Opinión
Ayuso contra Churchill

Por David Torres
Escritor
Una vez que discutía con un buen amigo sobre los méritos y deméritos de Ayuso, le dije que mi teoría era que el electorado del PP madrileño votaba la marca, no la persona, y que en el fondo da igual a quien coloquen de candidato. Mi amigo, que ejerce el periodismo desde hace muchos años, no estaba de acuerdo para nada y replicó que Ayuso es una política de raza por la misma razón que lo fue Churchill: porque gana elecciones. La comparación me dejó bastante confuso porque, aparte de ciertos rasgos ideológicos, no veía yo muchas semejanzas entre el bull-dog británico y la prócer madrileña. Para ser honestos, no veía ninguna, empezando por el hecho de que Churchill, como primer ministro, perdió más elecciones de las que ganó en su larga carrera política. Especialmente amarga fue su derrota en 1945 contra Clement Attlee, el líder laborista, cuando Churchill estaba en el apogeo de su popularidad tras la victoria aliada. Una vez le preguntaron por su gran adversario político y Churchill, con su brillante retórica de cirujano, contestó: "Attlee es un hombre modesto y no le faltan motivos para serlo".
Hay montones de motivos para cuestionar el culto a la figura de Churchill, desde su racismo congénito y su imperialismo acérrimo a las decisiones estratégicas que tomó durante las dos guerras mundiales y que se saldaron con desastres y retrasos fatales: la masacre de Gallipoli en 1915 y la invasión aliada de Italia en 1943, que se alargó más de un año (seis meses sólo en Montecassino) únicamente para que el general Clarke entrara en Roma el 4 de junio de 1944, dos días antes del Desembarco de Normandía. Responsabilidad directa suya fue la hambruna de Bengala, que causó millones de muertos en 1943 por culpa ante todo de las requisas de alimentos para abastecimiento militar: un escenario apocalíptico muy semejante al que, una década atrás, había devastado Ucrania por orden de Stalin.
Pese a todo ello (y a unas cuantas cosas más), nunca le agradeceremos bastante a Churchill que abanderase la heroica resistencia contra Hitler desde el verano de 1940 al de 1941, cuando Gran Bretaña luchó prácticamente sola por tierra, mar y aire contra la todopoderosa máquina de guerra nazi. La decisión de nombrarlo primer ministro fue el resultado de un complejo cambalache político tras la dimisión de Chamberlain, y sus apasionados discursos sostuvieron el ánimo de una nación herida bajo los bombardeos de la Luftwaffe. Yo reivindico el Nobel de Literatura para Churchill no ya por sus libros sino por esa insólita capacidad retórica que revistió el inglés de latín e hizo de la oratoria un arma incomparable. Tras la batalla de El Alamein, la primera gran victoria aliada en el frente occidental, acuñó dos frases imprecisas pero inolvidables: "Antes de El Alamein no tuvimos ninguna victoria; después de El Alamein no tuvimos ninguna derrota". Y más resplandeciente aún: "No es el final, ni siquiera el principio del final, pero tal vez sea el final del principio". No es de extrañar que el gran periodista estadounidense Edward R. Murrow dijera de él: "Ha movilizado el idioma inglés y lo ha enviado a la batalla".
Tengan por seguro que la elocuencia tampoco es una de las virtudes políticas de Ayuso, una mujer a quien se recordará más que nada por el infame protocolo sanitario que sentenció a 7.291 ancianos a morir en un desamparo espantoso. Y frente a las grandes diatribas de Churchill, esos discursos bañados de "sangre, sudor y lágrimas", ella no deja de excretar indecencias y mamarrachadas dignas de pasar a aquella borgiana historia universal de la infamia. Por ejemplo: "Se iban a morir igual". Por ejemplo: "Ni estado de alarma ni confinamientos, hay que aprender a convivir con el virus". Por ejemplo: "Cuando hablan de empleo basura me parece que es ofensivo para la persona que a lo mejor está buscando un empleo basura". Por ejemplo: "Madrid es España. Madrid es España dentro de España. ¿Madrid qué es sino es España? No es de nadie porque es de todos". En esta última se ve que sus asesores, entre el porrón y la libre circulación de cerveza, intentaban imitar el estilo de Churchill, aunque les salió más bien Cantinflas.
Ya que estoy en plena recolección de citas legendarias, voy a recordar aquella atribuida al astrofísico inglés sir Arthur Eddington: "El universo no es sólo mucho más extraño de lo que imaginamos: es mucho más extraño de lo que podamos imaginar". Es la única explicación que se me ocurre ante el éxito arrollador de Ayuso, quien, en medio del escándalo por el descubrimiento de cómo funciona realmente la gestión privada en los hospitales públicos, afirma sin ningún pudor que los audios están fuera de contexto y que todo se debe a unas "rencillas entre directivos". Al menos, no ha sacado a relucir a la ETA. En fin, sigo pensando que en Madrid daría igual que el PP presentara de candidatos a la Alcaldía y la Comunidad a un espantapájaros y a un ficus. De hecho, han conseguido la mayoría absoluta con Almeida y Ayuso.
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