Opinión
Hacia el frente amplio ecosocial y antifascista

Por Arnau Montserrat
Activista en l'Assemblea Catalana per la Transició Ecosocial y autor de "Nos sobran las ideas".
-Actualizado a
En política, la diversidad es una fuente probada de eficacia si se articula bajo un paraguas común. Lo hemos visto una y otra vez, en las huelgas generales, en las plazas indignadas o en el boicot a la Vuelta. Una unidad de acción que no es incompatible con la diversidad, sino que se nutre de ella. En cambio, un exceso de dispersión, cuando no directamente de sectarismo, diluye el poder, desvía energías, confunde a la gente y se lo pone más fácil a las agendas reaccionarias, esas a las que ya no podemos ceder ni un milímetro más.
Este principio, aplica también por supuesto a la lucha institucional; más aún en esta fase agónica. Sabemos de qué pie cojea el sistema electoral español, brutalmente hostil a la fragmentación del voto en espacios ideológicos definidos. Así que más nos vale expresar la diversidad en forma de debates programáticos, cuotas o primarias, no de división. Francamente, ya se ha puesto demasiada energía en poner marcas a competir por migajas.
Esto no significa que cualquier cosa a la izquierda de Elon Musk tenga que marchar de la mano y al unísono. A mi entender, un error conceptual de la "nueva política" post-15M ha sido validar al PSOE como parte de la izquierda. En realidad, al tratarse de un dispositivo catch-all, el PSOE solo llega a bascular a regañadientes hacía la izquierda cuando el grado de presión desde la calle, el parlamento o las encuestas es notable. Vaya, que no hacía falta blanquear al PSOE para establecer alianzas. Olvidar demasiado rápido lo del PSOE solo ha contribuido a reiteradas confusiones narrativas, reforzando la percepción popular de que la "izquierda" es parte de tragedias como la de la vivienda.
Por eso, y a pesar del cansancio y el escepticismo, no queda otra, como reclama Xavier Domenech en este artículo, que recuperar la unidad de la izquierda real, ni que sea porque la alternativa es escalofriante y la geopolítica aprieta como nunca. La caricatura de lo contrario es Más País en 2019, operación justificada como forma de llegar a un público "más ecologista y menos confrontativo"... que solo sirvió para perder escaños en provincias clave.
Domenech afirma que la salida a la parálisis sólo puede venir del mundo social y cultural. Hagámoslo pues. Abandonemos esa delegación de funciones a cúpulas partidistas que han mostrado limitaciones severas ¿Pero cómo se construye este frente amplio? Creo que hoy este frente solo puede ser tan defensivo -es decir, antifascista- como constructor de imaginarios sólidos e ilusionantes -es decir, ecosocial. Y que tiene que germinar, abarcar y dar voz a un ágora mucho más amplia que la de los partidos.
En cuanto a su expresión electoral ¿Cómo se debe articular? La respuesta no es obvia ¿El votante de izquierda no nacionalista en Madrid, Andalucía o Castilla-La Mancha se sentirá representado por un proyecto en el que está la izquierda abertzale o independentista catalana? Ciertamente, no cuesta mucho imaginar el jugo infinito que le sacarían Vox y PP. Y tal vez haya una masa significativa de gente de izquierdas que prefiera un PSOE más “tibio” a cambio de que no se reavivan los "problemas territoriales". Sin embargo, también es cierto que según el Barómetro del CIS, la preocupación por el independentismo ha pasado de su pico histórico del 29% a un exiguo 0,3% en junio de 2025. Los temas centrales en la agenda són hoy otros, mucho más sociales. Y la admiración por Rufián es también un dato estadístico. Parece pues clara la necesidad de la alianza frenteamplista, menos claro está cuál debe ser la fórmula electoral concreta que la acompañe.
Luego está por supuesto la otra línea de fractura a la izquierda del PSOE, la que de forma no siempre rigurosa y sin embargo sociológicamente útil, se ha trazado entre las estrategias "más amables" y las estrategias "más confrontativas". Lo que pasa es que esta diversidad siempre estuvo en Vistalegre o en Unidas Podemos. Y no penalizó meterla en la misma boleta electoral, todo lo contrario. Así que este no debería ser un problema insalvable.
Entonces, que se unan de una puñetera vez y ya está, ¿no? Bueno, como decía antes, esta delegación también es parte del problema. Aunque no hay que pedirle peras al olmo, porque es obvio que la política institucional tiene un componente de verticalidad y delegación insalvable, tampoco es necesario ser un fan de la estrategia dual para observar que las cosas interesantes suceden cuando se abren las ventanas. Lo vimos en el caso del primer Podemos, en las primarias colombianas del Pacto Histórico o con la eclosión de Bernie Sanders.
Porque la unidad como obligación aritmética no es suficiente. Aunque todo intento se agradece, pongamos por caso Extremadura, no se trata de cocinarla solo desde arriba. Si queremos reconducir el malestar contra el “sistema” que hoy canaliza el populismo de extrema derecha se necesita algo más. Y no es fácil. La energía que se organiza desde abajo ha sido castigada por el confinamiento, la digitalización de la vida, la precarización y el régimen de guerra. Y sin embargo, algo se está recomponiendo ¿Cómo conectar los puntos? ¿Cómo salir de la depresión y plantar cara? ¿Podría funcionar algo parecido a las primarias abiertas que acaba de ganar Ivan Cepeda en Colombia para devolver el poder a las bases y dirimir las pugnas enquistadas?
Porque no se trata solamente de no fragmentar, también necesitamos calentar el alma y legitimar. Unas primarias abiertas pueden trasvasar parte del mando desde las cúpulas a la gente. Y donde polítolog@s y líderes no pueden acertar hoy con seguridad, sería la inteligencia colectiva la que nos diría qué medidas concretas hay que poner en el centro y que candidaturas pueden tener tirón. Algo así como el puerta a puerta de Mandani: un evento democrático excitante capaz de generar empoderamiento colectivo y proteger las apuestas arriesgadas ¿Pueden los partidos organizar algo así? ¿Podrían otros actores, como sindicatos y movimientos sociales, impulsarlo a la par? Pues si hay voluntad no parece inviable.
A pesar de la lluvia fecal de casos de corrupción y acoso que nos aturde, la propuesta no es empezar de cero. Ni "todos los políticos son iguales" ni hay que reinventar la rueda con cada nuevo ciclo electoral. No hace falta tirar el niño con el agua sucia. Un punto de equilibrio entre honrar lo construido y sacudir el tablero sería que la consulta eligiese "solamente" al candidato/a a la presidencia del Gobierno, así como el primer puesto en las listas provinciales. Y por supuesto, que fuera una consulta abierta a todo el mundo, no solo a la militancia.
El otro pilar sería la inclusión de mecanismos participativos para articular el programa, incluyendo la validación de las líneas maestras del inevitable "pacto de legislatura" posterior. Es decir, una suerte de asamblea ecosocial, de ejercicio de prefiguración de gobierno popular.
Porque sin un horizonte no vamos a ningún lado. Y tal como están las cosas, no podemos renunciar ni a llegar a fin de mes ni a evitar el fin del mundo. Necesitamos pues aglutinarnos alrededor de unas pocas banderas con alta capacidad de arrastre. Propuestas que sepan hibridar tres elementos: a) La asequibilidad de los bienes esenciales para toda la población; b) La regeneración de la base biofísica de la vida; c) Una impugnación radical al régimen de guerra global (lo que ahora obliga a una alianza Europa-China contra Trump). No estaremos solos, dirigentes como Gustavo Petro ya están poniendo esta tríada sobre la mesa.
¿Riesgos de una consulta? Todos los que queramos. Pero cualquier sacudida del tablero empieza por arriesgar algo, por devolvernos el protagonismo y por abrir un espacio. La clave es que las grandes decisiones vuelvan a ser algo muchísimo más poroso, arriesgado, transversal y popular. Se trata, en definitiva, de confiar en la inteligencia colectiva. Empezar a levantar con buen pie un frente amplio, ecosocial y antifascista. Un frente que debe unir muchos espacios, incluyendo los partidos a la izquierda del PSOE y del espacio soberanista de izquierdas; ya sea en el primer round, en el segundo o mediante cualquier otra fórmula de cooperación eficaz.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.