Opinión
¿A quién decían que llamáramos para hablar con Europa?

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Ofrecer a la oposición los ataques en bandeja no suele dar buenos resultados y, aunque el tema de las balas compradas a una empresa de Israel que se jacta públicamente del genocidio en Palestina ya ha sido infelizmente resuelto, solo es un capítulo más -y el más incomprensible, de momento- de la nueva senda que tiene que recorrer el Gobierno de coalición y sus infinitas sensibilidades políticas en medio de una crisis europea provocada por la llegada a la Casa Blanca de Trump, otra vez, con un plan bajo el brazo que busca cargarse a la Unión Europea o, al menos, ponerla bajo su dominio absoluto … que algo de sumisión ya había, y de aquellos polvos, estos lodos.
No obstante, y pese a lo que diga Feijóo, partidario sin sonrojarse de cumplir los acuerdos de las balas con los de Netanyahu -que tiene una orden de detención de la Corte Penal Internacional, por cierto-, la compraventa de armas a Israel es inadmisible con 60.000 cadáveres sobre la mesa, víctimas de un genocidio por parte del Estado israelí. Nada se puede alegar para justificar ese comercio que debería hasta ser ilegal en toda Europa, mucho menos una posible sanción después de aprobar un plan de seguridad y defensa con más de 10.000 millones de euros para aumentar este gasto en España y llegar al 2% del PIB. Faltan pocas semanas para la cumbre de la OTAN y hay que ir con los deberes hechos; solo en ese contexto puede entenderse que Sánchez haya adelantado este compromiso, aunque nada justifica que hurte la votación en el Congreso de un asunto que afecta a generaciones futuras de españoles y que exige un debate público y muy profundo.
Por un lado, la OTAN; por otro, la UE, sí... pero primero, la OTAN; no cualquier OTAN, sino la OTAN de Trump. ¿No habíamos quedado en que es la Unión Europea la que necesita una política de seguridad y defensa que nunca ha tenido pese a los compromisos de diseñarla que vienen de décadas? ¿Volvemos a caer en el mismo error del gasto individual de los Estados miembros, cuya suma ya triplica prácticamente al de Rusia y hoy resulta ineficaz en su conjunto? ¿Por qué asumimos los postulados de una OTAN que sigue liderada por unos EE.UU. gobernados a su vez por un sujeto que pretende cargarse o someter a la UE? ¿Quién se está ocupando en Bruselas de diseñar una estrategia común contra las nuevas amenazas, que ya son muchísimas más que las invasiones militares? ¿Tenemos que dar la razón a Kissinger otra vez porque no hay nadie al otro lado del teléfono europeo? ¿Va España a comprometer un gasto público tan considerable sin tener todavía ni un esbozo de la estrategia conjunta europea y, lo que es más importante, sin que los ciudadanos/as accedamos a ella? ¿Otra vez los mismos y puñeteros errores dando toda la prioridad a la OTAN que queremos y debemos trascender, invirtiendo dinero a paladas como un país fuera de una estructura europea común y dejando para el final lo de la estrategia común, y ya veremos si hay tiempo?
Perderse en el debate sobre el rearme en España, en planes alambicados de dudosa eficacia, no solo es inútil, sino peligroso, porque provoca miedo e incertidumbre, divide, alimenta al neoliberalismo armamentístico depredador y eso es exactamente lo que buscan los Trump, los Vance, los Putin y compañía para acabar con la UE. No sirve tampoco el argumento de que no habrá recorte del gasto social, ¿o es que nos están diciendo que con el que tenemos es suficiente? Por supuesto que no. Tenía razón Pablo Iglesias en 2018, líder entonces del Unidas Podemos que dio su apoyo al primer Gobierno del PSOE de Sánchez sin entrar en él, cuando en sus conversaciones con el periodista Enric Juliana, recogidas en el libro Nudo España (Arpa), advertía de la “ausencia de voluntad política de los europeos de cuidar de sus propias élites y del Estado del bienestar con una política exterior y militar propia y de tener una relación independiente con Rusia” (pág. 37). “Como suele decirse -asegura previamente Iglesias-, Europa es un gigante económico, un enano político y un gusano militar”.
Claro que hay un debate pendiente sobre la estrategia de seguridad y defensa en la UE y ahí creímos algunas que nos dirigíamos cuando Trump arremetió contra los y las europeas; ahí creímos que habría una reacción firme desde Bruselas para europeizarnos con fuerza en todos los ámbitos, más valía tarde que nunca. ¿Y resulta que la reacción es cumplir lo que manda la OTAN liderada por Trump -o eso creemos- y presentar un plan milmillonario de rearme en España? Si el PSOE dice sentirse respaldado por las encuestas en su apuesta por un mayor gasto en defensa y seguridad, al menos, que lean bien las conclusiones: "Tres de cada cuatro españoles (un 75% exacto) se muestran a favor de que Europa aumente su propia capacidad de defensa, y un 67,8% apoya "crear un ejército común perteneciente a la Unión Europea" (CIS de marzo de 2025) La Unión Europea, no España sola.
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