Opinión
Contraten a mujeres "problemáticas" y acaben con sus problemas
Periodista y escritora
Esta semana me ha tocado oír de nuevo una de las frases que más detesto: "Dicen que es muy problemática". Estaba de convidada de piedra en una reunión, esperando a que llegara mi turno. El que hablaba era el jefe de una empresa mediana y se dirigía a tres de sus ayudantes, un hombre y dos mujeres. Ninguno de los tres hizo comentarios al respecto. Hacía referencia, por supuesto, a una contratación. Cuando a las mujeres se nos tilda de "problemáticas" suele tener que ver con asuntos de dinero. Si le hubiera preguntado a ese tipo —no lo hice, no tenía voz allí— que explicara a qué se refería con "problemática", él no me habría respondido. Lo sé porque esa situación ya la he vivido en varias ocasiones, en distintos grupos de trabajo o redacciones. Nunca hay detalles, una es "problemática" en general.
En el caso de las mujeres, describir lo "problemático" resulta difícil. A la mujer se le hurta un puesto de trabajo porque es madre, así que ese ser "problemática" queda descartado, tiene su propio nombre. También se le aparta porque aunque no sea madre, está "en edad" de serlo, por ser trans, por declararse manifiestamente feminista, por ser abiertamente sindicalista e incluso por no ajustarse a unos cánones estéticos. No han sido pocas las veces en las que he visto cómo rechazaban a una mujer por "gorda", por "fea" o por "parecer un adefesio". La idea de "adefesio" para un hombre que ha llegado a lo más alto en una pirámide jerárquica tiene tantos matices como la comodidad o la felicidad. Recuerdo a un director de periódico que despidió a una estupenda profesional también por lo contrario. La encontraba demasiado guapa, "explosiva" decía él dibujando en el aire con sus manos los pechos de ella. Argumentó que "distraía" a los hombres de la redacción. Lo juro.
Pero las mujeres "problemáticas" no son aquellas a cuyas "desventajas" se les puede poner nombre (madre, trans, bollera, feminazi), sino otras, a las que los dimes y diretes han ido vistiendo con un halo que una no sabe si tiende hacia la tragedia íntima o a un desmadre nocturno sin límites.
Con el tiempo me he dado cuenta de que la mujer "problemática" es aquella que asusta a los hombres, ni más ni menos. Cuestión más densa sería desmenuzar las razones por las que los hombres temen a las mujeres fuertes, y sobre todo a las mujeres que no parecen discretas. Ahí está la clave, en lo que llaman la discreción. A saber: pasar desapercibida pero trabajar como una mula, permanecer en silencio pero sin llegar al extremo de parecer misteriosa —las mujeres que aparentan guardar secretos también son "problemáticas"—: no comentar las actitudes de sus compañeros ni reclamar cambios o mejoras para sí mismas o para el resto. Todo esto, para empezar. Además, es más que recomendable parecer satisfecha pero no demasiado, sonreír pero no mostrar alegría y parecer inflexible pero sólo en el gesto.
Repasemos los últimos sucesos en el PSOE, desde la dimisión de Adriana Lastra embarazada junto con otros despidos en puestos de Igualdad y el consiguiente silencio de sus compañeras, hasta el encarcelamiento de Santos Cerdán, pasando por las juergas de puteros de José Luis Ábalos, y la idiotez de proponer a Paco Salazar, compañero de los anteriores, como adjunto a la Secretaría de Organización del partido. Todos ellos tienen algo en común: la discreción de las mujeres del PSOE.
Tengo por seguro que si entre los cargos socialistas hubieran contado con mujeres "problemáticas", de las que no se callan, no son discretas y levantan la voz cuando ven algo que no les gusta, se habrían ahorrado muchos de estos problemas. Y sirve esto para cualquier organización de izquierdas o derechas, empresa o sindicato, ONG o medio de comunicación.
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