Opinión
Feijóo, en el laberinto del minotauro cheto

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Los de Santiago Abascal, que son conscientes de que con su decisión final en Extremadura marcarán el paso de la (ultra)derecha en el periodo electoral 2026-2027, tras mostrarse reticentes en un principio (no gestión = no responsabilidades) abren la puerta ahora a entrar en el nuevo Gobierno de Extremadura encabezado por María Guardiola (PP). Por el momento, eso sí, la ultraderecha descarta pedir la dimisión de la Irene Montero extremeña, como ha llamado el presidente de Vox a la jefa del Ejecutivo autonómico en un quiebro tan surrealista como insultante, en realidad, para la eurodiputada de Podemos. Todo aguanta el Partido Popular -y con buena cara- al moscardón cojonero en que se ha convertido Vox para Alberto Núñez Feijóo y sus líderes autonómicos, incapaces de ver la salida en un laberinto que tiene en la Casa Blanca a su minotauro color cheto.
Feijóo no solo ha asumido ya que tiene que pactar con Vox por cuatro escaños en Extremadura -y los que hiciera falta- y entregar a la ultraderecha el sillón imperio, sino que el presidente del PP se ha sentado resignado en el más económico y maleable de mimbre para ir acomodando las posaderas de un programa de quita y pon en función de las exigencias del emperador fascista, que no es Abascal siquiera, sino el insaciable inquilino del corazón del laberinto.
La derecha española, empujada por su adicción al poder, ha claudicado ante Vox y prefiere ser un pseudoVox antes que quedarse sin su sillón de rafia en los gobiernos. El Partido Popular se queda en el laberinto de las formaciones que, aun diciéndose "democráticas", reniegan de la democracia por un nuevo sistema de poder basado en la fuerza bruta, la zafiedad y el abuso: o conmigo o contra mí. Las contradicciones de semejante aberración, sin embargo, pasarán factura a estas derechas más pronto que tarde, no tengo ninguna duda, aunque después de provocar muchísimo sufrimiento. No tienen más que observar detenidamente a la presidenta madrileña, trumpista de pro, visitando a Javier Motosierra Milei en Buenos Aires coincidiendo con el golpe de Estado en Venezuela. Milei es ese inclasificable presidente argentino que gritó su "¡Viva la libertad, carajo!" cuando EEUU secuestró a Maduro en Caracas y ahora calla y negocia por lo bajini con China para que Trump no le estropee el jugoso intercambio comercial que los de Milei y los de Xi Jinping se traen entre manos. Como si el presidente de EEUU pretendiera repartirse amablemente los recursos de su "patio trasero" con Pekín y hubiera atacado Venezuela para nada. El laberinto.
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