior. A corto plazo, en la entrada del año 2019, Galicia superó los 2,6 millones de habitantes, cien mil por debajo de los que reflejaban las estadísticas de 1989 (hace treinta años éramos 2.751.383 gallegos). Para el 2031 la población del país no llegaría a las 2.490.000 personas.

En la entrada del año 2019, Galicia superó los 2,6 millones de habitantes, cien mil por debajo de los que reflejaban las estadísticas de 1989

Las cifras de nacimientos previstas para el 2020 se concentran, como viene siendo habitual en los últimos años, en las áreas geográficas de la costa y principales ciudades gallegas, mientras que las tasas de mortalidad más elevadas corresponden a las áreas del interior de Lugo (Quiroga, A Fonsagrada y Os Ancares) y Ourense (Terra de Caldelas, Trives, Baixa Limia y Celanova). De los 17.035 nacimientos previstos en Galicia por las estadísticas, la mayor parte se concentrará en las áreas geográficas de A Coruña (3.107), Vigo (2.921) y Santiago de Compostela (1.402), seguidas de lejos por el área de Ourense (948), Pontevedra (910) y Lugo (830). El futuro se complica para Terra de Caldelas (7 nacimientos), a Baixa Limia (10), Terra de Trives (10) o Viana (17), A Fonsagrada (11) o Meira (16).

De consumarse el desastre que profetizan las frías estadísticas para la próxima década, en toda la comarca de Terra de Perras (313,25 kilómetros cuadrados) en el 2031 apenas se contabilizará una decena de niños con edades comprendidas entre los 0 y los 4 años. Y eso, si las familias de María y Antón, que habían querido tener más hijos cuando la economía mejore un poco, deciden quedarse.

Miserias urbanas

"En términos absolutos, los/las niños/las que viven en hogares por debajo del umbral de la pobreza se concentra en las siete ciudades gallegas y en sus principales áreas de influencia". Así de rotundo se recoge en el estudio El estado de la pobreza infantil en Galicia, hecho en 2014 por la Consellería de Trabajo y Bienestar, a través de la Dirección General de Familia e Inclusión. El trabajo, realizado en base a los datos cuantitativos acercados por el Instituto Gallego de Estadística, hace un análisis cualitativo en la que participaron personas expertas de las universidades gallegas y de entidades de iniciativa social, así como profesionales del ámbito educativo.

Damaris Espinosa lleva días ayudando a su madre a buscar los libros que precisa para el nuevo curso en Internet, porque no quiere pedírselos prestados a nadie y no tienen dinero bastante para comprarlos nuevos. Sus trabajos de limpiadora le permiten abonar el alquiler del pequeño piso de las afueras en el que residen desde que llegaron a Galicia, pagar el recibo de la luz y el teléfono, comer caliente todos los días y poco más. Ahora, con la llegada del nuevo curso, la niña almorzará gratuitamente en el comedor escolar, después de conseguir una bolsa de ayuda de su ayuntamiento. Más de 75.000 niños y niñas gallegos son usuarios de los servicios de comedor escolar en sus centros de enseñanza, muchos de ellos gracias a las bolsas de ayuda concedidas a las familias con menos recursos por la Xunta y los ayuntamientos en los que residen.

De las 75.700 plazas de comedor habilitadas en toda Galicia, casi 14.500 son gestionadas por las asociaciones de madres y padres.

De las 75.700 plazas de comedor habilitadas en toda Galicia, casi 14.500 son gestionadas por las asociaciones de madres y padres de los centros o los ayuntamientos en los que se encuentran, con financiación autonómica a través de diversos convenios de colaboración. Según las cifras publicadas por el departamento educativo de la Xunta, la propia Consellería gestiona 437 comedores, de ellos 302 de forma directa y otros 135 a través de empresas que sirven menús. Las ANPAS son responsables de 131 comedores y otros 50 son gestionados por ayuntamientos. Educación recuerda que "la Consellería subvenciona los menús de más de 4000 comensales en 50 centros escolares de los Ayuntamientos de Ames, Betanzos, Cangas, Ferrol, Gondomar, Manzaneda, Meaño, Mugardos, Molinos, Lugo, Oroso, Ponteareas, Santiago de Compostela y Sarria. Asimismo la Consellería facilita subvencionar el servicio de comedor escolar a 494 alumnos de centros de educación especial no públicos a través de convenios con 13 entidades".

También contribuye a la financiación de las becas de comedor y transporte que conceden los distintos ayuntamientos a los usuarios de estos servicios. Por los escasos recursos económicos de sus familias, este año Uxía y Pablo son beneficiarios de las bolsas de comedor que conceden los ayuntamientos en los que residen, en distintas localizaciones de Galicia. Al margen de las ayudas concedidas por la Xunta en toda Galicia, que son excluyentes, A Coruña otorgó 1.620 bolsas comedor para alumnos de centros educativos de infantil, primaria y secundaria, a las que destina un presupuesto de 1,5 millones de euros. Alguna de las familias numerosas beneficiarias pueden superar los 4.500 euros de ayuda anual. También Santiago de Compostela concedió bolsas para cubrir los gastos de comedor, material escolar o la realización de actividades extraescolares a las unidades familiares y de convivencia con mayor escasez de recursos económicos. Los escolares lucenses de menos recursos también se benefician de bolsas de ayuda de comedor escolar.

El precio del almorzar habitual del servicio del programa Escuela Abierta, contratado a una empresa, es de 3,96 euros. El importe del almuerzo esporádico asciende a 4,94 euros por menú, mientras que el precio del Programa Madruga, con desayuno, es de 1,98 euros por niño y día. Las familias con escasos recursos pudieron solicitar bolsas de ayuda a través de los servicios sociales municipales del Ayuntamiento de Lugo. Ourense concedió 437 bolsas para comedores, abonando a los centros el coste mensual de los menús durante todo el curso, hasta un máximo de 90 euros por alumnos en los colegios públicos y 45 euros en los centros concertados. También distribuyó 172 ayudas de material escolar, con cuantías que oscilan entre los 90 y 125 euros en función del curso de Educación Infantil de cada beneficiario. En Pontevedra los comedores escolares de los centros públicos son gestionados por la FANPA (Federación Provincial de ANPA de Centros Públicos de Pontevedra), que presta el servicio a precios reducidos gracias al convenio de colaboración firmado con el Ayuntamiento de Pontevedra. Todos los años los Servicios Sociales y la propia Fanpa conceden ayudas de comedor a familias con dificultades económicas. También en Vigo las familias con dificultades socioeconómicas tienen prioridad a la hora de conseguir las ayudas de libros, material escolar, comedor y actividades de conciliación.

Con 1,2 millones de euros de presupuesto, ampliables hasta otros 120.000, estas bolsas están destinadas al alumnado que, residiendo en el municipio de Vigo, estén matriculados en centros docentes públicos o privados concertados, en educación infantil (segunda etapa), educación primaria y secundaria obligatoria. Al mismo tiempo, el Gobierno local firmó un convenio de 600.000 euros con la Federación Olívica de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (FOANPAS) para que las familias de mayor capacidad económica no tuvieran que correr con los grandes desembolsos que supone la escolarización de sus hijos.

En algún lugar de Galicia, Cristian Guerrero acompaña a su madre a las puertas de la entidad social a la que acuden todas las semanas en la búsqueda de alimentos básicos y pañales para su hermana pequeña. Cristian debería estar en clase, pero prefiere acompañar a la madre y ayudarla a cargar con las bolsas hasta su casa, en la otra punta de la ciudad. Hoy recibirán una cesta de catorce alimentos básicos en los que se incluyen arroz, potitos y frutas, cereales infantiles, leche de continuación en polvo, alubias blancas cocidas, leche entera UHT, cacao soluble, conservas de atún, macarrones, tomate frito en conserva, galletas, judías verdes en conserva y fruta en conserva en jarabe ligero. Son alimentos nutritivos de fácil transporte y almacenaje, poco perecederos y que permiten que su madre pueda preparar una comida completa para toda la familia, incluida su hermana pequeña, que aún es un bebé.

De las 75.700 plazas de comedor habilitadas en toda Galicia, casi 14.500 son gestionadas por las asociaciones de madres y padres de los centros o los ayuntamientos en los que se encuentran

Como Cristian y su familia, en el pasado mes de junio de 2018 se contabilizaron en nuestra comunidad un total de 58.161 personas cuya situación económica o familiar de necesidad les impedía adquirir alimentos de forma regular. Tantas como la población de los municipios de Betanzos, Burela, Allariz y Lalín en su conjunto. Este es el número de beneficiarios en Galicia del último reparto de comida del programa de ayuda alimentaria del Fondo de Ayuda Europea para las Personas Más Desfavorecidas (FEAD), que pretende erradicar la pobreza en la UE.

La familia de Cristian Guerrero acude a buscar comida gratuita a la Cruz Roja, al igual que los padres de Uxía Castro reciben ayuda alimentaria de Cáritas en su parroquia o la madre de Pablo Guzmán es beneficiaria del reparto del Club de Leones... En Galicia se contabilizan hasta un total de 445 organizaciones autorizadas para el reparto de comida del programa de ayuda FEAD. Todas ellas figuran en una larga lista de 168 páginas que puede consultarse en la web del Fondo Español de Garantía Agraria (www.fega.es), y que en estas fechas reciben, para su distribución en Galicia, más de un millón de kilos de alimentos con los que afrontar la fría campaña de invierno que se acerca. Esto, al margen de las campañas que se realizan puntualmente en la práctica totalidad del territorio gallego para recaudar fondos (Operaciones kilo, festivales benéficos y un largo etcétera), las aportaciones de administraciones autonómicas, provinciales y locales, donaciones de fundaciones vinculadas a entidades bancarias o grandes empresas, ayudas particulares...

Estos días la Federación Española de Bancos de Alimentos y la Cruz Roja, a través de sus centros de almacenamiento y distribución, aprovisionan esas mil toneladas de alimentos que van a repartir las cerca de medio millar de organizaciones. Junto con las sedes de la Cruz Roja, en múltiples localidades encontramos una nutrida relación de asociaciones benéficas y colectivos vecinales, grupos parroquiales de Cáritas, comunidades religiosas e iglesias de diversas confesiones, centros culturales y sociales desparramados por toda la geografía y fundaciones de todo tipo. En el reparto de las cestas de alimentos del programa FEAD de la Unión Europea también participan en este rato un total de 48 ayuntamientos en la provincia de A Coruña, 52 en la de Lugo, 77 en Ourense y 34 en Pontevedra.

Al mismo tiempo, los alimentos financiados con fondos europeos (85%) y del Ministerio de Agricultura (15%) también se distribuyen a las cocinas económicas de ciudades como A Coruña, Ferrol o Santiago de Compostela, albergues de transeúntes y residencias de mayores, pisos de acogida para mujeres maltratadas o refugiados, en este caso para su consumo en las propias instalaciones. En el mes de mayo de 2018 a Cruz Roja y FESBAL distribuyeron en la provincia de A Coruña, a través de 109 organizaciones de ayuda, un total de 299.287,84 kilos de alimentos por valor de 221.197,34 euros que llegaron a 16.098 beneficiarios. En Lugo la cantidad de alimentos fue de 174.283,20 kilos, con un valor de 129.022,60. De su reparto entre 8.737 beneficiarios se encargaron 73 organizaciones asociadas en esta provincia. En el territorio ourensano 10.143 personas recibieron, en la distribución realizada en mayo a través de 123 puntos de reparto, un total de 210.418,16 kilos de alimentos por valor de 154.897,90 €.

Las cifras en Pontevedra, que concentra la mitad de las aportaciones recibidas por Galicia, casi duplican las de la provincia limítrofe. La fecha del pasado 12 de junio, las 140 ODAR inscritas en el programa repartieron cerca de medio millón de kilos de comida (487.567,68 kg) por valor de 359.274,36 euros entre las 23.183 personas en situación de pobreza que solicitaron ayuda alimentaria. En las últimas semanas, los camiones de la Cruz Roja y la Federación Española de Bancos de Alimentos realizan el segundo reparto de este Programa de Ayuda Alimentaria. El programa anual tendrá una tercera fase de reparto, programada para principios de febrero. Luego, para que estos alimentos lleguen a las familias que precisan de ellos, las entidades de auxilio social tendrán que trabajar a destajo.

La pobreza y la marginalidad están presentes a lo largo y ancho de toda la geografía gallega, aunque con matices

"Durante la crisis procuramos que los niños y las personas mayores no pasaran hambre en sus casas. Una de nuestras instrucciones a los voluntarios de las Cáritas parroquiales es que estén pendientes de estos sectores de población, que para nosotros son los más vulnerables –explica Anuncio Mouriño, director de Cáritas Diocesana de Santiago–. Numerosas familias reciben, a lo largo de todo el año, nuestra ayuda. En verano intentamos que los chicos que no tienen servicio de comedor, no queden sin comer. Y ahora que comienza el curso, la Xunta y los ayuntamientos dan ayudas para la compra de material escolar y comedores, pero no llega». En Galicia, la marginalidad y la pobreza tienen nombre y apellidos. También rostros infantiles. Pero "mucha gente no se atreve aún a llamar a la puerta de instituciones para solicitar la ayuda que precisan. Pobres avergonzados los hubo siempre, los hay y seguirá habiendo. Hay gente que, como hay personas más pobres que ellas, prefieren que le den la ayuda a otro, porque así pueden pasar".

Hay lugares de la geografía gallega en los que "la pobreza está enquistada y nos preocupa, porque es muy difícil llegar a estas personas. Procuramos tener los ojos abiertos para llegar lo más lejos posible y evitar que estas personas sufran situaciones de miseria en silencio". La pobreza y la marginalidad están presentes a lo largo y ancho de toda la geografía gallega, aunque con matices. "En las ciudades y en el campo nos encontramos con pobrezas bien distintas. En las ciudades hay que pagarlo todo: comida, recibos de alquiler, luz, comunidad... En las zonas urbanas tenemos que ayudar más nosotros. En el rural, donde tienen una pequeña huerta siempre pueden ayudarse a la economía doméstica y van tapando los agujeros con poco".

¿Un futuro de miseria?

"Organizar la solidaridad de cara a las generaciones más nuevas de forma prioritaria en el seno de las familias, refuerza la transmisión generacional de la pobreza. En la actualidad existen ya evidencias de esa transmisión. Conforme a los datos del Instituto Nacional de Estadística, las dificultades para llegar el fin de mes son un 25% mayores para aquellas personas procedentes de familias que ya llegaban con dificultades a fin de mes". Las conclusiones del estudio El estado de la pobreza infantil en Galicia no dejan mucha margen para el optimismo. En este otoño, millares de niños y niñas acuden a las aulas cada día en la búsqueda de un refugio y de un almorzar caliente. Apenas unos pocos serán quien de quebrar el techo de cristal de la marginación y aprovechar las oportunidades educativas que les permitirían compensar las desigualdades económicas y sociales en las que se encuentran sus familias.

Este artículo se publicó originalmente en gallego en la revista Luzes. Ahora Público lo reproduce como parte de un acuerdo de colaboración con la revista. Aquí puedes encontrar más artículos de Luzes en Público